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JUAN MANUEL “DINAMITA” MARQUEZ: LA VERDAD SALIO A LA LUZ

JUAN MANUEL “DINAMITA” MARQUEZ: LA VERDAD SALIO A LA LUZ

La verdad salió a la luz cuatro veces campeón mundial. Cuatro categorías, cuatro coronas, un hombre que dominó el boxeo durante casi 20 años, que fue llamado por los mejores entendidos del deporte uno de los 10 mejores boxeadores Libra por Libra del siglo XXI. Y sin embargo, cuando le preguntas a Juan Manuel Márquez qué recuerda de su carrera, lo primero que menciona no es ninguno de esos cuatro campeonatos.

No es la noche que ganó su primer título, no es el momento en que su ciudad lo recibió como héroe. No es ninguna de las peleas donde destrozó rivales que parecían invencibles. Lo primero que menciona es él, siempre él. Mani Pacquiao, cuatro peleas, 12 años, un solo hombre que se convirtió en la razón de ser de toda una carrera.

Y en los próximos 70 minutos vas a entender por qué eso fue al mismo tiempo la mayor grandeza y el mayor peso de la vida de Juan Manuel Márquez. Es porque hay cuatro cosas que nadie te ha contado completas. La primera, lo que Juan Manuel Márquez hizo con su propio cuerpo para ganar la cuarta pelea. Los métodos que escandalizaron al mundo y que él nunca negó y lo que eso dice sobre la mente de un hombre obsesionado.

La segunda, el año 2011, la campaña política, los carteles, los videos, el candidato que prometía seguridad y usó el rostro del campeón para ganar votos y la multa que le cayó a Márquez cuando ya era tarde para deshacer el daño. Tercera, el knockout de la sexta ronda, el momento más importante de su carrera.

Y la pregunta que nadie ha respondido bien,  ¿fue el final de la obsesión o apenas el comienzo de algo peor? La cuarta, lo que piensa hoy de Jake Paul, de los youtubers que se meten al ring, de los influencers que ganan millones sin sangre real. Lo que dice Márquez sobre eso te va a sorprender. Y todo lo que hizo para tratar de detenerlo, so porque es mucho más complicado de lo que crees.

Te voy a avisar cuando lleguemos a cada una, pero primero necesitas entender de dónde viene este hombre, porque sin el origen el resto no tiene sentido. Tepito. Si no conoces Tepito, no puedes entender a Juan Manuel Márquez. Tepito es una colonia en el corazón de Ciudad de México. La llaman el barrio Bravo. No es un apodo poético, es una advertencia.

Calles angostas, mercados donde se vende de todo y un código de honor que no está escrito en ningún lado, pero  que todos conocen. En Tepito la gente no hace preguntas, ¿trabajas, sobrevive o se va? Y los que se quedan aprenden muy pronto que el mundo no te regala nada. Juan Manuel Márquez nació el primero de agosto de 1973.

El cuarto de siete hijos. Su padre Rafael Márquez era obrero. Su madre, Herminia Félix se encargaba de la casa y de los hijos. No había lujos, no había comodidades, había lo que había, pero había algo más que dinero, había boxeo. Rafael Márquez no era boxeador profesional, pero peleaba en torneos amateurs del barrio.

en los patios, en los gimnasios improvisados, en cualquier lugar donde hubiera dos hombres dispuestos a darse puñetazos para ganarse el respeto del vecindario. Y sus hijos lo veían. Juan Manuel tenía 7 años cuando su padre le puso los guantes por primera vez. “Me los puse y sentí que era lo mío”, dijo Márquez muchos años después.

No sé cómo explicarlo. Yo desde el primer momento supe que eso era lo que quería hacer con mi vida. No fue fácil. En Tepito el camino al gimnasio pasa por las tentaciones del barrio. Las pandillas, las esquinas, los negocios que te ofrecen dinero fácil y te cobran con años de tu vida. Márquez vio a amigos suyos ir por ese camino.

Los vio entrar y no volver. Él eligió el gimnasio. El gimnasio de la colonia Tepito. Cuatro paredes, un ring viejo, costales de arena que olían a sudor de 10 años atrás. No había aire acondicionado. En verano el calor era infernal. En invierno el frío se metía por las grietas de las paredes. Márquez entrenaba todos los días.

 Dos horas, 3 horas, lo que hubiera. Su padre lo llevaba cuando podía.  Cuando no podía, Márquez iba solo. A los 12 años ya era el mejor del gimnasio en su categoría. A los 15 competía en torneos nacionales.  A los 17 representó a México en competencias internacionales. Pero el camino profesional tardó en llegar, no porque en México, en los años 90, el boxeo Amateur no pagaba.

 Geos y Juan Manuel Márquez tenía que comer, tenía que ayudar en su casa, tenía responsabilidades que un sueño no podía pagar. Trabajó de todo. Vendedor ambulante, ayudante en una taquería, cargador en un mercado. Durante el día trabajo, en las noches y los fines de semana boxeo. No me quejaba, dijo Márquez.

 Sabía que era el camino, que si quería llegar tenía que aguantar y aguantó.  En 1993, A con 20 años debutó como profesional. Primer combate,  primera victoria. El camino había comenzado. Los primeros años fueron duros. No por las peleas,  las peleas las ganaba, sino porque el mundo del boxeo profesional es un  mundo de compadrazgos, de managers que se quedan con la mitad de lo que ganas, de promotores que te ofrecen contratos  que firmas sin entender lo que firmas.

Márquez aprendió rápido, a veces demasiado tarde, pero aprendió. Peleó en salones de segunda y contra rivales que no tenían nombre. por bolsas que apenas alcanzaban para el pasaje de regreso. Así durante 4 años, pero nunca perdió de vista el objetivo. En 1997  consiguió su primera pelea de importancia.

En 1999  disputó su primer título. Lo perdió por decisión polémica. Una de esas decisiones que el boxeo  produce de vez en cuando, donde los jueces ven combate diferente al que vio todo  el mundo. Márquez no se hundió, entrenó más. En 2003, con 30  años ganó el campeonato mundial supergallo de la Federación Internacional de Boxeo.

 Su primer título mundial, Tepito celebró. Ciudad de México celebró. México celebró y Juan Manuel Márquez, de pie en el ring con la correa en la mano, pensó en su padre. En las mañanas de madrugada, en los costales de arena, en las calles del barrio Bravo. Esto es para ti, dijo en voz baja. Para nadie en particular, para todos.

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