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PADRE PISTOLAS ROMPE EL SILENCIO SOBRE XÓCHITL GÁLVEZ… ¡lo que revela causa polémica nacional!

Detrás de ella cuatro hombres de aspecto serio que parecían ser su equipo de seguridad. Un murmullo recorrió la iglesia. El padre Pistolas entrecerró los ojos reconociéndola inmediatamente. Sh. Chitle Gálvez, murmuró para sí mismo, llevando instintivamente su mano hacia el costado donde guardaba su arma. La política avanzó por el pasillo central con paso decidido.

Los feligreses la miraban con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Algunos sacaban sus celulares para documentar el momento. Chochitel se detuvo a mitad del pasillo y con un gesto indicó a su equipo que se quedara atrás mientras ella continuaba sola hacia el altar. Un murmuro de asombro recorrió la iglesia. El padre Pistolas se quedó inmóvil por un momento evaluando la situación.

Nunca hubiera esperado ver a una figura política nacional en su humilde parroquia y menos a alguien como Shitil Galves. Los guardaespaldas de la política se mantenían alerta, pero el padre notó que miraban constantemente hacia las ventanas y la puerta como si temieran algo externo. “¡Miren nada más”, dijo el padre pistolas con una sonrisa irónica.

La mismísima Shochitl Gálvez nos honra con su presencia y pidiendo ayuda. Además, el Padre hizo un gesto hacia la sacristía. Terminemos primero la misa, señora. Luego hablamos. Siéntese por ahí y no haga alboroto. La casa de Dios está abierta para todos, hasta para los políticos. añadió con un guiño. Shitl asintió y tomó asiento en una de las bancas del frente.

Sus guardaespaldas permanecieron de pie, observando cada rincón de la iglesia. El padre Pistolas continuó con la ceremonia, aunque era evidente que la presencia de la política había cambiado el ambiente. Como les decía antes de esta inesperada visita, continuó el padre, en este país hay demasiados cabrones que se aprovechan del pueblo y el pueblo debe defenderse.

Pero también debemos recordar que la casa de Dios es un refugio para todos, incluso para aquellos con los que no estamos de acuerdo. La misa transcurrió con relativa normalidad, aunque los feligreses no dejaban de mirar a Schitle y murmurar entre ellos. Cuando finalmente terminó la ceremonia, el padre Pistolas hizo un gesto a la política para que lo siguiera a la sacristía.

Una vez allí, con la puerta cerrada y solo dos guardaespaldas acompañándola, Shochit Gálvez dejó caer su máscara de serenidad. Su rostro mostraba auténtica preocupación. “Padre, sé que usted y yo no compartimos las mismas ideas políticas”, comenzó. Eso es quedarse corto, señora, interrumpió el padre con una carcajada áspera. Yo creo que la mayoría de ustedes, los políticos, son unos vendidos, pero dígame, ¿qué es tan urgente que viene a interrumpir mi misa? Schitle respiró hondo y sacó de su bolso un sobre arrugado. Lo abrió y extrajo una hoja de

papel que extendió hacia el sacerdote. Esto llegó a mi oficina hace 3 días. Primero pensé que era una de tantas amenazas que recibimos los políticos, pero luego el padre Pistolas tomó el papel. Era una carta escrita con lo que parecía ser sangre seca. El mensaje era breve pero escalofriante. La sangre de los inocentes clama justicia.

Tú serás la primera. Luego caerán los demás traidores. Al final del mensaje había un símbolo extraño, una cruz invertida rodeada, por lo que parecía ser una serpiente. “Mm, parece obra de algún loco,”, comentó el padre, aunque su expresión se había tornado seria. “¿Por qué viene a mí con esto? ¿No tiene a toda la policía y quién sabe cuántas agencias más para protegerla? Porque ayer recibí esto,”, respondió Shchidle.

sacando otro papel del sobre y ahí entendí que no se trata solo de mí. El segundo mensaje era similar, pero añadía, “El padre Pistolas conoce la verdad. Él sabe quiénes son los verdaderos demonios. Pregúntale por los sacrificios en la sierra de Chucándiro.” El padre Pistolas palideció al leer esas líneas.

Su mano instintivamente tocó la culata de su revólver. Sacrificios. ¿De qué está hablando este mensaje, padre? ¿Qué está pasando en la sierra? Preguntó Shitl estudiando la reacción del sacerdote. El padre Pistola se pasó una mano por el rostro, súbitamente envejecido. Sus ojos, normalmente desafiantes, mostraban ahora un destello de miedo genuino.

“Señora Gálvez”, dijo finalmente con voz más baja y grave de lo habitual. Parece que ambos estamos metidos en un problema muy cabrón, algo que creía haber enterrado hace muchos años. Se acercó a un viejo armario, sacó una botella de tequila y dos vasos pequeños, sirvió un trago en cada uno y le ofreció uno a Shochitle. va a necesitar esto para lo que voy a contarle, porque si estos mensajes son lo que creo, no es solo la que está en peligro, es algo mucho peor.

Shochitle tomó el vaso con determinación. Afuera, el sol de Michoacán seguía brillando implacable, ajeno a la oscura historia que estaba a punto de revelarse en la pequeña sacristía de Chucándiro. El tequila quemó la garganta de Shochitel mientras observaba al padre pistolas caminar nervioso por la pequeña sacristía.

El olor a incienso y cera de velas flotaba en el aire, mezclándose con el aroma áspero del alcohol. ¿Qué sabe usted de la sierra de Chucándiro, señora Galves?”, preguntó finalmente el sacerdote, deteniendo su ir y venir. “Poco, respondió ella con sinceridad. Sé que es una región aislada, con comunidades indígenas que mantienen tradiciones antiguas.

Hay problemas de narcotráfico, como en tantas otras zonas rurales.” El padre Pistolas soltó una risa amarga. Eso es lo que sabe cualquiera que lea los periódicos. La verdad es mucho más oscura. Se acercó a una vieja cómoda y sacó un gastado cuaderno de notas. Lo abrió revelando páginas llenas de una escritura apretada y dibujos que parecían mapas.

Hace 15 años, antes de que me asignaran a esta parroquia, trabajé en misiones en lo más profundo de la sierra. Hay lugares allí donde la gente vive como hace siglos, donde las leyes de México son apenas un rumor lejano. Uno de los guardaespaldas de Shitle se aclaró la garganta incómodo con la situación.

Señora, deberíamos irnos. Este hombre parece inestable. Y cállate,  Exclamó el padre pistolas golpeando la mesa con el puño. Si tu jefa está aquí es porque ya no confía en la protección oficial, ¿o me equivoco?” Chochitl asintió lentamente. “Continúe, padre. ¿Qué encontró en la sierra?” El sacerdote respiró hondo. Encontré un culto, uno antiguo que mezcla creencias prehispánicas con rituales cristianos pervertidos.

se hacen llamar los guardianes de la sangre eterna. Pasó algunas páginas de su cuaderno hasta llegar a un dibujo que mostraba el mismo símbolo que aparecía en las amenazas, la cruz invertida rodeada por una serpiente. Realizaban sacrificios humanos, señora Gálvez, no muchos, uno o dos al año, siempre personas que nadie echaría de menos, indigentes, migrantes, adictos.

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