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Héctor reparaba instalaciones gratis en escuelas—Cantinflas preguntó quién pagaba y se QUEBRÓ

Cantinflas vio a un electricista reparando instalaciones gratis en escuelas pobres. Cuando preguntó quién le pagaba, la respuesta lo partió en dos. Bienvenidos a Historias de Cantinflas. Si estas historias te inspiran, suscríbete, dale like y activa la campanita para más episodios increíbles. Ahora sí, comencemos.

Era 23 de marzo de 1967, un jueves por la tarde en una escuela primaria pública en la colonia Tepito de la Ciudad de México y Mario Moreno había sido invitado por la directora a conocer las instalaciones cuando escuchó algo preocupante. Un ruido eléctrico, chisporroteo, zumbido, venía de una de las aulas. La directora se puso pálida.

No otra vez, murmuró. Llevamos tres semanas con problemas eléctricos. Entraron al aula, estaba vacía, los estudiantes habían sido evacuados y en el techo, cerca de las luces, había cables expuestos chisporroteando. “Esto es peligroso, Mario” dijo. “¿Ha llamado a electricista?” “Hemos llamado.

” La directora se llamaba profesora Guadalupe, respondió con frustración. Pero el electricista del gobierno dice que no puede venir hasta dentro de 2 meses y la escuela no tiene presupuesto para contratar electricista privado. Entonces, ¿qué hace? Esperamos y rezamos que no haya incendio. Hemos cerrado esta aula.

30 estudiantes ahora se aprietan en otra aula que ya tenía 30. Es terrible. En ese momento, hombre entró al edificio de aproximadamente 50 años con overall de trabajo manchado cargando caja de herramientas grande. Profesora Guadalupe, me llamaron sobre problema eléctrico. La directora lo miró sorprendida.

Don Héctor, ¿cómo supo? Una maestra de aquí es vecina mía. Me lo contó. Ah, vine a ayudar. Pero don Héctor, no tenemos dinero para pagarle. No vine por dinero, vine porque niños necesitan aula segura. Déjeme ver el problema. Don Héctor subió escalera portátil que traía. Examinó cables. Después de 5 minutos bajó. Necesito cambiar sección completa de cableado.

Es trabajo de 3 horas. ¿Puedo usar espacio? Por supuesto, pero no se preocupe por pago. Solo necesito que alguien apague el interruptor principal mientras trabajo. Durante siguientes 3 horas, Mario observó a don Héctor trabajar. Trabajaba meticulosamente con cuidado, reemplazando cables viejos y peligrosos con cables nuevos que había traído en su camioneta.

Cuando terminó, probó las luces. Funcionaban perfectamente, sin chisporroteos, sin zumbidos. Seguro. Listo. Don Héctor dijo bajando la escalera. Ese aula ya es segura, don Héctor. La profesora Guadalupe dijo claramente conmovida, “¿Cuánto le debemos?” “Nada, ya se lo dije.” Pero los materiales, los cables, los conectores, los compré yo.

No se preocupe. ¿Por qué hace esto? Don Héctor limpió sus manos con trapo. Porque cuando yo era niño asistía a escuela como esta. Escuela pobre en barrio pobre. Y recuerdo que nuestra escuela también tenía problemas constantes. Teo con goteras, baños rotos, electricidad fallando. Y recuerdo sentir vergüenza, no vergüenza de ser pobre, sino vergüenza de que adultos, gobierno, autoridades no se preocupaban lo suficiente por nosotros para arreglar nuestra escuela.

Ahora soy electricista, gano bien y cuando veo escuela con problemas eléctricos, problemas que ponen en peligro a niños, no puedo simplemente ignorarlo. Tengo habilidad, ¿verdad? Tengo herramientas, tengo materiales, ¿por qué no ayudar? Mario, quien había estado observando silenciosamente, se acercó. Disculpe, señor, soy Mario.

Lo que acaba de hacer es extraordinario. ¿Hace esto a menudo? Don Héctor se encogió de hombros. Cuando me entero de escuela con problemas, sí, tal vez una vez al mes, a veces más. Y siempre gratis. Siempre. Estas escuelas no tienen dinero. Los niños no tienen culpa de eso. Merecen aprender en lugar seguro.

¿Cuál es su nombre completo? Héctor Reyes. Durante siguientes semanas, Mario investigó más sobre don Héctor. Descubrió que era electricista establecido con negocio propio, instalaciones eléctricas para casas y negocios. Ganaba bien, pero dedicaba tiempo regular, usualmente sábados o después del trabajo a reparar escuelas pobres gratis.

Mario lo visitó en su taller. Don Héctor, quiero entender mejor, ¿cuántas escuelas ha ayudado? No llevo cuenta exacta, pero en últimos 5 años probablemente 30 o 40 escuelas. Algunas necesitaban reparaciones menores, otras, como la que vio ayer, necesitaban trabajo mayor. ¿Y compra todos los materiales usted mismo? Sí. cables, conectores, interruptores, lo que sea necesario.

A veces pequeñas cantidades, 50 pesos, a veces más, 300, 400 pesos para trabajo grande. Eso no afecta su negocio, afecta mi tiempo y mi dinero, pero no afecta mi conciencia. Puedo dormir sabiendo que hice algo bueno. ¿Por qué escuelas específicamente? ¿Por qué no hospitales o iglesias o casas pobres? Don Héctor se sentó invitando a Mario a hacer lo mismo.

Porque educación es futuro. Cuando arreglo escuela, no solo estoy arreglando edificio. Estoy diciendo a esos niños, ustedes importan, su educación importa. Merecen aprender en lugar seguro y funcional. ¿Recuerda momento específico que lo motivó a empezar? Sí. Fue hace 5 años, 1962. Mi hija tenía 8 años. Entonces llegó a casa de escuela y me contó algo perturbador.

Me dijo que durante clase las luces habían empezado a parpadear. Después, humo salió de uno de los enchufes. La maestra evacuó a todos los niños rápidamente. Nadie resultó herido, pero fue aterrador. Y cuando pregunté qué pasó después, mi hija me dijo que director había dicho que electricista del gobierno vendría eventualmente, pero que mientras tanto simplemente no usarían esa aula. Eso me enfureció.

No porque director fuera malo, sino porque sistema era tan roto que escuela llena de niños tenía que esperar meses para reparación básica de seguridad. Entonces fui a esa escuela al día siguiente. Me ofrecía arreglar problema gratis. Director estaba sorprendido, pero agradecido. Tomé 2 horas, lo arreglé y cuando vi caras de maestros y director, alivio, gratitud, entendí que podía hacer diferencia.

Desde entonces, siempre que escucho de escuela con problemas eléctricos, voy, porque sé que si no lo hago, esos niños esperarán meses, tal vez años para solución. ¿Su familia apoya esto? Mi esposa al principio estaba preocupada, preocupada de que gastáramos demasiado dinero, demasiado tiempo. Pero cuando vio impacto, cuando nuestra hija le contó que su escuela ahora tenía electricidad funcionando gracias a papá, cambió de opinión.

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