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La Única Canción Que Julio Iglesias No Pudo Terminar Sin Llorar

La Única Canción Que Julio Iglesias No Pudo Terminar Sin Llorar

Delante de 100,000 personas, Julio Iglesias estaba cantando cuando de repente vio a alguien subir al escenario. Se detuvo en seco. Las cámaras captaron el momento exacto en que su voz se quebró. Dejó de cantar, abrazó a esa persona y lloró. Lloró delante de todo Chile, delante de las cámaras de televisión.

 Lloró como nunca nadie lo había visto llorar, porque lo que estaba cantando no era solo una canción, era un homenaje a la persona que lo salvó de una silla de ruedas, a la persona que cerró su clínica durante 2 años para cuidarlo, a la persona que le repetía todos los días, “No te he traído a la vida para que te quedes en una silla de ruedas.

” Esta es la historia de la única canción que Julio Iglesias nunca pudo terminar sin llorar y de cómo se convirtió en el himno de millones de personas. Para entender por qué Julio Iglesias se rompió en ese escenario en Chile en 1977,  tenemos que retroceder 6 años a una noche de agosto en el norte de España, a una ciudad llamada A Coruña, 12 de agosto de 1971.

Julio tiene 27 años, ya es famoso en España. Ganó el festival de Benidorm en 1968 con la vida sigue igual. Quedó cuarto en Eurovisión en 1970 con Wendolin. Sus álbumes han vendido más de un millón de copias, pero aún no es una estrella internacional. Aún no ha conquistado Latinoamérica. Aún no es Julio Iglesias.

Esa noche en el Palacio de los Deportes de A Coruña va a cambiar todo. Es el día de las fiestas de María Pita, una celebración enorme en la ciudad. Hay dos conciertos programados, tarde y noche. El cartel está encabezado por Víctor Manuel, uno de los cantautores más importantes de España en ese momento. Julio también está en el cartel, pero no es el cabeza de cartel  aún.

Pero esa noche Julio va a estrenar algo especial, algo que ha estado preparando en secreto. La noche anterior, el 11 de agosto, Julio cena en el restaurante más antiguo de A Coruña se llama Fornos. Está en la calle de los Olmos, un lugar decorado con cuadros del pintor urbano Lis. Con él están dos hombres.

 Uno es su  padre, el doctor Julio Iglesias Puga. médico ginecólogo, gallego de Ourense, el hombre que lo salvó después del accidente de 1962. El otro es Ezequiel Pérez Montes, periodista local. Están ahí por una razón muy específica. Julio ha escrito una canción, una canción en honor a Galicia, la tierra de su padre. Pero hay un problema.

 La canción está en castellano y Julio quiere cantarla en gallego. ¿Has intentado alguna vez escribir algo en un idioma que no dominas perfectamente? Esa sensación de que las palabras no salen como quieres. Julio conoce el gallego, lo ha escuchado toda su vida en boca de su padre, pero no lo domina, no lo escribe bien.

 Y ahí, en esa mesa del restaurante Fornos, entre platos de pulpo y vino de Ribeiro, empiezan a traducir palabra por palabra, verso por verso. Yo te quiero tanto, tierra de mi padre. Euquero Chetanto, Terra Domeupai. Julio escribe, su padre corrige. Ezequiel Pérez Montes ayuda. Pero cometen errores, errores que quedarán grabados para siempre.

 Escriben pae en vez de pai, nae en vez de nai, leos en vez de longe. Son incorrecciones gramaticales. Cualquier gallego las detectaría, pero Julio ya no tiene tiempo de corregirlas.  El concierto es mañana y además en el fondo, esos errores le dan algo. Autenticidad, humanidad. La canción no la escribe un lingüista, la escribe un hijo que quiere homenajear a su padre y eso se nota.

 Terminan la cena, la letra está lista. Julio se va al hotel. Mañana es el gran día. 12 de agosto de 1971, día del concierto. La sesión de la tarde transcurre con normalidad. Víctor Manuel cierra el espectáculo. Julio canta antes, todo según lo planeado. Pero entre la sesión de tarde y la de noche, Julio se acerca a un hombre.

 Se llama Nonito Pereira. es crítico musical y el presentador del evento también es amigo de Julio. Nono, le dice Julio, necesito que hables con Víctor Manuel. ¿Para qué? Quiero cerrar yo el espectáculo esta noche. Voy a estrenar una canción muy especial para el público de aquí, para Galicia. Nonito mira a Julio, sabe que es una petición grande.

 Víctor Manuel es el cabeza de cartel. Cerrar el show es un honor, pero Nonito conoce a Julio y si le está pidiendo esto es porque es importante. Va a buscar a Víctor Manuel. Y aquí pasa algo curioso, algo que cambiaría la historia de la música española de una forma que nadie podía imaginar. Unas horas antes, Nonito Pereira había presentado a Víctor Manuel a una joven actriz que estaba en Coruña, representando una obra de teatro.

La obra se llamaba Sabor a miel, la actriz se llamaba Ana Belén y Víctor Manuel. Víctor Manuel se había quedado prendado. Cuando Nonito le pregunta si puede cederle el puesto de cierre a Julio, Víctor Manuel no lo duda ni un segundo. Por mí, encantado. Ningún problema. Así acabamos antes y me voy a buscar a Anna Belén.

 Y así por amor, Víctor Manuel le cedió a Julio Iglesias el momento que cambiaría su carrera para siempre. Víctor Manuel y Ana  Belén se convertirían en una de las parejas más icónicas de la música española. Y todo empezó esa noche, la misma noche en que Julio estrenó la canción que lo haría leyenda en Latinoamérica. Llega la noche, el Palacio de los Deportes está lleno, más de 6,000 personas.

Víctor Manuel cierra su actuación, salen los aplausos y entonces Nonito Pereira anuncia, “Y ahora para cerrar esta noche, Julio Iglesias. Julio sube al escenario, lleva un traje blanco, elegante,  impecable, pero al subir el último escalón se tropieza. Un tropezón espectacular. El público se asusta. Julio casi se cae, pero se recupera.

Sonríe y camina hacia el micrófono. Nonito Pereira, que está  a su lado, le susurra bromeando, esto se llama entrar con buen pie. Julio ni se inmuta. Toma el micrófono y antes de cantar habla al público. Mi padre es gallego.  Tengo familia orenzana. Me encanta el mar. Me encantan las gentes de esta tierra.

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