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Sasha Sokol: Tenía 14 Años y Nadie la PROTEGIÓ del Hombre que lo Decidía Todo

Sasha Sokol: Tenía 14 Años y Nadie la PROTEGIÓ del Hombre que lo Decidía Todo

Es el verano  de 1984.  En miles de salas de México, a la hora de la cena, hay una niña que canta dentro del televisor. Está en los discos que suenan en las cocinas.  Está pegada con cinta adhesiva en las paredes de las recámaras de medio país. Está  en las loncheras, en las portadas de las revistas, en los cuadernos de las adolescentes que copian su peinado.

Tiene 14 años. El cabello  castaño, la sonrisa que ocupa toda la cara. Una voz  que llena el escenario más grande del país sin que se le note el esfuerzo. Se llama Sasha. Y esa noche, como casi todas  las noches de esa década, tú la estás viendo cantar. Lo que tú no ves, lo que  nadie en esa sala ve, es lo que pasa cuando se apaga la cámara.

Detrás de esa niña que sonríe hay un hombre, un hombre de 39  años. El hombre que la eligió, que la puso en ese grupo, que decide cada día si su carrera sigue viva o se acaba, es su productor. Y 40  años después de este verano, frente a una cámara y con una sonrisa tranquila, ese hombre va a contar lo que pasó entre ellos.

 como si fuera una historia bonita. Él lo llamó un romance. Tenía  39 años. Ella tenía 14. Quédate conmigo estos próximos minutos porque lo que le pasó  a esa niña que tú veías en tu televisión no te lo contaron  nunca completo. Te lo contaron a pedazos en programas de chismes, entre comerciales, como si fuera un enredo de farándula.

No lo es. Hoy vas a  descubrir cuatro cosas que casi nadie te explicó bien. Primero,  cómo una niña de 14 años podía quedar completamente en manos de un solo hombre dentro de la maquinaria  de Televisa y por qué ni siquiera sus propios padres lograron sacarla  de ahí. Segundo, las palabras exactas que ese hombre dijo frente  a una cámara en 2022, sin imaginar que se estaba condenando solo.

Tercero, lo que le costó a Sasha que durante años la trataran de  exagerada, de mentirosa, de mujer dolida que inventa, mientras él calificaba su denuncia de imaginaria. Y cuarto, ¿por qué después de ganar en la máxima instancia  de justicia que existe en México, ese hombre todavía hoy, en este mismo  año se niega a pedirle perdón? Te voy a avisar  cuando llegue cada una.

Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera delante de todo un país y nadie hiciera nada, necesitas conocer el mundo que construyó a esa niña. Porque esta historia no empieza  el día que ella habló, empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente  viste en tu propia sala.

Vamos a 1982. En esos años la televisión en México era una sola  cosa y esa cosa se llamaba Televisa. No  había competencia real, no había internet, no había manera de que una  voz pequeña le ganara a la voz grande. Lo que  Televisa decidía que era una estrella, era una estrella.

Lo que Televisa decidía borrar desaparecía y dentro  de Televisa había una escuela, un lugar donde llevaban a los niños  con talento para convertirlos en lo que el negocio necesitara. Se llamaba  el centro de educación artística, el CEA. Ahí  entró Sasha cuando tenía apenas 10 años.

Imagínate a esa niña, una niña de 10 años que estudia baled, que canta, que tiene  una luz distinta. Sus papás, Magdalena y Miguel, la llevan a clases pensando  que es una actividad bonita para una niña con energía. Nadie  en esa familia imagina lo que viene, porque en ese momento dentro de  Televisa, un productor estaba buscando algo muy específico.

En España triunfaba  un grupo de niños que cantaba y bailaba, un grupo llamado Parchís, que vendía  discos por millones. Y un hombre de la televisión mexicana pensó, “Yo puedo hacer eso aquí. Yo puedo armar a los niños cantores de México. Ese hombre  se llamaba Luis de Llano Macedo. Recuerda ese nombre.

Va a estar en  cada minuto de esta historia. Luis  de Llano no era un hombre cualquiera dentro de ese mundo.  Venía de la realeza de la televisión mexicana. Su madre era Rita Macedo, una de las actrices más  hermosas y respetadas de la época de oro del cine. Su padre, Luis de Llano  Palmer, había sido un pionero, uno de los hombres que literalmente construyó la televisión  en este país.

Él creció entre foros, entre cámaras,  entre estrellas. sabía cómo funcionaba la máquina por dentro porque su familia la había ayudado a construir. Cuando él  decía algo en Televisa se hacía. Cuando él elegía a alguien esa persona subía y cuando él dejaba de elegirte, te apagabas. Con ese poder de Ya no hizo audiciones en el CEA.

Buscaba niños que cantaran,  que bailaran, que tuvieran carisma frente a la cámara. Y entre todos esos niños eligió a Sied Benny Ibarra, Diego Sconing,  Alex Bauer, Paulina Rubio, Mariana Garza y a esa niña de pelo castaño  y sonrisa enorme. Sasha. Así  nació Timbiriche y tú lo viviste.

Tú te sabías las canciones. La vida es mejor cantando. Corro, vuelo, me acelero. Tus hijos las cantaban o tú las  cantabas o las dos cosas. Para el país entero,  Timbirich era el grupo así, sin más. El fenómeno infantil y juvenil más grande que había  tenido México hasta ese momento.

 Discos oro, discos de platino,  estadios llenos, gritos de niños y de adolescentes que veían en esos siete chamacos un espejo de sí mismos. Y para que  dimensiones el tamaño de su sombra, piensa en todo lo que ese hombre construyó  además de Timbiriche. A lo largo de su carrera armó y desarmó proyectos como quien acomoda fichas  en un tablero.

Estuvo detrás de Garibaldi, ese grupo  que medio país bailó años después. estuvo metido en programas, en  festivales, en producciones que marcaron generaciones. Tiempo  atrás había tenido que ver hasta con Abándaro, aquel festival de rock que en su momento  sacudió a México entero.

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