La Melodía Prohibida Que Julio Iglesias Se Atrevió A Cantar
Hay una melodía que lleva más de 100 años sonando. Una melodía que todo el mundo conoce, pero que nadie sabe quién compuso. La han atribuido a guitarristas españoles del siglo XIX, a compositores franceses, a músicos argentinos, pero la verdad es que nadie lo sabe. Es anónima, un misterio. En 1952, un guitarrista español la toca en una película francesa llamada Juegos Prohibidos y el mundo entero la descubre.
La película gana el Óscar y la melodía se vuelve famosa, pero sigue sin tener letra. Sigue siendo solo guitarra. Hasta que en 1975 Julio Iglesias hace algo que nadie había hecho. Le pone palabras, le pone voz. y la convierte en un éxito masivo en Latinoamérica. Esta es la historia de la melodía prohibida, la que Julio Iglesias se atrevió a cantar.
Imagina esto. Finales del siglo XIX, algún lugar de España. Alguien compone una melodía para guitarra. Seis notas en arpo, simples pero perfectas. No sabemos quién fue. No hay firma, no hay registro, solo una partitura que empieza a pasar de mano en mano, de maestro a alumno, de ciudad en ciudad. Los guitarristas la tocan, la aman, pero nadie sabe de dónde viene.
La llaman romance anónimo porque no tiene autor. Es un fantasma musical y como todo fantasma tiene múltiples historias. Algunos dicen que fue Fernando Sor, un genio de la guitarra catalana del siglo XIX. Otros juran que fue Francisco Tarrega, el padre de la guitarra clásica española. Hay quien apuesta por Antonio Rubira o Vicente Gómez o David del Castillo.
Cada guitarrista defiende a su candidato. Cada uno tiene su teoría, pero la verdad es que nadie lo sabe y nunca lo sabremos. Porque existe una grabación, la más antigua que se conoce, hecha entre 1897 y 1901 en Madrid, en un cilindro de cera. Esas grabaciones primitivas que se hacían antes de que existieran los discos.
Dos hermanos guitarristas, Luis y Simón Ramírez, grabaron la melodía y en el cilindro escrito a mano dice: “Sort, estudio para guitarra por ese Ramírez.” Sort, probablemente una referencia a Fernando Sor, pero hay un problema. Fernando Sor había muerto en 1839, 58 años antes de esa grabación. Entonces, ¿cómo iba a haber compuesto una melodía que se grabó medio siglo después de su muerte? No tiene sentido. Y ese es el misterio.
Esa melodía existe desde hace más de 100 años, pero su autor se perdió en el tiempo como si la música hubiera aparecido de la nada, como si nadie la hubiera creado, como si siempre hubiera existido. Durante décadas esa melodía siguió sonando en academias de guitarra, en conservatorios, en pequeños recitales, siempre instrumental.
Siempre solo seis cuerdas, hermosa, melancólica, pero sin palabras. Porque nadie le ponía letra a las piezas clásicas de guitarra, no era lo que se hacía. Y además, ¿qué palabras podrías ponerle a algo tan perfecto? Parecía imposible. Hasta que en 1952 todo cambió. Francia, plena posguerra. Un director de cine llamado René Clemont está preparando una película que se va a llamar JS Interdits.
En español, Juegos Prohibidos. Es una historia brutal que transcurre en junio de 1940, cuando Francia acaba de ser invadida por los nazis. Miles de civiles huyen hacia el sur caminando por las carreteras, familias enteras llevando lo poco que pueden cargar. Entre ellos, una niña de 5 años llamada Polet, que va con sus padres y con su perro.
De repente aparecen los aviones alemanes y empiezan a disparar, a bombardear. La gente corre, grita, muere. Los padres de Polet caen bajo las balas. El perro también. Y Polet, de 5 años se queda sola. Alguien tira el cuerpo del perro al río, pero Polet no puede dejarlo. Lo sigue. Camina junto al agua hasta que encuentra a un niño llamado Michelle, que tiene 11 años y es hijo de unos granjeros.
Michelle lleva a Polet a su casa, la familia la acoge y Michelle y Polet se hacen inseparables. Pero son niños que han visto la muerte, que han perdido a sus seres queridos y no saben cómo procesarlo. Entonces crean un juego, un juego terrible, infantil, inocente y macabro. Al mismo tiempo, deciden hacer un cementerio para el perro de Polet, para los animales muertos que encuentran.

pájaros, ratones, topos y lo decoran con cruces que roban de tumbas reales, de iglesias, de cementerios de verdad. Es su forma de entender la muerte, de darle sentido a algo que no lo tiene. La película es desgarradora, tierna, brutal y René Clemont, algo que capture esa mezcla de inocencia y tragedia. busca a un guitarrista español y encuentra a Narciso Yepez, un murciano de 25 años, brillante, sensible, un prodigio de la guitarra.
Clemén le pide que componga la banda sonora y Narciso Yepez tiene una idea. Hay una melodía, una que su madre le enseñó cuando era niño. Una melodía española, antigua, sin autor conocido, romance anónimo. Jeppes la arregla, le da su propio toque, su interpretación única y la graba. Solo guitarra, nada más.
Seis notas en arpello, repetidas, hipnóticas, tristes, perfectas. La película se estrena en mayo de 1952 y es un terremoto. Gana el León de Oro en el Festival de Venecia. Gana el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Las críticas son extraordinarias. En Francia venden casi 5 millones de entradas. Es el mayor éxito de taquilla del año.
Pero hay algo más, algo que conquista al mundo tanto como la película misma. La música de Narciso Ypez, esa melodía de guitarra, ese romance anónimo que ahora todo el mundo conoce como romance de juegos prohibidos. La gente sale del cine llorando y tarareando esa melodía. Las radios empiezan a tocarla, los guitarristas a aprenderla, los conservatorios a enseñarla.
De repente, esa pieza española que llevaba décadas en la sombra es universal. Millones de personas la escuchan, la aman, pero sigue sin tener letra y nadie se atreve a ponérsela porque ahora romance anónimo no es solo una melodía, es la música de juegos prohibidos. Pertenece a esa película desgarradora, A Narciso Yepez, al cine.
Es intocable, sagrada y durante 23 años nadie la toca, nadie le pone palabras. Hasta 1975. 1975, Madrid. Julio Iglesias está en la cima del mundo. Lleva 7 años de carrera. Ha vendido más de 10 millones de discos. Ha conquistado Europa, Latinoamérica, Japón. Es la estrella más grande de la música en español. Tiene 32 años.
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Está casado con Isabel Prisler. Tienen tres hijos: Chabeli, Julio, José y Enrique. Pero el matrimonio está en crisis. Julio viaja constantemente, siempre de gira, siempre lejos. E Isabel está en Madrid, sola, con tres niños pequeños en una casa vacía. El divorcio llegará en 1978, pero en 1975 Julio todavía lo intenta.
¿Y cómo lo intenta? Trabajando porque es lo único que sabe hacer. está preparando un nuevo disco, su noveno álbum de estudio. Lo va a titular El amor y trabaja con dos personas clave. Primero, Rafael Ferro, su arreglista de cabecera, un pianista y compositor madrileño de 32 años, un genio, el hombre que convierte las melodías de Julio en producciones orquestales brillantes, el arquitecto invisible detrás de los éxitos.
Y segundo, una cantautora, una mujer de 27 años, brillante, rebelde, feminista antes de que la palabra fuera común. Su nombre artístico es Cecilia, pero su nombre real es Evangelina Sobredo Galanes. Nació en Madrid en 1948, hija de diplomáticos. Vivió su infancia viajando por el mundo, Inglaterra, Estados Unidos. Portugal, Jordania.
Habla inglés también como español y compone canciones que rompen moldes. Dama, dama, nada de nada. Un ramito de violetas. Canciones sobre la libertad. Sobre ser mujer en una España que todavía no entiende el feminismo, sobre la soledad, el amor, la tristeza. En 1975, Cecilia es la cantautora más importante de España, pero también escribe para otros, para Mocedades, para Maciel, para Julio Iglesias.
Y ese año Julio y Cecilia escriben varias canciones juntas para el disco El amor. A veces tú, a veces yo. Dicen desde que tú te has ido. Pero Julio tiene una idea, una idea loca, imposible. Hay una melodía que todo el mundo conoce, una melodía que se hizo famosa en juegos prohibidos, una melodía que lleva 23 años siendo solo guitarra.
Y si le ponen letra, y si la convierten en una canción, y si hacen lo que nadie se ha atrevido a hacer. Cecilia escucha la idea y acepta el desafío. Se sienta, escucha romance anónimo una y otra vez, esa melodía melancólica, triste, hermosa y empieza a escribir. Las palabras que Cecilia crea son simples, directas, honestas.
Hablan del deseo, del anhelo, del miedo a perder a alguien. Quiero que me quieras mientras yo te quiera. Quiero que me esperes mientras yo te espere. Quiero, quiero, quiero. Esa palabra se repite como un latido, como una súplica, como un grito desesperado de amor. La letra encaja perfectamente con la melodía, con esa tristeza, con esa melancolía, como si siempre hubieran estado destinadas a estar juntas.
Rafael Ferro hace los arreglos y son espectaculares. Cuerdas, guitarra española en primer plano como un homenaje a Narciso Ypez. Piano, orquesta completa, pero sin perder la esencia, sin ahogar la melodía original. Julio graba la voz y sucede algo mágico. Esa melodía que llevaba más de 100 años sonando, de repente tiene palabras, tiene voz, tiene emoción.
Ya no es solo romance anónimo, es algo nuevo. La canción se titula Quiero y se incluye en el álbum El amor, que sale a finales de 1975. Pero quiero, no es el primer sencillo. El primer sencillo es abrázame. Una balada romántica y exuberante que es un éxito masivo. En diciembre de 1975, Columbia Records decide lanzar un segundo sencillo.
Abrázame en el lado A y quiero en el lado B. lado B, no el principal, solo el relleno. Pero algo sucede. Las radios empiezan a darle la vuelta al disco y tocan Quiero una y otra vez porque la gente la pide, porque esa melodía que todos conocen ahora tiene letra y la letra es perfecta. En Argentina quiero explota.
Suena en todas las radios, en todos los programas. Las ventas del álbum El amor se disparan. El disco alcanza disco de platino y quiero se convierte en una de las canciones más pedidas del año. También en Chile, en México, en Colombia, en toda Latinoamérica, porque esa melodía española que llevaba 100 años sonando ahora es de todos.
Julio Iglesias ha hecho lo imposible. le ha puesto letra a romance anónimo, a la melodía de juegos prohibidos, a la canción que nadie se atrevía a tocar y la ha convertido en un éxito. En 1976, Columbia Records quiere más y deciden sacar una versión en inglés que titulan Forbidden Games, Juegos Prohibidos, un homenaje directo a la película a Narciso Yep.

sale en Reino Unido en abril de 1976 como lado B del sencillo el amor, pero no funciona. En inglés la canción pierde algo, esa calidez, ese romanticismo latino, esa melancolía española. En español quiero suena como una súplica de amor. En inglés suena fría, distante y no conecta. Pero no importa porque quiero en español ya ha ganado, ya es un clásico. 1976.
Cecilia está en su mejor momento. Es la artista más importante de España. Ha lanzado tres álbumes. Ha representado a España en el festival de la OTI con amor de medianoche y quedó en segundo lugar. está preparando su cuarto disco, un álbum dedicado a Valle Inclan y tiene planes de boda con Luis Gómez Escolar, músico y compositor.
Su vida está perfecta. El 1 de agosto de 1976, Cecilia da un concierto en Vigo en la sala Nova Olimpia. El concierto es un éxito. Cuando termina, Cecilia sube a un coche con tres de sus músicos. van a regresar a Madrid. Son las 6 de la mañana del 2 de agosto, madrugada. El coche circula por la carretera cerca de un pueblito zamorano, colinas de trasmte y de repente el coche choca contra una carreta de bueyes, una carreta sin luces, invisible en la oscuridad de la madrugada.
El impacto es brutal. Cecilia muere en el acto. El batería de su banda, Carlos de la Iglesia, también Cecilia tenía 27 años. España pierde a una de sus voces más importantes, a una compositora brillante, a una mujer que escribía sobre libertad cuando la libertad todavía era peligrosa. Una mujer que había escrito quiero, la canción que le puso palabras a una melodía centenaria.
Cecilia nunca llegó a ver el impacto completo de Quiero. Nunca supo cuántas personas cantarían esa canción durante décadas, en bodas, en karaoques, en reuniones familiares. Pero su legado quedó en cada nota, en cada palabra, en cada vez que alguien canta. Quiero que me quieras mientras yo te quiera. Rafael Ferro siguió trabajando con Julio Iglesias durante casi cuatro décadas.
fue el director musical invisible, el hombre detrás de los arreglos, de las orquestaciones, de esas producciones brillantes que convertían las canciones de Julio en éxitos mundiales. Compuso más de 300 canciones. Trabajó con Rocío Durcal, Mosedades, Karina, pero casi nadie conoce su nombre porque Rafael Ferro era invisible, el genio en la sombra, el que creaba la magia que otros cantaban.
Murió el 29 de junio de 2010 en Villajoyosa. Tenía 67 años y su nombre aparece en letra pequeña en los créditos de Quiero. Pero sin él esa canción no habría sido lo que fue. No habría tenido esa orquestación perfecta, esas cuerdas, esa guitarra española en primer plano, ese equilibrio entre lo clásico y lo moderno. Rafael Ferro fue uno de los grandes y quiero es parte de su legado.
Y Narciso Yepez, el hombre que tocó romance anónimo en juegos prohibidos. Toda su vida defendió que él había compuesto esa melodía. Decía que la escribió cuando tenía 7 años, en 1934, como regalo para su madre, que la tocó por primera vez en el teatro Guerra del Orca y que años después, cuando tenía 13 años, escuchó a otro guitarrista tocarla atribuyéndola como anónima.
Jeppes creía que alguien le había robado su composición, que alguien que lo escuchó de niño se la había apropiado. Pero hay un problema, la grabación de 1897. Los hermanos Ramírez grabaron Romance Anónimo en Madrid 37 años antes de que Narciso Ypez naciera. Entonces, ¿cómo pudo haberla compuesto él? Los herederos de Yepes todavía defienden su versión.
Dicen que esa grabación es de otra pieza, que no es romance anónimo, pero la evidencia dice lo contrario. La verdad es que nadie sabe quién compuso romance anónimo. Puede que fuera Fernando Sor, puede que fuera Francisco Tarrega, puede que fuera alguien cuyo nombre se perdió en el tiempo. Pero lo que sí sabemos es esto. Narciso Ypez la popularizó.
Él la tocó en juegos prohibidos. Él la convirtió en un fenómeno mundial y por eso su nombre quedó ligado para siempre a esa melodía. Jeppes murió el 3 de mayo de 1997 en Murcia. Tenía 69 años y hasta el final defendió que Romance Anónimo era suya. Tal vez nunca sabremos la verdad. Tal vez no importa, porque la música no tiene dueño.
La música es de todos, de los que la componen, de los que la interpretan y de los que la escuchan. Quiero nunca fue el mayor éxito de Julio Iglesias. No vendió 20 millones de copias como Hey, no conquistó Estados Unidos como To all the girls I’ve loved before. No fue número uno en Reino Unido como Begin the Beguin. Pero quiero tiene algo que muchas otras canciones no tienen. Permanencia.
50 años después de su lanzamiento, la gente todavía la canta en bodas, en reuniones familiares, en YouTube, en karaoques de todo el mundo. Porque quiero es más que una canción de Julio Iglesias. Es una melodía que lleva más de 100 años sonando, que empezó como un misterio anónimo en el siglo XIX, que conquistó al mundo con juegos prohibidos en 1952 y que encontró nuevas palabras en 1975 gracias a tres personas.
Julio Iglesias, que tuvo la audacia de intentarlo, Cecilia, la cantautora brillante que murió demasiado joven, y Rafael Ferro, el genio invisible. Juntos hicieron algo que parecía imposible. Le pusieron voz a una melodía que no tenía palabras. Le dieron nueva vida a algo que parecía intocable y crearon una canción que nunca morirá.
Porque la música viaja a través del tiempo, del espacio, de las generaciones y sigue emocionando, sigue haciendo llorar, sigue haciendo sentir. Quiero es la prueba de que una melodía puede ser eterna, de que una canción puede tener muchas vidas, de que la música no pertenece a nadie, pertenece a todos.

Julio Iglesias sabía hacer eso mejor que nadie, tomar melodías. historias, emociones y convertirlas en canciones que el mundo entero cantaba, como hizo con quiero, como hizo con tantas otras. Pero cuéntame, ¿qué artista te gustaría que trajéramos al canal? ¿De qué canción te gustaría conocer su historia? Déjalo en los comentarios porque siempre hay una historia detrás de la música y me encantaría contártela.
Julio Iglesias sabía convertir melodías en éxitos. Sabía tomar lo que nadie se atrevía a tocar y hacer lo suyo. Como hizo con Quiero, como hizo con otra canción, una canción que millones de personas cantaron durante 40 años. Una canción alegre, pegadiza, que sonaba en todas las radios, pero que escondía un secreto, un mensaje a una persona.
Descubre la historia completa aquí, porque la música siempre tiene una historia y las mejores historias son las que nadie te ha contado. No.