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De tocar el cielo en el Camp Nou a la traición más despiadada

De tocar el cielo en el Camp Nou a la traición más despiadada: El sucio secreto de Rafa Márquez que hundió a su esposa en una enfermedad incurable. Hoy, acorralado por el narco y las mentiras, su propio hijo destapará la verdad para meterle en una cárcel española.

RAFA MÁRQUEZ : LA ASQUEROSA VERDAD QUE ADRIANA LAVAT OCULTO DURANTE 5 AÑOS  

capitán histórico de la selección en cinco copas del mundo, único mexicano en ganar la Champions League con el Barcelona, considerado el mejor defensa mexicano de toda la historia. Y ese mismo hombre destrozando a su propia esposa embarazada hasta el punto de dejarla marcada de por vida con una asquerosa enfermedad, apareciendo en la lista negra de los líderes del narcotráfico mexicano.

 Hoy vas a saber qué le hizo a su propia esposa durante años que terminó matándola en vida. Sabrás como una persona que era querida por todo un país acabó siendo el más odiado por las drogas. Y lo más oscuro, lo que su propio hijo fue testigo y está actualmente a punto de declarar bajo juramento y mandar al capitán histórico de la selección a una cárcel de España.

Pero para entender por qué este hombre, que en su mejor momento fue considerado uno de los 10 mejores defensas del mundo, terminó convertido en el villano corporativo más documentado del fútbol mexicano de los últimos 20 años. Hay que retroceder a un pueblo de Michoacán. a una casa de pisos de cemento y a una herida que iba a marcar todas las decisiones de su vida adulta.

 Zamora, Michoacán, 1979. Un sábado de febrero por la mañana, en una casa modesta de la colonia Generalísimo Morelos, nació un niño moreno al que sus padres llamaron Rafael Márquez Álvarez. Su padre se llamaba Rafael Márquez Esqueda. Había sido futbolista profesional en su juventud. Había jugado en Atlético Morelia y ahora trabajaba como entrenador de divisiones inferiores.

 La precolarra, la precolarra, la precolarra. Atlenador de divisiones inferiores. El niño llegó al mundo con dos cosas marcadas desde el primer minuto. Un apellido que ya tenía historia en el fútbol regional y un padre que iba a empujarlo a cumplir el sueño que él mismo no había podido terminar. A los 4 años el niño ya pateaba un balón en el patio de tierra de su casa.

 A los seis ya entrenaba con un equipo infantil de la liga local. A los 9 metía cuatro goles en un partido de torneo regional y un casatalentos del club Atlas de Guadalajara llamado Mario Carrillo lo apuntó en una libreta verde. Esa libreta verde iba a cambiarle la vida. La familia del niño no tenía dinero. La casa de Zamora tenía dos cuartos.

 una madre que cocinaba para todos, tres hermanos que dormían en colchones tirados en el piso, un padre que sacaba el sueldo de entrenador para pagar la renta y la comida. Pero ese padre tenía algo más valioso que el dinero. Tenía contactos en el mundo del fútbol mexicano y sabía exactamente qué hacer con un hijo que pateaba el balón mejor que todos los niños de su generación.

 A los 12 años, Rafael Márquez Álvarez salió de Zamora. se fue solo con una maleta de tela rumbo a las divisiones inferiores del Atlas en Guadalajara, a 3 horas de su casa. Esa madrugada del lunes de septiembre del 91, cuando se subió al autobús con la maleta en las piernas, el niño tenía 12 años recién cumplidos.

 Su madre se quedó llorando en la terminal. Su padre le dio un solo abrazo, sin lágrimas, sin frases largas, le dijo una sola cosa al oído antes de soltarlo. Si fallas, no vuelvas. Esa frase del padre dicha a las 5:30 de una mañana fría de septiembre iba a marcar todas las decisiones que el muchacho iba a tomar durante los siguientes 30 años.

 Porque cuando un niño se va de su casa con 12 años cargando esa frase, ya no sabe distinguir entre lo correcto y lo que sirve para no volver perdido. Cualquier cosa funciona mientras no haya que regresar. Los años siguientes fueron de entrenamiento y soledad. El muchacho subió rápido en el Atlas. A los 15 ya jugaba en la sub17.

 A los 17 ya entrenaba con el primer equipo profesional. Y en julio del 96, con 16 años recién cumplidos, debutó en primera división contra el Atlante en el estadio Jalisco. Jugó 35 minutos, no metió gol, pero recibió tres elogios en la prensa al día siguiente. A partir de ese partido, la carrera del muchacho fue una escalera de dos en dos.

 Para los 18 años era titular indiscutible del Atlas y referente defensivo del equipo. Para los 19 ya había recibido su primera convocatoria a la selección mexicana y antes de cumplir 20, en julio del 99, llegó la oferta que cambiaba todo. El AS Mónaco de Francia lo quería.000 dólar para el Atlas. Salario de $500,000 al año para el muchacho.

 Pasaje de Guadalajara Anisa pagado para él y para toda su familia si decidían acompañarlo. A los 20 años, Rafael Márquez Álvarez se subió a un avión que lo iba a sacar de México durante los siguientes 17 años. La maleta, esta vez era de cuero. Las despedidas las mismas. Su madre llorando, su padre sin lágrimas.

 Pero la frase que el padre le dijo en el aeropuerto de Guadalajara aquella tarde de julio fue distinta. Esta vez fue una sola palabra: triunfa. Lo que el muchacho no sabía esa tarde mientras abrazaba a su madre y aceptaba la palabra de su padre como sentencia, es que la persona que él iba a destruir más profundamente en los siguientes 10 años de su vida, ni siquiera la había conocido todavía.

 Esa mujer estaba a esa hora terminando una clase de actuación en la ciudad de México, sin imaginar que el muchacho del avión iba a marcarla para siempre. Esa mujer se llamaba Adriana Labat Rodríguez. Tenía 24 años. Era actriz, hija del primer actor Jorge Labat, sobrina del legendario actor de doblaje José Labat, la voz mexicana de Robert de Niro y Al Pacino, sobrina también de la primera actriz Keta Labat, icono del cine de oro mexicano.

 Es decir, Adriana Labat venía de una de las dinastías más respetadas del entretenimiento mexicano. Su apellido sonaba en las salas de cine desde los años 50, pero ella no quería vivir del apellido. estudiaba actuación desde los 18 años. Había presentado un programa de televisión llamado A que No te atreves en el 99.

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