En un clima político que arde por las recientes fricciones tanto a nivel nacional como internacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha lanzado uno de sus discursos más contundentes y reveladores hasta la fecha. Durante una reciente y tensa comparecencia ante los medios de comunicación, la mandataria no solo desmintió categóricamente al gobierno de Chihuahua respecto a operativos de seguridad, sino que también realizó un exhaustivo y severo repaso por los episodios más oscuros de las administraciones panistas, culminando con una firme advertencia hacia las presiones políticas provenientes de Estados Unidos.
El detonante de este torbellino mediático surgió a raíz de un operativo en el estado de Chihuahua, donde agentes extranjeros visitaron un laboratorio clandestino perteneciente al crimen organizado. Ante los intentos del gobierno estatal por adjudicarse el éxito de esta misión, Sheinbaum fue tajante al aclarar que el desmantelamiento real fue encabezado y ejecutado por la Fiscalía General de la República (FGR). La presidenta calificó como un acto de suma gravedad el hecho de que se intentara confundir a la población mexicana atribuyendo méritos ajenos a la gestión de la gobernadora Maru Campos.
Esta controversia local rápidamente escaló hacia un análisis profundo sobre la postura de la oposición. La mandataria hizo eco del reciente cambio de tono de la gobernadora de Chihuahua, quien en un acto público y rodeada por los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, adoptó una narrativa abiertamente confrontativa acusando a la actual administración de haber instaurado un “narcogobierno”. Lejos de evadir el ataque, Sheinbaum tomó la ofensiva y cuestionó severamente la calidad moral y los
antecedentes de las figuras que hoy se erigen como los nuevos rostros de la derecha mexicana.

Haciendo un enérgico llamado a la memoria histórica, especialmente dirigido a las nuevas generaciones de jóvenes que nacieron cerca del año dos mil seis y que no vivieron en carne propia los estragos de administraciones pasadas, la presidenta destapó las heridas de los sexenios panistas. Recordó con crudeza los brutales actos de represión perpetrados durante el gobierno de Vicente Fox, destacando tragedias imborrables como la de San Salvador Atenco y el violento desalojo de maestros en Oaxaca perpetrado por la Policía Federal, eventos que dejaron un saldo de sangre y luto en la sociedad.
Asimismo, Sheinbaum puso sobre la mesa el polémico episodio del desafuero contra Andrés Manuel López Obrador, describiéndolo como una maniobra política orquestada desde el poder para evitar su candidatura presidencial. Según su relato, se fabricó el pretexto de la violación de un amparo por la construcción de una calle que conectaba a un hospital privado en Santa Fe, revelando así la intención de encarcelar al líder social a toda costa.
El escrutinio histórico no se detuvo ahí. La mandataria revivió los oscuros recuerdos del fraude electoral del dos mil seis, denunciando la intervención de algoritmos en el entonces Instituto Nacional Electoral y las alianzas cupulares con figuras como Elba Esther Gordillo para alterar las actas de votación. Recordó el clamor popular de “voto por voto, casilla por casilla” y cómo las autoridades electorales se negaron a abrir la totalidad de los paquetes, permitiendo el recuento de apenas un nueve por ciento. La presidenta subrayó que, incluso con esa mínima revisión, la supuesta ventaja de Felipe Calderón se redujo drásticamente. Mencionó que cálculos independientes de la época estimaban el fraude en alrededor de dos millones de votos, mientras que la diferencia oficial dictada fue de poco más de doscientos mil. Para agravar la falta de transparencia, denunció que las boletas fueron quemadas posteriormente para borrar la huella del fraude, trazando un paralelismo directo con las tácticas utilizadas en las elecciones de mil novecientos ochenta y ocho contra el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
El golpe más duro fue dirigido hacia la administración de Felipe Calderón. Sheinbaum recordó cómo, apenas a días de asumir el poder de manera cuestionada en diciembre de dos mil seis, Calderón se vistió con atuendo militar en Michoacán para declarar una absurda guerra contra el narcotráfico. Esta decisión desencadenó una ola de violencia sin precedentes y una cantidad alarmante de muertos que la administración de aquel entonces justificaba fríamente como “daños colaterales”. De manera contundente, la presidenta señaló los vínculos ya demostrados del entonces Secretario de Seguridad Pública con el cártel de Sinaloa, exigiendo que sea el propio Calderón quien explique al pueblo mexicano si estaba o no enterado de esta profunda infiltración criminal en las más altas esferas de su gobierno.
En este contexto, Sheinbaum expuso lo que ella considera los verdaderos proyectos de nación en disputa. Por un lado, describió a una oposición, conformada históricamente por la alianza de los partidos tradicionales, que representa a las élites más ricas y que operó bajo esquemas de corrupción masiva, manteniéndose estrechamente ligada a sectores de la ultraderecha global. Como ejemplo, mencionó las conexiones de estas agrupaciones en España, recordando episodios recientes donde se exaltó la figura de Hernán Cortés. En contraste, defendió al gobierno actual como un proyecto intrínsecamente vinculado a la dignidad y el bienestar del pueblo de México, dejando claro que, aunque se busca y mantiene una relación cordial con el sector empresarial y la iniciativa privada para fomentar inversiones, el poder económico ya no somete ni dicta las riendas del poder político.
La mandataria también aprovechó para desmentir las recientes declaraciones de Vicente Fox, quien despectivamente ha tachado de “flojos” a los adultos mayores que reciben programas sociales y ha difamado el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”. Sheinbaum aclaró con firmeza que este último no consiste en regalar dinero, sino en otorgar un salario mínimo para que los jóvenes adquieran experiencia laboral como aprendices, logrando en su gran mayoría asegurar un puesto de trabajo permanente en las empresas donde inician su formación.
El discurso alcanzó uno de sus puntos más álgidos al abordar el tema de la soberanía nacional frente a Estados Unidos. Al ser cuestionada sobre el supuesto temor de algunos legisladores mexicanos a que se les revoquen sus visas estadounidenses si adoptan posturas críticas, Sheinbaum fue implacable. Calificó como un error absoluto que un servidor público deje de opinar o defender sus convicciones por miedo a represalias migratorias. Afirmó que las diferencias políticas deben resolverse internamente y que clamar o abrir la puerta a la intervención extranjera roza directamente con la traición a México.

En un mensaje directo hacia las autoridades estadounidenses, la presidenta demandó respeto mutuo. Recalcó que la nación vecina enfrenta gravísimos problemas internos, como el alarmante consumo y distribución de drogas dentro de su propio territorio, así como el descontrolado tráfico de armas que fluye de norte a sur hacia México. Con una postura inquebrantable, advirtió que México está dispuesto a colaborar de manera constructiva, pero jamás a subordinarse. “No usen a México en su disputa electoral, no permitiremos que usen a México como piñata”, sentenció la presidenta, marcando un límite definitivo a las presiones externas.
Para inspirar a la clase política a mantener una postura digna, Sheinbaum recurrió nuevamente a las páginas de la historia militar y civil de México. Citó las memorias del general estadounidense Ulysses S. Grant, quien confesó no haber visto jamás a hombres más valientes que los soldados mexicanos, a pesar de carecer de recursos y uniformes adecuados. Evocó la gloria de la Batalla de Puebla, donde tropas indígenas y campesinas derrotaron al que entonces era considerado el mejor ejército del mundo, ante la imposibilidad de pagar la deuda externa tras la devastadora Guerra de Reforma. Recordó también el coraje de los marinos en San Juan de Ulúa en mil ochocientos veinticinco defendiendo la independencia contra los últimos reductos españoles, y la férrea dignidad de Venustiano Carranza, quien rechazó categóricamente la ayuda militar ofrecida por el presidente estadounidense Woodrow Wilson para derrocar a Victoriano Huerta, afirmando que los mexicanos no necesitaban intervención extranjera para resolver sus problemas internos.
Finalmente, la presidenta cerró su comparecencia respondiendo a comentarios irrespetuosos emitidos recientemente por Vicente Fox en la radio, donde el exmandatario insinuaba que Sheinbaum estaba enfurecida por la supuesta magnitud de la movilización opositora en Chihuahua. Con una mezcla de ironía y contundencia, la presidenta mostró evidencias fotográficas que desarmaron la narrativa de sus detractores. Mostró imágenes del evento de la oposición, el cual se llevó a cabo en un recinto cerrado con escasa visibilidad de asistencia a pesar de contar con la presencia de dos expresidentes. Acto seguido, contrastó esta imagen con las tomas masivas del reciente mitin oficialista en Ciudad Juárez, donde una multitud desbordante de entre treinta mil y cuarenta mil ciudadanos se congregó a pleno sol en la frontera norte, demostrando de manera palpable y contundente de qué lado reside el verdadero respaldo popular de la nación.