Durante los últimos seis años, la estabilidad económica y la proyección pública de los duques de Sussex se sostuvieron sobre una estrategia cuidadosamente diseñada. El plan parecía perfecto en el papel: aprovechar el impacto global de sus títulos reales para asegurar contratos multimillonarios con las plataformas más importantes del mundo, utilizar esa visibilidad para construir una plataforma de comunicación masiva y, finalmente, consolidar una marca de estilo de vida independiente que hiciera innecesario cualquier vínculo con la familia real británica. Era una visión ambiciosa, coherente y sumamente lucrativa. Sin embargo, la estructura financiera de la pareja dependía de tres pilares fundamentales que han comenzado a mostrar severas grietas, arrastrando a la marca As Ever a una crisis operativa y de reputación sin precedentes en el mercado de los Estados Unidos.
El primer gran pilar fue el colosal acuerdo con la plataforma de entretenimiento Netflix, valorado inicialmente en cien millones de dólares. Lo que en su momento se presentó como una alianza histórica comenzó a transformarse drásticamente cuando los datos de audiencia reales salieron a la
luz. Aunque la maquinaria de relaciones públicas de los duques celebró con entusiasmo la entrada de sus producciones en las listas de lo más visto durante las primeras veinticuatro horas, los informes internos de la plataforma revelaron un panorama muy diferente. Los programas destinados a impulsar la marca personal de Meghan Markle sufrieron un declive continuo, posicionándose en lugares sumamente bajos dentro de las clasificaciones globales. La cancelación definitiva de los proyectos televisivos y la posterior retirada de la participación financiera de Netflix en la tienda virtual de la duquesa marcaron el inicio de un desplome sistemático. Sin el soporte algorítmico y la promoción automática ante millones de suscriptores, la tienda de comercio electrónico quedó aislada, perdiendo el cuarenta y tres por ciento de sus visitantes en territorio estadounidense en un lapso de apenas cinco meses.
Este descenso en el tráfico digital coincidió con el descubrimiento de graves fallos operativos en la plataforma de ventas. A principios de año, un error en el sistema del sitio web expuso públicamente las cifras reales de inventario, dejando al descubierto más de doscientos veinte mil frascos de mermelada acumulados en los almacenes, junto a grandes cantidades de velas, vinos de lento movimiento y decoraciones florales sin vender. Mientras el equipo oficial intentaba justificar estos números como una supuesta preparación para una futura expansión internacional, los análisis independientes revelaron que casi una quinta parte de los enlaces individuales de la página web mostraban errores de carga, evidenciando la falta de una infraestructura comercial sólida capaz de mantener operativo su propio escaparate digital.

La crisis comercial se profundizó aún más al revelarse una contradicción fundamental en el discurso de autenticidad que la duquesa pretendía vender. Registros de conferencias empresariales muestran que la fundadora de la marca criticaba públicamente los productos con precios desorbitados, asegurando que jamás ofrecería artículos excesivamente caros en sus plataformas. No obstante, la colección actual de velas de su firma se comercializa por valores que duplican y triplican aquellas cifras, presentándose como artículos lujosos destinados a los gustos más exigentes. Esta discrepancia entre el mensaje de cercanía del pasado y la propuesta de lujo del presente debilitó la confianza del consumidor, demostrando que la identidad de la marca carecía de un sustento genuino. Asimismo, los intentos por registrar legalmente los nombres comerciales se toparon con severas objeciones ante la oficina de patentes debido a irregularidades en las solicitudes y conflictos con marcas textiles y alimentarias preexistentes.
El frente legal ha sumado una presión considerable a la situación financiera de la pareja, con repercusiones institucionales que van más allá del ámbito de los negocios. El príncipe Harry se encuentra actualmente como demandado en un proceso por difamación ante el Tribunal Superior de Londres, iniciado por Sentebale, la organización benéfica que él mismo cofundó en memoria de la princesa Diana para brindar asistencia a niños vulnerables que viven con el virus de inmunodeficiencia humana en el sur de África. El origen de este conflicto judicial se remonta a un evento deportivo benéfico en Florida, donde se generó una fuerte polémica en torno a una fotografía oficial. Según los documentos presentados ante el tribunal, el equipo de los duques presionó a la presidenta de la fundación para que emitiera un comunicado público respaldando la imagen de la duquesa. La negativa de la directiva a convertir la institución benéfica en una extensión de la maquinaria de relaciones públicas de la pareja desencadenó un prolongado conflicto mediático que terminó afectando la reputación de la entidad y provocando la apertura de investigaciones regulatorias.
El coste humano y económico de esta disputa legal es considerable. Recursos financieros que originalmente debían destinarse al apoyo médico y educativo de niños enfermos en naciones como Botsuana están siendo canalizados hacia la contratación de abogados de alto nivel en Inglaterra para gestionar un litigio derivado de una crisis de imagen. Aunque los portavoces oficiales calificaron la demanda como una medida extraordinaria, los registros judiciales detallan afectaciones operativas internas y el distanciamiento de donantes clave debido al impacto publicitario del caso.
Con un patrimonio familiar que disminuye debido a los elevados gastos legales y la finalización de contratos millonarios con otras plataformas de audio y representación en Hollywood, el margen de maniobra de la pareja se ha reducido notablemente. Las valoraciones comerciales de sus empresas actuales se encuentran a la baja, y la posibilidad de un relanzamiento de marca se ve seriamente limitada por la disponibilidad pública de los datos de tráfico y los expedientes judiciales. Cuando los números y los documentos oficiales contradicen la narrativa establecida, el impacto en la percepción pública es profundo, demostrando que ninguna estrategia de relaciones públicas puede sostenerse indefinidamente cuando la realidad de los hechos comienza a imponerse.