Posted in

EL DESEMBARCO EN EL REINO DE LA CAL

PARTE 1: EL DESEMBARCO EN EL REINO DE LA CAL

El sol de las doce del mediodía en pleno agosto no perdonaba en aquel barrio de Valencia.

El aire vibraba sobre el asfalto, denso como una sopa de sobre.

Elena estaba terminando de pasar la bayeta por la encimera de la cocina por tercera vez en diez minutos.

No es que estuviera sucia, es que el nerviosismo se le acumulaba en las manos.

El timbre sonó con esa insistencia rítmica que solo una persona en el mundo se atrevía a ejecutar.

Tres toques cortos, uno largo, y una patada a la puerta por si el mecanismo eléctrico fallaba.

—¡Ya están aquí! —gritó Javi desde el salón, con un tono que oscilaba entre la alegría filial y el pánico existencial.

Elena suspiró, se colocó un mechón de pelo tras la oreja y se preparó para el impacto.

Abrieron la puerta y el pasillo se llenó instantáneamente de bolsas de rafia, olor a laca y el estruendo de un carrito de la compra con una rueda coja.

Conchi entró como un general que regresa a una provincia rebelde.

—¡Virgen del Camino, qué calor hace en este piso, Javi! —exclamó Conchi, ignorando el saludo inicial para centrarse en el microclima del hogar.

—Hola, mamá, yo también me alegro de verte —dijo Javi, recibiendo un beso sonoro en cada mejilla que sonó como un disparo de aire comprimido.

Elena se acercó con su mejor sonrisa de “supervivencia de fin de semana”.

—Hola, Conchi, ¿qué tal el viaje?

—El viaje, hija, el viaje ha sido una odisea —respondió la suegra, soltando el bolso sobre la mesa de cristal del comedor—. El tren venía que parecía una sauna sueca, y encima un señor al lado comiendo torreznos. ¡A estas horas!

Conchi se abanicaba con una energía que amenazaba con generar un pequeño tornado en el salón.

Sus ojos, rápidos como los de un halcón peregrino, empezaron a escanear la estancia en busca de anomalías.

Read More