47 camionetas blindadas atrapadas, un túnel sellado con explosivos en ambos extremos. 5 horas de operativo sin margen de escape. Este sábado 18 de enero, la sierra de Durango se convirtió en el escenario de uno de los operativos más audaces que el grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales ha ejecutado contra el cártel Jalisco Nueva Generación en lo que va del año.
Mientras el sol comenzaba a elevarse sobre las montañas, los gafes desplegaron de un cerco táctico miléctrico. bloquearon los accesos de un túnel clandestino que el CJNG utilizaba como corredor logístico para mover armamento, vehículos blindados y personal operativo entre Durango y Sinaloa. Y dentro del túnel, completamente atrapadas, quedaron 47 trocas del cartel sin salida, sin refuerzos, sin opciones.
El fuego controlado que los militares iniciaron para neutralizar los vehículos convirtió el túnel en un horno. Las extensiones de tanques de combustiones resonaron durante horas. El negro que salía de las entradas selladas era visible desde kilómetros de distancia. Cuando el operativo concluyó, las 47 camionetas habían quedado reducidas a estructuras calcinadas e irreconocibles.
Esto no fue un decomiso fue la destrucción deliberada y total de una columna operativa completa del CJNG. Fue un golpe que elimina capacidad logística, movilidad táctica y poder de fuego de una de las células más peligrosas que opera en el corredor Durango Sinaloa. Lo que ocurrió en esa sierra no es solo una operación militar exitosa, es un mensaje contundente.
Los túneles que el crimen organizado creía invulnerables ya no garantizan protección. Las rutas clandestinas que permitían al CJ moverse sin ser detectado están cayendo una por una. y la capacidad de las fuerzas especiales para neutralizar infraestructura criminal ha alcanzado un nivel de precisión que el narco no anticipó.
Hoy vamos a reconstruir minuto a minuto cómo los gafes detectaron este túnel estratégico. Vamos a entender por qué 47 camionetas blindadas quedaron atrapadas sin posibilidad de escape. Y vamos a analizar qué representa este operativo para la estructura del sexto ANG en una región que ha intentado controlar durante años, porque detrás de cada vehículo calcinado en ese túnel hay una ruta de terror que ya no podrá seguir operando.
Para entender la magnitud de lo que los gafes lograron en la sierra de Durango, primero necesitamos comprender qué representan los túneles clandestinos en la estrategia del cártel Jalisco Nueva Generación. Desde 2019, el CJNG ha invertido recursos millonarios en infraestructura subterránea. No estamos hablando de túneles improvisados cabados a mano.
Estamos hablando de corredores reforzados con vigas de acero, sistemas de ventilación industrial, iluminación eléctrica permanente y capacidad para movilizar vehículos de gran tamaño. El túnel descubierto en Durango medía aproximadamente 2.8 8 km de longitud y tenía un ancho suficiente para que dos camionetas pudieran circular lado a lado.
La ubicación del túnel no era aleatoria, se extendía desde un rancho abandonado en las afueras de Canatlán, Durango, hasta un complejo de bodegas ocultas en la zona limítrofe con Sinaloa. Este corredor permitía al CJNG evadir los puntos de control de la Guardia Nacional en la carretera federal 45 y mover arsenales completos sin ser detectado.
Durante meses, las autoridades habían registrado movimientos sospechosos en la zona, pero la magnitud de la infraestructura subterránea solo se confirmó mediante operaciones de inteligencia coordinadas entre la Sedena y la Fiscalía General de la República. El rancho en Canatlán funcionaba como punto de entrada. En la superficie parecía una propiedad ganadera común.
Corrales oxidados, un casco de hacienda semiabandonado, terrenos aparentemente sin uso productivo, pero debajo, a 4 m de profundidad, la entrada al túnel estaba camuflada dentro de lo que parecía ser un antiguo almacén de forraje. Una compuerta de acero oculta bajo sacos
de maíz y tierra compactada daba acceso a un descenso de escalera que llevaba al corredor principal.
El CJNG había construido este túnel durante al menos 18 meses. La excavación se realizó en fases utilizando maquinaria pesada de construcción que el cártel adquirió mediante empresas fantasma registradas en Guadalajara y Tepic. Los trabajadores contratados para la obra eran albañiles e ingenieros civiles que recibían pagos en efectivo y desconocían la verdadera naturaleza del proyecto.
Muchos creían estar construyendo bodegas subterráneas para almacenamiento comercial. Los que eventualmente comprendieron para quién trabajaban enfrentaron una elección brutal. Continuar en silencio o desaparecer. El corredor no solo servía para mover vehículos, era una arteria logística completa. Los gafes encontraron evidencia de que el CJNG había transportado toneladas de armamento, precursores químicos para la producción de metanfetamina y fentanilo y efectivo en dólares estadounidenses a través del túnel. Las paredes interiores
tenían marcas de rozamiento consistentes con el paso frecuente de camionetas blindadas. El piso de concreto pulido mostraba manchas de combustible y aceite que confirmaban uso vehicular intensivo, pero el verdadero valor táctico del túnel residía en su función como ruta de escape y reabastecimiento rápido.
En caso de enfrentamientos con fuerzas federales en territorio duranguense, los sicarios del CESONG podían retirarse al túnel y emerger en Sinaloa. Fuera de la jurisdicción inmediata de las autoridades que los perseguían de manera inversa, columnas operativas del CJNG en Sinaloa podían cruzar a Durango sin exponerse en carreteras vigiladas, apareciendo súbitamente en poblaciones donde el cártel buscaba expandir su presencia.
La inteligencia que llevó al descubrimiento del túnel comenzó en noviembre de 2025. Agentes de la Fiscalía General de la República infiltrados en redes logísticas del CJ reportaron conversaciones sobre un puente seguro entre Durango y Sinaloa. Las interceptaciones telefónicas confirmaron que líderes operativos del cártel se referían a una ruta que garantizaba cero exposición en traslados de arsenales.
Durante semanas, analistas de La Sedena trabajaron con imágenes satelitales y drones de vigilancia para identificar patrones de movimiento sospechosos en la región. El punto de quiebre llegó el 10 de enero. Un convoy de la Guardia Nacional que patrullaba la zona detectó actividad vehicular nocturna en el rancho de Canatlán. Tres camionetas sin placas entraron a la propiedad cerca de las 02 30 horas y no volvieron a salir por el acceso principal.
6 horas después, vehículos idénticos fueron avistados en el complejo de bodegas en Sinaloa, a 45 km de distancia en línea recta. La única explicación lógica era infraestructura subterránea. Los gafes recibieron la orden de intervención el 15 de enero. El plan operativo era claro, detectar las entradas del túnel, confirmar si había presencia de personal o vehículos del CS KNG en su interior y neutralizar la infraestructura de manera definitiva.
Lo que no anticipaban era que al momento del operativo, una columna completa del cártel estaría en tránsito dentro del corredor. El operativo comenzó a las 04:15 horas del sábado 18 de enero. Dos unidades de gafes se desplegaron simultáneamente en ambos extremos del túnel. El grupo Alfa aseguró el rancho en Canatlán.
El Grupo Bravo tomó posiciones en el complejo de bodegas en Sinaloa. La coordinación era crítica. Cualquier error de sincronización permitiría que los sicarios del CJNG escaparan por el extremo desprotegido. El grupo Alfa llegó al rancho antes del amanecer. Los operadores avanzaron en formación táctica, utilizando visión nocturna para moverse sin alertar a posibles vigías.
El perímetro exterior estaba desierto, no había guardias visibles, no había vehículos estacionados en superficie. Aparentemente el rancho estaba abandonado, pero los sensores térmicos de los gafes detectaron calor residual en el área del almacén de forraje indicando actividad reciente. Cuando los operadores ingresaron al almacén, encontraron la compuerta de acero parcialmente abierta.
La escalera de descenso estaba iluminada con luces LED de emergencia y desde las profundidades del túnel llegaba el sonido inconfundible de motores diésel en ralentí. El comandante del grupo Alfa transmitió por radio al Grupo Bravo. Tenemos actividad confirmada. Hay vehículos dentro del túnel. proceder con bloqueo inmediato.
En el extremo de Sinaloa, el Grupo Bravo ya había localizado la salida del túnel dentro de una bodega aparentemente utilizada para almacenamiento de maquinaria agrícola. La compuerta de salida estaba sellada desde el interior, pero los gafes utilizaron cargas explosivas controladas para forzar el acceso. Una vez dentro, instalaron barreras de concreto reforzado en la entrada y prepararon cargas incendiarias para neutralizar cualquier intento de escape.
Dentro del túnel, la columna del CJ estaba completamente ajena a lo que ocurría en ambos extremos. Las 47 camionetas avanzaban en procesión lenta. Eran vehículos tipo pickup de gran cilindrada, la mayoría F250 y Silverado 2,500, todos con blindaje artesanal en puertas y ventanas. Algunas llevaban láminas de acero soldadas en los laterales, otras tenían estructuras reforzadas en el techo para montar armamento pesado.
Los sicarios que las tripulaban vestían uniformes tácticos negros con insignias falsas que imitaban a corporaciones policiales. Portaban fusiles AR15, AK47 y al menos tres ametralladoras calibre50 montadas en los vehículos delanteros. El convoy transportaba un arsenal estimado en más de 200 armas largas, lanzagranadas, miles de cartuchos y chalecos balísticos de grado militar. también movilizaba efectivo.
Los gafes estimaron posteriormente que las camionetas llevaban al menos 3.2 millones de dólares en billetes de distintas denominaciones destinados a financiar operaciones del CJNG en Durango. Esta columna no era un grupo de sicarios cualquiera, era una fuerza operativa completa equipada para tomar control territorial en municipios específicos donde el cártel buscaba desplazar a grupos rivales.
A las 047 horas, cuando la última camioneta del convoy había ingresado completamente al túnel desde el lado de Sinaloa, los gafes sellaron ambas entradas. Los sicarios del CJNG se dieron cuenta del cierre cuando el vehículo líder, que iba a menos de 200 m de la salida en Canatlán, encontró la compuerta bloqueada con barreras de concreto.
El conductor intentó retroceder, pero detrás de él venían otras 46 camionetas en un corredor de apenas 6 m de ancho. No había espacio para maniobrar, no había forma de dar vuelta. El pánico se instaló rápidamente. Las comunicaciones por radio entre los icarios se volvieron caóticas.
Algunos intentaron romper las barreras usando los vehículos como arietes, pero el concreto reforzado resistió los impactos. Otros trataron de contactar a sus líderes en el exterior, pero las señales de celular no penetraban. Las paredes de tierra y roca del túnel. Estaban completamente aislados. Los gafés no ingresaron al túnel.
No tenían por qué arriesgar vidas en un enfrentamiento en espacios confinados. La estrategia era diferente. Neutralizar los vehículos desde el exterior, eliminando la capacidad operativa del convoy sin necesidad de combate directo. A las 0520 horas, los gafes iniciaron el protocolo de neutralización. Utilizaron drones especializados equipados con cámaras térmicas para confirmar las posiciones exactas de los vehículos dentro del túnel.
Una vez verificado que el convoy estaba completamente atrapado, introdujeron dispositivos incendiarios controlados por las entradas selladas. Estas cargas estaban diseñadas para generar temperaturas superiores a 800º C, suficientes para incinerar combustible, llantas, componentes plásticos y provocar la explosión de tanques de gasolina.
El fuego comenzó en ambos extremos simultáneamente. Las primeras explosiones resonaron a las 0534 horas. Los tanques de combustible de las camionetas más cercanas a las entradas estallaron en cadena. El calor extremo se propagó rápidamente por el corredor, alimentado por el combustible de los 47 vehículos y por el aire que aún circulaba a través del sistema de ventilación.
En cuestión de minutos, el túnel completo se convirtió en un horno. Los sicarios intentaron escapar a pie, abandonando las camionetas y corriendo hacia cualquiera de las salidas. Pero el calor y el humo denso hacían imposible avanzar más de 50 m. Varios sicarios lograron salir por la entrada de Canatlán antes de que el fuego se intensificara, solo para encontrarse rodeados por los gafes.
Fueron detenidos inmediatamente. En total, 23 icarios fueron capturados al intentar escapar. Los demás retrocedieron al interior del túnel, donde las condiciones se volvieron rápidamente insostenibles. Las explosiones continuaron durante más de 3 horas. Cada vez que un tanque de gasolina alcanzaba el punto de ignición, una nueva detonación sacudía el túnel.
El humo negro que salía de las entradas selladas era tan denso que formó una columna visible desde el pueblo de Canatlán, a más de 8 km de distancia. Residentes locales reportaron escuchar las explosiones y ver el humo, pero las autoridades acordonaron la zona y mantuvieron a la población alejada por razones de seguridad.

A las 09:45 horas, las explosiones cesaron. El fuego había consumido todo el combustible disponible. Los gafes esperaron 4 horas adicionales para que las temperaturas dentro del túnel descendieran a niveles seguros. Recién entonces, equipos especializados ingresaron para realizar la evaluación de daños. Lo que encontraron fue devastación total.
Cuando los equipos de evaluación de la Sedena finalmente ingresaron al túnel, cerca de las 14 horas, las escenas que documentaron confirmaron la magnitud absoluta del operativo. Las 47 camionetas habían quedado reducidas a esqueletos de metal retorcido. El calor extremo había derretido completamente las llantas, dejando solo los rines de acero fundidos al piso de concreto.
Las cabinas estaban calcinadas, los blindajes artesanales se habían deformado por la temperatura. Los motores, que alguna vez permitieron a estos vehículos movilizar arsenales por todo el corredor, Durango, Sinaloa, eran ahora bloques de metal inutilizables cubiertos de ollín negro. El armamento que transportaba el convoy también fue destruido.
Los fusiles AR15 y AK47 quedaron inutilizados con los cañones deformados y los mecanismos internos fundidos. Las ametralladoras calibre50 que el CJNG valoraba como armas estratégicas para enfrentamientos con fuerzas federales quedaron convertidas en chatarra. Miles de cartuchos detonaron durante el incendio perforando las carrocerías de las camionetas desde el interior.
Los chalecos balísticos se quemaron por completo, dejando solo las placas de cerámica agrietadas por el calor. El dinero en efectivo que el convoy transportaba se convirtió en ceniza. Los 3.2 que el CJNG había planeado utilizar para financiar su expansión en Durango se evaporaron literalmente. Los investigadores de la fiscalía encontraron restos carbonizados de billetes mezclados con escombros metálicos, pero ninguna cantidad recuperable.
El cartel no solo perdió capacidad operativa, perdió también los recursos financieros que garantizaban esa capacidad. Pero lo más significativo no fue lo que se destruyó, fue lo que se capturó. Los 23 icarios detenidos al intentar escapar por la entrada de Canatlán proporcionaron información crítica durante los interrogatorios. Bajo custodia de la Fiscalía General de la República, varios identificaron a los líderes operativos responsables de la logística del convoy.
Confirmaron que el túnel había estado en operación activa durante más de un año. revelaron que el CJNG planeaba utilizarlo para introducir refuerzos en los municipios de Canatlán, Santiago Papasquaro y Tepeuanes, donde el cártel enfrentaba resistencia de grupos criminales locales que se negaban a ceder territorio. Uno de los detenidos.
Un sicario de 28 años, originario de Guadalajara que operaba bajo el alias el Sombra, declaró que el convoy transportaba suficiente armamento para equipar a más de 150 sicarios adicionales. El objetivo era establecer células operativas permanentes en Durango, replicando el modelo que el CJNG había implementado exitosamente en Guanajuato y Zacatecas.
La destrucción del convoy eliminó esa posibilidad de manera definitiva. La fiscalía también confirmó la identidad del líder de la columna, un operador del CJNG conocido como el Durango, responsable de coordinar la logística de armamento en la región. Aunque su cuerpo no fue recuperado del túnel debido a las condiciones extremas del interior, documentos y dispositivos electrónicos encontrados en una de las camionetas menos dañadas confirmaron su presencia en el convoy.
El Durango era un objetivo prioritario para las autoridades desde 2023, vinculado a múltiples ejecuciones y secuestros en la zona. Los gafes también aseguraron el túnel completo como evidencia forense. Equipos de ingenieros de La Sedena inspeccionaron la estructura para documentar los métodos de construcción, identificar posibles túneles secundarios o ramificaciones y determinar si había otras salidas ocultas.
La inspección confirmó que el corredor era una obra de ingeniería considerable. Vigas de acero reforzado en el techo, sistemas eléctricos con generadores de respaldo, ventilación industrial con extractores de aire e incluso rieles metálicos en el piso para facilitar el tránsito de vehículos pesados.
La decisión final fue colapsar el túnel por completo. El 19 de enero, un día después del operativo, ingenieros militares colocaron cargas explosivas estratégicas en puntos clave de la estructura. A las 11:00 horas, las detonaciones controladas provocaron el colapso total del corredor, sepultando definitivamente los restos de las 47 camionetas y eliminando cualquier posibilidad de que el CJNG reconstruyera la ruta.
El operativo representó un golpe calculado que va más allá de las cifras. No fue solo la destrucción de 47 vehículos o la captura de 23. fue la eliminación de una arteria logística que el CJNG había construido con inversión millonaria y planificación de largo plazo. Fue la neutralización de una columna operativa completa que amenazaba con desestabilizar múltiples municipios de Durango y fue la demostración táctica de que las fuerzas especiales mexicanas pueden detectar, infiltrar y destruir infraestructura criminal subterránea con precisión
quirúrgica. Lo que ocurrió en ese túnel de Durango no puede reducirse a estadísticas operativas. Es una señal de cambio en la dinámica entre el Estado mexicano y el crimen organizado. Durante años, los cárteles han invertido recursos masivos en infraestructura clandestina, precisamente porque garantizaba ventaja táctica.
Los túneles permitían movilidad sin exposición, tránsito de arsenales sin interceptación, escape en situaciones de riesgo. Eran activos estratégicos que costaban millones de dólares construir, pero que generaban retornos operativos invaluables. El CJNG, en particular, ha dependido de esta ventaja logística para expandirse agresivamente en estados donde no tiene arraigo histórico.
El operativo de los gafes en Durango destruyó esa premisa. Demostró que incluso la infraestructura más sofisticada puede ser detectada, infiltrada y neutralizada. demostró que los corredores subterráneos, que los cárteles creyeron invulnerables, son ahora objetivos vulnerables frente a tecnología de vigilancia satelital, drones de reconocimiento y coordinación interinstitucional efectiva.
Y hay un elemento psicológico que no puede ignorarse. Para los sicarios del CJ que quedaron atrapados en ese túnel, la experiencia fue aterradora. No hubo enfrentamiento, no hubo oportunidad de resistir o negociar, simplemente quedaron encerrados y el fuego avanzó sin piedad. Esa imagen transmitida a través de las redes internas del cartel genera un efecto disuasorio que ninguna captura o decomiso puede igualar.
Pero este operativo también plantea preguntas urgentes. Si el CJNG construyó un túnel de esta magnitud en Durango, ¿cuántos más existen en otras regiones? ¿Cuántos corredores clandestinos siguen operando en estados como Jalisco, Colima, Michoacán, Guanajuato? Los analistas de seguridad estiman que los principales cárteles mexicanos han invertido en al menos una docena de túneles operativos solo en los últimos 3 años.
Algunos cruzan fronteras estatales, otros, como los descubiertos en Tijuana y Ciudad Juárez, cruzan la frontera internacional hacia Estados Unidos. La destrucción de infraestructura criminal no termina con el crimen organizado, pero sí erosiona su capacidad operativa, complica su logística, incrementa sus costos y reduce su margen de maniobra.
Cada túnel colapsado es una ruta menos para mover arsenales. Cada convoy neutralizado es una célula menos para desplegar en territorios disputados. Cada operativo exitoso es un mensaje para las comunidades atrapadas en zonas de influencia criminal. El Estado puede y debe recuperar el control.
México no puede darse el lujo de normalizar la existencia de corredores subterráneos controlados por cárteles. No puede aceptar que grupos criminales tengan la capacidad de movilizar columnas armadas completas sin ser detectados. no puede permitir que la población viva bajo la sombra constante de organizaciones que operan con impunidad táctica.
El operativo de Durango es un recordatorio de lo que es posible cuando la inteligencia, la coordinación interinstitucional y la capacidad militar se alinean con un objetivo claro. Los gafes no solo destruyeron 47 camionetas, desmantelaron una ventaja estratégica que el CJNG había cultivado durante años y enviaron un mensaje inequívoco.
No hay túnel lo suficientemente profundo, no hay infraestructura lo suficientemente oculta, no hay ruta lo suficientemente segura para garantizar impunidad, porque México necesita fuerzas del orden que no solo reaccionen a la violencia, sino que anticipen, detecten y neutralicen las capacidades que permiten esa violencia. necesita operativos que desarticulen logística criminal antes de que se traduzca en control territorial y necesita que cada comunidad atrapada en zonas de conflicto sepa que el estado está trabajando con precisión y
determinación para recuperar el terreno perdido. El túnel de Durango ya no existe. Las 47 camionetas quedaron reducidas a escombros calcinados y la columna operativa del CJNG, que alguna vez amenazó con desestabilizar municipios completos. ya no representa una amenaza. Esa es la clase de victoria que México necesita replicar una y otra vez hasta que el crimen organizado comprenda que la era de operar sin consecuencias terminó. Yeah.