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La TRAGEDIA que ACABO con JAVIER “La chofis” LOPEZ

La TRAGEDIA que ACABO con JAVIER “La chofis” LOPEZ

Debutó con apenas 18 años y deslumbró con una zurda mágica que lo hizo viral. Lo compararon con Messi, le dieron la 10 de Chivas, fue campeón de liga, copa y Supercopa. Todos hablaban del nuevo crack mexicano, pero hoy con 29 años su nombre ya no aparece por sus goles, sino por todo lo que pasó fuera de la cancha.

Una historia llena de excesos, oportunidades desperdiciadas y decisiones que marcaron su destino. Este es el lado que pocos conocen de la Chofis López y lo que estás por ver no lo vas a poder creer. Javier Eduardo López Ramírez nació el 17 de septiembre de 1994 en Torreón, Coahuila. Creció en un barrio bravo, de esos donde la vida se vive al día y los sueños se estiran como se puede.

 Su familia, de recursos limitados, hacía lo imposible para salir adelante. Desde niño mostró algo distinto. No era el más alto ni el más fuerte, pero cuando el balón le llegaba a los pies, todos volteaban a verlo. Jugaba en las calles, en canchitas de tierra. Y ahí empezó a formarse su leyenda, la del chavito flaco, con zurda mágica que cada domingo metía de a tres o cuatro goles y dejaba a todos con la boca abierta.

 Lo que empezó como juego se convirtió en meta y esa meta era clara, ser el mejor del mundo. A los 5 años ya entrenaba y poco a poco fue metiéndose en torneos llaneros donde su nombre empezaba a sonar hasta que llegó el primer gran salto. Sus papás haciendo un esfuerzo enorme lograron meterlo al Ceifot, un centro de alto rendimiento para jóvenes promesas.

 Fue ahí donde conoció a Salvador Necochea, un promotor con buenas relaciones en el fútbol mexicano. Y fue gracias a él que Eduardo tuvo la chance de probarse en clubes grandes, primero en Atlas, después en Chivas. Pero la historia no arrancó como muchos creen. La primera avisoría con el Guadalajara fue un desastre.

 tocó el balón apenas dos veces, no destacó, no brilló, de hecho fue rechazado, pero Necochea, moviendo sus contactos, le consiguió una segunda oportunidad. En esa tampoco fue el mejor, pero esta vez ya había alguien empujando por él y lo aceptaron. Así, casi por insistencia, más que por mérito, la Chofis entró a la cantera del rebaño.

 Una vez dentro de las fuerzas básicas de Chivas, Suzurda empezó a hablar por él. Técnicamente era un fuera de serie. Gambeta corta, visión, golpeo suave y preciso. No era rápido ni físico, pero entendía el juego como pocos. subió de categoría en categoría, sub17, sub20, hasta que Benjamín Galindo lo subió al primer equipo en 2013.

 Tenía apenas 18 años y jugó tres partidos con muy pocos minutos. Nada especial, pero ya estaba ahí. Ya era profesional. Después, con el Chepo de la Torre como entrenador, su carrera se estancó. Lo regresaron a la sub20 y pasó 2 años sin ver luz hasta que llegó Matías Almeida. El argentino lo vio entrenar y supo de inmediato que ahí había oro.

 Le dio confianza, minutos protagonismo y la Chofis respondió. Su explosión llegó en un partido ante Monterrey. Entró de cambio y metió dos golazos con la zurda. El estadio se volvió loco. Los comentaristas empezaron a inflarlo y México entero se aprendió su apodo. La Chofis se volvió viral. Lo compararon con Messi, le dieron la décima, le hicieron notas, entrevistas, portadas, tenía fama, talento y una promesa enorme, convertirse en el próximo gran ídolo del Guadalajara.

 Bajo la dirección de Almeida, Chivas vivió su mejor época en años. Ganaron Copa MX, Supercopa y la Liga en 2017. La Chofis no siempre era titular, pero sí ese revulsivo que cambiaba partidos. un zurdo distinto, mágico, que con poco podía hacer mucho. Aportaba goles, asistencias, desbordes y aunque no era regular, tenía ese algo que no se entrena.

 Pero en cuanto más alto estaba, más empezaron a pesarle los focos. No todos saben lidiar con la fama. Algunos la usan de impulso, otros se ahogan en ella. Y la historia de la Chofis, que parecía una desuperación y gloria, empezaba a torcerse de a poco y eso apenas era el comienzo del verdadero problema, Génesis de los problemas. La salida de Matías Almeida en 2018 fue más que un simple cambio de técnico.

 Para muchos jugadores fue una transición dura, pero para la Chofis fue un punto de quiebre. El pelado era su protector, su guía, el único que parecía entenderlo y mantenerlo enfocado. Cuando se fue, todo se empezó a desmoronar. El vestidor de Chivas se quedó sin liderazgo. El equipo entró en crisis y Javier Eduardo López, sin ese respaldo que lo cubría, empezó a mostrar una cara que pocos conocían.

 Ya no era solo el bajón futbolístico, era la actitud. Distante, cerrado, sin ganas de escuchar. Paco Gabriel de Anda, entonces director deportivo, intentó acercarse para entender qué pasaba, pero se topó con una muralla. Nunca pude comunicarme con él”, confesó tiempo después. Chofis no respondía llamadas, no atendía a nadie. se encerró en sí mismo como si ya no le importara nada y eso en un equipo grande se paga caro.

 En los entrenamientos la tensión subía, se peleó con el Aris Hernández, un rose que tuvo que ser separado por otros compañeros. Dentro del grupo su presencia empezó a incomodar. Ya no era el joven callado con talento. Ahora era un jugador que empezaba a generar conflicto. Las redes sociales se le voltearon. Los abucheos en el estadio se hicieron costumbre y en vez de asumir responsabilidades se defendía con excusas que si la ropa le quedaba grande, que si lo trataban diferente, que si otros también jugaban mal. El talento ya no alcanzaba. Su

nombre ya no era sinónimo de magia, sino de decepción. Y eso quizás fue lo que más le dolió, porque cuando toda una afición te eleva, también te puede soltar sin previo aviso. La chofis, que un día fue esperanza, empezaba a convertirse en carga. Y lo peor, todavía estaba por venir. La caída sin freno. La caída de Javier Eduardo López fue lenta, pero constante, como si a cada paso dejara una parte de sí en el camino.

 No se desplomó de golpe, pero fue perdiendo brillo, energía y enfoque. Y cuando quiso reaccionar, ya no era el mismo. jugador que alguna vez deslumbró al país entero, ahora era más conocido por sus problemas fuera del campo que por lo que hacía con la pelota. Todo comenzó con un video que le dio la vuelta a las redes, una escena en la que aparecía en una alberca en plena fiesta, rodeado de mujeres semidesnudas, alcohol y amigos, pasándola de lujo.

 El escándalo fue tal que el club tuvo que actuar de inmediato. Lo multaron, pero no pasó de ahí. Fue solo una llamada de atención más, una más en su historial, como si esas sanciones económicas fueran apenas cosquillas para alguien que vivía bajo el manto de la fama. Para peor, ese episodio derivó en tensiones internas en el club que desencadenaron en la renuncia de Matías Almeida su mayor respaldo.

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