Entos revelan que Jesús Ricardo N había realizado estudios y trámites para un proyecto de combustible en Salinas Victoria. Escuche. Atención, atención. Omar García Harfush da un golpe sobre la mesa contra el huachicol. Reventó 40 empresas fantasma, 23,000 millones de pesos robados y a un solo hombre que creyó que los papeles lo protegerían mejor que cualquier arma.
Omar García Harfuch ordenó el operativo antes del amanecer no porque tuviera una pista nueva, sino porque después de 7 meses de inteligencia acumulada, 43 días de vigilancia aérea y una llamada telefónica interceptada a las 22:47 horas de la noche anterior, el cerco ya estaba tan cerrado que esperar un minuto más era regalarle tiempo al enemigo.
Harfuch activó el protocolo y Nuevo León dejó de dormir. Lo que ningún noticiero te va a decir esta noche es que los permisos que usó Jesús Ricardo para mover combustible ilegal no eran falsos. Eran permisos reales, firmados, sellados, obtenidos. El problema es que la empresa que lo solicitó nunca existió.
Pero hay algo más profundo que eso, algo que los noticieros no te van a contar. Porque la pregunta verdadera de este caso no es cómo robaron 23,000 millones. La pregunta es, ¿quién dentro de Pemex los dejó entrar? ¿Ese nombre existe, está en los archivos de Harf? Y esa pregunta tiene respuesta, solo que todavía no es pública.
Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender lo que ocurrió en Nuevo León, hay que entender primero qué eran los petrofactureros. No era un cartel de hombres armados en la sierra. No había campamentos, no había sicarios apostados en retenes, no había naromantas colgadas en los puentes.
Lo que había era algo más sofisticado y en muchos sentidos más peligroso. Era una corporación criminal. Jesús Ricardo Puente no operaba desde un rancho escondido. Operaba desde oficinas, tenía escritorios, impresoras, asistentes, tarjetas de presentación, dirigía una red de más de 40 empresas que en papel se dedicaban a logística. transporte y energía, empresas con razón social, con RFC, con cuentas bancarias activas, con contratos firmados, empresas que pagaban algunos impuestos para no levantar sospechas, empresas que existían perfectamente en el sistema y
que en la realidad no tenían un solo empleado real, un solo camión registrado a su nombre, una sola bodega que les perteneciera. El negocio era simple en concepto y brutal en escala. Introducir combustible al país por puertos marítimos, moverlo en tren hasta el centro, redistribuirlo por tierra usando tractocamiones que en papel pertenecían a empresas limpias y cobrar como si fuera combustible legítimo, sin pagar los impuestos que corresponden, sin pasar por los controles que exige la ley. El margen de ganancia por litro era
obseno multiplicado por millones de litros, se convirtió en 23,000 millones de pesos. Jesús Ricardo era una pieza esencial de esa maquinaria, no el cerebro, este Tom ese era otro hombre al que en este canal vamos a llamar el contador y al que vamos a dedicarle tiempo más adelante porque su historia es más perturbadora que la de cualquiera de los que ya cayeron.
Jesús Ricardo era el operador logístico el que resolvía el problema práctico, mover el combustible físicamente de un punto a otro sin que nadie hiciera preguntas. y durante años lo logró y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Jesús Ricardo Puente no era un improvisado, era un hombre que había construido su operación con cuidado, con paciencia, con una inteligencia fría para los detalles.
No cometió errores de novato, cometió errores de arrogante. Y en este negocio la arrogancia tiene una sola consecuencia. El primero de esos errores lo cometió seis semanas antes de que los agentes tocaran su puerta. Hasta ese momento, los petrofactureros distribuían sus operaciones de trasbase entre tres predios distintos en el área metropolitana de Monterrey.
Era ineficiente, era lento, era costoso. Jesús Ricardo tomó la decisión empresarial más lógica del mundo. Centralizar un solo predio en Salinas Victoria. Mejor infraestructura, acceso más directo a la carretera federal. capacidad para mover los 62 contenedores cilíndricos sin tener que coordinar entre múltiples ubicaciones.
Fue una decisión de optimización que cualquier consultor logístico habría aplaudido. Lo que Jesús Ricardo no sabía era que esa decisión acababa de crear el patrón que los analistas de la Agencia de Investigación Criminal necesitaban. A partir del 14 de marzo, un dron de vigilancia comenzó a registrar el tráfico vehicular en ese predio.
43 tractó camiones en un radio de 2 km. El mismo recorrido, las mismas horas, la misma secuencia. En inteligencia eso no es logística, es una firma. Y esa firma quedó grabada en los servidores del Centro Nacional de Inteligencia. Ese fue el primero. El segundo error lo cometió 16 días antes del operativo. Una auditoría fiscal de rutina se acercaba a tres de sus empresas.
Era el tipo de presión administrativa que los petrofactureros habían navegado decenas de veces. Sabían cómo responder, qué documentos presentar, qué explicaciones dar. Pero esta vez Jesús Ricardo decidió ser precavido. Ordenó concentrar la documentación sensible de esas tres empresas en el inmueble de San Pedro Garza García.
La dirección más limpia de la red. Una zona residencial de alto valor, una dirección que nunca había aparecido en ningún operativo previo. Parecía el movimiento más inteligente posible, sacar los papeles comprometedores del predio industrial y resguardarlos en la dirección corporativa de mayor perfil. Lo que Jesús Ricardo no sabía era que ese inmueble en San Pedro llevaba 3 semanas bajo vigilancia de la FEMdo y que el movimiento de cajas, carpetas y archiveros hacia esa dirección fue fotografiado, catalogado y añadido al expediente federal esa misma tarde. El
tercer error llegó la noche anterior a las 21:30 horas, Jesús Ricardo recibió una llamada desde un número no identificado. Alguien en su red había escuchado rumores, cateos en el sector, movimiento inusual de vehículos federales. La advertencia era vaga, pero era una advertencia. Jesús Ricardo analizó sus opciones.
Si movía los tractocamiones esa noche, el movimiento masivo de vehículos industriales en horario nocturno llamaría más atención que cualquier otra cosa. Decidió no mover nada, quedarse quieto, dejar que el rumor pasara. Lo que Jesús Ricardo no sabía era que esa llamada había sido interceptada a las 22:47 horas por el Centro Nacional de Inteligencia y que su decisión de no moverse fue exactamente la confirmación que los analistas necesitaban para saber que el objetivo estaba en su posición.
En ese momento, Harf dio la orden definitiva. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harf ya tenía todo lo que necesitaba. A las 4:15 de la mañana, los primeros vehículos sin identificación comenzaron a moverse por las calles de San Pedro Garza García. No había sirenas, no había torretas encendidas, no había columnas de patrullas con escolta, lo que había era silencio calculado, el tipo de silencio que se entrena, que se ensaya, que se ejecuta con la precisión de una coreografía que nadie va a ver, pero que
decide todo. Cuatro equipos de la Agencia de Investigación Criminal coordinados en tiempo real desde un centro de mando móvil estacionado a 800 m del primer objetivo, se desplegaron en formación de cierre perimetral. No avanzaban hacia los inmuebles, los envolvían. El dron llevaba 97 minutos sobrevolando el área cuando los equipos terrestres tomaron sus posiciones.
Desde su cámara de visión térmica, el operador registraba las firmas de calor de cuatro inmuebles simultáneamente. El residencial de San Pedro Garza García, el corporativo en la zona industrial de Monterrey, el predio operativo en Escobedo y el patio de maniobras en Salinas Victoria. Cuatro puntos en el mapa, cuatro cercos que tenían que cerrarse al mismo tiempo, porque si uno de los equipos se movía antes que los otros, había riesgo de activar comunicaciones de alerta entre los ocupantes.

La coordinación no era opcional, era la diferencia entre una captura limpia y un operativo que se convierte en fuga. En el centro de mando móvil, los canales de comunicación operaban en frecuencia encriptada rotativa. El protocolo cambiaba cada 4 minutos para impedir que cualquier equipo de contravigilancia enemigo pudiera seguir las transmisiones.
Los agentes en campo no usaban nombres, usaban números de posición. El objetivo principal era posición cuatro. El predio de Salinas Victoria era posición uno. Cada equipo confirmó su estatus con un solo pulso de radio. Listo. El dron registró movimiento en posición 4 a las 4:47 de la mañana.
Una figura térmica se incorporó en el interior del inmueble de San Pedro. Se desplazó hacia lo que el sistema identificó como la zona de cocina. Una luz encendió. Jesús Ricardo Puente estaba despierto, no lo sabía todavía, pero los agentes ya estaban en el perímetro exterior, a menos de 40 m de la puerta principal, esperando la señal.
Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. A las 4:52 de la mañana, los cuatro equipos confirmaron posición simultánea. El cerco estaba completo en los cuatro municipios al mismo tiempo, sin que ninguno de los ocupantes de los inmuebles tuviera la menor idea de lo que estaba a punto de ocurrir. Afuera las calles seguían vacías. Afuera Nuevo León dormía.
En los monitores del centro de mando, cuatro círculos rojos rodeaban cuatro puntos en el mapa. La orden llegó a las 4:53. Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. A las 4:53 con1 segundos de la mañana, los cuatro cercos se activaron de manera simultánea. Los primeros 4 minutos fueron de dominio total.
En los cuatro inmuebles al mismo tiempo, los equipos de la Agencia de Investigación Criminal ejecutaron entradas controladas, puertas abiertas por la fuerza en menos de 8 segundos, voces de mando proyectadas con la claridad de quien ha entrenado esta situación cientos de veces. Luces tácticas barriendo habitaciones en secuencia.
Los ocupantes de los predios en Monterrey, Escobedo y Salinas Victoria fueron reducidos antes de que cualquiera de ellos pudiera completar una llamada telefónica. En el predio de Salinas Victoria, dos hombres intentaron moverse hacia la zona trasera del patio de maniobras. Fueron interceptados a los 11 m, sin disparos, sin resistencia armada efectiva.
El entrenamiento contra el instinto y el entrenamiento ganó. Los siguientes 6 minutos fueron de resistencia calculada. En el inmueble de San Pedro Garza García, la situación fue distinta. Jesús Ricardo Puente no intentó huir, intentó comprar tiempo. Cuando los agentes entraron, lo encontraron de pie en el pasillo central del inmueble con el teléfono en la mano, no apuntando un arma, marcando un número.
Los agentes le ordenaron soltar el dispositivo. Jesús Ricardo demoró 4 segundos más de lo aceptable. 4 segundos en los que sus ojos recorrieron la habitación, calcularon distancias e evaluaron opciones. Un arma fue detectada a 1 metro de su posición sobre un mueble lateral, una pistola calibre 45 con cartucho útil. Jesús Ricardo no llegó a ella.
Los agentes controlaron la situación con velocidad quirúrgica. El teléfono cayó al suelo. La llamada nunca conectó. Los últimos 2 minutos fueron de colapso total. Con Jesús Ricardo controlado en San Pedro y los tres predios restantes asegurados, los equipos iniciaron el protocolo de aseguramiento simultáneo. Jesús Ricardo Puente fue reducido en el pasillo de su propio inmueble a 3 m de un escritorio donde descansaba una carpeta azul marino con el logo de una empresa de consultoría ambiental.
Fue esposado con las manos detrás de la espalda. Un agente le informó sus derechos en voz clara y sin prisa. Jesús Ricardo no respondió, miró hacia el escritorio, miró la carpeta y en ese momento, según el reporte interno del operativo, fue la primera vez que su expresión cambió. La captura de Jesús Ricardo Puente fue el resultado de 43 días de vigilancia aérea, 214 horas de análisis de inteligencia financiera y una cadena de errores que él mismo construyó sin saberlo.
Cuando los agentes lo sacaron del inmueble a las 5:07 de la mañana, afuera el cielo de San Pedro Garza García comenzaba a clarear. Los tractocamiones en el patio de Salinas Victoria seguían inmóviles exactamente donde él había decidido dejarlos la noche anterior. Esa decisión, la última que tomó como hombre libre, fue también la que selló su destino.

A las 5:21 de la mañana, el jefe del operativo transmitió el parte oficial al centro de mando. Alto al fuego, amenaza neutralizada, cero bajas federales. Eso no es todo. El siguiente hallazgo hizo silencio en la sala. Cuando los agentes comenzaron el inventario, tardaron 3 horas en terminar. No porque hubiera mucho que contar, sino porque cada objeto que aparecía habría una nueva pregunta.
Cada número que registraban en el acta de aseguramiento era un número que alguien había movido, escondido, disfrazado y protegido durante años. El inventario no era burocracia, era arqueología criminal. Y lo que estaban desenterrando era la arquitectura completa de una operación que había funcionado durante años frente a las narices de tres niveles de gobierno sin que nadie o casi nadie levantara la mano.
Empecemos por los vehículos 42 tractocamiones, no uno, no cinco, no una flotilla pequeña de transporte regional. 42 unidades de carga pesada, cada una con capacidad para mover entre 30 y 40,000 L de combustible por viaje. Si los pones en fila, uno detrás del otro, ocupan más de 1 km de carretera. Si calculas el volumen que podían mover en una sola operación coordinada, estás hablando de más de 1 millón de litros de combustible ilegal en un solo movimiento.
Eso no es huachicol de manguera, eso es una empresa de distribución de combustible que simplemente nunca pagó impuestos. ni pidió permiso. 13 camiones de carga adicionales, camiones de volteo sin número especificado en el comunicado oficial, pero cuya presencia en un predio de trasbase de combustible no tiene ninguna explicación logística legítima.
Dos retroexadoras, una grúa de canastilla, el tipo de maquinaria que no se compra para un negocio pequeño, el tipo de maquinaria que se compra cuando planeas quedarte. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente. 62 contenedores cilíndricos, cada uno con capacidad de almacenamiento de entre 20 y 30,000 L. Haz la multiplicación.
Estás frente a una capacidad de almacenamiento estático de entre 1,2 y 1,8 millones de litros de combustible en un solo predio en Salinas Victoria, Nuevo León, a 40 minutos del centro de Monterrey. Cuatrimotos, vehículos particulares, inmuebles adicionales, un predio completo habilitado como zona de maniobras y trasbase con infraestructura para conectar contenedores, llenarlos, vaciarlos y volverlos a llenar.
Pero lo más valioso no brillaba. En el escritorio del inmueble de San Pedro Garza García, exactamente donde los ojos de Jesús Ricardo se habían dirigido en el momento de su captura, los agentes encontraron una carpeta de color azul marino, logo impreso en la portada, consultoría ambiental integradora del norte, sociedad anónima de capital variable.
Adentro estudios de impacto ambiental, 12 documentos técnicos impecablemente redactados con firmas de ingenieros con cédula profesional verificable, con referencias a la Ley General del Equilibrio Ecológico, con tablas de medición de emisiones y análisis de suelo, documentos que justificaban técnicamente el trasvase de combustible en predios industriales, documentos que cualquier inspector de la SEMARNAT habría revisado, encontrado en orden.
orden y archivado sin hacer más preguntas. Ese objeto pequeño, esa carpeta azul no tenía el peso de un tractocamión ni el volumen de un contenedor cilíndrico, pero contenía algo que ninguna de esas máquinas podía proporcionar. Legitimidad fabricada, la firma de un sistema que fue infiltrado con precisión quirúrgica. Y entonces llegó el hallazgo que abrió la pregunta más incómoda de toda la investigación.
Entre la documentación asegurada, los agentes identificaron registros vinculados a al menos tres empresas investigadas por delitos en materia de hidrocarburos. Pero los folios de algunos de esos documentos, las claves internas de registro no correspondían a las empresas visibles de la red, correspondían a una capa más profunda, una capa que los petrofactureros nunca mencionaron en ninguna de sus estructuras corporativas conocidas.
Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. ¿Cuántas capas más tiene esta cebolla? Omar García Harfuch no celebró. Eso es lo primero que hay que entender sobre cómo opera este hombre. Cuando los resultados del operativo llegaron al gabinete de seguridad, cuando los números se confirmaron, cuando el parte de cero bajas federales se volvió oficial, Harfó una rueda de prensa festiva.
No posó para fotografías frente al inventario de tractocamiones. Lo que hizo fue emitir una declaración, cuatro oraciones sin adjetivos, sin triunfalismo. Escúchalas con atención porque cada palabra fue elegida. Desmantelamos una estructura que operó durante años usando el sistema en su contra. Jesús Ricardo Puente y quienes lo rodean serán procesados con todo el peso de la ley.
Esta red no termina con una detención, termina cuando identifiquemos y procesemos a cada uno de sus eslabones. El trabajo continúa. Primera oración. Desmantelamos una estructura que operó durante años usando el sistema en su contra. Harf no dijo criminal. Women no dijo ilegal, dijo usando el sistema en su contra. Esa frase es un reconocimiento deliberado de que el problema no era solo Jesús Ricardo, era que el sistema tenía grietas por las que esta red había pasado durante años.
Harf está diciéndole algo al sistema. Está diciéndole, “Los encontré y sé cómo entraron.” Segunda oración. Jesús Ricardo Puente y quienes lo rodean serán procesados. La frase no termina en Jesús Ricardo, termina en quienes lo rodean. En inteligencia judicial esa frase no es retórica, es una notificación. Hay más nombres en el expediente, hay más personas que van a recibir una visita.
Arpush no está cerrando un caso, está anunciando la siguiente fase. Tercera oración. Esta red no termina con una detención. Aquí es donde la declaración se convierte en mensaje codificado. Harf sabe. Y quien tenga razones para escuchar sabe que Harf sabe que hay un nivel superior de esta organización que todavía no ha sido tocado.
El contador, el hombre que diseñó la arquitectura financiera, el hombre que todavía está en audiencias con corbata y abogado. Harfuch le está hablando a él directamente, le está diciendo, “Sigo aquí.” Cuarta oración. El trabajo continúa. Tres palabras. La sentencia más corta y más pesada de todas. No es una promesa política, es una advertencia operativa.
El cerco no se levantó cuando se levantaron los agentes de Salinas Victoria. El cerco simplemente se movió. Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. Lo que ocurrió en Nuevo León no fue un operativo aislado. Fue el capítulo más reciente de una investigación que comenzó en el mar. El 22 de abril de este año, las autoridades federales dieron a conocer el desmantelamiento inicial de los petrofactureros tras 7 meses de investigación, 14 personas detenidas en operaciones simultáneas en múltiples estados. El esquema logístico era
multimodal, transporte marítimo, ferroviario y terrestre combinados para fragmentar la trazabilidad del combustible desde su punto de entrada al país. El objetivo era que en ningún momento hubiera una sola empresa, un solo vehículo o un solo documento que conectara el combustible en el puerto con el combustible en la gasolinera ilegal.
La cadena de custodia criminal estaba diseñada específicamente para que ningún eslabón individual fuera suficiente para probar el delito completo. Ese modelo tiene un antecedente directo, el buque Challenge Prosi Challenge Prosi fue asegurado con 10 millones de litros de combustible a bordo. 10 millones de litros. Para ponerlo en escala, eso es suficiente combustible para llenar el tanque de un automóvil compacto 666,000 veces.
El aseguramiento derivó en la detención de 11 funcionarios, 11 personas con credencial oficial, con cargo institucional, con acceso a los sistemas de control aduanero y portuario que supuestamente debían impedir exactamente esto. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. Ulises Lara, fiscal de asuntos relevantes de la FGR, declaró que las operaciones simuladas de esta red alcanzaron los 23,000 millones de pesos.
Para contextualizar ese número es aproximadamente el presupuesto anual completo de salud pública de tres estados medianos de la República. No es dinero que se evaporó en el aire, es dinero que se fue a cuentas, a propiedades, a estructuras financieras construidas con la misma meticulosidad con la que se construyeron las empresas fachada.
El patrón que este operativo confirma es uno que el gabinete de seguridad lleva meses documentando. Las organizaciones criminales más rentables del México actual no son las que disparan más, son las que firman mejor. Son las que entienden que una carpeta con estudios de impacto ambiental abre más puertas que cualquier arsenal. son las que invierten en abogados, contadores y gestores antes de invertir en armamento.
La pregunta incómoda que ninguna institución está respondiendo públicamente es esta. Si los petrofactureros operaron durante años, si sus documentos pasaron a auditorías, si sus contratos llegaron a valer 23,000 millones de pesos, ¿cuántas redes similares siguen operando hoy en este momento con carpetas igual de perfectas y empresas igual de invisibles? Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. Jesús Ricardo Puente cayó.
14 personas están procesadas. Héctor Iván, el probable líder de los petrofactureros, fue vinculado a Proceso el 3 de mayo, pero el contador sigue sentado en una sala de audiencias con corbata y abogado caro. Y eso es exactamente el problema, porque el contador no era el hombre que movía los tractocamiones, no era el hombre que firmaba los contratos de trasvase, el contador era el arquitecto, el hombre que diseñó la estructura de 40 empresas para que ninguna de ellas, vista de manera individual pareciera suficientemente ilegal como para
justificar una intervención. El hombre que entendió que la mejor protección para una organización criminal no es la lealtad de sus miembros, es la complejidad de su arquitectura. Si la estructura es lo suficientemente enredada, si hay suficientes capas, suficientes personas jurídicas, suficientes contratos intermedios, la justicia tarda.
Y mientras la justicia tarda, el negocio continúa. Lo que Harfuch tiene ahora es considerable. Tiene a Jesús Ricardo Puente. Tiene los 42 tractocamiones, los 62 contenedores, los inmuebles, la carpeta azul marino. Tiene la documentación de tres empresas investigadas con folios que apuntan a una capa más profunda de la red. Tiene 11 funcionarios del caso del Challenge Protion que están siendo procesados y que en algún punto del proceso judicial van a empezar a hablar.
Tiene 7 meses de inteligencia acumulada, 214 horas de análisis financiero y una cadena de errores documentada que va desde el 14 de marzo hasta las 4:53 de la mañana del día del operativo. Pero hay algo que Harfush todavía no tiene públicamente. Lo que le falta, lo que el expediente todavía no cierra, es el nombre del funcionario de Pemex, que autorizó los contratos de importación que le dieron cobertura legal a los 10 millones de litros del Challenge Prosion durante más de 2 años.
Ese contrato no apareció de la nada. Alguien lo redactó, alguien lo revisó, alguien lo firmó, alguien recibió algo a cambio. Ese nombre existe, está en alguno de los folios de esa documentación asegurada en San Pedro Garza García. ¿Está en alguna de las declaraciones de los 11 funcionarios detenidos en el caso del buque? Está en el expediente que la FEO construyó durante 7 meses.
Y en el próximo video de este canal vamos a hablar específicamente del Challenge Pron, del buque, de los 10,0000 de litros, de los 11 funcionarios y del contrato que nadie ha explicado todavía. el contrato de importación con fecha del 17 de febrero de 2023 que le abrió la puerta a toda esta operación porque ese documento es el hilo y cuando jalas el hilo lo que cae no es solo una red de combustible.
Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo. Regresa por un momento al inicio de este video 40 empresas fantasma, 23,000 millones de pesos robados y un solo hombre que creyó que los papeles lo protegerían mejor que cualquier arma. Jesús Ricardo Puente tenía razón en algo.
Los papeles son más poderosos que las armas en este país. Una pistola 45 sobre un mueble no detiene a un operativo federal. Pero una carpeta con estudios de impacto ambiental perfectamente redactados puede mantener una operación de combustible ilegal funcionando durante años frente a las narices de tres niveles de gobierno. Lo que Jesús Ricardo no calculó es que hay un punto en el que la arquitectura documental más sofisticada del mundo no puede protegerte de una cosa.
Un dron que lleva 97 minutos sobrevolando tu predio y un analista que lleva 214 horas reconstruyendo cada uno de tus movimientos. La carpeta azul marino está abierta sobre una mesa en las instalaciones de la FEMDO esta noche. Los ingenieros que firmaron esos estudios de impacto ambiental están siendo identificados.
Los folios que no cuadran con las empresas conocidas están siendo rastreados hacia esa capa más profunda que nadie ha nombrado públicamente todavía. Y los 11 funcionarios del Challenge Prosion saben que en algún punto del proceso, el nombre que todos están protegiendo va a tener que aparecer. Este canal existe para contarte lo que los noticieros convencionales no publican.
No porque esa información sea imposible de encontrar, sino porque requiere el tiempo, la profundidad y la voluntad de contar la historia completa, no solo el titular. Si llegaste hasta aquí, sabes que esto no es un caso cerrado. Esto es un caso que acaba de abrir su siguiente capítulo. Suscríbete si no quieres perderte ese capítulo cuando llegue activa la campana porque el próximo video sobre el Challenge Pro Seion va a responder preguntas que este video apenas planteó.
Y comparte esto con alguien que todavía crea que el huachicol son hombres con mangueras en el campo, porque lo que acabas de ver esta noche es otra cosa completamente. Jesús Ricardo Puente está detenido, los tractocamiones están asegurados, la carpeta azul marino está abierta y el contador todavía no ha recibido su visita.
Pero Harfuch ya sabe dónde buscarlo.