El horizonte de Manzanillo, Colima, ya no es el mismo. En un día que quedará grabado en los libros de la historia reciente de México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha dado un golpe sobre la mesa al inaugurar la Central de Ciclo Combinado “Teresa Urrea Chávez”, también conocida como Manzanillo 3. Este evento no es simplemente el protocolario corte de un listón de una obra de ingeniería más; representa la materialización de un sueño largamente anhelado por millones de mexicanos: la recuperación absoluta y definitiva de la soberanía energética de la nación. En medio de un mundo globalizado donde las presiones corporativas suelen dictar el rumbo de los países, México ha decidido tomar las riendas de su propio destino y demostrar que los recursos estratégicos pertenecen única y exclusivamente a su gente.
La magnitud de este proyecto es deslumbrante y sus números hablan por sí solos. Con la adición de 357 megavatios (MW) de capacidad instalada, el complejo termoeléctrico General Manuel Álvarez Moreno se consolida indiscutiblemente como el sitio de generación con mayor capacidad de todo el país y uno de los gigantes más respetados en toda América Latina. Al alcanzar la asombrosa cifra de 2,860 MW en total, esta central no solo iluminará calles y encenderá televisores; será el corazón palpitante que impulsará el desarrollo del occidente de México y la región del Bajío. Estamos hablando de un beneficio directo para más de 800,000 hogares, comercios e industrias enteras que dependen de un suministro eléctrico confiable y robusto para seguir adelante. Esta es la energía que mantendrá funcionando los hospitales en momentos críticos, que iluminará las escuelas donde estudian nuestros hijos y que dará vida a los sistemas de agua que abastecen a comunidades enteras.
ente distingue a esta magna obra, es su profundo y sincero compromiso con el medio ambiente. Durante décadas, el desarrollo industrial y energético estuvo tristemente asociado a la contaminación desmedida y a la destrucción de los ecosistemas. Sin embargo, Manzanillo 3 rompe de tajo con este viejo paradigma. Operando con tecnología de ciclo combinado de última generación y utilizando gas natural, esta planta alcanza una eficiencia térmica neta del 58%. ¿Qué significa esto en términos prácticos y cotidianos? Que la central genera mucha más electricidad consumiendo una fracción del combustible tradicional.
Los beneficios ambientales son simplemente asombrosos: el diseño de esta central permitirá el ahorro de 93 millones de litros de agua anualmente y evitará la emisión de 937,000 toneladas de dióxido de carbono al año. Para ponerlo en una perspectiva más clara, este enorme esfuerzo ecológico equivale a sacar de circulación a más de 312,000 vehículos de gasolina de nuestras calles, una cifra que supera el número total de automóviles en el estado de Colima. Además, opera con niveles de ruido tan bajos que se comparan con los de una conversación amena en un restaurante. Las antiguas columnas de humo negro que alguna vez mancharon el cielo costero son ahora cosa del pasado, dando paso a una transición energética responsable, silenciosa y limpia.
De los Laboratorios a la Presidencia: Una Visión Científica
El rostro detrás de esta histórica transformación tiene una historia humana que vale la pena contar. Durante el acto de inauguración, la presidenta Claudia Sheinbaum compartió anécdotas profundamente personales que revelan el origen genuino de su pasión por la energía y la justicia social. Recordó sus años como estudiante de física en la Facultad de Ciencias de la UNAM, cuando una reveladora clase de termodinámica encendió en ella la chispa de lo que sería su vocación de vida. Lejos de quedarse en la comodidad de los laboratorios universitarios, la entonces joven estudiante viajó a las comunidades rurales y purépechas de Michoacán para trabajar hombro a hombro con mujeres campesinas. Allí, midiendo el impacto y construyendo estufas de leña eficientes conocidas como “lorenas” (fabricadas a base de lodo y arena), comprendió de primera mano que la forma en que utilizamos la energía tiene un impacto directo e inmediato en la salud de los pulmones y en la calidad de vida de las familias más vulnerables.
Esa misma sensibilidad la llevó a dedicar su tesis de licenciatura, su maestría y su doctorado al estudio de la eficiencia energética y el consumo a nivel mundial. Sheinbaum no es una política tradicional que habla de kilovatios y turbinas desde la ignorancia o guiada por asesores externos; es una científica rigurosa, una investigadora que durante casi dos décadas formó parte del Instituto de Ingeniería de la UNAM, e incluso trabajó desde adentro como asesora en la propia Comisión Federal de Electricidad (CFE) en la década de los noventa. Esta trayectoria de vida le otorga una autoridad moral y técnica innegable cuando mira a los ojos a los ciudadanos y afirma que sin una CFE fuerte, simplemente no puede existir la soberanía nacional.
La Histórica Lucha por Rescatar la Soberanía
Para entender la enorme trascendencia de este momento, es estrictamente necesario mirar hacia el pasado y recordar la intensa lucha por defender a la CFE. Como bien relató la mandataria con tono firme, la nacionalización de la industria eléctrica fue un proceso complejo y altamente visionario. A diferencia de la valiente expropiación petrolera liderada por el general Lázaro Cárdenas en 1938, que surgió a raíz de un conflicto laboral por condiciones infrahumanas, la recuperación del sector eléctrico fue una jugada maestra de Estado. Orquestada en 1960 durante el gobierno de Adolfo López Mateos, con la astucia financiera del entonces secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, el Estado mexicano logró hacerse con el control mayoritario a través de compras silenciosas de acciones a transnacionales, dando inicio a la gran electrificación de los rincones más alejados de la nación.

Tristemente, décadas después, el largo periodo neoliberal intentó asfixiar y desmantelar este gran patrimonio nacional. Desde los intentos de privatización en 1999 hasta culminar con la dañina reforma energética de 2013, se buscó relegar a la CFE a ser un competidor marginal y debilitado en su propia tierra, atada de manos mediante leyes a modo frente a inmensos intereses privados. Para el año 2018, la situación era crítica: la generación privada ya superaba a la del propio Estado. Sin embargo, el rescate histórico iniciado por la administración de Andrés Manuel López Obrador y fortalecido ahora por Claudia Sheinbaum ha cambiado drásticamente esta ecuación desfavorable. Con reformas contundentes a la Constitución, se ha devuelto a la CFE su prioridad en el despacho eléctrico y su legítimo estatus de empresa pública inquebrantable.
El Liderazgo Femenino en la Nueva Era Energética
Un aspecto profundamente simbólico y revolucionario de esta inauguración es el papel protagónico y absoluto de las mujeres en esta nueva era energética de México. La Central Manzanillo 3 lleva orgullosamente el nombre de “Teresa Urrea Chávez”, honrando la memoria de una mujer clave en las luchas sociales. Pero más allá de la placa conmemorativa, la fotografía oficial del evento es un testimonio vibrante del cambio de época. Por primera vez en la historia independiente de México, la presidencia de la República es ocupada por una mujer. A su lado, la estratégica Secretaría de Energía está bajo el mando firme de Luz Elena González; la dirección general de la inmensa CFE es liderada por la ingeniera Emilia Calleja, y el estado anfitrión de Colima es gobernado por Indira Vizcaíno. Mujeres de ciencia, mujeres de Estado que en el pasado hubieran sido marginadas, hoy están al frente de las instituciones más críticas, tomando las decisiones de peso que construyen un porvenir brillante.
Crecimiento Económico sin Sacrificar la Naturaleza
Durante su emotiva intervención, la gobernadora Indira Vizcaíno destacó un punto vital para el futuro: la indispensable armonía entre el arrollador desarrollo económico y el cuidado sagrado de los ecosistemas. Manzanillo, un puerto titánico que mueve casi la mitad de los contenedores del comercio internacional de todo México, es un coloso económico que no se detiene. Sin embargo, el crecimiento de este puerto y la urgente generación de energía no tienen por qué darse, bajo ninguna circunstancia, a expensas de la naturaleza. Muy cerca de las flamantes turbinas de esta nueva central se encuentra la hermosa laguna de Cuyutlán, un cuerpo de agua donde actualmente se está impulsando el mayor y más ambicioso esfuerzo de conservación natural en la historia de Colima. Es la prueba irrefutable, en territorio y con hechos, de que el modelo humanista puede equilibrar la balanza: se construye la infraestructura moderna que atrae grandes inversiones y multiplica los empleos, pero al mismo tiempo se blindan el agua, el aire y la biodiversidad que heredarán nuestros nietos.
A esta visión se suma el monumental Plan de Expansión del sector eléctrico, que contempla sumar cerca de 29,000 MW adicionales en este sexenio. Esto incluye una apuesta histórica y sin precedentes por las energías limpias, con el anuncio de la próxima entrada en operación de 38 nuevas plantas de fuentes renovables comandadas por la CFE, aprovechando el sol, la fuerza del viento y el calor geotérmico de nuestro país.
Un Futuro Brillante y Soberano

En definitiva, la inauguración de la Central de Ciclo Combinado Manzanillo 3 es una victoria incalculable para el pueblo mexicano. Trasciende los cables de alta tensión, el acero y las monumentales turbinas; es una declaración de independencia moderna y un mensaje vigoroso al mundo entero de que México está de pie. Al invertir de manera audaz en su propia infraestructura y depositar su entera confianza en las capacidades técnicas de sus trabajadores y empresas públicas, la nación avanza con un paso imparable hacia un horizonte de prosperidad que no excluye a nadie.
Cada vez que una familia en el occidente del territorio nacional encienda la luz al caer la noche, cada vez que una máquina industrial inicie sus fuertes operaciones matutinas y cada vez que una escuela rural ilumine sus pizarrones, estarán recibiendo directamente el fruto invaluable del esfuerzo colectivo, el talento incuestionable y el sudor de las y los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad. La transición energética con justicia social ha dejado de ser una promesa de campaña para materializarse como una fuerza transformadora y viva. Hoy más que nunca, queda grabado en piedra que defender y fortalecer a nuestras empresas nacionales es, simple y llanamente, el acto más sublime de amor por México.