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Inés Gómez Mont: Sus Siete Hijos Pagan el VERGONZOSO Precio de Su Huida

Tú la viste en tu sala, una tarde cualquiera en la pantalla de tu televisor. mujer que sonreía como si el mundo entero le perteneciera, que se sentaba frente a los artistas más grandes de México y les hablaba de tú a tú, que un día en vivo delante de millones de personas le pidió matrimonio a una estrella del fútbol americano sin que le temblara la voz.

Inés Gómez Mond, la consentida de la televisión mexicana. Cierra los ojos un segundo y vuelve a esa época, a los domingos en familia, al televisor encendido mientras se hacía la comida, a esa voz alegre saliendo de la pantalla llenando la casa. Para millones de personas, Inés Gómez Mont fue parte del paisaje de su vida durante años.

tan familiar como un mueble de la sala, tan cercana como una vecina, tan querida como alguien de la propia familia. Ahora escucha esto. Mientras tú y yo hablamos, ese mismo nombre está impreso en otra lista, una lista roja, la lista de la Interpol, la misma donde aparecen los hombres más buscados del planeta.

Ese rostro que entraba a tu casa cada semana hoy circula por las policías de 190 países. Y con todo y eso, con 190 países detrás de ella, con cuatro órdenes de aprensión firmadas por jueces mexicanos, nadie, nadie ha podido encontrarla. La acusan de algo que cuesta trabajo decir en voz alta sin sentir un escalofrío. De ser la cara visible de una red que, según la Fiscalía General de la República, desvió casi 3000 millones de pesos del dinero público.

3000 millones. El dinero de tus impuestos, el dinero del país. Durante años, Inés Gómezmón lo fue todo en la televisión mexicana. Estaba en todos los canales, en todas las portadas, en la sala de tu casa cada fin de semana, como si fuera de la familia. Y un día desapareció del mapa sin dejar rastro. Recuerda esa frase, Inés estaba en todas partes.

La vas a necesitar para entender el final. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron completas. Primero vas a entender como una mujer hecha de risa y de glamur se convirtió en la pieza visible de una maquinaria que tocaba el dinero de tus impuestos. ¿Quién la protegía? ¿Y por qué durante años nadie se atrevió a tocarla? Segundo, vas a conocer la cifra exacta de la que la acusan.

¿De dónde dicen las autoridades que salió ese dinero y en qué se transformó? una mansión, un jet privado, un bolso que cuesta más que muchas casas en México. Tercero, vas a saber quiénes sí están pagando hoy por aquello de lo que a ella la acusan mientras ella cruzaba la frontera. Y vas a escuchar la versión que muy pocos se atreven a decir en voz alta.

si la mente detrás de todo era ella o el hombre con el que se casó. Y cuarto, lo que el país entero se pregunta y nadie ha podido responder. ¿Dónde está Inés Gómez Mon en este preciso momento mientras escuchas estas palabras? ¿Y por qué con medio mundo buscándola sigue libre? Te voy a avisar cuando llegue cada una.

Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera, necesitas conocer el mundo que la construyó. Porque esta historia no empieza el día que se volvió prófuga, empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión. Vamos a regresar el tiempo a finales de los años 90, a una época en la que la televisión todavía mandaba en este país.

No había celular en la mano de cada quien. No había mil pantallas y espeleando por tu atención. Había una sola pantalla, la de la sala y la familia entera sentada alrededor de ella. Y lo que esa pantalla decía se volvía verdad. En 1997, una muchacha de 14 años apareció en una telenovela llamada Trick Track. Se llamaba Inés Gómezmon.

Había nacido en la Ciudad de México el 29 de julio de 1983. Una niña de familia acomodada, de buena escuela, con una seguridad enfente de la cámara que no se aprende. Esa seguridad iba a ser años después su mejor arma y también su trampa. Para el año 2002, Inés ya estaba dentro de la maquinaria. Entró a televisión Azteca, a Fuerza Informativa Azteca.

El corazón de noticias de la empresa de Ricardo Salinas Pliego. Y ahí pasó algo curioso. La pusieron a hacer notas, reportajes, coberturas y la cámara la amaba. Tenía algo que el resto no tenía. Se atrevía. Mientras otras conductoras cuidaban cada palabra, Inés hacía locuras al aire. Se subía a donde no debía.

Decía lo que nadie diría. Convertía una entrevista aburrida en un escándalo divertido. Y la gente en su casa lo amaba porque entre tanto presentador acartonado, ella parecía de verdad. Su carrera fue subiendo escalón por escalón. Empezó como la reportera atrevida, la que hacía las coberturas que nadie quería, la que se metía a donde otros no se atrevían.

Después vino la conducción, programas de espectáculos, programas de concursos. Su nombre se volvió garantía de rating, de comentarios, de gente pegada a la pantalla esperando que iba a hacer ahora. El programa Los 25 más la consolidó como una de las caras más reconocibles de la televisión. Para entonces con decir Inés bastaba una sola palabra y todo el mundo sabía de quién hablabas.

Tenía contratos, tenía portadas, tenía una vida que parecía un sueño cumplido y tenía, sin saberlo todavía, el ingrediente que la haría perfecta para lo que el destino le tenía guardado. Una fama tan grande que se volvería al mismo tiempo su corona y su disfraz. Llegó a programas como Los 25 más. llegó a Ventaneando, llegó a las pantallas de toda la República.

Tú la veías y no podías cambiarle. Hacía cosas que te dejaban con la boca abierta. Hubo un momento que quedó grabado en la memoria de todo México. En plena transmisión frente a las cámaras, Inés Gómez Monrimonio a Tom Brady, una de las estrellas de fútbol americano más famosas del mundo. Lo hizo con una caja, un anillo de mentira y una sonrisa de oro.

Medio país se rió. El otro medio se preguntó cómo alguien podía tener tan poca vergüenza y tanta gracia al mismo tiempo. Ese gesto visto hoy dice más de lo que parece. Inés era capaz de hacer frente a millones de personas lo que cualquier otro no se atrevería ni a pensar. Sin miedo al ridículo, sin miedo al que dirán.

con una seguridad que rozaba lo temerario. Esa misma audacia, esa misma capacidad de pararse frente al mundo y hacerlo impensable sin que le temblara la voz, la vas a volver a ver al final de esta historia. Solo que entonces ya no será un anillo de juguete frente a un deportista. Será un país entero buscándola y ella mirándolo de frente sin entregarse.

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