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Entre traumas, revelaciones y salud mental: La vulnerable confesión de Galilea Montijo y Kim Chantal en Netas Divinas

En el mundo del espectáculo, donde las luces, el maquillaje y la puesta en escena suelen ocultar la realidad detrás de las personalidades, de vez en cuando surgen momentos de autenticidad cruda que resuenan profundamente con el público. Recientemente, el foro de Netas Divinas se convirtió en el escenario de una revelación íntima que dejó a más de un espectador reflexivo. Galilea Montijo y su invitada, Kim Chantal, compartieron experiencias personales sobre relaciones tóxicas, traumas pasados y la importancia de la salud mental, en un diálogo que superó las barreras de la televisión convencional para tocar fibras humanas.

La conversación, que fluyó con naturalidad entre las integrantes del panel, comenzó explorando el concepto del “trauma por goteo”, ese tipo de daño que, al igual que una gota de agua constante sobre una piedra, termina por fragmentar la seguridad y el autoconcepto de una persona. Fue aquí donde Galilea Montijo, con la sinceridad que la caracteriza, decidió abrir un capítulo doloroso de su pasado. La conductora, que suele mostrarse fuerte y alegre ante las cámaras, sorprendió a sus compañeras al revelar cómo una relación pasada la llevó a realizar cambios físicos significativos en su cuerpo, no por deseo propio, sino para cumplir con expectativas externas.

“Me sometía a situaciones donde yo pensaba que era amor”, confesó Montijo, haciendo referencia a los momentos en que, por complacer a una pareja que no solo era demandante sino crítica, llegó a modificar su apariencia física, incluyendo cirugías de busto para asemejarse a una exnovia de él. Este testimonio ilustra una realidad que muchas personas enfrentan: la distorsión del amor en la que se llega a confundir el sacrificio personal con la entrega romántica. Galilea reconoció, a casi 54 años de edad, que hoy ve aquellas experiencias bajo una luz muy distinta, entendiendo que lo que ella identificó como felicidad en su momento, era en realidad una dinámica de sometimiento.

La charla tomó un giro aún más profundo con la llegada de Kim Chantal. La influencer, que ha conquistado las redes sociales, trajo consigo una vivencia que puso en evidencia los peligros físicos de la negligencia emocional. Chantal relató cómo, inmersa en una relación tóxica que detonó altos niveles de ansiedad y estrés, su cuerpo colapsó. La consecuencia fue una parálisis facial, documentada, de manera irónica, mientras se encontraba en una entrevista de radio.

Este episodio, aunque alarmante, se convirtió en un punto de quiebre necesario para ella. Chantal detalló cómo el ataque de pánico y la posterior parálisis la obligaron a buscar ayuda psiquiátrica por primera vez. “Antes pensaba que ir al psiquiatra era solo para los locos”, comentó, subrayando la importancia de desestigmatizar la atención a la salud mental. Su historia no solo fue una lección sobre los efectos psicosomáticos del estrés severo, sino también una invitación a reconocer que la fragilidad es parte del ser humano y que buscar apoyo es un acto de valentía, no de debilidad.

El intercambio entre las panelistas y la invitada no se limitó a las relaciones amorosas; también profundizó en el sistema educativo y cómo, desde la infancia, las etiquetas y el mal manejo de la neurodivergencia pueden generar heridas duraderas. Las participantes compartieron anécdotas sobre maestros que, en lugar de guiar, funcionaron como agentes de trauma, ignorando las necesidades particulares de aprendizaje de los alumnos. Estas vivencias, contadas con una mezcla de humor amargo y seriedad, destacaron que el “trauma por goteo” no es exclusivo de la vida adulta, sino que puede comenzar desde las aulas, afectando el desarrollo y la autoestima de los individuos.

Uno de los puntos más relevantes de la conversación fue la discusión sobre la neurodivergencia. Kim Chantal, al hablar sobre su diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y ansiedad, explicó cómo este descubrimiento le permitió entender por qué muchas de sus metas y proyectos en la juventud se vieron truncados. Lejos de ser un estigma, tener un nombre para su forma de aprender y procesar el mundo se convirtió en una herramienta de liberación. Este enfoque positivo sobre el autoconocimiento resonó en el foro, promoviendo la idea de que la neurodivergencia es una forma diferente de funcionamiento, no un defecto.

La interacción en el programa fue un recordatorio poderoso de que nadie está exento de cargar con cicatrices invisibles. El formato de Netas Divinas permitió que el espectador no solo consumiera contenido de entretenimiento, sino que se viera reflejado en las confesiones de las celebridades. Al normalizar temas como el abuso emocional, el estrés crónico y los diagnósticos de salud mental, el panel creó un espacio seguro donde el dolor se transforma en experiencia compartida.

Al cerrar la jornada, la reflexión final para la audiencia fue clara: la importancia de la autovaloración. Galilea Montijo, tras décadas de carrera y múltiples vivencias, dejó en claro que la madurez trae consigo la capacidad de voltear hacia atrás, perdonar las versiones pasadas de uno mismo y establecer límites firmes en el presente. La historia de Kim Chantal, por su parte, es un recordatorio vital de que el cuerpo siempre encuentra la manera de manifestar lo que el alma calla; escuchar esas señales es la primera medida de autocuidado.

En última instancia, este tipo de contenidos cumplen una función social invaluable. Al exponer la vulnerabilidad de figuras públicas, se rompe el mito de la perfección. Se nos recuerda que, independientemente del éxito alcanzado o la exposición mediática, todos navegamos por las mismas aguas: la búsqueda de aceptación, la lucha por entender nuestra propia mente y el constante aprendizaje de cómo amarnos a nosotros mismos por encima de cualquier expectativa ajena. La televisión, al abrirse a estas conversaciones, se transforma en un espejo necesario donde la audiencia puede encontrarse, cuestionarse y, finalmente, sanar.

De que se burlaba de mí, de que haz de cuenta una vez me cambié mis prótesis, imagínate dónde me tenía sometida, entonces un poquito más grande como la exnovia. Terminé quitándomelas, obviamente. ¿Y te gusta cómo quedé tanta para eso? Puede. Yo pensé que era amor. ¿Sabes? Me toca a mí el trauma por go trauma por goóo en la escuela. Okay.

Porque como me costaba trabajo aprender como los demás, sobre todo matemáticas y cosas así. Eh, ninguna maestra me hizo sentir, o sea, me hacían sentir como que el problema era yo, ¿no? Como me estaban enseñando. Porque ahorita ya sabemos que pues cada quien aprende distinto. Entonces, neurodivergencia, pero no porque la neurodivergencia es como autismo.

 Yo no tenía neurodivergencia, yo nada más no aprendía matemáticas como los demás podían verlo en el papel. Pero neurodivergencia no nada más es autismo, es quiere decir que tienes una forma de aprender diferente. Ah, pues soy super. No tendrás TDH, ¿no? ¿Verdad? No, porque sí me podía concentrar, no lo entendía. Pero, ¿qué te hacían sentir? Pero entonces me hacían sentir, o sea, había maestros que como que en vez de hacerme caso cuando levantaba la mano, me ignoraban porque decía, pues ya, ¿para qué va a levantar la mano si va a

estar mal? Su respuesta. Qué feo que eras la apetito de la escuela. No, güey, yo no hablaba. No decía nada porque no quería llamar la atención porque sí, sí, sí. Y los alumnos igual, o sea, la gente de mi escuela, la gente la mano gatito así, o sea, eran como muy Una vez me acuerdo que me hice la dormida porque una vez un niño se quedó dormido y todo el mundo fue como sh, nadie lo molesta, se quedó dormido y yo, cool, voy a hacer eso.

Entonces dos semanas después me hice la dormida y todo, no claro que no está dormida, está fingiendo porque yo así como, pero ¿por qué a mí no me gustó los me dan amor? ¿Por qué? No sé, güey. Bueno, es que entonces sufriste mucho la escuela. Sí, mucho. O sea, en Y también más grande seguiste pasándola mal. Eh, no, en secundaria y prepa ya no tanto porque encontré más mi grupo y en prepa me salieron chichís.

Uh, a mí nunca me paso deja de sufrir cuando le gustan cuando le empieza a gustar a la gente. Y a universidad pues ya trabaj estudié lo que quise. Pero y nunca te cambiaron de esa escuela. ¿Cuándo? No, porque mi mamá decía, “Es que no te querías cambiar.” Y yo, “Mamá, tenía seis.

 ¿Por qué me estás dejando a mí la opción, güey? Cámbiame tú. Porque yo, porque cómo me voy a querer cambiar yo si yo no sé qué hay allá afuera que hay opción. No sabía qué iba a pasar, si iba a volver a ser amigos o no, o sea, no tenía ni idea. Y eso es otro, o sea, no todas las escuelas son para todos los niños. Porque, o sea, es oye, me hiciste recordar algo rapidísimo.

 En en la clase de filosofía ya estamos en sexto de prepa y había un maestro super bully y había un niño de la escuela, solo voy a decir su nombre, Beto, le costaba más aprender. Y este maestro Bully ponía en el examen, “¿Qué contestaría Beto a esta pregunta?” Y si la ponías bien, te la ponía mal. Te lo juro.

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