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La venganza de la historia: El trágico y oscuro destino de cada uno de los implicados en el brutal asesinato de Pancho Villa

La historia de México cambió para siempre cuando José Doroteo Arango Arámbula, universalmente aclamado como Pancho Villa, cayó abatido en una emboscada perfectamente orquestada en la ciudad de Hidalgo del Parral, Chihuahua. El mítico líder de la División del Norte, quien poco antes había presumido con orgullo su capacidad innata para movilizar a un ejército de 40,000 hombres armados en cuestión de media hora, fue sorprendido al volante de su automóvil Dodge Brothers. En una ráfaga que duró escasos tres minutos, un comando descargó más de 150 balazos que terminaron instantáneamente con su vida y la de la mayoría de sus acompañantes. Sin embargo, lo que ocurrió después del magnicidio abre un capítulo repleto de impunidad, venganzas personales y un implacable destino que persiguió a cada uno de los responsables materiales e intelectuales. La historia, de una forma u otra, terminó cobrando las deudas pendientes.

El entramado de la conspiración estuvo liderado en el plano público por Jesús Salas Barraza, un general y diputado local por el estado de Durango. Tras el magnicidio, Salas Barraza envió una controvertida epístola al entonces presidente de la República, Álvaro Obregón, autoinculpándose como el cerebro político y organizador material del atentado. Aunque la justicia formal lo condenó inicialmente a una pena de 70 años de prisión, el andamiaje del poder federal se movilizó con rapidez: antes de concluir 1924, el presidente Obregón le otorgó un indulto total. Lejos de

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