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El precio del mito: El pacto de silencio impuesto por la industria para ocultar el matrimonio de Chayanne durante cinco años

La impecable superficie del fenómeno pop más perfecto de América Latina sufrió una fisura imprevista que dejó boquiabiertos a millones de seguidores. Chayanne, el eterno galán que despertaba suspiros multitudinarios y a quien la opinión pública consideraba el novio inalcanzable de todo un continente, tuvo que presentarse ante los medios para admitir una realidad que el entramado de la música comercial había intentado mantener bajo un estricto embargo informativo durante un lustro completo. No se trataba del destape de un comportamiento delictivo ni de una traición pasional; era algo mucho más peligroso para la contabilidad del espectáculo: el ídolo de masas estaba casado y acababa de convertirse en padre.

Detrás del seudónimo artístico que movilizaba multitudes se encontraba Elmer Figueroa Arce, nacido en el seno de una humilde familia de San Lorenzo, Puerto Rico, el 28 de junio de 1968. Su madre, la maestra Irma Luz Arce, fue quien de manera profética acuñó su nombre artístico inspirándose en la antigua serie de televisión estadounidense Cheyenne. Sin embargo, cuando el joven cantante pasó a formar parte del grupo juvenil Los Chicos en 1978, aprendió con rapidez una de las lecciones más descarnadas del entretenimiento: el cuerpo, la sonrisa y la intimidad de un artista de éxito dejan de pertenecerle a él para convertirse en propiedad de los consumidores de ilusiones.

A mediados de la década de los ochenta, tras la disolución de la agrupación y el inicio de su trayectoria como solista, emergió la figura de Gustav

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