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¡Se Les Acabó la Fiesta! El Desplome del Cuarto Poder y la Furia de las Televisoras por el Fin de los Privilegios Multimillonarios

El panorama de los medios de comunicación en México ha dado un giro histórico de 180 grados, marcando el fin de una era dorada para unos cuantos y el despertar informativo para millones de ciudadanos. Los gigantes de la radio y la televisión, aquellos que por décadas se erigieron como intocables y se autonombraron orgullosamente el “Cuarto Poder”, atraviesan hoy por una severa y profunda decadencia. La pérdida abismal de su credibilidad ante los ojos de los mexicanos no es una simple casualidad ni producto del azar; es la consecuencia directa de un largo historial de defensa de intereses particulares y de la constante difusión de narrativas sesgadas. Hoy, a esos viejos titanes de la información, acostumbrados a dictar el rumbo político del país desde sus lujosos escritorios, no los calienta ni el sol. Para entender la raíz de este monumental enojo, es indispensable hacer memoria y desentrañar los oscuros acuerdos que financiaban sus emporios.

La Llave de Oro: El Negocio Detrás de la Noticia

En los tiempos de los gobiernos encabezados por el PRI y el PAN, corporaciones televisivas como Televisa y TV Azteca no operaban simplemente como canales informativos independientes; funcionaban como poderosas maquinarias al servicio del poder en turno. El periodismo en México se había transformado en un modelo de negocios inmensamente lucrativo. Entrevistas a modo, coberturas exclusivas diseñadas para lavar la imagen de los políticos, y elogios desmedidos en horario estelar formaban parte de un intercambio perfectamente aceitado.

A cambio de esta lealtad incondicional, los comunicadores estrella y las empresas que los respaldaban recibían sumas multimillonarias provenientes del erario público. Se habla de exorbitantes contratos anuales por concepto de publicidad oficial que superaban los miles de millones de pesos. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, por ejemplo, se llegaron a destinar más de 10 mil millones de pesos a los medios de comunicación. Era un negocio redondo: dinero del pueblo a cambio de silencios cómplices y de proyectar una realidad fabricada a conveniencia de la élite política.

El Corte de Suministro y el Berrinche de los Magnates

Sin embargo, la realidad actual ha golpeado con una dureza implacable los cimientos de este imperio. El gobierno de la transformación, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha tomado una decisión radical que ha provocado la ira de los magnates: cerrar de forma definitiva la llave del dinero público para estos consorcios. Mientras que a algunos medios se les ha recortado el presupuesto a niveles mínimos, a empresas como TV Azteca, sencillamente, no se les entrega un solo peso de publicidad oficial.

Esta asfixia financiera es la pieza clave que explica el agresivo tono de su cobertura periodística actual. Al no percibir los millones a los que estaban malacostumbrados, la respuesta desesperada de ciertas televisoras ha sido lanzar ataques diarios, sistemáticos y furibundos con el único propósito de dañar la imagen del gobierno. El negocio antes era hablar maravillas de las autoridades; hoy, al no haber cheque de por medio, la estrategia de supervivencia es el golpe político despiadado.

La postura de la presidenta no ha dejado espacio para dudas: no habrá pagos de publicidad para aquellos que utilizan los micrófonos como herramienta de chantaje. La política es clara, el dinero del pueblo debe destinarse al bienestar social y no puede seguir parando en los abultados bolsillos de los dueños de los medios de comunicación.

Figuras del Pasado y el Fin de la Impunidad Periodística

Un ejemplo emblemático de este drástico cambio de época es el caso del conductor Carlos Loret de Mola. Este personaje es ampliamente recordado por los infames montajes mediáticos orquestados durante la era de Felipe Calderón y bajo la sombra protectora de Genaro García Luna. Durante aquellas administraciones, este tipo de figuras gozaban de privilegios insólitos, que iban desde accesos restringidos hasta viajes de lujo en el avión presidencial. Sin embargo, al eliminarse por completo el subsidio gubernamental, el escenario cambió de manera tan radical que algunos han optado incluso por trasladar su residencia a los Estados Unidos. El enojo de estos personajes es, en el fondo, un estricto asunto de presupuesto; sin dinero público, la narrativa se vuelve hostil.

Pero la falta de pagos en publicidad es solo una parte de la historia. A lo largo del periodo neoliberal, a estos empresarios no solo se les regaban millones, sino que se les otorgaba el máximo premio: la condonación masiva de impuestos. Grandes empresarios televisivos, que hoy lideran campañas de desprestigio diario, están realmente furiosos porque el gobierno actual los obligó a pagar deudas fiscales históricas que superan los 30 mil millones de pesos. Ya no existen los acuerdos en lo oscurito donde un favor mediático borraba las deudas con Hacienda.

El Pacto de Silencio Durante la Oscuridad

Para dimensionar verdaderamente la hipocresía de los ataques mediáticos de hoy, es crucial recordar cómo operaban cuando el país más los necesitaba. En el año 2011, en medio de la dolorosa guerra contra el narcotráfico iniciada por Felipe Calderón, estos gigantes de la comunicación firmaron un indignante pacto de silencio. Aquellos mismos corporativos que hoy exigen transparencia y atacan sin piedad, fueron los mismos que acordaron ocultar la verdad sobre la violencia y callar ante el contubernio evidente entre el gobierno federal y ciertos cárteles, como el de Sinaloa.

Tal como han señalado grandes analistas y sociólogos de la talla de Noam Chomsky o Ryszard Kapuściński, cuando la información se mercantiliza y se somete exclusivamente a las leyes del mercado económico, ocurren graves violaciones a la ética profesional. Más aún, cuando los medios mienten de forma sistemática para proteger sus intereses económicos, están violando el derecho humano a la información y socavando los pilares democráticos de la sociedad.

La Mañanera: Una Herramienta Frente al Monopolio

Ante este asedio mediático constante, el gobierno ha logrado saltarse el cerco a través de un canal directo: las conferencias matutinas. La famosa “mañanera” se ha consolidado como la herramienta suficiente, directa y efectiva para mantener informada a la ciudadanía, anulando por completo la necesidad de intermediarios costosos. Hoy en día, las autoridades no necesitan levantar el teléfono para rogar por una nota positiva ni buscar a comentaristas políticos —aquellos que antaño cobraban cheques jugosos en los sexenios de Salinas de Gortari o Zedillo— para comprar conciencias.

La comunicación fluye hoy desde el gobierno hacia el pueblo con una claridad innegable. Las autoridades dialogan con académicos y expertos para desarrollar al país, pero han dejado muy claro que la época de pagar para que los medios hablen bien del presidente está enterrada en el pasado.

Soberanía Nacional por Encima del Chayote

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