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 Ana María Polo: La Mataron en Internet… y la Razón Es Peor

 Ana María Polo: La Mataron en Internet… y la Razón Es Peor

Es el 10 de diciembre de 2019. Un estudio de televisión en Miami. Las luces  todavía encendidas. El estrado de madera oscura, el mismo que millones de personas habían  visto durante casi 20 años, sigue ahí, en el centro del foro. Y detrás de  él, una mujer de 60 años recoge sus papeles por última vez.

Acaba de grabar el último caso, el  último de 1578. Piensa en  ese número un momento. 1578 episodios. 1578  veces que esta mujer se sentó detrás de ese estrado a escuchar  el dolor, la rabia, la traición y la miseria de gente que no conocía. El maquillaje de siempre, las  luces calientes sobre la cara, el olor del estudio, ese  olor a cables, a café frío, a polvo de foco.

Lo que para el público era media  hora de entretenimiento, para ella eran jornadas enteras, una tras otra, durante  casi 20 años. Va a tomar el mazo, ese martillo  de juez que se volvió tan famoso como ella. y va a decir las  dos palabras con las que cerró cada historia, cada pleito, cada lágrima ajena que pasó por ese foro.

Dos palabras que toda Latinoamérica aprendió de memoria. Dos palabras que en su boca  sonaban a sentencia final. va a decir,  “He dicho.” Y después se va a levantar, se va a quitar  el saco, va a salir de ese estudio y no va a volver. No al año siguiente, no al otro. 6 años después, en el momento en que tú  estás escuchando esto, esa mujer sigue sin volver a la silla que la hizo la abogada más conocida  del mundo, de habla hispana.

Tú la conociste, tú  la viste todas las tardes, probablemente la tuviste en tu sala mientras planchabas, mientras cocinabas, mientras esperabas a que llegaran tus hijos. Su nombre es Ana  María Polo, la doctora Polo. Y la mujer que durante dos décadas obligó a desconocidos a confesar frente a una  cámara los secretos más sucios de sus vidas.

 La mujer que le enseñó a millones de mujeres latinas a denunciar, a no callar, a defenderse de los maridos y de los abogados y de los hombres con poder. Esa misma mujer, cuando le tocó hablar de su propia vida, eligió el silencio más absoluto que se haya visto en  la televisión hispana. La que hacía hablar a todos calló.

Hoy vas a  descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre por qué desapareció.  Primero, la verdad de por qué dejó el programa más visto de la televisión en español justo en su mejor momento, cuando todavía era número uno. Y te adelanto algo, no fue solo por cansancio,  aunque eso fue lo que dijeron.

Segundo, lo que rechazó después de irse. Las plataformas más grandes del mundo, las que mueven  miles de millones de dólares, tocaron su puerta de rodillas y ella les dijo que no a todas. Vas a entender  por qué. Tercero, el precio que pagó en privado mientras le resolvía la vida al mundo entero en público.

Lo que vivió esta mujer  sola, sin que nadie la defendiera, mientras ella defendía a todos. Esto es  lo que más te va a doler. Y cuarto, la verdad detrás de los rumores de su muerte. Porque a la doctora Apolo la han matado en internet  una y otra vez y cada vez ella ha tenido que salir a demostrar que sigue viva.

Te voy a avisar cuando llegue cada una de las cuatro. Pero para  entender por qué una mujer en la cima decide bajarse, necesitas conocer primero quién era antes de ser la jueza de todos. Porque esta historia  no empieza en ese estudio de Miami en 2019, empieza  mucho antes. Empieza con una niña que lo perdió todo cuando apenas sabía  caminar.

La Habana Cuba. 11 de abril de 1959.  Nace Ana María Cristina Polo González. Llega al mundo  en una isla que está a punto de cambiar para siempre, porque ese  mismo año Fidel Castro acababa de tomar el poder. La familia Polo, como tantas  familias cubanas de esa época, vio venir lo que se acercaba.

y huyó.  Ana María tenía 2 años cuando la sacaron de su país. Dos años. No alcanzó a tener un solo recuerdo propio de la tierra donde nació. Lo único  que le quedó de Cuba fue lo que su familia le contó después. El exilio le robó hasta la memoria de su casa. Piensa en eso un momento.

 Piensa en lo que significa empezar  la vida sin un lugar al cual regresar. Esa niña  creció en otro idioma cultural, primero en Puerto Rico y después en Miami, esa ciudad que se llenó  de cubanos que llegaron con una mano adelante y otra atrás, soñando con volver a una isla  a la que nunca volvieron.

Creció primero en Puerto Rico. Estudió en la Academia del Perpetuo Socorro, un colegio donde no solo destacó en los libros, destacó  en el escenario. Participó en obras musicales, montajes como  Godspell y Showboat, de esos que te ponen frente a un público con las luces encima y el  corazón garganta.

Era una niña que cantaba,  que actuaba, que tenía alma de artista. En otra vida, en otra historia,  a lo mejor la doctora Polo habría sido una estrella de los escenarios y no de los tribunales. Pero la vida de una hija de exiliado rara vez  sigue el camino del sueño, sigue el camino de lo seguro.

que cuando tu familia lo perdió  todo una vez, cuando viste a tus padres empezar de cero en una tierra ajena,  aprendes pronto que el arte es un lujo y que la estabilidad es una obligación. Esa niña creció entre dos mundos sin pertenecer del todo a ninguno,  con el español de su casa y el inglés de la calle, con la nostalgia  de una cuba que no recordaba y la realidad de un Miami que apenas la recibía.

Ese desarraigo, esa  sensación de no tener un suelo firme bajo los pies forjó a una mujer dura, una mujer que aprendió a construirse su propio lugar en el mundo a punta de inteligencia  y de carácter. Y aquí viene un detalle que casi nadie conoce de la doctora Polo.  antes del derecho, antes del mazo, antes de los tribunales, lo que esa niña  quería era cantar.

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