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El DIARIO SECRETO del Che Que FIDEL QUEMÓ — 58 Años Después SALE A LA LUZ

 

En ese momento nadie sabía que en una noche fría de diciembre de 1966, el Cheegev Vara le entregó a su mejor amigo, el comandante San Luis, un cuaderno que Fidel Castro nunca debía ver. Si algo me pasa, hermano, quema esto. No dejes que Fidel lo encuentre. Pero San Luis murió se meses después con el diario escondido en su chaqueta militar y lo que Fidel descubrió adentro lo perseguiría durante 49 años.

Marzo de 2015, La Habana, Cuba. Roberto Martínez, de 28 años, estaba limpiando el ático de la casa de su abuelo, recién fallecido, cuando encontró una caja de metal oxidada escondida detrás de unas vigas podridas. Su abuelo, el comandante retirado Julio Martínez, había sido asistente personal de Fidel Castro durante 40 años.

 Dentro de la caja había algo que cambiaría para siempre la historia de la revolución cubana. Fotocopias amarillentas de páginas escritas a mano por Ernesto Cheegevara. Páginas que Fidel Castro había jurado destruir en 1967. Páginas que contenían la verdad más dolorosa sobre la amistad rota entre dos gigantes.

 Roberto sostuvo las páginas con manos temblorosas. La letra era inconfundible. Había visto suficientes documentos históricos para reconocer la caligrafía del Che. En la primera página decía: “Diario personal, Congo 1965, solo para mis ojos. Si encuentras esto y yo estoy muerto, hermano, destrúyelo.” Fidel no puede leerlo jamás.

 Roberto sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Por qué su abuelo, un hombre tan leal a Fidel, habría guardado estas fotocopias durante casi 50 años? comenzó a leer la primera entrada fechada el 15 de mayo de 1965. Hoy es mi tercer mes cono y finalmente entiendo la verdad. Fidel no me envió aquí para expandir la revolución.

 Me envió aquí para alejarme de Cuba, para que muriera lejos de su revolución, lejos de la historia que construimos juntos. Los suministros que prometió nunca llegan. Los hombres que necesito nunca son enviados. Escribo cartas pidiendo ayuda y solo recibo silencio. Roberto dejó de leer por un momento. Esto contradecía completamente la versión oficial que había aprendido en la escuela.50 años de la muerte de Ernesto Guevara: cómo el diario del Che en Bolivia  llegó a las manos de Fidel Castro burlando a la CIA - BBC News Mundo

 Pero antes de entender cómo estas páginas llegaron a las manos de Roberto, necesitamos regresar al principio de esta historia. Necesitamos volver a 1965, cuando el Cheegevara partió de Cuba hacia el Congo, llevando consigo dos cuadernos. Uno que el mundo conocería y otro que Fidel Castro nunca debía ver. Abril de 1965. La Habana, Cuba.

 El Cheegevara estaba en su última reunión privada con Fidel Castro antes de partir hacia África. La conversación había sido tensa, fría, muy diferente a las charlas de hermanos que solían tener años atrás. Ernesto, escribirás reportes regulares sobre la situación en el Congo, dijo Fidel sin mirarlo a los ojos. Necesito saber cómo progresa la revolución africana.

 El Che asintió, pero en su corazón sabía algo que Fidel no imaginaba. sabía que llevaría dos diarios, uno oficial, lleno de análisis tácticos y reportes militares que enviaría a Fidel y otro secreto, donde escribiría sus verdaderos pensamientos, sus dudas, sus miedos y, sobre todo, la verdad sobre cómo Fidel lo había traicionado.

 La decisión de mantener un diario secreto no fue impulsiva. El Che lo había planeado durante semanas. Había visto como su relación con Fidel se deterioraba desde 1962, desde la crisis de los misiles. Había sentido como Fidel comenzaba a verlo no como un hermano, sino como una amenaza. Errnesto es demasiado puro para este mundo político.

 Le había escuchado decir Fidel a Raúl Castro en una conversación que no debía haber oído. Su pureza nos hace quedar como corruptos. Es mejor que lleve su revolución a otra parte. Esas palabras habían destrozado algo dentro del Che. Durante años había defendido a Fidel contra todos. Había sacrificado su salud, su familia argentina, su propia identidad nacional para luchar junto a este hombre.

 Y ahora entendía que Fidel lo estaba exiliando, disfrazándolo de misión internacionalista. Por eso necesitaba el diario secreto, porque si algo le pasaba, si moría en el Congo o en cualquier otra selva lejana, alguien debía conocer la verdad. Alguien debía saber que el Cheegevara no abandonó a Cuba por idealismo ciego, sino porque Fidel Castro lo empujó hacia la salida. Mayo de 1965.

Selvas del Congo. El Che escribía en su diario secreto casi todas las noches a la luz de una pequeña lámpara de quereroseno mientras sus compañeros guerrilleros dormían. 18 de mayo. Hoy envié mi quinta carta a Fidel pidiendo refuerzos médicos. Tenemos 12 hombres con malaria y solo tres dosis de quinina.

 Le expliqué la situación crítica. Sé que la carta llegará a La Habana en una semana. Sé que Fidel la leerá y sé en mi corazón que no enviará nada, porque esta misión nunca fue sobre ayudar al Congo, fue sobre alejarme de Cuba. Las entradas se volvían cada vez más amargas. 3 de junio. Llegó una respuesta de Fidel. Tres líneas cortas.

La revolución cubana también necesita recursos. Sé paciente, compañero, paciente. Me pide paciencia mientras mis hombres mueren de enfermedades prevenibles. Me pide paciencia mientras él se sienta en su palacio de la Habana dando discursos de 6 horas sobre solidaridad internacional. La hipocresía me ahoga más que la humedad de esta  selva.

 El Che guardaba el diario secreto en una bolsa impermeable que siempre llevaba consigo, pero el Che no era ingenuo. Sabía que si algo le pasaba, si moría en combate o por enfermedad, sus pertenencias serían revisadas. Y si el diario caía en manos equivocadas, podría terminar precisamente donde no debía, en el escritorio de Fidel Castro.

 Por eso tomó una decisión que cambiaría el curso de esta historia. decidió que cuando regresara a Cuba le entregaría el diario a la única persona en quien confiaba completamente. El comandante Eliseo Reyes, conocido por todos como San Luis. San Luis era más que un compañero de armas. Era el hermano que el Che nunca tuvo.

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