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La Trágica Vida De Charito Granados: El Hijo Que Cantinflas Nunca Reconoció 

La Trágica Vida De Charito Granados: El Hijo Que Cantinflas Nunca Reconoció 

Mientras el mundo entero adoraba al gran Mario Moreno Cantinflas, una mujer vivió en la sombra amándolo en secreto, cuidando de su hijo y pagando aquel doloroso precio sola. Hablamos de Rosario Granados, a quien el público llamaba Charito. Esta estrella en ascenso de la época de oro brilló junto a verdaderas leyendas, pero terminó borrada de la vida del hombre al que más amó en este mundo.

 No estamos ante un simple relato de fama y glamour, sino ante un viaje trágico hacia el dolor del desamor y una verdad sepultada por décadas. Rosario Granados, a quien apodaban Charito, nació bajo el nombre de Rosario Fiasqui Correa en Buenos Aires un 12 de marzo de 1925. Su destino en la actuación ya estaba marcado mucho antes de que lo entendiera su propio padre.

 César Fiaski fue un respetadísimo autor argentino que comenzó en el cine mudo y logró participar en casi 50 producciones a lo largo de su carrera. Actuó junto a grandes leyendas de la talla de Carlos Gardel en Viejo Smoking de 1931 bajo la dirección de Eduardo Morera y luego compartiría importantes créditos junto a Nini Marshall con Hugo del Carril y la célebre actriz mexicana Ester Fernández en largometrajes que definieron el cine de su país entre 1930 y 1940.

 Su madre, la mexicana Rosario Correa Granados, se desempeñaba como soprano y actriz de teatro. Aquella unión familiar colocó de inmediato a la joven Rosario justo en medio de dos ricos mundos artísticos, Argentina y México, mucho antes de que ella misma cruzara físicamente esas fronteras. Narito creció en tierras argentinas, donde los escenarios del teatro despertaron su gran pasión por la actuación.

 Y aunque su paso por los escenarios teatrales resultó corto, el cine se convirtió muy pronto en su destino definitivo. Siendo todavía una jovencita, empezó a actuar en largometrajes argentinos, destacando de inmediato por su innegable belleza, elegancia y magnetismo ante la cámara. Uno de sus primeros trabajos emblemáticos fue en La Casa de los Millones en 1942, compartiendo reparto con Luis Sandrini y Olinda Bosán.

 Justo cuando la industria cinematográfica argentina experimentaba un enorme auge, ella parecía encaminada hacia un éxito imparable en su carrera. Pero una sola propuesta cambiaría drásticamente el rumbo de toda su vida profesional. Aquella propuesta venía del mismísimo Mario Moreno Cantinflas, el comediante más grande de México. Decidida a viajar hacia el norte, la joven se integró a un cine mexicano que brillaba en su época dorada.

 Aquel cambio resultó sumamente prometedor en lo profesional. De inmediato figuraba al lado de grandes figuras e ingresaba a los círculos más exclusivos del espectáculo mexicano. Aunque detrás de cámaras la realidad era más complicada. Biografías posteriores sobre el cómico sugieren que ambos construyeron un vínculo íntimo y sumamente personal que jamás decidieron sacar a la luz pública.

Por entonces, el comediante estaba casado, por lo cual la discreción mutua era absoluta. Como fruto de aquel romance prohibido, nació un hijo. En 1943 ella trajo al mundo a Mario Figachi, un niño cuya vida fue un misterio total fuera de su entorno más íntimo. De acuerdo con las investigaciones de Miguel Ángel Morales, el bebé fue fruto de aquel breve amorío que sostuvieron la actriz y el cómico.

 El comediante jamás lo reconoció legalmente. Chaito registró al pequeño usando sus apellidos y decidió criarlo completamente sola, soportando en silencio el terrible golpe emocional y social de su situación. Todo esto lo detalla muy bien el periodista Miguel Ángel Morales en su obra, donde explica que la actriz vivió un amorío breve, pero muy intenso con Mario Moreno, quien ya estaba casado y cuidaba con recelo extremo su respetable imagen frente a los medios.

 Fruto de ese romance secreto, asegura el autor, nació un hijo en 1943 llamado Mario Figachi Granados. Un hijo que el famoso comediante jamás reconoció legalmente esta impactante verdad no vería la luz pública sino hasta bastantes años después de la partida física de Cantinflas. Pasados casi 3 años, Morales lanzó al mercado la segunda parte de su investigación biográfica, donde insiste que el famoso comediante tuvo por lo menos dos hijos fuera de su matrimonio, aparte de su relación con Rosario Granados.

 En la obra se habla de otra hija llamada Santa Saucedo, procreada con una bailarina de los teatros ambulantes donde el comediante dio sus primeros pasos. Semejantes revelaciones sacudieron de inmediato el impecable legado del mimo de México, cuya intimidad familiar había estado protegida bajo un muro de absoluto silencio por décadas.

Oficialmente, Cantinflas solo reconoció formalmente a un hijo suyo, Mario Moreno Ivanova, a quien adoptó junto a su esposa Valentina Ivanova. Ambos contrajeron matrimonio en 1934, manteniéndose muy unidos hasta que ella falleció debido a un terrible cáncer óseo en 1966. Para el resto de la dinastía Moreno, esa ha sido siempre su única descendencia legítima, por lo que han negado firmemente cada declaración de Morales.

Aún así, entre investigadores del cine clásico y gente cercana al mundo del espectáculo, el romance secreto de Charitó, Gran Cantinflas, jamás se ha desvanecido del imaginario compa. Aunque lo verdaderamente sorprendente de este relato es el hermético silencio que guardó Rosario Granado. Jamás confirmó públicamente ese romance.

 nunca exigió reconocimiento para su hijo y se negó a utilizar dicho escándalo para impulsar su carrera. Hacia finales de 1950, decidió retirarse discretamente de las pantallas para contraer nupsias con el prestigioso fotógrafo Raúl Martínez Oares, construyendo una pacífica existencia muy lejos de cualquier escándalo.

 De esa unión nacieron cuatro hijos y Chaito decidió concentrarse por completo en su hogar y sus propios negocios, dejando atrás todo el ruido del pasado. En 1970 regresó a los escenarios iniciando una época de constante actividad en televisión y con breves apariciones en cine. Toda una nueva generación la descubrió en 1987 gracias a su papel de Rosalía, la abuela de Talía en el gran éxito juvenil quinceañera.

 Solo 2 años después tuvo su última actuación en televisión con Simplemente María, concluyendo así su trayectoria artística con esa inmensa dignidad que siempre la distinguió. El misterio sobre Siicantinflas fue de verdad el padre del hijo de Rosario Granados se mantiene en el aire. Atrapado entre versiones oficiales, dudas y recuerdos.

 Lo real es que Chaito llevó una vida tranquila, sin rencores públicos ni espectáculos mediáticos, mientras el público todavía sigue especulando sobre ese romance secreto con la máxima leyenda de la comedia mexicana. Hoy recordamos a Rosario Granados como una artista sumamente talentosa que siempre prefirió la clase, la discreción y la entereza antes que el chisme, regalándonos uno de los relatos ocultos más emotivos de nuestra época de oro.

 Charito Granados no destacó únicamente por su gran atractivo, sino también por su tremenda disciplina y onda pasión al momento de actuar. La audiencia la adoraba por esa entrega absoluta en cada uno de sus personajes, mostrando un rigor admirable en una era sumamente competitiva para la industria nacional.

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