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SORAYA Jiménez: el ROBO de su gloria… La ASQUEROSA verdad sobre su HERENCIA maldita

SORAYA Jiménez: el ROBO de su gloria… La ASQUEROSA verdad sobre su HERENCIA maldita

Muchos se estremecieron con la tragedia de su cuerpo destruido, pero lo que ocurrió después de su último aliento es quizá la traición más asquerosa de todas. Mientras México lloraba a su campeona, en las sombras se libraba una batalla por los restos de su gloria. Hoy vamos más allá del quirófano. Hoy seguimos el rastro del oro desaparecido.

¿Cómo es posible que la mujer que cargó el peso de una nación muriera sin poder pagar sus medicinas mientras el sistema se devoraba su legado? Prepárate para descubrir la verdad que los directivos intentaron enterrar con ella, el saqueo de su herencia y el oscuro destino de una vida que México usó, exprimió y luego fijió olvidar.

Si te vas antes del final de este video, te pierdes la pieza que todo México debería conocer y que nadie en los canales oficiales del deporte tiene el valor de decir con todas las palabras, los nombres, los mecanismos y la lógica retorcida de un sistema que convierte a sus campeones en publicidad gratuita y los abandona tú a morir en silencio cuando ya no sirven para la foto.

Quédate porque esta historia [música] no termina con el infarto del 28 de marzo de 2013. Esta historia termina con la pregunta que nadie ha respondido satisfactoriamente. ¿De qué murió Soraya Jiménez en realidad? Suscríbete al canal ahora mismo. No por mí, por Soraya, para que su historia completa. No solo la versión institucional del homenaje con discurso bonito y estatua de bronce que se inauguró cuando ya no podía protestar llegue a las personas [música] que necesitan entender cómo funciona el deporte mexicano por dentro. Naucalpán

[música] de Juárez, Estado de México. 5 de agosto de 1977. Nace Soraya Jiménez Mendívil, una de dos mellizas. Su hermana gemela se llamaba Magalí. Crecieron en una familia de clase media, hija de José Luis Jiménez, contador público y de María Dolores Mendíbil. Una infancia ordinaria en el área metropolitana del Valle de México con la única particularidad de que Soraya desde pequeña tenía esa energía que los entrenadores reconocen antes de que el propio deportista la comprenda.

La energía de alguien que necesita medir su cuerpo contra algo. Empezó con el basketbol, compitió en selecciones infantiles y juveniles junto a su hermana gemela, pero la estatura no le favoreció para ese deporte y lo dejó. Después probó el badminton, luego la natación y entonces entre los 11 y los 14 años descubrió la alterofilia, [música] el levantamiento de pesas, la disciplina que se construye sobre la idea más simple y más brutal del deporte, levantar más que todos los demás o caer en el intento. Y en esa disciplina,

Soraya encontró algo que ninguna de las anteriores le había dado, su lugar exacto en el mundo. Grábate esto. 1994. Con apenas 17 años, Soraya Jiménez ya estaba compitiendo a nivel internacional. Ganó su primera medalla de bronce en el torneo Norseca en Colorado Springs, Estados Unidos, a los 16 años.

Una chica de Naucalpan compitiendo en Colorado y ganando bronce. Eso era Soraya. En 1997 ganó la primera medalla mundial de bronce en la historia de México, el levantamiento de pesas, en el campeonato mundial juvenil celebrado en Sudáfrica. En 1998 ganó los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1999, plata en los Juegos Panamericanos de Winnipec, Canadá.

Para entender la magnitud de lo que Soraya estaba construyendo, necesitas un dato de contexto. La alterofilia femenina no había existido en los Juegos Olímpicos hasta Sydney 2000. El Comité Olímpico Internacional aprobó la participación de mujeres en esta disciplina en 1997, 3 años antes de Sydney, lo que significa que Soraya Jiménez fue parte de la primera generación de mujeres que pudo competir por el oro olímpico en levantamiento de pesas en toda la historia del olimpismo.

Era una pionera en un terreno recién abierto y llegó a ese terreno siendo la mejor de su país y una de las mejores del mundo. Y entonces llegó el 18 de septiembre de 2000. La madrugada del 18 de septiembre de 2000 en México, cuando eran las 3 y pico de la mañana y los mexicanos que se habían quedado despiertos frente al televisor estaban viendo algo que no sabían que estaban a punto de presenciar.

El Sydney Convention and Exhibition Center en Darling Harbor, Australia. La competencia de levantamiento de pesas en la categoría de los 58 kg femeninos. [música] La favorita era la norcoreana Rison Jui, poseedora del récord mundial. Soraya Jiménez llegaba sin ser considerada una candidata seria al oro. El propio presidente de la CONA de ese entonces, Ivar Sisniega, había dicho previamente que del décimo puesto no pasaría.

Zoraya levantó 95 kg en arranque. La favorita norcoreana levantó 97,5. En el envión, después de dos intentos combinados, la norcoreana y la mexicana estaban empatadas en 220 kg totales. El empate a esa cantidad le daba el oro a la norcoreana por ser más ligera que Soraya. Así que la mexicana, obligada a ver a romper la paridad para hacer sonar el himno nacional de México, apuntó a 127,5 kg en su último intento de un peso que ninguna otra mujer en esa competencia había logrado levantar esa noche.

Se paró frente a la barra. se llenó de fortaleza, la levantó, 222,5 kg totales. [música] Uno de los testigos que cubrió la competencia para medios mexicanos [música] describió la escena. La pesa un tanto inclinada a la derecha. Un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie, ligeros pasos en busca del equilibrio y el grito que libera la adrenalina con los brazos en alto.

Soraya tiró la barra al suelo, agitó el puño dos veces y corrió a buscar a su entrenador, el búlgaro Geor Koev, con quien se fundió en un abrazo mientras el estadio rugía. México [música] no había escuchado su himno sonar en un escenario olímpico desde Los Ángeles, 1984. 16 años de silencio.

Y fue una chica de Naucalpan de 22 años que nadie incluía en la lista de favoritas, la que rompió ese silencio. La primera mujer mexicana en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos gritó, “¡Me los chingué!” En el momento de la victoria, según testimonios de quienes estaban cerca. Un grito que resumía todo lo que había soportado, el machismo, las presiones.

El presidente de la CONAD que le dijo que del décimo lugar no pasaría. Durante las semanas siguientes, al regreso a México, el furor fue, según describió su hermano José Luis años después a la revista Proceso. Una locura total. Las televisoras nacionales le ofrecían hasta 6 m000ones de pesos solo por su primera entrevista después de la medalla.

Los políticos se acercaban en fila, los dirigentes deportivos la celebraban. Todos querían estar en la foto. El presidente Ernesto Cedillo la recibió en Los Pinos y le entregó el Premio Nacional del Deporte. México entera la abrazaba y en ese abrazo colectivo estaban mezclados los que la querían [música] de verdad y los que solo querían usar su imagen para algo.

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