El operador de la presa notó que la compuerta número tres perdía presión. Cada mañana a las 6, antes de que el turno de generación comenzara, el operador verificaba los indicadores hidráulicos de las cinco compuertas que regulan el flujo de agua de la presa hacia las turbinas de la central hidroeléctrica.
Las cinco compuertas tenían que mantener una presión constante de 75 bares en sus cilindros hidráulicos para garantizar el cierre hermético que impide que el agua del desembalse pase sin control hacia las turbinas. 75 bares en las cinco compuertas todos los días durante los 17 años que el operador llevaba trabajando en la presa.
Pero la compuerta número tres marcaba 68 bares. Siete bares menos de lo normal. No era una emergencia. Puertas seguía cerrando y abriendo correctamente, pero la pérdida de presión indicaba una fuga en el sistema hidráulico que si no se reparaba podía empeorar hasta comprometer el cierre de la compuerta. Y una compuerta de presa que no cierra es una pesadilla de ingeniería que puede inundar la sala de turbinas, destruir los generadores y dejar sin electricidad a las comunidades que dependen de la central.
nundación catastrófica aguas abajo y ocuparla militarmente es tomar como reena la ingeniería que mantiene a miles de personas con luz y a miles de hectáreas a salvo del agua. El CJNG ocupó las galerías interiores de una presa hidroeléctrica en Michoacán. 76 vivían dentro de la cortina de concreto de una presa que genera electricidad para tres municipios y que retiene un embalse de 400 millones de metros cúbicos de agua que sí se liberan de golpe arrasarían los pueblos río abajo como un tsunami de agua dulce con la
presa se son según los registros oficiales de la Comisión Federal de Electricidad una presa de arco gravedad construida en los años 70 como parte del sistema hidroeléctrico del río Balsas en Michoacán. Tiene una cortina de concreto de 80 m de altura y 240 m de longitud que cierra un cañón del río donde el aguas acumula en un embalse de casi 400 millones de met³os.
La central hidroeléctrica al pie de la presa tiene tres turbinas que generan 120 MW de electricidad, suficiente para abastecer a más de 300,000 personas. La presa tiene un sistema de galerías interioras que es suma más de 1 km de pasillos, cámaras y salas de maquinaria distribuidos en cinco niveles dentro de la cortina de concreto.
Las galerías se usan para inspección, mantenimiento y acceso a las compuertas y a los instrumentos de monitoreo que miden la presión del agua, la temperatura del concreto y los movimientos microscópicos de la cortina que los ingenieres vigilan constantemente para detectar signos de deterioro estructural. El personal de la presa accede a las galerías por una puerta en la base de la cortina, en el lado aguas abajo que da a una escalera que baja al nivel uno.
Desde ahí escaleras y pasillos conectan los cinco niveles. El acceso está restringido. Solo, solo el personal autorizado de la CFE tiene llaves de las puertas de las galerías. Las llaves son de cerradura de seguridad industrial y los registros de acceso se llevan en una bitácora que cada persona que entra firma con su nombre, la hora de entrada y la hora de salida.
El CJNG obtuvo las llaves. Como las obtuvo, es parte de la investigación que las autoridades todavía no han concluido. Pero los investigadores tienen dos hipótesis. La primera es que un empleado de la CFE proporcionó copias de las llaves a cambio de dinero. La segunda es que el CJNG fabricó copias a partir de un juego de llaves que alguien perdió hace aproximadamente 2 años y que nunca fue reportado, extraviado.
Con las llaves, el CEJO TNG accedió a las galerías interiores de la presa y durante al menos 14 meses, 76 personas vivieron dentro de la cortina de concreto sin que el personal de la CFE que trabajaba en la presa todos los días supiera que al otro lado de las paredes de las galerías había personas armadas durmiendo en colchonetas.
Quiero hablar de cómo el CJNG adaptó las galerías porque el uso de una infraestructura hidráulica activa como base militar tiene detalles que los ingenieros de la Marina describieron como lo más peligroso que hemos visto. Las galerías de la presa tienen cinco niveles. El CJNG ocupó los niveles 3, cu y cco. los más profundos, los más alejados de los accesos normales que el personal de la CFE usa para las inspecciones de rutina que se concentran en los niveles uno y dos, donde están los instrumentos de monitoreo principal. Los niveles 3,
cuatro y cinco se usan con poca frecuencia. El nivel tres tiene las cámaras de las cinco compuertas principales. Cuatro tiene una galería de drenaje que recoge las filtraciones naturales de la cortina y las canaliza hacia el sistema de achique. Y el nivel cinco, el más profundo, tiene la sala inyección de cemento de los ingenieros reparan las grietas internas de la cortina bombeando cemento a presión en las fisuras del concreto.
Es un nivel que solo se usa cuando hay reparaciones, lo cual ocurre cada 5 o 10 años. CJNG convirtió el nivel 5 en dormitorio. La sala de inyección de cemento, un espacio de aproximadamente 300 m² con techo de 4 m de concreto armado, fue equipada con colchonetas, generadores eléctricos portátiles que proporcionaban luz adicional a las luces de emergencia de la presa y con estufas de gas para cocinar.
76 personas durmiendo en el nivel más profundo de una presa hidroeléctrica a 60 m bajo la cresta de la cortina, el peso de 80 m de concretos sobre sus cabezas y la presión de 400 millones de m cúbicos de agua empujando contra la pared que tienen al lado. Quiero que dimensiones eso. 400 millones de metros cúbicos de agua, ejerciendo una presión de miles de toneladas metro cuadrado contra la cortina de concreto.
Y al otro lado de esa cortina, separados por unos metros de concreto armado, 66 personas durmiendo en colchonetas. Si la cortina falla, si una grieta se abre, si una compuerta cede, el agua entra a las galerías con una fuerza que convertiría los pasillos de metro y medio de ancho en cañones de agua a presión. donde nadie sobrevive.
Los ingenieros de presas tienen una pesadilla recurrente. Que las galerías interiores se inunden por una falla estructural. Es el escenario de catástrofe que los diseñadores de presas calculan y contra el cual diseñan los sistemas de seguridad. y 70 personas del CJNG vivieron dentro de esa pesadilla durante 14 meses por voluntad propia, porque la presa que puede matarlos es también la presa que los esconde.
El peligro y la protección son lo mismo. El nivel cuatro, la galería de drenaje fue convertido en almacén de armas y de drogas. La galería de drenaje es un pasillo largo y estrecho que corre a lo largo de recogiendo en la cortina el agua que se filtra por las microgrietas del concreto. El agua filtrada cae por canaletas y se acumula en un canal central que la lleva a las bombas de achique.
A lo largo de este pasillo, en los nichos, donde los ingenieros almacenan herramientas y equipo de reparación, el CJNG almacesenos 121 rifles de asalto, 60 y 8 pistolas, 40 y cu granadas y 210 kg de droga distribuidos en contenedores estancos para protegerlos. Humedad constante de la galería de drenaje. La humedad en las galerías de una presa es del 100%.
Las paredes transpiran agua, el techo gotea, el aire está saturado, todo lo que se mete ahí dentro se moja. Las armas se oxidarían en días sin protección. El CJNG usó el mismo método que en el pantano de Tabasco y en la Costa de Guerrero. Contenedores estancos con gel de silice, cada rifle en su bolsa sellada, cada paquete de droga en su contenedor hermético, el arsenal y la droga protegidos de un ambiente que es agua en estado casi líquido.
El nivel tres, el de las compuertas, fue convertido en centro de operaciones en una de las cinco cámaras de compuertas. La cámara de la compuerta 3 que el técnico descubrió. El CJNG construyó el muro de tabique que dividía el espacio y que ocultaba su centro de comunicaciones, radios, monitores, una computadora con los registros de la célula y una mesa donde los mandos coordinaban las operaciones.
Los cilindros hidráulicos de la compuerta funcionaban al otro lado del muro con normalidad. Puerta abría y cerraba todos los días regulando el flujo de agua hacia las turbinas. Mientras al otro lado del tabique, un mando del CJNG coordinaba rutas de transporte de droga por la tierra caliente de Michoacán, la pérdida de presión que el operador detectó fue causada por el CJNG al construir el muro de Tabique en la Cámara de la Comperta 3.
Los albañiles del cártel perforaron accidentalmente una línea hidráulica auxiliar que alimenta los sensores de presión de la compuerta. La perforación era pequeña, una fuga de unas gotas por minuto que durante 6 semanas fue reduciendo la presión del sistema hasta que los indicadores del panel de control marcaron los 68 bares que alertaron al operador. Una fuga de gotas por minuto.
Eso delató a 76 personas viviendo dentro de una presa hidroeléctrica. Una fuga tan pequeña que tardó semanas en hacerse visible en los indicadores, pero suficiente para que un operador con 17 años de experiencia notara que la compuerta 3 no se estaba en sus parámetros normales. Quiero hablar de la vida dentro de la presa porque las condiciones son las más extremas de todas las bases del CJNG que hemos cubierto.
La temperatura dentro de las galerías es constante, 14 gr todo el año. El concreto de la cortina mantiene una temperatura que es la media entre la temperatura del agua, del embalse y la del aire exterior. 14 gr con humedad del 100%. Es un frío húmedo que se mete en los huesos y que no se quita con cobijas porque las cobijas se empapan con la condensación que gotea del techo y que cubre las paredes.
Los 76 vivían mojados. permanentemente mojados, la ropa mojada, chonetas mojadas, los zapatos mojados, todo lo que tocaba una superficie de concreto se empapaba en minutos con la densación que el aire saturado deposita en cualquier objeto que esté a una temperatura diferente de la del ambiente. Los detenidos describieron la vida en la presa como vivir dentro de una nube fría que no se puede salir.
La oscuridad eras casi total. Las luces de emergencia de la presa proporcionaban una iluminación mínima, puntos de luz roja cada 20 m que apenas permitían ver el pasillo. Los generadores portátiles que el CJNG instaló añadían luz blanca en las zonas habitadas, pero cuando los generadores se apagaban, los niveles tres y cinco de la presa se sumían en una oscuridad que los detenidos describieron como la oscuridad más negra que he visto.
No ves nada, ni tu mano y escuchas el agua. El agua por todos lados, corriendo por las canaletas, presionando contra las paredes. El agua es todo lo que escuchas cuando se apagan las luces. El ruido del agua es constante en las galerías de una presa. El agua del embalse presiona contra la cara aguas arriba de la cortina con una fuerza que genera un zumbido grave y continuo que se transmite a través del concreto.
Las filtraciones gotean con un ritmo irregular que a veces suena como lluvia y a veces como pasos. Y las bombas de achique del nivel 4 zumban las 24 horas extrayendo el agua filtrada que si no se bombea inundaría las galerías inferiores en cuestión de días. Los 76 vivían con el sonido del agua como compañía permanente.
Agua goteando sobre sus colchonetas, agua corriendo por las canaletas junto a sus pies. Agua presionando contra la pared que lo separaba de un embalse que puede ahogar pueblos enteros si se libera. Vivían dentro del agua sin estar sumergidos, rodeados de agua sin poder beberla, en el interior de una estructura diseñada para controlar el agua más violenta de la naturaleza.
Quiero hablar de cómo se descubrió la base y del operativo. La cadena de descubrimiento empezó con el OP Bras que detectó la pérdida presión. Siguió con el técnico que bajó a inspeccionar y encontró el muro de Tabique y terminó con los murciélagos entrando a las galerías de la presa a las 3 de la mañana por cuatro accesos simultáneos.
El operativo dentro de una presa hidroeléctrica activa presenta riesgos que ningún otro tipo de operativo tiene. El primero y más grave, no se puede disparar dentro de las galerías de una presa. Un disparo que impacte un cilindro hidráulico puede provocar una falla en la compuerta que libere el agua del sembalse. Un disparo que perfora de presión puede generar un chorro de aceite hidráulico a 75 bares quea el acero como un láser.
Y un disparo que penetre la pared de la cortina en un punto debilitado puede abrir una grieta por donde el agua del embalse entre a las galerías con la fuerza de un río subterráneo. Los murciélagos recibieron instrucción categórica: cero. Disparos. No se dispara dentro de una presa bajo ninguna circunstancia.
Si los ocupantes abren fuego, los murciélagos se retiran y buscan una solución alternativa, pero no se dispara porque el riesgo de dañar la presa y provocar una inundación catastrófica que mataría a personas aguas abajo es infinitamente mayor que el riesgo de dejar escapar a unos narcotraficantes. Los murciélagos entraron por cuatro accesos.
La puerta principal en la base de la cortina, una escotilla de mantenimiento en la cresta de la cortina, un acceso de emergencia en el estribo derecho y una galería de ventilación que conecta con la superficie en el lado izquierdo del cañón. Cuatro equipos de 15 operadores cada unos avanzaron por las galerías hacia los niveles 3, cu y cinco, donde la inteligencia militar basada en los planos de la CFE y en el testimonio del técnico que vio el muro de Tabique indicaba que estaban los ocupantes.
Los murciélagos avanzaron por los pasillos de metro y medio con armas no letales, granadas aturdidoras, gas lacrimógeno y dispositivos de descarga eléctrica. En las galerías de una presa, el arsenal del operador especial se reduce a lo que puede neutralizar a un adversario sin perforar una pared de concreto que tiene 400 millones de metros cúbicos de agua al otro lado.
Los 76 fueron sorprenis en el nivel 5 a las 3:15 de la mañana. La mayoría dormía en las colchonetas de la sala de inyección de cemento. Los murciélagos lanzaron granadas aturdidoras por la puerta de la sala. El destello y el estruendo rebotaron en las paredes de concreto con una intensidad que varios operadores describieron como el sonido más fuerte que he escuchado en mi vida, amplificado 100 veces por las paredes de la presa.
Los 76 quedaron temporalmente ciegos y sordos y los murciélagos entraron a la sala y lo sometieron uno por uno sin un solo disparo. En el nivel cuatro, el almacén de armas fue asegurado sin resistencia. Y en el nivel tres, los mandos que estaban en el centro de operaciones detrás del muro de Tevique, intentaron escapar por la galería hacia la cresta de la cortina, pero encontraron al equipo que había entrado por la escotilla de mantenimiento y que ya descendía hacia ellos.
76 detenidos, cero disparos, 121 rifles, 210 kg de droga y usa presa hidroeléctrica recuperada sin daño estructural que puso en riesgo el suministro eléctrico ni la seguridad de los pueblos aguas abajo. Quiero hablar de los pueblos aguas abajo. Porque la presencia de 76 personas armadas dentro de una presa que retiene K400 millones de metros cúbicos de agua tiene implicaciones que van más allá del narcotráfico y que entran en el territorio de la seguridad nacional.
Los pueblos río abajo de la presa alberjan a más de 20,000 personas. Comunidades agrícolas que viven en la saplanicia luvial del río, donde la tierra es fértil. y el agua de riego abundante, precisamente porque la presa regula el flujo. Sin la presa es el río se desborda cada temporada de lluvias e inunda las comunidades.
Con la presa, el agua se retiene en el embalse durante las lluvias y se libera de manera controlada durante el estiaje para mantener el riego. Las 20,000 personas que viven aguas abajo dependen de la presa para no soser inundadas y para tener agua de riego. Su vida y su economía dependen de que las compuertas funcionen correctamente.
Si el CJEG hubiera dañado las compuertas intencional o accidentalmente, las consecuencias habrían sido catastróficas. Una compuerta que se abre sin control libera un caudal de miles de metros cúbicos por segundo que baja por el cañón del río como una pared de agua que arrastra todo lo que encuentra: puentes, casas, ganado, personas.
Las presas de la cuenca del Valsen planes de emergencia para este escenario, pero los planes de emergencia asumen que la falla es mecánica o estructural. Ningún plan contempla que la falla sea causada por un cártel del narcotráfico que vive dentro de la cortina y cuyos albañiles perforan líneas hidráulicas mientras construyen muros de tabique en las cámaras de las compuertas.
La perforación accidental de la línea hidráulica de la compuerta 3 fue un accidente menor, una fuga de gotas por minuto que solo redujo la presión siete bares. Si la pervación hubiera sido mayor, si el taladro que los albañiles usaron hubiera penetrado la línea principal en lugar de la auxiliar, la pérdida de presión habría sido catastrófica.
El cilindro hidráulico habría perdido la fuerza de cierre. La compuerta se habría abierto parcialmente y el agua del embalse habría comenzado a fluir sin control hacia las turbinas y hacia el río. Los ingenieros de la CFE estimaron que una falla total en la compuerta 3 habría generado un caudal de emergencia que habría inundado la planicie fa bajo en menos de 6 horas.
20,000 personas en riesgo de inundación porque un albañils del CJNG perforó una línea hidráulica mientras obstruía un muro de tabique dentro de una presa donde no debería haber nadie. Es el tipo de riesgo que ningún análisis de seguridad de infraestructura crítica contempla. Y es el tipo de riesgo que México tiene que empezar a contemplar.

Porque si el CJNG puede vivir dentro de una presa hidroeléctrica, puede vivir dentro de cualquier infraestructura crítica del país. Plantas de tratamiento de agua, estaciones de bombeo, subestaciones eléctricas y cualquier otra instalación cuya falla afecta a miles de personas. Quiero hablar de la complicidad del personal de la CFE, porque la investigación está revelando que la ocupación de la presa no habría sido posibles sin la colaboración de al menos tres empleados.
El primero es el empleado que proporcionó las llaves de las galerías. Los investigadores identificaron a un técnico de mantenimiento de 50 y 2 años que reportó la pérdida de un juego de llaves hace 2 años y que ahora es sospechoso de haber entregado las llaves al CJNG a cambio de00es. El técnico niega la venta. Dice que las llaves se le cayeron de la bolsa del overall mientras trabajaba en las galerías.
Los investigadores no le creen porque las llaves de seguridad industrial tienen un llavero de retención que se engancha ais precisamente para evitar que se caigan. El sexundo es un vigilante del acceso a la presa que durante 14 meses firmó la bitácora de acceso sin reportar que personas no autorizadas entraban a las galerías de noche.
El vigilante trabajaba el turno nocturno de 10 de la noche a 6 de la mañana. Los operadores del CJNG entraban a la presa entre las 11 y la 1 de la mañana, cuando el vigilante era la única persona en el acceso. El vigilante declaró que no los veía pasar, pero las cámaras de seguridad de la presa, que el vigilante también monitoreaba, captaron imágenes de personas entrando al acceso de las galerías en al menos 37 ocasiones durante los 14 meses.
30 y si registros de video que el vigilante vio y no reportó. El tercer cómplices es más difícil de identificar. Alguien de la estructura de la CFE proporcionó al CJNG los planos de las galerías interiores de la presa, un documento clasificado que muestra la distribución de los niveles, las cámaras de las compuertas, las líneas hidráulicas y los sistemas eléctricos.
Sin esos planos, el CJNG no habría sabido dónde estaban las cámaras más grandes, dónde estaban los accesos entre niveles, dónde podían conectarse al sistema eléctrico de la presa sin ser detectados. Alguien con acceso a los planos los entregó. Los investigadores están revisando la lista de personas que tuvieron acceso casas a los documentos en los últimos 5 años.
La complicidad de empleados de instituciones públicas es el patrón que se repite en cada caso de infraestructura ocupada por el CJNG, el agente municipal que entregó la llave del convento de Oaxaca, el director de operaciones que el CJNG colocó en la mina de Sonor PE, el maciado de la CFE que entregó las llaves de la presa.
Cada vez que el CJNG ocupa una instalación del estado, hay alguien adentro que abrió la puerta. Porque las puertas de las instituciones públicas no se abren solas. Alguien tiene la llave y alguien decide usarlas. Quiero hablar de los 76 detenidos. De los 76, 44 eran combatientes, 14 eran operadores de logística que gestionaban el transporte de suministros y de cargamentos desde la superficie hasta las galerías.
Ocho eran personal de apoyo, cinco eran comunicaciones y cinco eran mandos. Quiero contar la historia de uno de los combatientes porque refleja la realidad de la tierra caliente de Michoacán. Se llamaba, según los registros, Isaías, de un pueblo de la tierra caliente donde su familia tiene una huerta de limón de 3 haáreas que produce entre 10 y salí 15 toneladas de limón por temporada.
El limón de la tierra caliente de Michoacán abastece al 40% del mercado nacional. Es un cultivo que genera miles de millones de pesos al año y que sostiene a cientos de miles de familias en una región donde la alternativa al limón es la droga. Isaías trabajaba la huerta de limón de su padre, cosechaba, empacaba y vendía en la empacadora del pueblo a 8 pesos el kilo.
3 haáreas producen entre oché un 620,000 pesos por temporada. Dividido entre la familia, entre los costos de producción, entre el pago de los jornaleros que ayudan en la cosecha, quedaban entre 30 y 40,000 pesos anuales de ganancia neta, 30,000 pes al año, 2,500 al mes para vivir. El CJNG cobra piso a los productores de limón de la Tierra Caliente.
La cuota es de 1,000 pes por hectárea por temporada. 3 haáreas, 3000 pes. Eso sale los 30,000 de ganancias. Y si no pagas, la huerta se incendia una noche. O los jornaleros no se presentan a trabajar porque alguien les dijo que no fueran. La camioneta que lleva el limón a la empacadora es detenida en un retén donde le quitan la carga y le dicen al chóer que la próxima vez que no pague, no es el chance lo que se pierde.
Isaías pagaba, su padre pagaba, todos los limoneros de la zona pagaban, pero un año la temporada fue mala. Heladas atípicas quemaron los brotes y la producción cayó a la mitad. La ganancia no alcanzó para pagar la cuota y el CJ Genegue vino a cobrar. Le dieron dos opciones, pagar en efectivo o pagar en especie.
Pagar en especie significaba trabajar para el cártel hasta cubrir la deuda. Isaías se fue a trabajar a la presa 14 meses viviendo en las galerías de la cortina, durmiendo en una colchoneta mojada, saliendo de noche a ejecutar operaciones en la tierra caliente y regresando al interior de la presa antes del amanecer.
La deuda de 3,000 pes que lo metió en el CJNG se pagó en el primer mes con el sueldo de 20,000 que le asignaron. Los 13 meses restantes fueron ganancia para el cártel y cárcel preventiva para Isaías, que se quedó porque dejarse el CJNG. Una vez que estás adentro requiere un tipo de permiso que nadie da. Isaías fue detenido en el nivel 5 a las 3:15 de la mañana. Dormía ecolchoneta número 41.
tiene 25 años, de la tierra caliente, de un pueblo limonero donde su padre sigue pagando la cuota del CJNG con el dinero de limón que su hijo ya no está para cosechar. Porque este caso se inscribe en la realidad de una región que el narcotráfico ha trolado durante décadas. La tierra caliente de Michoacán es una depresión geográfica entre la sierra y la costa, donde el calor tropical y la fertilidad del suelo producen limón, mango, aguacate y papaya en cantidades que convierten a Michoacán en uno de los principales productores agrícolas de
México. La riqueza agrícola de la Tierra Caliente atrae al narcotráfico, como la miel atrae a las moscas. Donde hay dinero, hay quien quiera quitarlo. El CJNG controla la tierra caliente de Michoacán con una red de extorsión que cubre desde los productores más grandes hasta los más pequeños. Nadie escapa. Los grandes productores que exportan aguacate a Estados Unidos pagan cuotas de cientos de miles de pesos.
Los pequeños limoneros como el padre de Isaías pagan 3,000 pesos por temporada y los jornaleros que trabajan las huertas pagan cuota de paso por usar los caminos que el CJNG controla, 100 pesos cada vez que pasan por un retén del cártel. La presa hidroeléctrica está al borde de la tierra caliente, en el cañón del río que marca la transición entre la sierra sierra y la planicie.
Es una posición estratégica que domina el acceso a la región por el norte. Los combatientes del CJNG controlaban el camino que baja de la Sierra a la Tierra Caliente y que es una de las principales rutas de transporte de droga y de limón entre la costa y el altiplano. Los combatientes salían de la presa de noche por la puerta de la base de la cortina, subían a camionetas que los esperaban en el camino de acceso a la presa y ejecutaban operacionesis en la tierra caliente de Michoacán.
Patrullas de control territorial, cobro de FISO a los productores de limón y de aguacate, escolta de cargamentos y enfrentamientos con los grupos rivales que disputan el control de la región. La préstasis está en la tierra caliente de Michoacán, la zona más violenta del estado y una de las más violentas de México.
Es la zona donde la producción de limón y de aguacate genera miles de millones de pesos al año y donde el CJNG y los cárteles rivales pelean por el control de esa riqueza agrícola con una ferocidad que ha dejado cientos de muertos en los últimos años. Los combatientes regresaban a la presa antes del amanecer. Bajaban por la escalera de servicio, cruzaban los pasillos de las galerías y se perdían en las entrañas de la cortina de concreto, donde nadie los buscaba porque nadie imaginaba que dentro de una presa hidroeléctrica pudiera haber personas que no fueran ingenieros.
A ti que llegaste hasta aquí, un hombre de 31 años con overall azul y casco blanco que baja por una escalera de servicio a las galerías interiores de una presa hidroeléctrica para reparar una fuga en un cilindro hidráulico. Un hombre que hace su trabajo, que abre una puerta que ha abierto cientos de veces y que encuentra detrás de la puerta algo que no debería estar ahí.
Un muro, colchonetas, luces. La evidencia de que alguien vive dentro de la presa donde él trabaja todos los días. El técnico cerró la puerta, subió la escalera y habló, que eso es lo que hacen los técnicos cuando encuentran algo que no debería estar en su área de trabajo. Lo reportan con la misma naturalidad con la que reportan una válvula con fuga o un cable pelado.
En la cámara de la compuerta 3 hay algo que no debería estar ahí. Punto. El resto lo hizo el ejército. Dale like, suscríbete, activa la campanita. La presa sigue operando, las turbinas siguen generando 120 MW, las compuertas siguen regulando el flujo y el operador de 17 años de experiencia sigue verificando los indicadores hidráulicos cada mañana a las 6.
75 bares en las cinco compuertas todos los días. Como debe ser, la compuerta 3 fue reparada. La línea hidráulica que los albañiles del CJNG perforaron accidentalmente fue sellada. El muro de Tabique fue demolido. La cámara de la compuerta fue devuelta a su estado original. Cilindros hidráulicos, válvulas de control y nada más.
Nada de colchonetas, nada de radios, nada de monitores, solo el acero y el concreto y el agua presionando al otro lado con la fuerza paciente de 400 millones de meticos que llevan 50 años empujando contra la misma cortina y que van a seguir empujando 50 años más. Nos vemos mañana. Cuídate y la próxima vez que enciendas la luz de tu casa, recuerda que la electricidad que alimenta tu foco puede venir de una presa presa hidroeléctrica donde el agua pasa por turbinas que generan la energía que llega a tu enchufe y que dentro de esa
presa, en las galerías que nadie ve, en los pasillos húmedos, donde el agua gotea del techo y las luces de emergencia parpadean en rojo, puede haber algo que no debería estar ahí, que en México hasta Las presas tienen secretos y los secretos de una presa, si se descontrolan, pueden soltar 400 millones de metros cúbicos de agua sobre los pueblos que duermen río abajo, confiando en que alguien cuida la cortina, alguien la cuida.
Un operador que lleva 17 años verificando indicadores a las 6 de la mañana, técnico que baja con su lámpara a reparar fugas. Personas que hacen su trabajo todos los días para que la presa funcione y para que el agua se quede donde tiene que quedarse. Y cuando algo cambia, cuando la presión baja siete bares, cuando una puerta tiene un muro que no debería tener, esas personas lo notan, lo reportan y el agua se queda donde tiene que quedarse.
Quiero cerrar con una reflexión sobre la infraestructura crítica de México, porque este caso no es solo un caso de narcotráfico, es un caso de seguridad nacional. México tiene más de 4000 presas registradas, más de 80 centrales hidroeléctricas, cientos de plantas de tratamiento de agua, miles de estaciones de bombeo, subestaciones eléctricas, gasoductos, oleoductos, acueductos.
Cada una de estas instalaciones tiene espacios interiores que son accesibles con las llaves correctas. Galerías, salas de maquinaria, cuartos de control, túneles de servicio, espacios que el personal autorizado visita con frecuencia variable. Algunos todos los días, otros una vez al mes, otros una vez al año.
Y en los espacios que se visitan una vez al año puede haber alguien viviendo durante los 11 meses entre visita y visita. La ocupación de infraestructura crítica por el crimen organizado es un riesgo que México no ha evaluado con la con seriedad que merece. Las presas, las plantas, las subestaciones tienen sistemas de seguridad diseñados para evitar fallas mecánicas y sabotajes industriales, pero no tienen sistemas diseñados para detectar la presencia de personas que viven adentro.
No hay sensores de presencia en las galerías de las presas. No hay cámaras en los cuartos de maquinaria de las plantas. No hay registros biométricos en los accesos a las subestaciones. Las llaves de seguridad industrial que protegen estas instalaciones son la misma tecnología de los años 70 cuando se construyeron. Cerraduras mecánicas que un cerrajero puede copiar y que un empleado corrupto puede vender por más 40,000 pesos.
La solución requiere una inversión en seguridad de infraestructura crítica que México no ha hecho. sensores de movimiento en las galerías de las presas, cámaras de vigilancia en las salas de maquinaria, registros biométricos en los accesos, auditorías de seguridad regulares que incluyan la inspección física de todos los espacios interiores, no solo de los que el personal visita rutinariamente, y protocolos de edificación de personal que impidan que un empleado entregue las llaves de una empresa a un cártel por
40,000 pesos sin que nadie se enteres. El costo de esa inversión es una fracción del costo de una catástrofe. Que si CJG hubiera dañado con puerta 3 de manera severa y el embalse se hubiera liberado sobre los pueblos aguas abajo, costo humano y material habría sido incalculable. Miles de muertos, decenas de miles de desplazados, cientos de millones en daños.
Y la pregunta que nadie quiere responder, ¿cómo es posible que 76 personas vivieran dentro de una presa durante 14 meses sin que usen nadie lo supiera? La respuesta es la de siempre, porque nadie estaba mirando. 75 bares todas las mañanas. Ese es el número que separa la normalidad de la catástrofe y un operador con 17 años de experiencia que lo verifica cada día a las 6 de la mañana es la última línea de defensa entre 400 millones de metros cúbicos de agua y los pueblos que duermen río abajo.
En México, la última línea de defensa nunca es un satélite ni un dron. Es una persona que conoce su trabajo y que nota cuando algo cambia. pescador con su vara, un jardinero con su podora, un electricista con su lámpara y un operador presa con sus indicadores hidráulicos a las 6 de la mañana, 75 bares. El operador de la presa se llama, según los registros, Don Nevaristo, 61 años, 17 años verificando los mismos indicadores a la misma hora todos los días.
Su trabajo es monótono, repetitivo, invisible para el mundo. Nadie le agradece que la presa funcione. Nadie nota que el agua fluye porque alguien verifica que las compuertas estén en sus parámetros cada mañana a las 6. Don Evaristo es invisible de la misma manera que la presa es invisible. Solo te acuerdas de que existe cuando falla.
Donebaristo notó los siete bares de diferencia en la compuerta tres. Siete bares en un indicador analógico de aguja que tiene marcas cada cinco bares. La aguja estaba entre la marca de C65 y la de 70, casi imperceptible. Otro operador habría mirado el indicador, habría visto que la aguja estaba más o menos bien y habría seguido con su turno. Don Evaristo, no.
Don Evar Baristo sabe que 75 es 75 y que 68 no es 75. Esos siete bares de diferencia significan algo que hay que investigar. 17 años de mirar los mismos indicadores le enseñaron a don Evaristo que los números de una presa no son aproximaciones, son exactos. Y cuando un número cambia, algo cambió. Y cuando algo cambia dentro de una presa que retiene 400 millones de metros cúbicos de agua, hay que averiguar qué Donaristo no descubrió el CJG ni qué.
Don Evaristo descubrió una anomalía de siete bares en un indicador hidráulico. Lo demás fue consecuencia de esos siete bares. El técnico que bajó, el muro que encontró, los murciélagos que entraron, los 76 que salieron esposados. Todo empezó con siete bares de presión que un hombres de 61 años leyó en un indicador analógico a las 6 de la mañana de un miércoles.
Dale like por Don E Baristo y sus 17 años de indicadores. Suscríbete por el técnico de 30a y un años que abrió la puerta de la compuerta 3 y encontró lo que no debería estar ahí. Activa la campanita por los murciélagos que entraron a una presa sin armas de fuego, sabiendo que los de adentro sí tenían. Y nos vemos mañana, que mañana hay otro caso, otra infraestructura, otro espacio que alguien construyó para servir al público y que el narcotráfico convirtió en cuartel.
Y otra persona que hizo su trabajo, que miró sus indicadores, que notó que algo cambió y que tuvo la responsabilidad de decirlo, que en México la última línea de defensa siempre es una persona que conoce su trabajo y que no deja pasar siete bares de diferencia. Yeah.