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Los 10 Secretos Más Oscuros de Pedro Infante | Mitos, Rumores y Verdades

Hace poco, un investigador universitario sacó a la luz pública este oscuro padecimiento. Sabemos que él pasaba horas haciendo ejercicio pesado para ganarle la batalla a la diabetes. Pero sudar también era su medicina para escapar de la tristeza mental. Hubo dos golpes en su vida que casi le apagan la luz por completo. Perder a su querido padre, quien fue su primer gran maestro de música, y el final trágico de su entrañable amiga Miroslava.

Cuando ella se quitó la vida, el mundo de él se vino abajo, pues era de sus pocas amigas. verdaderas. Por eso, cuando el alma le pesaba demasiado, él huía a Mérida. Ese lugar caluroso era su escondite perfecto, su refugio de paz para sanar las heridas que  nadie veía. La mentira de la muerte fingida.

El día que el avión de carga cayó del cielo, el país entero se negó a creer la noticia. Nadie podía aceptar que un hombre tan lleno de energía que parecía de la familia se apagara de una forma tan cruel. De ahí nació la gran leyenda urbana. No murió, solo se escondió. Se dijo que nadie había reconocido el cuerpo y que todo era un teatro. Pero eso es una cruel mentira.

Los vecinos de la zona fueron los primeros en correr a ver el fuego viendo los cuerpos destrozados, aunque no sabían que uno de ellos llevaba una placa de metal en la cabeza que confirmaba su identidad. Fue su propio hermano quien tuvo que pasar por la pesadilla de ver los restos calcinados y confirmar que sí era él.

Aún se podía reconocer una parte de su rostro. Existen fotografías durísimas de ese momento que por puro respeto a la familia nadie se atreve a mostrar. El ataú se cerró para no exhibir el daño del fuego, pero ese silencio alimentó la fantasía. Muchos inventaron que la caja estaba vacía, abriéndole la puerta a muchos impostores hasta que finalmente las pruebas de sangre y ADN pusieron fin a esta burla vergonzosa.

El cuento del contrabando. Como el ídolo tenía sus propias flotillas de aviones y era un piloto apasionado, las malas lenguas empezaron a escupir veneno. Dijeron que usaba su poder y fama para pasar mercancía  escondida por las aduanas, saltándose la ley. El día del avionazo fatal, el rumor más fuerte juraba que la nave se fue a pique por llevar exceso de peso.

Supuestamente llevaban telas finísimas escondidas bajo un gran cargamento de pescado fresco que iba para la capital y que al chocar las telas volaron por todos lados. Pero la pura verdad es que él jamás se metía en revisar qué cajas subían a sus naves. Y si alguna vez cruzó algo sin pagar impuestos, fueron puros regalos inocentes, un buen vino o un juguete de lujo para algún amigo.

Hay que usar la lógica. Él tenía en el banco casi 20 millones de pesos de aquella época. Era inmensamente rico. No tenía ni la más mínima necesidad de andar jugando al delincuente por ganar unos centavos sucios. Pláticas de revolución y café. Hay otra anécdota muy curiosa guardada en la historia. Entre el año 55 y el 56, cuando él escapaba a Yucatán para encontrar paz, le gustaba sentarse a tomar aire en un cafecito muy famoso de las calles céntricas.

A ese mismo lugar llegaba un joven extranjero, un muchacho cubano llamado Fidel Castro. Ambos se cruzaron y compartieron varias tazas de café. Cuentan que sostenían pláticas muy amistosas y que el muchacho caribeño le hablaba con mucho fuego en la mirada sobre el dolor de su pueblo y su gran sueño por liberar a su isla del control de los poderosos.

Dos hombres muy diferentes tomando café juntos. Pero claro, el destino revolucionario de Fidel es otra historia aparte. Los lentes ocultos y las clases de idioma. Un detalle que pocos notan está escrito en su licencia oficial para volar. El documento del gobierno decía claramente que él tenía prohibido pilotar si no llevaba puestos sus antiojos.

Su vista ya le estaba cobrando factura, seguramente como un golpe más del azúcar en la sangre. Y hablando de secretos personales, él siempre confesó que su punto más débil eran las mujeres hermosas. Intentaba enamorar a todas las chicas con las que trabajaba, pero tenía una regla de oro. Si la muchacha le decía que no, él se portaba como un caballero, daba media vuelta y jamás volvía a insistir.

Por otro lado, aunque no hablaba un inglés perfecto, se defendía bastante bien. Estaba tomando clases urgentes porque los productores ya tenían todo arreglado para llevar su talento a grabar grandes películas a los cines de Estados Unidos y Europa. Las películas del impostor y el reportero. La necesidad de creer que seguía vivo fue tan grande que llegó a las pantallas de cine.

En 1991 se estrenó la película Pedro Infante vive. La cinta cuenta como un reportero con su cámara ve entre la gente a un hombre igualito al gran cantante y se obsesiona con perseguirlo para saber la verdad. Actuaron en ella muchos de los amigos reales del ídolo. Años después, un familiar directo del cantante fue a la televisión y platicó con uno de los actores de esta misteriosa cinta.

Entre risas y palmadas en la espalda, dejaron clarísimo que la familia estaba enterada de todo y les pareció un homenaje muy hermoso. Fue una manera de jugar con la ilusión de preguntarnos qué pasaría si estuviera aquí entre nosotros. Es lo mismo que pasa con otras figuras mundiales a las que el cine revive solo por  pura fantasía.

Incluso el gran comediante Hespíritu grabó un episodio muy divertido donde un periodista lo encuentra viviendo en una casita humilde escondido de todos porque ya estaba harto de firmar autógrafos. Obviamente cualquier persona pensante sabe que eso era pura comedia de televisión y no un documental de la vida real.

El charro de la película animada hace pocos años. La famosa película de dibujos animados sobre el día de muertos levantó mucha polémica. La gente juraba que el villano de la historia, Ernesto, era una copia burlona de nuestro artista. Tenían la misma sonrisa y el mismo porte. Pero si agudizas la vista, casi al final de la cinta aparece el verdadero ídolo mexicano en la tierra de los muertos, dibujado y vestido exactamente igual que su personaje del barrio humilde, saludando amistosamente junto al gran charro cantor.

Así que esta película jamás intentó manchar su nombre. De hecho, El villano es una mezcla de varios cantantes engriidídos de esa época. Fue un trabajo hecho con muchísimo respeto a nuestra cultura, el rumor del amor prohibido. Ahora vamos a tocar un tema que levanta chispas. Hace un tiempo hablamos de un libro polémico donde un autor investigó un fuerte rumor en el estado de Colima.

Tuvimos que bajar ese video casi de inmediato. La razón, la gente entraba ciega de coraje a dejar insultos sin siquiera ver el material pensando que nosotros le estábamos faltando al respeto al cantante o al escritor, el cual tristemente  ya falleció. La verdad detrás de todo esto es que los abuelos de aquel pueblo juran que vieron al ídolo regalarle un coche lujosísimo a otro hombre.

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