A esta también le tengo preparada una sorpresita que no se la va a acabar. Era de esas novelas donde si llegabas tarde a tu casa te perdías el tema de conversación del día siguiente en el trabajo y Wicho Domínguez se volvió icono. El con dinero, los muebles de plástico, los gritos, el baile, las viejas.
Carlos creó un personaje que México entero adoptó como propio. El elenco, ojo, era un fenómeno. Junto a él, Laura León, Sergio Goiri, Sasha Socol, Marta Julia, Lorena Herrera y un niño chiquito que hacía de Quique, al que Carlos le decía cariñosamente el mayonés, porque el chamaco le ponía sabor a todas las escenas. ¿Sabes quién era ese niño? Diego Luna.
Sí, ese mismo, el de Hollywood. aquel niño que después se convertiría en estrella internacional. Y aquí va un dato sabroso. Carlos cuenta que la primera vez que se dio cuenta de que era famoso de adeveras fue en un hotel en Acapulco. Bajó al lobby con una camisa yucateca que le había regalado su mamá, sin maquillaje, sin nada.
Y toda la gente del bar se paró a aplaudirle. Carlos hasta volteó para atrás pensando que buen aplauso era para Sergio Goiri. Y Goiri le dijo, “A ti, cabrón, te aplauden a ti.” En mayo de 1996, los premios TV y novelas le dieron el galardón de lanzamiento masculino. La novela se llevó el de idea original. Carlos estaba en la cima absoluta.
De ahí salió la secuela Salud, dinero y amor. En 1997 y con la fama llegó algo más, algo que cambia a cualquiera, algo que casi nunca cambia a nadie para bien. Llegó el dinero, pero a manos llenas. Ahora sí, agárrate porque lo que vino con la fama fue dinero, pero dinero del que marea. Después del éxito brutal de El Premio Mayor, a Carlos le llovió chamba por todos lados.
Televisa lo firmó con un año de exclusividad. Eso, para que te ubiques, era un sueldo mensual fijo, aparte de lo que ganaba por la novela, pero él mismo dice que ni le hizo falta porque tenía tanto trabajo encima que le sobraba la lana. Y vino la secuela inmediata Salud, dinero y amor, que se estrenó el 4 de agosto de 1997 y duró hasta el 2 de enero de 1998, otra vez en horario estelar, otra vez de Wicho compartiendo pantalla con Itatic Cantoral, Eduardo Santa Marina y Marta Julia.

Pero el negocio gordo no estaba nada más en las novelas. Emilio La Rosa, el productor, lo mandó a Estados Unidos a un circo gringo que se llamaba Chimera. Y ahí, mira nada más, Carlos cuenta que llegó a ganar hasta $10,000 en una sola noche. ¿Sabes haciendo qué? Nada más tomándose fotos con el público, las puras fotos. Por una sola noche $10,000.
Él mismo lo dice con todas sus letras. De las puras fotos que cobramos en el circo, yo me compré una casa en Cancún y no era cualquier casa, ¿eh? Casa en Cancún, en plena zona hotelera, pero ahí no para la cosa. Carlos también se compró dos motocicletas de mar, un yatecito ahí en el Caribe, otra casa más en el Distrito Federal, varios carros y un terreno en su Veracruz natal.
Se iba a Las Vegas a tirar la casa por la ventana, hoteles de lujo con alberca dentro de la habitación. Lo que se le antojara ahí lo tenía. El hombre estaba viviendo el sueño, el sueño que cualquier mexicano de barrio se imagina alguna vez. Pasar de cantar en los camiones por monedas a tener un yate en el mar de Cancún.
Imagínate nada más la película. Y aquí viene la frase de Carlos, que lo dice todo. En entrevista con Jorge el burro Van Ranking, en el programa Hoy de Televisa, él soltó esto. Gané muchísimo dinero. Me compré una casa en Cancún. dos motocicletas de mar tenía un pequeño yate, o sea, gocé. En Las Vegas todo me lo metí, casas, carros, todo desapareció.
Esa última frase, todo desapareció. Quédate con esas dos palabras. Y luego perdí todo. Y este fue una locura, una locura. Lo que casi nadie sabía mientras Carlos brillaba en pantalla haciendo reír a millones era esto. El hombre estaba enfermo, pero enfermo de adeveras. Carlos desde muy joven le entraba duro al alcohol y no era cualquier alcohol, era todo.
Bodka, whisky, ron, ginebra, tequila, lo que cayera. Y conforme creció la fama llegó algo peor. La cocaína y la heroína. Sí, heroína inyectada. del alcoholismo. Entonces, eh el alcoholismo que es una enfermedad y yo no me daba cuenta que yo estaba enfermo. Él lo cuenta tal cual, sin maquillaje. Consumía cocaína y me inyectaba en heroína.
Todo me lo metí, casas, carros, todo desapareció. Pero agárrate este detalle porque está fortísimo. Carlos se vestía de Wicho Domínguez con el bigote, la camisa estridente, todo el personaje y se iba Garibaldi. Sí. a la plaza Garibaldi del centro de la ciudad de México y ahí los fans que lo amaban lo reconocían en y se ponían a invitarle copas.
De mesa en mesa, toda la noche, Bodka, Whisky, Ron y Carlos en el papel aceptaba todo hasta que se le caía. El personaje que lo había hecho famoso se estaba comiendo al hombre. Y aquí va una historia que él mismo cuenta y que pone los pelos de punta. es de cuando estaba en pleno delirium tremens, que es lo que les pasa a los alcohólicos cuando llevan unos días sin tomar y el cuerpo se les revienta.
Carlos cuenta, estaba en un hotel maravilloso de los buenos, alberca dentro del cuarto, un ventanal con vista al mar, cuatro mujeres a su disposición, la cama llena de billetes, botellas, comida, el paraíso no. De repente suena el teléfono, te habla el jefe. Carlos sale corriendo al pasillo encuerado. Un señor lo ve y le grita, “¿Y usted qué hace aquí? Métase, viejo.
¿Qué le pasa?” Carlos regresa al cuarto y sabes que se encontró? No había nada, ni alberca, ni ventana al mar, ni mujeres, ni billetes. Era un cuarto de quinta horrendo en la colonia Guerrero. Todo había sido una alucinación, pero la peor vino después. Carlos cuenta que en otra ocasión lo perseguían unos perros por la calle.
Brincó una barda, se cayó del otro lado y cuando se levantó se le apareció el Eso dice él, el Y le habló. Le dijo, “Tómale, ponte hasta el madre, no seas cobarde. De eso es estar enfermo, dea de veras”. Y mientras Carlos se hundía, la vida le tenía otro madrazo guardado. Resulta que en 2009 su esposa Jodi Marcos se hizo una cirugía estética, aumento de busto y liposucción.
El cirujano se llamaba Porfirio Castillo y la operación salió mal, pero mal de adeveras. Jodi tuvo una infección gravísima. Estuvo al borde de la muerte. Carlos hizo lo único que sabía hacer. sacó la lana toda. ¿Y sabes cuánto gastó tratando de salvar a su mujer? Como 10 millones de pesos, según declaró él mismo en mayo de 2021 al diario El Imparcial, 10 millones de pesos.
Para que te ubiques, eso era como medio millón de dólares de aquellos años. Tuvo que vender la casa, las dos camionetas, el terreno en Veracruz, todo lo que había juntado en 26 años de carrera. Sus palabras en mayo de 2024. Al programa tuv notas. Vendí mi casa. dos camionetas, un terreno y nos quedamos verdaderamente en la Inopia. Ahora rento un departamento y vivo muy modestamente.
Todo mi patrimonio de 26 años desde Wicho Domínguez para acá se gastó. Y por si fuera poco, en febrero de 2018 le diagnosticaron cáncer de riñón. Le quitaron el órgano completo. Estuvo mes internado. Dos operaciones. Él mismo lo confirmó al programa de primera mano. Me quitaron un riñón con un tumor canceroso. El hombre que lo tenía todo se quedó sin nada.
Pero esta historia, mi cuate, todavía no termina. Hoy mi cuate. Carlos Bonavides tiene 85 años y la forma en que sobrevive todos los días es algo que tienes que escuchar para creer. Vamos por partes. ¿Dónde vive Carlos? Ya no tiene casa propia. Renta un departamento en la Ciudad de México y ahí agárrate. Vive con su exesposa Yodi, con su suegra y con su hijo Tadeo.
Cada quien en una recámara separada. ¿Por qué sigue viviendo con ella si están divorciados? Porque no le alcanza para mudarse. Así sencillito. Él lo dice tal cual. Yo pago esta casa de todo a todo. Las cuentas, la renta, el gas, la luz, todo. Carlos. Y por cierto, ¿sabes por qué se divorció? Esto es importante, porque Carlos no se hizo la víctima ni echó culpas.
Él mismo confesó, “Le fui infiel durante dos años. El único culpable fui yo. Eso lo dijo en junio de 2024. ¿De qué vive? Ahora viene lo fuerte. Lo que te prometí al principio del video, Carlos, el mismo hombre que tenía yate en Cancún, que ganaba $10,000 por noche en un circo gringo, hoy, a sus 85 años se para en los cruceros de la Ciudad de México vestido de payaso.
Sí, vestido de Wicho Domínguez con el bigote, el sombrero, el personaje completo y ahí en los semáforos hace su numerito mientras los carros esperan que cambie la luz. La gente le da lo que quiera darle. Él dice que en un buen día llega a juntar hasta 6,000 pes. En un mal día mucho menos y además de eso le entra a lo que sea. Graba videos de publicidad para negocios chiquitos.

En septiembre de 2025 grabó un comercial para una papelería en Ciudad Juárez. Eso causó debate en redes, pero a Carlos no le importó. Él agarra lo que llega y recibe la pensión del bienestar. La pensión para adultos mayores en 2026 son 6,400 cada 2 meses. Eso es lo que el gobierno le da. Él mismo dijo, “Yo traía 15 pesos hoy nada más.” Así que no critiquen.
15 pes en la bolsa. El hombre que fue ídolo nacional. Y aquí viene la parte que más duele. En diciembre de 2025, en plena marcha en la Ciudad de México, la actriz Laura Zapata. Sí, la misma niña que vivía en el multifamiliar Miguel Alemán con Carlos cuando eran chamacos soltó esta frase delante de las cámaras.
Pobrecito Carlos Bonavides, le dan lana cuando la gente tiene hambre, pues ni modo, se calla y ya no dice nada. Lo llamó hambreado públicamente en medios nacionales. Esa palabra le dolió a media república. Pero mira lo bonito de Carlos. Cuando le preguntaron qué pensaba, ¿sabes qué dijo? Nada de pleitos, nada de mentadas.
Él contestó, Laura Zapata es como mi hermana. Yo la quiero mucho porque nuestra juventud la vivimos en el multifamiliar Miguel Alemán. Sin rencor. Eso, mi cuate, es de hombre. Y déjame cerrar este bloque con algo que te va a sorprender, porque Carlos, a pesar de todo, lleva casi 18 años sin tomar una sola gota de alcohol, sin una sola raya de cocaína, sin nada, limpio.
¿Sabes que lo salvó? la noticia de que iba a ser papá. Jodi le dijo que estaba embarazada y en ese momento Carlos Cuenta dejó todo, todo. Desde ese momento dejé de tomar y de drogarme. Tadeo nació el 28 de julio de 2008. Hoy ese muchacho es actor. Salen una familia de 10. Tiene su propia carrera, sus seguidores en redes y Carlos lo presume como su mayor logro.
Por eso cuando le preguntan si está en la ruina, él se ríe y suelta esta frase, “Perdí todo, pero también gané todo con la sobriedad y el amor de mi familia.” Y ahí lo tienes, mi cuate. La historia completa de Carlos Bonavides, el veracruzano nacido en 1940, que de chamaco cantaba en los camiones del Distrito Federal por unas monedas.
el que su primer sueldo como actor fue un chocolate, el que pasó años, pero años siendo invisible para los productores de Televisa, el que un día casi por accidente se quedó con un papel que iba a durar 10 capítulos y terminó haciendo 190. El hombre que se convirtió en Wicho Domínguez y le sacó carcajadas a todo México. El que tuvo casa en Cancún, dos motocicletas de mar, un yatecito en el Caribe, un terreno en Veracruz, carros, viajes a Las Vegas, el que ganó hasta $10,000 en una sola noche en un circo gringo, nada más por tomarse fotos con sus fans. y también mi cuate,
el que lo perdió absolutamente todo entre el alcohol, la cocaína, la heroína, una cirugía mal hecha que casi le mata tel a su esposa, un cáncer de riñón y unos demonios de adentro que cargó por años. Hoy ese mismo hombre, a los 85 años de edad, se para en un crucero de la Ciudad de México vestido de payaso.
Sale a grabar comerciales para papelerías, cobra la pensión del bienestar como cualquier abuelito mexicano y vive en un departamento rentado con su exesposa, su suegra y su hijo, cada quien en su recámara. Y yo, mi cuate, no estoy aquí para juzgarlo. Nadie debería, porque al final del día este hombre, con todo y sus tropiezos, con todos y los errores que él mismo reconoce, sigue parándose todas las mañanas a trabajar sin esconderse, sin pedir limosna.
Sigue cuidando a su familia, sigue sobrio, ya casi 18 años y sigue diciendo con esos ojos brillantes que tienen los veracruzanos que ama a México con todo su corazón. Eso, mi cuate no cualquiera de veras. Y mira qué cosa más bonita dijo Carlos hace poco en una entrevista. Cuando le preguntaron si se sentía en la ruina, él contestó, “Perdí todo gané todo con la sobriedad y el amor de mi familia y eso no tiene precio.
Ahora dime tú, ¿te acuerdas de Wicho Domínguez? Veías el premio mayor en familia allá por los 90 con tu mamá, con tus tíos, con tus abuelos. ¿Te sabías la canción del hombre respetado de memoria? Cuéntamelo aquí abajo en los comentarios. Quiero leerte. Y si esta historia te llegó al corazón, compártela con tu hermano, con tu comadre, con esa persona que también creció viendo esas novelas, porque historias así, mi cuate, no se pueden quedar guardadas.
Te dejo con un abrazo grande y nos vemos en el próximo
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