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El Testigo Que ESCUCHÓ La ÚLTIMA Conversación Entre Che y Fidel — 58 Años Después REVELA Todo

 

En ese momento, marzo de 1965, Ernesto Cheegevara entró a la oficina de Fidel Castro por última vez. Los dos hombres que habían conquistado Cuba juntos estaban a punto de despedirse para siempre. Pero lo que nadie sabía era que esa despedida no fue amistosa, fue desgarradora. El Che lloró Fidel también, y entre lágrimas se dijeron cosas que ningún testigo debía escuchar.

José Ramón Fernández estaba detrás de la puerta y durante 58 años guardó el secreto más doloroso de la revolución. Ahora, a sus 102 años, José se sienta frente a la cámara en la Habana. Sus manos tiemblan mientras sostiene un sobre amarillento. Dentro hay notas escritas a mano tomadas esa misma noche de marzo de 1965.

Inmediatamente después de escuchar lo que dos gigantes de la historia se dijeron cuando nadie más podía oírlos. Prometí no hablar mientras Fidel viviera dice José con voz quebrada. Murió en 2016. Todos están muertos ahora y yo no tengo mucho tiempo. José Ramón Fernández conoció al Che enero de 1959 cuando los barbudos entraron triunfantes a la Habana.

 En esos primeros días de la revolución todo parecía posible. Fidel y el Che eran inseparables, dos hermanos unidos por un sueño más grande que ellos mismos. José los veía juntos constantemente en las reuniones del nuevo gobierno revolucionario, en las cenas que se extendían hasta el amanecer, planificando el futuro de Cuba, discutiendo teoría marxista, soñando con revoluciones que se extenderían por toda América Latina.

Había algo especial entre ellos. Recuerda José, sus ojos perdidos en el pasado. Fidel era el pragmático, el político natural. El Che era el idealista incorruptible. el soñador puro. Se complementaban perfectamente. Fidel lo llamaba mi hermano argentino. El Che llamaba a Fidel el líder que América Latina necesita.Fidel Castro y el plato favorito del “Che” Guevara (y por qué rompieron su  vínculo) - La Tercera

 Parecía que nada podría separarlos jamás. Pero José sabía algo que el pueblo cubano ignoraba. Las grietas ya habían comenzado a formarse. La primera vez que José presenció tensión real entre los dos comandantes fue en abril de 1961 durante la invasión de bahía de cochinos. El Che quería una respuesta militar aplastante.

 Proponía ejecutar públicamente a todos los prisioneros capturados como advertencia a Estados Unidos. Fidel se negó rotundamente. Prefería usar a los prisioneros como moneda de cambio diplomático, negociar su liberación por medicinas y dinero. Vi como el Che miraba a Fidel ese día. Cuenta José. No era una mirada de simple desacuerdo político.

 Era una mirada de decepción profunda, como si estuviera viendo a su héroe caer del pedestal. El Che salió furioso de esa reunión. Esa noche José lo encontró solo en su oficina del Ministerio de Industrias, mirando por la ventana hacia el malecón. “¿Crees que hicimos la revolución para negociar con el imperialismo?”, le preguntó el Che sin voltear.

 José no supo que responder. Ahora, décadas después, comprende que esa pregunta marcó el principio del fin, pero la verdadera fractura comenzó en octubre de 1962. Durante la crisis de los misiles, José estaba presente en las reuniones secretas, donde se discutió el destino de Cuba y posiblemente del mundo entero. El Che argumentaba con pasión desenfrenada que Cuba debería estar dispuesta a lanzar los misiles nucleares soviéticos contra Estados Unidos si era necesario.

 Prefiero ver a Cuba convertida en cenizas atómicas antes que ver la revolución traicionada por compromisos cobardes”, gritó el Che en una de esas reuniones tensas. Fidel lo miraba con una expresión que José nunca había visto antes. Era una mezcla de preocupación y algo más perturbador, como si estuviera viendo a un extraño. Cuando Nikita Junior Hoff acordó con John F, Kennedy retirar los misiles a cambio de la promesa estadounidense de no invadir Cuba, el Che sintió que era una traición imperdonable, pero más doloroso aún, Fidel había aceptado ese

acuerdo sin apenas protestar. Esa noche encontré al Che solo en su oficina, revela José. Estaba llorando. Un hombre que había enfrentado la muerte mil veces en la Sierra Maestra llorando como un niño. Me dijo algo que me heló la sangre. José, creo que Fidel está eligiendo la supervivencia sobre los principios.

 Y si un revolucionario hace eso, deja de ser revolucionario para convertirse en político. Para el Che, ser llamado político era el insulto más grave. Durante los siguientes dos años, la relación entre ambos líderes se deterioró lentamente, pero inexorablemente. En 1963, el Che era ministro de Industrias, pero cada vez más frustrado con la dirección que tomaba Cuba.

 Proponía medidas radicales en las reuniones del gobierno. Industrialización acelerada sin importar el costo humano. Eliminación total del dinero. trabajo voluntario obligatorio para todos los cubanos. Fidel rechazaba la mayoría de sus propuestas. El comandante en jefe entendía algo que el Che se negaba a aceptar.

 Cuba necesitaba desesperadamente la ayuda económica y militar soviética para sobrevivir y eso significaba hacer concesiones, compromisos, ajustes pragmáticos. Para el Che, cada concesión era una pequeña traición a los ideales revolucionarios puros. En diciembre de 1964 sucedió algo que marcaría el punto de no retorno.

 El Che viajó a Nueva York para dar un discurso en las Naciones Unidas. sin consultar previamente con Fidel, sin pedir autorización, criticó abiertamente al bloque soviético ante el mundo entero, los llamó cómplices del imperialismo, acusó a la Unión Soviética de explotar económicamente a los países del tercer mundo. Cuando José fue al aeropuerto José Martí a recibir al Che tras su regreso, notó algo terrible e inusual.

 Fidel no había ido personalmente a recibirlo. Era la primera vez en 6 años que Fidel no recibía al Che después de un viaje importante al extranjero. El mensaje era claro, aunque no se pronunciara en voz alta. Días después, José fue convocado urgentemente al despacho de Fidel en el palacio de la revolución. El comandante estaba furioso, caminando de un lado a otro como león enjaulado.

 “Ese argentino loco va a destruir todo lo que hemos construido”, gritó Fidel golpeando el escritorio con el puño. “Los soviéticos están considerando cortarnos la ayuda económica por culpa de él. ¿Entiende lo que eso significa? Sin petróleo soviético, sin alimentos soviéticos, sin armas soviéticas. Cuba muere en 6 meses. Era la primera vez que José escuchaba a Fidel referirse al Che como ese argentino, en lugar de mi hermano o el Che.

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