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La Vida De Mayte Gaos Hoy: Fama, Rivalidad, Pérdidas Y Un Retiro Inesperado

La Vida De Mayte Gaos Hoy: Fama, Rivalidad, Pérdidas Y Un Retiro Inesperado

Una única canción titulada El gran Tomás bastó para que el nombre de Maite Gaos fuera inolvidable. Seanó el corazón del público, lideró los escenarios y pronto su nombre estuvo en boca de todos, pero de pronto se esfumó sin conciertos de despedida ni un adiós oficial. Solo quedó el silencio hoy. Superando los 80 años, la gente se sigue haciendo esas preguntas incómodas.

¿Decidió ella misma retirarse o la hicieron a un lado en secreto? ¿Qué le ocurrió de verdad a Maité Gaos? En este viaje vamos a desvelar esos capítulos borrados en la historia de Maité Gaos, el motivo real de su alejamiento de los focos y por qué el final de su vida oculta una realidad bastante más dolorosa de lo que podíamos imaginar.

Para empezar, la trayectoria de Maité no se inició en México, para nada bastante antes de que la gente relacionara su voz con el folclore de México, su camino comenzó en plena Ciudad de Madrid. Su papá trabajaba como un ingeniero civil de gran prestigio con una economía sólida y proyectos constantes. Él conoció a una hermosa joven amor boda y muy rápido comenzaron una rutina familiar definida por los viajes constantes.

 Por puras cuestiones de empleo, mandaban a su padre a dirigir grandes obras de construcción, no solo a lo largo de España, sino también a rincones lejanos del planeta. Viajar sin parar se transformó en el estilo de vida de todos. Al contrario que otros colegas de su sector, él rechazaba la idea de estar lejos de su mujer y sus pequeños.

A donde lo llamará el deber, viajaban siempre todos juntos. Por esa razón, la joven Maité creció sin raíces fijas, acostumbrándose siempre a diferentes idiomas, costumbres y colegios. La pareja trajo al mundo a cinco hijos en total, siendo Maité la primogénita. Nació en Haití y tras ella llegaron sus hermanos llamados Mariano, Félix, María del Pilar y Palom.

 Gracias a los excelentes ingresos paternos. Todos ellos gozaban de una vida bastante acomodada. No obstante, la idea de echar raíces fijas nunca ocurrió. La joven hizo sus estudios básicos fuera de su patria, saltando de colegio continuamente, justo cuando lograba hacer amigos nuevos. Pero el rumbo cambió por completo en 1958.

Aquel año su padre recibió una nueva e importante oferta de trabajo en México, el viaje implicado a un trayecto inmenso comparado con los anteriores, pero el grupo no dudó en meter sus vidas en maletas para partir juntos de nuevo. Al instalarse el país azteca, los maravilló por completo.

 El trato tan amable, la deliciosa gastronomía, las tradiciones y ciertos aires de España crearon un ambiente muy cálido y acogedor. Aquel viaje planeado como algo pasajero terminó convirtiéndose en su residencia definitiva, enamorado de aquella hermosa tierra y de su gente. El padre tomó una decisión que cambiaría sus rumbos para siempre.

 Aquel país se sentía como un hogar real y esta vez no pensaba marcharse. Por fin se asentaron en el Distrito Federal hoy llamado Ciudad de México, justamente en el año 1958. Por entonces, Maité contaba con escasos 16 años. Viviendo en esa delgada línea que viví de la niñez del mundo adulto, aterrizó en el lugar sin conocidos, sin arraigo y sin sentir que pertenecía a ningún sitio.

 Todo resultaba extraño y gigante, al igual que cualquier joven lanzada de golpe a una realidad distinta. Ella deseaba experimentarlo todo a la vez. Quería recorrer Chapultepec, el Paseo de la Reforma y el gran Zócalo. Se sentía activa, muy curiosa y deseosa de conocer todo el país, pero había un gran anhelo que brillaba con fuerza, el arte de cantar.

Ella repetía constantemente que desde pequeña soñaba con ser una gran estrella. Todavía no definía un rumbo o género musical. Solo comprendía que cantar la hacía sentir completamente viva. Ese mismo gusto musical lo compartía su hermana pequeña María del Pilar, que años después brillaría bajo el nombre artístico de Pily Gao.

 Pily era menor por 6 años. Tenía apenas 10 al llegar a México, pero el arte musical se transformó en la unión de ambas, en la intimidad de su casa. Ambas se vinculaban fuertemente cantando y jugando juntas. Solían cantar, bailar y utilizar los cepillos frente al espejo como si fueran micrófonos reales. Organizando shows exclusivos en su cuarto fantase con la fama, viéndose al principio como cantantes de España y luego proyectando cómo sería alcanzar el éxito en los escenarios mexicanos.

Aunque eran muy unidas, los años que se llevaban hicieron imposible que hicieran un dueto o grabaran discos formalmente. Unos años, sin embargo, compartirían algunos espacios de presentación. El empleo del progenitor de Maité creció enormemente dentro del país. Obtuvo un gran cargo directivo en una constructora de alto nivel nacional, cobrando una excelente remuneración que le dio holgestar a toda su querida familia.

fijaron su residencia en un barrio sumamente elegante de la capital, logrando que los menores crecieran rodeados de comodidades y lujos. Los cinco pequeños fueron inscritos en colegios privados prestigiosos, un gasto fuerte para aquellos años que su padre cubrió gracias a su esfuerzo diario y constante en el ámbito escolar.

 Maite solía tener problemas. Aprender en el aula no era lo suyo y sufría para no quedarse atrás en las materias. Sin embargo, su realidad dio un vuelco cuando los profesores notaron su gran talento para el canto. Aquella música se convirtió en su gran salvavidas. Se empeñó en seguir en el coro porque sentía en lo más hondo que su lugar estaba en la música.

Las aulas tradicionales. De hecho, jamás lograron hacer que Maité se sintiera feliz. Sus únicos instantes de verdadera alegría llegaban precisamente cuando tenía la oportunidad de cantar. canto la rescataba de salones de clase que le resultaban aburridos y muy limitantes. Poco a poco juntó el coraje necesario para hablar con total franqueza con su papá, explicándole que el colegio no era el rumbo que quería seguir.

 No le parecía justo que él gastara una fortuna en estudios que a ella no le aportaban nada, así que le propuso un trato. haría una carrera técnica bien rápida para poder conseguir empleo de inmediato y costearse las clases de canto con su propio sueldo. Su papá quería que siguiera los pasos académicos de sus hermanos mayores, prometiendo pagarle tanto la escuela técnica como sus anhelados cursos musicales. Sin embargo, Maité no aceptó.

Prefería ganarse las cosas sola, pues si las cosas salían mal en la música, no quería cargarle la culpa a él. Esa firmeza lo conmovió y accedió a darle una valiosa oportunidad. Maité decidió matricularse en secretariado, una opción profesional sumamente respetable y con gran salida laboral a inicios de los 60.

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