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Teo González se burla del Padre Pistolas en un show… ¡pero él aparece entre el público y lo enfrenta

Nadie hubiera imaginado que se trataba del famoso Padre Pistolas, quien había decidido asistir al show tras escuchar que Teo González se presentaría en Guadalajara. El sacerdote se encontraba en la ciudad visitando a unos familiares y, siendo aficionado a la comedia, no quiso perder la oportunidad de ver al famoso comediante.

Las luces se atenuaron y el público estalló en aplausos cuando el presentador anunció, “Damas y caballeros, con ustedes el comediante de la cola de caballo, el inigualable, Teo González.” Teo salió al escenario con la energía que lo caracterizaba, saludando al público y agradeciendo su presencia. Comenzó con sus clásicos chistes cortos, esos que lo habían hecho famoso, logrando que las carcajadas no tardaran en llenar el teatro.

¿Saben qué le dijo un jardinero a otro? Teo hizo una pausa dramática. Nos vemos cuando podamos. Las risas estallaron mientras Teo seguía con su característica rapidez para enlazar un chiste con otro. Gradualmente fue introduciendo temas de actualidad, hablando de política, de la vida cotidiana en México y de personajes populares.

Oigan, se han enterado de las últimas noticias sobre el padre Pistolas, dijo Teo. Y el público reaccionó con murmullos de reconocimiento. ese sacerdote que parece que confundió la Biblia con el manual de un revólver. El público río con fuerza mientras en la última fila el padre gallegos se tensaba ligeramente, pero mantenía una sonrisa curiosa.

“Dicen que en su parroquia no reparten hostias, reparten balas”, continuó Teo. “Y cuando dice, “La paz sea con ustedes”, todos responden, “¿Y con tu espíritu o me disparas? Las carcajadas aumentaron. Teo, animado por la respuesta, continuó. El otro día me contaron que en su iglesia la confesión es a prueba de balas. Te arrodillas y dices, “Perdóname, Padre, porque he pecado, pero no me dispares.

” El padre Gallegos mantenía los brazos cruzados con una expresión cada vez más seria mientras escuchaba los chistes sobre él. No esperaba convertirse en parte del espectáculo esa noche. Y cuando da la comunión, en vez de decir el cuerpo de Cristo, dice, “Trájensela, cabrones.” Teo imitó el acento michoacano y los gestos rudos que se le atribuían al sacerdote, provocando que el público se doblara de risa.

Algunas personas en el público empezaron a mirar hacia atrás, reconociendo al padre pistolas. Los murmullos comenzaron a extenderse por la sala mientras Teo, ajeno a la presencia del sacerdote, seguía con su rutina. “¿Saben por qué el padre Pistola siempre lleva su arma en misa?”, continuó Teo. “Porque es la única forma de asegurarse que todos se arrodillen durante la consagración.

Una joven sentada cerca del sacerdote lo reconoció claramente y nerviosa le envió un mensaje a su amiga que trabajaba en el staff del teatro. La noticia llegó rápidamente hasta Bambalinas, donde Miguel palideció al enterarse. Mientras tanto, Teo continuaba su rutina. Dicen que en su seminario, en vez de estudiar teología, tomaba clases de tiro al blanco y, en lugar de rezar el rosario, cuenta balas.

El público reía con entusiasmo, pero los murmullos aumentaban. Miguel apareció discretamente por un lateral del escenario tratando de llamar la atención de Teo para advertirle, pero el comediante estaba completamente concentrado en su rutina. Me contaron que una vez en plena misa alguien se quedó dormido durante el sermón. Teo hizo una pausa dramática.

El padre no lo despertó, solo le disparó al techo y dijo, “El próximo va para ti, cabrón, así que ponme atención o te mando con Dios antes de tiempo.” Las risas continuaban, pero ahora mezcladas con un cierto nerviosismo, especialmente entre quienes habían notado la presencia del sacerdote. Miguel finalmente logró hacer señas que Teo captó.

“¿Qué pasa?”, preguntó Teo, intrigado por la insistencia de su asistente. Miguel se acercó rápidamente y le susurró al oído, “El padre Pistolas está aquí en la última fila.” La expresión de Teo cambió por un instante. Una mezcla de sorpresa y preocupación cruzó su rostro, pero siendo el profesional que era, recuperó rápidamente la compostura y decidió enfrentar la situación con humor.

Señoras y señores, me acaban de informar que tenemos a un invitado especial esta noche, anunció Teo cambiando el tono de su voz. Nada más y nada menos que el protagonista de mis últimos chistes. El padre Pistolas está entre nosotros. Un silencio tenso se apoderó del teatro. Las luces de la sala se encendieron ligeramente, permitiendo que todos pudieran ver hacia la última fila, donde el sacerdote se había quitado la gorra, revelando su identidad.

Algunos asistentes sacaron sus celulares para grabar el momento, anticipando lo que podría convertirse en un enfrentamiento memorable. “Padre gallegos, es un honor tenerlo aquí”, dijo Teo, manteniendo la calma y el profesionalismo. No sabía que era aficionado a la comedia. El padre Pistolas se puso de pie lentamente, visible ahora para todo el público.

Su presencia imponía respeto a pesar de su edad. Algunos esperaban que sacara su famosa pistola, pero en lugar de eso, el sacerdote simplemente levantó la mano en un saludo. “La comedia y la fe tienen algo en común, Teo”, respondió el padre con voz fuerte que resonó en todo el teatro.

Ambas nos ayudan a sobrellevar las pendejadas de la vida. Una risa nerviosa recorrió la audiencia. Teo, siempre rápido de mente, vio una oportunidad donde otros habrían visto un problema. “Padre, le gustaría subir al escenario”, invitó Teo, sorprendiendo a todos. Prometo que no habrá balazos, al menos de mi parte. El público contuvo la respiración mientras el padre Pistolas consideraba la oferta.

Finalmente, con una sonrisa apenas perceptible, comenzó a caminar hacia el escenario. Los asistentes abrían paso entre asombrados y nerviosos, mientras el polémico sacerdote avanzaba por el pasillo central. Lo que nadie sabía es que ese encuentro inesperado entre el comediante y el sacerdote estaba a punto de desencadenar una serie de eventos que cambiarían la vida de ambos y que revelarían verdades que ninguno esperaba descubrir.

Mientras el padre Pistola subía a las escaleras del escenario, Teo extendió su mano preguntándose si acababa de cometer el mayor error de su carrera o si, por el contrario, estaba a punto de protagonizar uno de los momentos más memorables de la comedia mexicana. Un silencio expectante dominaba el teatro mientras el padre Pistolas subía las escaleras hacia el escenario. La tensión era palpable.

Algunos espectadores grababan con sus celulares anticipando un enfrentamiento memorable. Teo González mantenía su sonrisa profesional, aunque por dentro sentía una mezcla de nerviosismo y curiosidad. Cuando el sacerdote llegó al escenario, Teo le ofreció la mano. El padre Pistolas la estrechó con firmeza, revelando una fuerza sorprendente para sus 73 años.

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