Derrocar a Castro era la máxima prioridad del gobierno de Estados Unidos. Todo lo demás era secundario y no se escatimaría tiempo, dinero, esfuerzo ni personal. Y mientras tanto, ¿qué pasaba del otro lado del estrecho de Florida? Fidel Castro no era un ingenuo. Sabía que Kennedy quería eliminarlo. Sabía de los planes de asesinato.
Sabia de las operaciones encubiertas y tomo una decisión que casi destruye el mundo. Acepto que la Unión Soviética instalara misiles nucleares en territorio cubano. En octubre de 1962, el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear durante 13 días. 13 días en los que la humanidad contuvo la respiración. Al final, Kennedy y Hruschov llegaron a un acuerdo secreto.
Los soviéticos retirarían los misiles de Cuba a cambio de que Estados Unidos prometieran no invadir la isla y retirara sus propios misiles de Turquía. Pero fíjate bien en esto porque es clave. Nadie le preguntó a Fidel. Los soviéticos negociaron a sus espaldas, retiraron los misiles sin consultarle y eso dejó una herida profunda entre la Habana y Moscú.
Aquí es donde la historia da un giro que nadie esperaba. Porque de las cenizas de la crisis de los misiles no salió más odio entre Canedy y Castro. Salió algo completamente distinto, la posibilidad de hablar. Detente un segundo a pensar en la ironía. La peor crisis de la Guerra Fría, el momento en que el mundo casi se acabó, produjo exactamente lo contrario de lo que todos esperaban.
Castro estaba furioso con los soviéticos por haberlo dejado fuera de las negociaciones. Wakery, que había mirado al abismo nuclear, empezó a replantearse todo su enfoque hacia Cuba. En la primavera de 1963, algo empezó a cambiar dentro de la Casa Blanca. En memorandos clasificados como ultrasecretos, el asesor de seguridad nacional, McGeorge Bande, presentó a Canary una opción que hasta entonces era impensable, buscar algún tipo de acercamiento con Castro.
Bundy argumentó que era posible que Castro quisiera alejarse de Moscú y que tanto Cuba como Estados Unidos tenían mucho que ganar económicamente con la restauración de relaciones. “Un castro al estilo de Tito,” dijo Bundy, refiriéndose al líder yugoslavo que había desafiado a la Unión Soviética, “no inconcebible.” Canned empezó a pensar en serio en esta posibilidad, pero había un problema enorme, las elecciones de 1964.
Cualquier gesto hacia Cuba sería una bomba política. Sus rivales republicanos lo destrozarían. Así que si iba a haber un acercamiento, tendría que ser en absoluto secreto. Pero antes de Lisa Howard hubo otro personaje clave que casi nadie recuerda. Se llamaba James Donavan. Era un abogado neyorquino que el gobierno de Kennedy había enviado a La Habana para negociar la liberación de los más de 100 prisioneros capturados en bahía de cochinos.
Donovan viajó varias veces a Cuba en la primavera de 1963 y durante esas visitas algo inesperado sucedió. Castro, en medio de las negociaciones por los prisioneros, le preguntó directamente cómo podrían Estados Unidos y Cuba empezar a mejorar sus relaciones considerando toda la hostilidad acumulada.
Donovan le respondió con una frase que se volvería legendaria entre los documentos desclasificados. Le pregunto a Castro si sabía cómo hacen el amor los puerco espines. Castro dijo que no. Y Donovan le respondió con mucho cuidado. Y así es como ustedes y Estados Unidos tendrían que entrar en esto. Esa conversación reportada en los informes que Donovan entregó a la CIA fue una de las primeras señales de que Castro estaba genuinamente interesado en un diálogo.
Y aquí viene lo que no te dijeron. La pieza clave de toda esta historia secreta no fue un diplomático ni un espía, fue una mujer. Se llamaba Lisa How. Era periodista de la cadena ABC, una de las primeras mujeres en presentar un noticiero nacional en la televisión estadounidense. En abril de 1963, Howard viajo a Cuba para entrevistar a Castro.
Logro lo que ningún otro periodista americano había conseguido desde 1959, sentarse frente a Fidel y tener una conversación real. Durante 8 horas, Howard y Castro hablaron de todo y Castro le dejó un mensaje claro. Quería negociar con Estados Unidos. Estaba dispuesto a discutir la presencia de personal soviético en la isla, la compensación por las propiedades americanas expropiadas y el papel de Cuba en los movimientos revolucionarios del hemisferio.
Cuando Howard regresó a Estados Unidos, fue a informar directamente a la CIA. El subdirector Richard Ho envió un memorando secreto al presidente Cannary con una conclusión directa. Castro estaba buscando la manera de llegar a un acercamiento con Washington. Ese memorando llegó al escritorio de Canedy. El presidente lo leyó.
Lo sabemos porque dejo una marca escrita a mano en la esquina del documento. Una anotación que los archivistas desclasificaron décadas después. Pero aquí viene lo más oscuro de toda esta historia. Mientras Canary leía ese memorando y consideraba la posibilidad de negociar con Castro, la CIA estaba haciendo exactamente lo contrario.
El director de la CIAE, John Mcon, se opuso tajantemente a cualquier contacto con Cuba a través de Lisa Hall. En un memorando clasificado de mayo de 1963, MC Con insistió en que el asunto Howard se manejara de la manera más limitada y sensible posible y que no se tomaran medidas activas sobre el tema del acercamiento. Pero eso no fue lo peor.
Según documentos desclasificados, en abril de 1963, agentes de la CIA rociaron veneno mortal en un traje de buceo que iba a ser entregado como regalo a Castro por James Donavan, uno de los emisarios de Cannab. La CIA estaba tratando de asesinar a Castro al mismo tiempo que el presidente estaba tratando de hablar con él.
La pregunta incómoda es esta. La mano derecha no sabía lo que hacía la mano izquierda o alguien en la CIA estaba deliberadamente saboteando la política del presidente? El historiador Arthur Sassinger, asesor cercano de Cannady, lo dijo anos después con una claridad escalofriante. La CIA estaba reviviendo los planes de asesinato exactamente al mismo tiempo en que Canary consideraba la normalización de relaciones con Cuba.
Si no fue total incompetencia, dijo Slesinger, fue un intento deliberado de supertir la política nacional. Y Adla Stevensen, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, fue aún más directo cuando le advirtió a Cannady, desafortunadamente, la CIA todavía está a cargo de Cuba. En su opinión, la agencia jamás permitiría una normalización de relaciones.
Pero Canadin no se detuvo. En septiembre de 1963 dio dos pasos que cambiarían el curso de la historia, aunque él no viviría para verlo. Primer paso, encargo a William, un diplomático y experiodista que servía como asesor de la delegación estadounidense ante la ONU que abriera negociaciones secretas con Cuba.
AOT conocía a Lisa Howard y compartía su convicción de que mejorar las relaciones era posible. Howard organizó una fiesta en su apartamento de la Operast Side de Manhattan en el 23 de septiembre de 1963. Pero no era una fiesta cualquiera, era una tapadera. Bajo la apariencia de un cóctel social, Har reunió por primera vez a Tot con Carlos Lechuga, el embajador cubano ante las Naciones Unidas.
Fue el primer contacto directo entre un funcionario estadounidense y uno cubano desde la ruptura de relaciones diplomáticas en enero de 1961. En ese apartamento de Manhattan, mientras se servían tragos y se intercambiaban sonrisas corteses, se estaba plantando la semilla de algo que podría haber cambiado la historia de las Américas. Segundo paso, Canary estableció otro canal secreto de comunicación con Castro a través de Jean Daniel, un prestigioso periodista francés del semanario L Express.
Antes de que Danio viajara a Cuba para entrevistar a Castro, Canary lo recibió en la Casa Blanca el 24 de octubre de 1963. Y en esa reunión, Kennedy le dio algo más que una entrevista. Le dio un mensaje para Fidel. Fíjate bien en esto porque es clave. Kennedy le dijo a Daniel que Estados Unidos había cometido pecados en la Cuba prerevolucionaria.
Reconoció que su país tenía parte de la responsabilidad por la situación. le dijo que el embargo comercial contra Cuba podría levantarse si Castro dejaba de apoyar movimientos guerrilleros en el hemisferio. Daniel notó que Canery parecía estar buscando una salida al estado lamentable de las relaciones con Cuba.
Wakery le dijo algo que sello la naturaleza secreta de su misión. Ven a verme cuando regreses de Cuba. Mientras tanto, en Nueva York, las conversaciones secretas avanzaban a una velocidad vertiginosa. A todo usaba el apartamento de Lisa Howard como centro de comunicaciones. Desde ahí se comunicaba directamente con Rene Vallejo, el médico personal de Castro y su hombre de confianza.
En octubre de 1963, Vallejo transmitió un mensaje extraordinario a través de Hon. Castro estaba muy interesado en hablar con el funcionario americano en cualquier momento. Apreciaba la importancia de la discreción para todos los involucrados y estaba dispuesto a enviar un avión a México para recoger al emisario americano y llevarlo a un aeropuerto privado cerca de Baradero, donde Castro hablaría con él a solas.
El avión lo regresaría inmediatamente. Ponte en su lugar por un segundo. Fidel Castro, el enemigo número uno de Estados Unidos en el hemisferio, estaba ofreciendo enviar un avión privado para recoger a un diplomático americano y llevarlo a una reunión secreta cara a cara. Esto no era una maniobra diplomática ordinaria, esto era algo sin precedentes en la Guerra Fría.
Can a principio en una grabación desclasificada del despacho oval, fechada el 5 de noviembre de 1963, solo 17 días antes de su asesinato, se puede escuchar a Kannedy discutiendo la opción con MGorge Bundy. Bundy registró que el presidente estaba más a favor de avanzar hacia una apertura con Cuba que el Departamento de Estado.
La idea, según Bundie, era sacarlos de la órbita soviética y tal vez limpiarlo de bahía de cochinos y quizás volver a la normalidad. Taro Canery tenía una preocupación, que la misión se filtrara. En un momento de la grabación, Canade pregunta si pueden sacar a TOT de la nómina del gobierno. Si el diplomático ya no era empleado federal, todo el viaje sería neglia a la luz.
El 14 de noviembre, Lisa Howard transmitió el mensaje a su contacto cubano. Canned estaba listo para enviar a Tod. La maquinaria secreta estaba en movimiento. Faltaba solo acordar la fecha y los detalles logísticos del encuentro. Y entonces Jin Daniel llegó a Cuba. Daniel se reunió con Castro por primera vez el 19 de noviembre de 1963.
Fue una conversación maratónica que empezó a las 10 de la noche y terminó a las 4 de la madrugada. 6 horas sin parar. Castro escuchó con una atención extraordinaria lo que le había dicho a Daniel. Le hizo repetir ciertos comentarios tres veces, especialmente aquellos en los que Caned mostraba su impaciencia con ciertas críticas y aquellos en los que acusaba a Fidel de haber casi provocado una guerra que habría sido fatal para toda la humanidad.
Pero lo que más le interesó a Castro fue la apertura, el reconocimiento de culpa, la posibilidad de un futuro diferente. Castro le respondió a Daño con palabras que revelan hasta qué punto estaba dispuesto a dar un giro. No he olvidado que Cedes centro su campana electoral contra Nixon en el tema de la firmeza hacia Cuba, pero siento que heredo una situación difícil.
No creo que un presidente de Estados Unidos sea nunca realmente libre y creo que ahora entiende hasta qué punto lo han engañado. Y luego añadió algo que muy pocos conocen. Sé que para Hruschop Canad es un hombre con el que se puede hablar. Esa impresión la he obtenido de todas mis conversaciones con Hruschop.
Y entonces Castro dijo la frase que lo resume todo. Kennedy todavía podría convertirse ante los ojos de la historia en el presidente más grande de los Estados Unidos. El líder que finalmente comprenda que puede haber coexistencia entre capitalistas y socialistas, incluso en las Américas, sería entonces un presidente aún más grande que Lencen.
Detente un segundo a pensar en lo que estás escuchando. Fidel Castro, el hombre al que la CIA llevaba anos intentando asesinar, el líder de la revolución que había desafiado al imperio más poderoso del mundo, estaba comparando a Cannady con Abraham Lincen. Y lo estaba diciendo en serio. Castro, incluso bromeó con Daniel.
Le dijo que si volvía a ver a Kennedy le dijera que estaba dispuesto a declarar a Perry Goldwater, el candidato republicano ultraconservador, su amigo personal, si eso garantizaba la reelección de Canari. Aquella noche en Baradero, el 19 de noviembre de 1963, la paz entre Estados Unidos y Cuba parecía posible, real, tangible, pero lo peor aún no había ocurrido.
Tres días después, 22 de noviembre, 1:30 de la tarde, hora de Cuba. Castro y Daniel están almorzando en la residencia de Baradero. Han terminado un almuerzo de pescado fresco. Están hablando de los detalles de las negociaciones con Rusia antes de la crisis de los misiles. El ambiente es relajado y entonces suena el teléfono.
El secretario anuncia que el presidente Dorticos tiene una comunicación urgente. Castro levanta el auricular. J. Daniel, sentado a pocos metros, escucha a Fidel decir, “¿Cómo? Un atentado.” Castro se vuelve hacia Daniel para decirle que Kennedy acaba de ser atacado en Dallas. Luego regresa al teléfono y exclama en voz alta, “Herido muy gravemente.

Castro vuelve a sentarse y repite tres veces las mismas palabras. Es una mala noticia. Es una mala noticia. Es una mala noticia.” Se queda en silencio esperando otra llamada. Mientras esperan, comenta que hay un sector lunático alarmantemente grande en la sociedad americana y que el atentado podría haber sido obra de un loco o de un terrorista.
Quizás un vietnamita, quizás un miembro del Cooklocks Clan. Llega la segunda llamada. Se espera que puedan anunciar que el presidente aún está vivo, que hay esperanza de salvarlo. La reacción inmediata de Castro fue decir, “Si lo logran, ya está reelecto.” Y lo dijo con satisfacción. Pero la tercera llamada trajo la noticia que cambió todo. Kennedy había muerto.
Fidel se quedó en silencio un momento largo. Luego hablo. Y lo que dijo fue profético. Ahora van a tener que encontrar al asesino rápidamente, pero muy rápidamente, porque si no, fíjate bien, yo los conozco. Van a intentar echarnos la culpa a nosotros de esto. Después miro a Daniel y pronuncio una frase que el periodista francés jamás olvidaría. Ahí va tu misión de paz.
Hay algo que vale la pena detenerse a analizar. En el discurso que Castro dio por televisión cubana al día siguiente, el 23 de noviembre, hizo algo que pocos líderes en su posición habrían hecho. Desmenudo pieza por pieza la narrativa que ya se estaba construyendo en Estados Unidos para culpar a Cuba.
Señaló que Oswald era un ciudadano americano, nacido en Estados Unidos, educado en escuelas americanas, entrenado como tirador experto en el cuerpo de Marines de Estados Unidos. Y sin embargo, de la noche a la mañana, los medios lo habían convertido en un castro comunista. Castro entendió desde el primer minuto que la muerte de Kadin no solo era una tragedia, era una trampa.
Y aquí viene lo que te quiero dejar claro. En ese instante, en esa residencia frente al mar en Baradero, no murió solo un presidente. Murió la posibilidad de que la historia de Cuba y Estados Unidos fuera completamente diferente. Murió un canal de comunicación que había tardado meses en construirse. Murieron las negociaciones secretas.
Murió el plan de enviar a toda a reunirse con Castro. Murió todo y la ironía es tan brutal que cuesta procesarla. Porque mientras Castro almorzaba con el mensajero de paz de Kennedy, a más de 8000 km de ahí en París, un agente de la CIA llamado Néstor Sánchez estaba reunido con un militar cubano cuyo nombre en código era AMLAS.
le estaba entregando un bolígrafo de la marca Peppermed, que tenía una aguja hipodérmica oculta en su interior, un arma diseñada específicamente para matar a Fidel Castro. Discutieron cómo llenarlo con un veneno mortal llamado Blackle 40. El mismo día, a la misma hora, mientras una parte del gobierno de Caner intentaba hacer la paz con Castro, otra parte le estaba entregando a alguien un instrumento para matarlo.
La pregunta incómoda es esta, ¿fue incompetencia o fue sabotaje? La mano derecha no sabía lo que hacía la mano izquierda o alguien dentro del aparato de poder de Estados Unidos se aseguró deliberadamente de que la paz con Cuba nunca fuera posible. Lo que siguió después del asesinato de Canedary fue exactamente lo que cualquiera con sentido común habría predicho.
El nuevo presidente Lenden Johnson no tenía las credenciales de Guerra Fría de Canari. No había enfrentado a la Unión Soviética durante la crisis de los misiles. No podía permitirse parecer blando con Cuba. Y el hecho de que Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy, tuviera supuestas simpatías con Cuba, complicó todo aún más. Castro lo intento. Hay que decirlo.
Tras la muerte de Kennedy, Fidel insistió en mantener vivo el canal de comunicación. Envió mensajes a través de Lisa Hard dirigidos a la Casa Blanca de Johnson. En uno de esos mensajes, Castro expresó su apoyo a la reelección de Johnsen en 1964 e incluso se ofreció a no responder si el nuevo presidente necesitaba usar retórica anticastrista para ganar votos.
Pero Jansen ignoró todos los mensajes. Robert Cerry, que ahora era solo el fiscal general de un gobierno que ya no era el de su hermano, también presionó a Johnson para continuar las conversaciones con la Habana. Sin éxito, el momento había pasado. Lisa How, la mujer que había sido el puente secreto entre Washington y la Habana, siguió intentando revivir el diálogo.
Pero en 1964, Abisi la despidió por involucrarse públicamente en política partidista. Un año después, deprimida por la perdida de su carrera y tras sufrir un aborto espontáneo, Lisa Howard murió por una sobredosis de barbitúricos el 4 de julio de 1965. tenía 39 años. La mujer que había sostenido en sus manos el hilo más frágil entre dos naciones enemigas se fue sin que nadie le reconociera lo que había hecho.
Y la relación entre Estados Unidos y Cuba se congeló durante más de medio siglo. 50 años de embargo, 50 años de hostilidad, 50 años de familias divididas, de balceros en el estrecho de Florida, de discursos en la ONU, de acusaciones cruzadas. 50 años que pudieron no haber existido si aquel almuerzo enadero no hubiera sido interrumpido por una llamada telefónica.
Ahora quiero que pienses en algo. Los documentos desclasificados muestran que Canedere estaba genuinamente interesado en el acercamiento. Las grabaciones del despacho oval lo confirman, los memorandos del Consejo de Seguridad Nacional lo detallan y los testimonios de Castro, recogidos a lo largo de décadas coinciden.
El líder cubano creía que Kennedy era sincero. Creía que con él se podía negociar. habría funcionado. Nadie puede saberlo. La historia no tiene ensayos generales, pero lo que sí sabemos es que había voluntad de ambos lados. Lo que sí sabemos es que la CIA hizo todo lo posible por impedirlo. Lo que sí sabemos es que una bala en Dallas terminó con la posibilidad antes de que pudiera convertirse en realidad.

Y lo que sí sabemos es que tuvieron que pasar más de 50 años hasta que Barack Obama restableció relaciones diplomáticas con Cuba en 2014 para que el sueno de Caned empezara a hacerse realidad. Robert Kennedy, hijo, sobrino del presidente asesinado, lo llamo exactamente así, el sueno de su tío. Así que la próxima vez que alguien te diga que y Castro eran simplemente enemigos mortales, que la guerra fría entre Washington y la Habana era inevitable, que no había alternativa al embargo y al aislamiento, dile que se siente y
escuche esta historia. Dile que hubo un momento brevísimo, frágil como un cristal en el que la paz fue posible y que ese cristal se rompió el 22 de noviembre de 1963 en una calle de Dallas, al mismo tiempo que un periodista francés almorzaba pescado con Fidel Castro en una playa de Baradero.
¿Qué crees tú? ¿Habría funcionado la paz entre Canedy y Castro o estaba condenada desde el principio? Esta es la conversación que ningún gobierno quiere que tengas. Déjame tu respuesta en los comentarios porque quiero saber qué piensas. Si esta historia te sacudió como me sacudió a mí, suscríbete a Expediente Castro y activa la campanita para que no te pierdas ningún episodio.
Comparte este video con ese familiar que cree conocer la historia de Cuba, porque te aseguro que esta parte no la conoce. Y recuerda, la historia no es lo que te contaron, es lo que te ocultaron. Te espero en el próximo expediente.