Tú no cantas para Argentina, cantas para los que robaron a Argentina. Alguien en el fondo intenta intervenir. Diego, tal vez deberías. Cállate. Maradona no quita los ojos de Julio. ¿Sabes qué hice hoy? Hoy le di una alegría a 50 millones de argentinos gratis sin cobrar entrada. ¿Y tú qué haces? ¿Tú cobras fortunas para cantar canciones de amor a mujeres aburridas? Eres un payaso, Julio.
Un payaso caro, pero un payaso. Silencio total. Nadie se mueve, nadie respira. El insulto flota en el aire y todos esperan. Esperan que Julio responda, que grite, que se defienda. Julio se levanta despacio, se para frente a Maradona. Los dos hombres se miran. El héroe del fútbol y el rey de la música, el pueblo y los ricos.
Villa Fiorito y los escenarios del mundo. Julio extiende su mano. Fue un honor conocerte, Diego. De verdad, lo que hiciste hoy fue histórico. Maradona mira la mano, no la toma. Eso es todo. No vas a defenderte. ¿Defenderme de qué? De lo que te dije. Te llamé payaso de los ricos. Julio sonríe. Una sonrisa tranquila.
Diego, no voy a pelear contigo. No porque tenga miedo, sino porque no hay pelea. Tú tienes tu verdad. Yo tengo la mía. Tú vienes del barro. Yo vengo de otro lugar. Ninguno es mejor que el otro. Y si mi música es solo para ricos, está bien, es tu opinión. Pero te voy a decir algo. Julio se acerca un poco más. Mi madre era secretaria, mi padre era médico, pero no de los ricos.
Trabajaba en hospitales públicos. Yo no nací rico, Diego. Me hice rico cantando, como tú te hiciste rico jugando. La diferencia es que yo no insulto a la gente en fiestas, pero no te guardo rencor. Estás borracho, estás emocionado, acabas de ganar la Copa del Mundo, así que voy a olvidar lo que dijiste y espero que mañana cuando estés sobrio, tú también lo olvides.
Julio le da una palmada en el hombro. Felicidades de nuevo, Diego. Argentina está orgullosa de ti. Que disfrutes la noche. Y Julio se va. Sale del salón, sale de la fiesta, sale sin mirar atrás. Maradona se queda parado solo, con la mano que nunca estrechó. La gente a su alrededor no sabe qué hacer. Alguien le ofrece otra copa.
Maradona la toma, la vacía de un trago. Pero algo ha cambiado, algo en sus ojos. La fiesta continúa, pero Maradona ya no es el mismo. Se sienta en un rincón solo mirando la puerta por donde Julio salió pensando, 10 años pasan. 1996, mucho ha cambiado. Julio Iglesias sigue siendo el rey. Más discos vendidos, más conciertos, más fama.

Pero Diego Maradona, Diego Maradona es otra historia. Los años después del 86 fueron difíciles. El 90 Mose, la final perdida contra Alemania. El 91 Macho la suspensión por cocaína. El 94 la expulsión del mundial por dopaje y después el descenso. Más drogas, más escándalos, más caídas. El dios se convirtió en un hombre roto.
El héroe se convirtió en un adicto. El que tenía todo lo perdió casi todo. Y el mundo que lo adoraba empezó a olvidarlo, o este peor, a compadecerlo. Una noche de 1996, Buenos Aires. Julio Iglesias tiene un concierto en el Luna Park. 20,000 personas. El concierto termina. Standing ovation. Julio va a su camerino. Se sienta exhausto pero feliz.
Y entonces alguien toca la puerta, adelante, la puerta se abre y Julio no puede creer lo que ve Diego Maradona, pero no el Maradona del 86. Este Maradona está gordo, hinchado, los ojos hundidos, la piel gris, parece 20 años mayor de lo que es y está temblando. Puedo pasar. Julio se levanta. Diego, claro. Pasa. Maradona entra, cierra la puerta, se queda parado sin saber qué hacer con las manos.
No sé si te acuerdas de mí, Diego. Todo el mundo te conoce. No me refiero a esa noche, la fiesta después del mundial. Silencio, me acuerdo. Maradona baja la mirada. Vine a pedirte perdón. Perdón por lo que te dije esa noche. Estaba borracho. Estaba, no sé qué estaba. Te llamé payaso de los ricos. Te insulté frente a todos y tú solo me diste la mano.
No me gritaste, no me insultaste de vuelta, solo me deseaste felicidades y te fuiste. Maradona levanta la mirada. Hay lágrimas en sus ojos. Esa noche cuando te fuiste, me quedé pensando. Pensé, ¿por qué no me respondió? ¿Por qué no peleó? Y después entendí. No peleaste porque no había pelea. Yo estaba peleando contra mí mismo, no contra ti.
Te usé para sacar mi rabia, mi miedo, mi no sé qué. Y tú lo viste y no entraste en el juego. Esa noche aprendí algo, Julio, que que hay dos tipos de hombres. Los que responden a la violencia con violencia y los que responden con lo que tú hiciste. Silencio, dignidad, una mano extendida. Yo siempre fui del primer tipo toda mi vida, por eso estoy donde estoy.
Y tú siempre fuiste del segundo. Por eso estás donde estás. Maradona se sienta. Oeste más bien se derrumba en una silla. Julio, estoy destruido. Los médicos dicen que mi corazón no aguanta más. La cocaína, los años, todo. Tal vez me queda un año, tal vez menos. Y antes de morirme necesitaba hacer esto. Necesitaba pedirte perdón.
No por ti, por mí, porque esa noche en esa fiesta, me mostré quién era y no me gustó lo que vi. Julio se sienta frente a Maradona, lo mira a los ojos. Diego, no tienes que pedirme perdón. Esa noche, cuando salí de la fiesta, ya te había perdonado. ¿Por qué? Porque entendí algo. Tú no me odiabas. A mí no me conocías.
Tú odiabas lo que yo representaba, los trajes. El champa. El mundo que te hizo sentir menos cuando eras niño. No me insultaste a mí, insultaste a todo lo que te había hecho daño y yo solo estaba ahí en el momento equivocado. No tengo nada que perdonarte, Diego, pero si necesitas escucharlo, te lo digo. Estás perdonado.
Siempre estuviste perdonado. Maradona llora sinvergüenza, sin esconderse, llora como un niño. Y Julio hace algo que nadie esperaría. se levanta, se acerca a Maradona y lo abraza. El cantante de los ricos abraza al héroe del pueblo en un camerino después de un concierto, 10 años después de una noche de insultos, dos mundos que nunca debían encontrarse.
Encontrándose, Diego, escúchame. Julio se separa, lo mira. Tú le diste a Argentina el momento más feliz de su historia. La mano de Dios. El gol del siglo. 50 millones de personas lloraron de felicidad por ti. Eso no desaparece. Eso no se borra. Lo que vino después, los errores, las caídas, eso es humano. Todos caemos. Pero lo que hiciste en el 86, eso es inmortal.
