El firmamento del cine de oro y la television mexicana siempre ha estado iluminado por estrellas de un magnetismo inigualable, pero pocas figuras proyectaron una sombra tan monumental como la gran diva Maria Felix. Poseedora de una belleza soberbia y un caracter indomable, “La Doña” conquisto el mundo, pero detras de las luces de los sets cinematograficos y las joyas extravagantes, se cocino una de las historias mas desgarradoras y melancolicas de la farandula: la vida y tragica muerte de su unico hijo, Enrique Alvarez Felix. Un hombre refinado, talentoso y de un intelecto brillante que, a pesar de heredar el porte y la propiedad al hablar de su progenitora, vivio un calvario silencioso marcado por el abandono emocional, el estigma social de su epoca y un tragico final envuelto en persistentes misterios y rumores.
Nacido en 1934, Enrique Alvarez Felix llego a un mundo donde su destino ya parecia sellado por el resentimiento. Su nacimiento fue el resultado de un matrimonio apresurado y carente de amor entre una joven Maria Felix de apenas 17 anos y Enrique Alvarez a la Torre, un vendedor de cosmeticos. Segun los relatos historicos, Maria Felix acepto casarse unicamente para escapar del yugo de su propio hogar en Sonora, un escape precipitado por la tragedia y el dolor de haber sido separada de su hermano Pablo, a quien consideraba el primer gran amor de su vida bajo un vinculo con tintes incestuosos y retorcidos que escandalizo a su familia. La pronta muerte de Pablo en una academia militar empujo a Maria a los brazos del primer hombre que paso por su camino, sembrando las raices de una dinamica familiar fracturada para el pequeno Enrique.

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La infancia del futuro actor estuvo lejos de la estabilidad. Tras el inminente divorcio de sus padres debido al caracter posesivo de Alvarez a la Torre, Maria Felix regreso a su pueblo, enfrentando el duro juicio social de ser madre soltera en una epoca implacable. Decidida a buscar un mejor porvenir, se traslado a la Ciudad de México, dejando a su hijo temporalmente atras. Ante las carencias economicas iniciales de la actriz, el padre de Enrique tomo la custodia del nino y se lo llevo a Guadalajara, donde el pequeno encontro un oasis de amor y cuidados bajo el amparo de su abuela paterna. En esos anos, Enrique veia a su madre como una especie de “Santa Claus” que aparecia esporadicamente en Navidad para colmarlo de regalos, mientras el era inmensamente feliz jugando en la cuadra con sus amigos.
Sin embargo, el orgullo de Maria Felix no conocia limites. Una vez consolidada como una estrella cinematografica y unida en matrimonio con el celebre musico Agustin Lara, utilizo su inmenso poder economico e influencia para recuperar a su hijo, no a traves de los canales legales, sino mediante lo que el propio Enrique describio textualmente como un rapto. El nino fue introducido a la fuerza en un automovil y arrancado de su entorno seguro. El choque emocional fue devastador para el menor, quien paso de la calidez de su abuela a la frialdad de una madre absorbida por el trabajo y las exigencias de la fama. Las tensiones no tardaron en aparecer; se cuenta que en una ocasion, al encontrar al nino jugando con uno de sus vestidos y tacones, la furia de la diva se descargo fisicamente sobre el, teniendo que intervenir el propio Agustin Lara para proteger al muchacho.
Pronto, los compromisos filmicos de Maria Felix en Europa provocaron que Enrique fuera enviado a un estricto internado en Canada. Aquel periodo se convirtio en una de las etapas mas oscuras de su existencia, sumido en una profunda soledad, un idioma desconocido y la implacable rigidez de un sistema educativo que aplicaba castigos fisicos severos ante la menor falta. La distancia emocional de su madre se hacia evidente en visitas que ocurrian apenas una vez al ano, dejandolo incluso pasar navidades enteras cobijado por familias ajenas. Estas dolorosas vivencias forjaron en Enrique una personalidad melancolica y el ferviente deseo, jamas cumplido, de convertirse en un padre presente que jamas abandonaria a sus hijos a la distancia.
Al regresar a México, Enrique Alvarez Felix expreso su firme determinacion de seguir los pasos de su madre en la actuacion. La respuesta de la diva fue contundente: primero debia entregarle un titulo universitario. Demostrando su disciplina, se graduo en Ciencias Politicas en la Universidad Nacional Autonoma de México (UNAM), pero con el titulo en la mano, reclamo su derecho a pisar los escenarios. A pesar de las advertencias de su madre sobre las inevitables y crueles comparaciones a las que se vería sometido, Enrique debuto en 1964 en la telenovela “La mujer dorada”, una oportunidad brindada por el productor Ernesto Alonso, entrañable amigo de la familia y vecino en el edificio de apartamentos donde el joven actor decidio instalarse para forjar su propia leyenda, viviendo en la absoluta soledad del ultimo piso.
A lo largo de su carrera cinematografica y televisiva, que incluyo exitos rotundos como la pelicula “Los Caifanes” (1966) y los melodramas “Rina”, “Colorina” y “De pura sangre”, Enrique Alvarez Felix demostro un talento innegable y una presencia magnetica. No obstante, su vida personal transcurria inevitablemente entre las sombras debido a su homosexualidad, una realidad que en las decadas de los sesenta, setenta y ochenta debia mantenerse bajo el mas estricto hermetismo para evitar el rechazo social, la perdida del empleo o el veto televisivo. Figuras de la farandula como Julissa y Lucia Méndez confirmaron anos despues la orientacion del actor, calificandola como un secreto a voces que el intentaba disimular desesperadamente. Incluso, actrices como Ofelia Medina y la propia Lucia Méndez recibieron propuestas de matrimonio por parte de Enrique, ofertas que declinaron con madurez al comprender que se trataba de un intento por acallar los rumores de una sociedad prejuiciosa, intensificados cuando el gobierno del presidente Miguel de la Madrid presiono a las televisoras para apartar a actores de reputacion homosexual.

El verdadero calvario mediatico para Enrique comenzo a principios de los anos noventa, cuando decidio alejarse temporalmente de las pantallas para tomar unas vacaciones. En una epoca donde el VIH/SIDA causaba estragos en la comunidad artistica internacional y el desconocimiento y la estigmatizacion social infundian un temor generalizado, se propago con rapidez el rumor de que el actor padecia esta terrible enfermedad. A pesar de que Enrique reaparecio publicamente para desmentir rotundamente dichas versiones, el estigma y la atencion morbosa de la prensa no lo abandonaron. Su regreso a la television con la telenovela “Marisol” en 1996 parecia marcar un nuevo capitulo en su carrera, pero el destino tenia preparada una coincidencia macabra: el actor grabo una escena donde su personaje moria semanas antes de que la tragedia real tocara a su puerta.
La madrugada del 23 de mayo de 1996, en la intimidad de su departamento de la Ciudad de México y a escasas calles de la residencia de su madre —quien se encontraba de viaje en Francia—, Enrique Alvarez Felix comenzo a sentirse mal tras ingerir un sándwich a altas horas de la noche. Un intenso ardor en la garganta encendio las alarmas de su asistente personal y empleada domestica. Aunque inicialmente el medico de cabecera minimizo el malestar sugiriendo un simple te, la gravedad de los sintomas obligo a solicitar una ambulancia. En medio de la confusion y de maniobras medicas que buscaban descartar una asfixia por obstruccion alimentaria, el actor sufrio un infarto masivo al corazon que apago su vida de manera fulminante a los 62 anos de edad.
La muerte sorpresiva de Enrique Alvarez Felix no hizo mas que alimentar las teorias conspirativas de la epoca. El hermetismo absoluto durante las honras funebres, la prohibicion estricta de abrir el feretro y la decision de no permitir fotografias del cuerpo encendieron las especulaciones sobre un supuesto deterioro fisico alarmante derivado de la enfermedad que tanto se le habia atribuido en los pasillos de la farandula. Asimismo, se especulo sobre la relacion mas alla de lo profesional con su asistente Javier Téz, rumores que fueron desmentidos de inmediato por allegados que defendian la privacidad del interprete.
Para Maria Felix, la perdida de su unico hijo represento el golpe mas devastador y doloroso de su existencia, un dolor cataclismico que, segun sus propias palabras, supero con creces el luto por sus antiguos esposos. La tragica noticia humanizo por primera vez ante los ojos del publico a la fria e inalcanzable diva, quien rompio en llanto frente a las camaras y el pueblo mexicano que se volco a ofrecerle su fortaleza. Figuras como Carmen Salinas recordaron como “La Doña”, despojada de su habitual orgullo, busco el abrazo de quienes compartian el mismo dolor de haber enterrado a un hijo. A final de cuentas, Enrique Alvarez Felix partio dejando un legado imborrable en el espectaculo hispano; un hombre que nacio bajo una sombra titanica, pero que supo conquistar sus propios reflectores en vida, pagando en el silencio de su intimidad el alto precio de ser fiel a si mismo en un mundo que no estaba listo para comprenderlo.