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¡El colapso del sueño americano! Hartos del terror de Trump, decenas de miles de mexicanos protagonizan un éxodo histórico a la inversa, dejando los campos de Estados Unidos pudriéndose en la ruina total.

¡El colapso del sueño americano! Hartos del terror de Trump, decenas de miles de mexicanos protagonizan un éxodo histórico a la inversa, dejando los campos de Estados Unidos pudriéndose en la ruina total. Ahora, regresan armados con capital y conocimientos invaluables. ¿Aprovechará México este tesoro o desperdiciará la venganza perfecta?

Hartos de TRUMP los mexicanos regresan en caravana y dejan EE.UU. en ruinas  

El Instituto Nacional de Migración recibió a más de 11,000 mexicanos repatriados en decenas de vuelos. Con ese espíritu, el INM recibió a miles de connacionales que retornaron al país desde Estados Unidos en busca de apoyo para reintegrarse a sus comunidades. Más de 5,000 vehículos comienzan a moverse lentamente desde Laredo, Texas, hacia territorio mexicano.

 Una mega caravana de retorno con más de 24,000 migrantes ha comenzado a cruzar la frontera norte. Todas estas personas que han llegado hasta Tapachula, Chiapas, que es el punto donde se ha instalado pues este centro donde reciben a los repatriados mexicanos. En el sur de Texas hay campos agrícolas vacíos, cajas apiladas con producto abandonada mientras el viento sacude las plantas.

 Una cosecha de Betabel que se echó a perder porque no hubo manos para levantarla. Y en la frontera, en dirección contraria a la que todos esperaban, una caravana de camionetas mexicanas cruzando hacia el sur con muebles, con electrodomésticos, con 15 años de vida guardados en un remolque. No vienen de visita, vienen a quedarse. Esto no es un éxodo de desesperación, es una decisión.

 Y cuando millones de personas toman simultáneamente la misma decisión, algo muy profundo, está cambiando en la relación entre dos países que llevan décadas construyendo una dependencia que ahora se está rompiendo en tiempo real. Hace dos semanas para atrás tuvimos que parar lo que es el bit, el betabel, pues por lo mismo que no hubo personas para levantarlo, se echó a perder la cosecha.

Lo que acaban de escuchar no es un caso aislado. Es la señal más concreta de lo que está pasando en la economía estadounidense cuando la mano de obra que la sostenía decide que ya fue suficiente. Campos abandonados, obras paralizadas, restaurantes sin personal, fábricas reportando ausencias masivas y del otro lado de la frontera comunidades mexicanas preparándose para recibir a sus hijos que regresan con algo que no tenían cuando se fueron.

 ansiedad con mucho pues estrés y ansiedad al mismo tiempo. Eh, me tenía miedo de ir a la tienda, tenía miedo de ir a trabajar. En los próximos minutos vas a entender por qué regresaron, qué están dejando atrás y qué trae consigo un migrante después de 15 años cuando cruza la frontera en dirección contraria.

 Porque esa historia es mucho más grande de lo que parece. Pero primero hay que entender qué convirtió el sueño americano en una decisión de irse. Y tiene un nombre, el miedo, no la nostalgia. El miedo concreto de ir a comprar al supermercado. Eso viene ahora. Hay una diferencia entre vivir con incertidumbre y vivir con miedo.

 La incertidumbre es tolerable. El miedo constante, el que no te abandona cuando vas al trabajo, cuando llevas a tus hijos al médico, cuando entras a un supermercado. Ese tipo de miedo transforma la vida de una forma que ningún salario compensa. Eso es lo que la política migratoria de Trump y ICE instaló en millones de hogares mexicanos en Estados Unidos, no de golpe, gradualmente, hasta que un día la balanza se inclinó y quedarse dejó de tener sentido.

 No estamos hablando de personas que no tenían trabajo. Estamos hablando de personas que tenían empleo, que pagaban renta, que mandaban remesas, que habían construido una vida funcional durante años, pero que cada mañana calculaban el riesgo de salir a la calle, que evitaban ciertas rutas, que dejaron de ir a ciertos lugares, que vivían en una contracción permanente que consume más energía de la que cualquier ser humano puede sostener indefinidamente.

Ansiedad, con mucho pues estrés y ansiedad al mismo tiempo. Me tenía miedo de ir a la tienda, tenía miedo de ir a trabajar. Cuando una persona llega ese punto, la decisión de irse no es una derrota, es una afirmación de dignidad. Es decir, en voz alta que hay cosas que valen más que un salario en dólares.

 Y esa decisión, multiplicada por miles de familias simultáneamente es lo que está generando el vacío que ahora mismo están sintiendo sectores enteros de la economía estadounidense, que nunca imaginaron que esto podía pasarles porque dependían de esa mano de obra. La daban por garantizada y ahora están descubriendo lo que cuesta perderla.

 ¿Cuánto cuesta realmente perder a un millón de trabajadores de golpe? La respuesta está en los campos de Texas, en las obras de construcción y en las fábricas de Nebraska, y es mucho más cara de lo que Trump calculó. Hay una palabra que los empresarios estadounidenses repiten ahora mismo en entrevistas, en reuniones de Cámara de Comercio y en llamadas con sus congresistas.

 Insustituibles, no como elogio tardío, como diagnóstico de emergencia. Durante décadas, la economía estadounidense construyó sectores enteros sobre una base de mano de obra migrante que era barata, eficiente, puntual y que nunca faltaba. Nadie construyó un plan alternativo porque nadie imaginó que esa base podía moverse y ahora se está moviendo.

 Los campos agrícolas del sur de Texas están solos. Fueron pocos los jornaleros que siguieron trabajando la tierra. Cajas apiladas con producto quedaron abandonadas mientras el viento sacudía las plantas en sembradíos que antes lucían repletos de trabajadores en la pisca. Una cosecha de betabel que se echó a perder, no por sequía, no por plaga, por ausencia de manos.

Trabajadores migrantes. Obviamente sin esas 900 personas no podríamos lograr lo que necesitamos cada día. Si no tuviéramos esa fuerza laboral tendríamos que cancelar o rechazar pedidos o hacer nuestros productos en otro país. Ese testimonio no viene de un activista promigración. Viene de un empresario que está viendo como su modelo de negocio se fractura en tiempo real y no está solo.

 La industria petrolera y de construcción en Texas reporta plataformas detenidas y obras paralizadas. La hotelería, la restauración y los servicios de cuidados en Florida y Chicago acusan ausencias masivas. Barrios enteros que antes vibraban con actividad muestran negocios cerrados y locales con candado. Los gobernadores de los estados más afectados están suplicando públicamente que los mexicanos regresen.

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