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¡Se acabó el negocio! Claudia Sheinbaum expone la red de mentiras de TV Azteca y exige a los mexicanos “apagar la televisión”

En un episodio que sin duda pasará a los libros de historia de la política y los medios de comunicación en México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha protagonizado uno de los enfrentamientos más frontales y crudos contra uno de los gigantes mediáticos del país: TV Azteca. En un acto de defensa de la verdad y el derecho a la información, la mandataria lanzó un mensaje contundente y sin precedentes a la nación, pidiendo directamente a la ciudadanía dejar de consumir el contenido de la televisora propiedad de Ricardo Salinas Pliego. “Basta de tanta mentira, es momento de apagar la tele”, sentenció Sheinbaum, desatando un terremoto político, social y mediático.

Este rotundo llamado no surge de la nada, sino que es el punto culminante de una prolongada guerra de narrativas, presiones financieras y tensiones políticas que han escalado drásticamente. Detrás de los reflectores y los foros de televisión, se oculta una profunda trama de evasión fiscal, privilegios históricos y una brutal campaña de desinformación que hoy, finalmente, ha salido a la luz con todas sus letras.

El fantasma del pasado: De la invención del “Chupacabras” a la era del despertar ciudadano

Para comprender la magnitud del conflicto actual, es imperativo mirar hacia el pasado. Históricamente, los medios de comunicación tradicionales en México han jugado un papel oscuro como herramientas de distracción masiva al servicio de intereses particulares y cúpulas de poder. En la década de los noventa, mientras el país atravesaba crisis económicas devastadoras como el trágico Fobaproa, que convirtió deudas privadas de banqueros en deudas públicas pagadas por millones de mexicanos, las televisoras mantenían a la población aterrada y distraída con inventos mediáticos.

El más célebre de estos fue, sin duda, la histeria colectiva generada en torno al “Chupacabras”. Reportajes alarmistas, coberturas especiales y testigos fabricados se apoderaron de las pantallas de TV Azteca y otras televisoras, operando como una cortina de humo frente a los verdaderos problemas del país. En aquel entonces, las familias mexicanas, carentes de redes sociales o vías de información alternativas, consumían y creían estas fabricaciones.

Sin embargo, como enfatizó la presidenta Sheinbaum, el México de hoy ha cambiado radicalmente. El pueblo ha despertado, posee un sentido crítico mucho más agudo y, gracias a la democratización de la información a través del internet y las redes sociales, ya no es presa fácil del sensacionalismo. La exigencia de veracidad, calidad y respeto ha reemplazado a la pasividad del pasado.

El origen oscuro de TV Azteca: Un préstamo millonario bajo la lupa

Durante su intervención, Claudia Sheinbaum no dudó en exponer los cimientos mismos sobre los cuales se construyó el imperio televisivo de Ricardo Salinas Pliego. Recordó que, en el año 1993, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se llevó a cabo una agresiva campaña de privatización de empresas del Estado. Una de estas empresas fue Imevisión, la televisora del Estado mexicano, la cual fue vendida y adquirida por Salinas Pliego bajo circunstancias que hasta el día de hoy generan graves cuestionamientos.

¿Cómo financió un empresario esta colosal adquisición? La presidenta destapó la realidad documentada: Salinas Pliego obtuvo un préstamo superior a los 29 millones de dólares otorgado nada menos que por Raúl Salinas de Gortari, el “hermano incómodo” del entonces presidente. El pago de esta gigantesca suma se mantuvo congelado durante todo el tiempo que Raúl Salinas estuvo en prisión, y fue saldado únicamente tras su liberación. Este profundo lazo entre el poder económico y el poder político sentó las bases de una televisora acostumbrada a operar bajo el cobijo de la impunidad y el favoritismo gubernamental.

El verdadero motivo de la guerra mediática: El pago de impuestos

La campaña sistemática de ataques y desinformación que TV Azteca ha lanzado recientemente contra el actual gobierno no obedece a una defensa genuina de la libertad de expresión, sino a un factor estrictamente monetario. La clave del conflicto es una enorme deuda fiscal que la empresa arrastra desde los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (años 2008, 2009, 2013).

Acostumbrados a no pagar sus obligaciones al Servicio de Administración Tributaria (SAT), la empresa de Salinas Pliego se escudó durante años en una lluvia incesante de amparos legales. No obstante, la Suprema Corte de Justicia de la Nación finalmente falló a favor del Estado mexicano, determinando que los impuestos, que ascienden a más de 32 mil millones de pesos, debían ser pagados obligatoriamente.

El acuerdo final estableció un pago inicial y el resto diferido en 18 mensualidades. A pesar de que la empresa ha estado realizando los pagos, restando aún un saldo de casi 14 mil millones de pesos por liquidar hasta julio de 2027, la molestia de Salinas Pliego al ser forzado a cumplir con la ley ha sido monumental. Según las declaraciones de Sheinbaum, esta frustración financiera se tradujo inmediatamente en una directriz clara dentro de su televisora: atacar al gobierno sin tregua y mediante mentiras.

Derecho de réplica frente a la manipulación

Ante esta ofensiva feroz, el gobierno federal ha dejado en claro su posición. Los voceros y conductores de TV Azteca cerraron filas en vivo para defender a su patrón, argumentando que el llamado de la presidenta a no sintonizar su canal era un acto de censura. Sheinbaum, de manera tajante, desmintió esta narrativa.

“No es censura, es una opinión”, aclaró la mandataria. Explicó detalladamente la abismal diferencia entre el México del pasado y el actual. En la era neoliberal, los presidentes en turno tomaban el teléfono para exigir el despido inmediato de periodistas críticos, silenciando voces incómodas a cambio de jugosos contratos publicitarios y favores políticos millonarios. Se destinaban hasta 10 mil millones de pesos anuales para comprar el silencio y las alabanzas de la prensa.

Hoy, el gobierno no ejerce presión para apagar transmisores ni despide reporteros. TV Azteca es libre de transmitir las críticas y acusaciones que desee, pero el gobierno, a su vez, ejerce su legítimo y constitucional derecho de réplica. La administración utiliza las conferencias de prensa para contrastar las falsedades mediáticas con datos crudos, recordando a la población de dónde provienen verdaderamente los ataques.

¿Está en riesgo la concesión televisiva?

La confrontación ha llegado a tal grado que la situación legal de la concesión de TV Azteca se encuentra en la mira. Aunque la presidenta ha reiterado que su administración no busca entrar en una dinámica autoritaria de cancelación de concesiones —ya que su visión es fomentar mayor competencia y abrir nuevos espacios mediáticos—, advirtió firmemente que la empresa opera bajo una concesión del Estado. Esto implica obligaciones insoslayables.

Una televisora privada que utiliza bienes de la nación está constitucionalmente obligada a garantizar el derecho a la información veraz de los mexicanos, no a utilizar sus frecuencias como un instrumento de golpeteo político o de chantaje financiero. Las violaciones a las leyes de comunicación vigentes por parte de TV Azteca podrían justificar una evaluación exhaustiva de su marco operativo, obligando a la empresa a rendir cuentas más allá de los tribunales fiscales.

La embestida de la derecha y la soberanía de México

Esta guerra mediática no es un evento aislado. Forma parte de una estrategia mucho más amplia y articulada liderada por grupos opositores y élites que perdieron sus privilegios. La mandataria también alertó sobre la injerencia extranjera y los nexos de agrupaciones civiles opositoras con agencias de Estados Unidos, recibiendo financiamiento internacional para desestabilizar el proyecto de transformación que hoy lidera el país.

El modelo económico actual, fundamentado en el humanismo mexicano, ha demostrado que es posible generar récords en inversión extranjera directa, mantener exportaciones sólidas, frenar la inflación en productos de la canasta básica y construir infraestructura monumental, todo ello sin endeudar al pueblo y sin someterse a los dictados de las oligarquías. Esto, evidentemente, incomoda a aquellos que durante 36 años vieron a México como un negocio privado.

Un parteaguas en la comunicación nacional

La exhortación de Claudia Sheinbaum de “apagar la tele” es mucho más que un simple desaire a un canal de televisión; es una invitación al empoderamiento ciudadano. Es un recordatorio de que el control remoto, y con él, el control de la verdad, está en las manos del pueblo mexicano.

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