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SILVIA PINAL: El HIJO SECRETO Que La Familia NEGRETE Ocultó 50 Años

  ¿Por qué? ¿Qué están ocultando? ¿Tienen de que sea verdad? ¿Tienen miedo de que Silvia Pinals tuvo un hijo con Pedro Infante? y que ese hijo tiene derecho a la herencia es menor que numeral uno.  Ocho numerales mayor que esa es la historia que voy a contar hoy, porque esta historia es larga, compleja y está la Elena de detalles que nunca se han contado.

con todas las pruebas, con todos los testimonios, con cada  carta, con cada fotografía, con cada documento y con la verdad que Silvia Pinal ocultó durante 77  años. Pero le advierto, lo que vas a escuchar va a cambiar todo lo que creía saber sobre Silvia Pinal y sobre Pedro Infante y sobre la época de oro del cine mexicano.

Porque la historia oficial es una mentira, una mentira gigantesca construida durante décadas para proteger reputaciones, para proteger fortunas y para proteger secretos. Secretos que involucran a las familias más poderosas del espectáculo mexicano. Y hoy se acaba la mentira. Empecemos desde el principio, el verdadero principio, no desde 1947, sino desde antes, desde la niñez de Silvia Pinal.

Porque para entender por qué Silvia tomó las decisiones que tomó, necesitas entender quién era Silvia y de dónde venía. Silvia Pinal Hidalgo nació el 12 de septiembre de 1931  en Guaima, Sonora. En una familia pobre, muy pobre. Su padre Moisés  Pinal era comerciante. Vendía telas, ropa, artículos de mercería, pero no  ganaba mucho dinero, apenas lo suficiente para sobrevivir.

Y su madre,  María Luisa Hidalgo, era ama de casa. Y Silvia tenía dos hermanas. Guadalupe y María de Jesús y vivían en una casa pequeña de dos cuartos con piso de tierra, sin agua corriente, sin electricidad, en la  pobreza. Y cuando Silvia tenía 5 años, su padre murió. de tuberculosis y dejó a la familia en la miseria, completa miseria,  sin dinero, sin apoyo,  sin nada.

Y María Luisa tuvo que trabajar haciendo  lo que pudiera, lavando ropa, limpiando casas. cocinando para otras familias, todo  para alimentar a sus tres hijas. Pero no era suficiente. Nunca  era suficiente. Entonces, María Luisa tomó una decisión. Se mudó a la Ciudad de México en 1937, cuando Silvia tenía 6 años.

buscando mejores  oportunidades, mejores trabajos, mejor vida. Pero la Ciudad de México en 1937  era difícil, muy difícil, especialmente para una  mujer sola, con tres hijas pequeñas y sin educación. sin contactos, sin nada. Entonces,  María Luisa siguió haciendo trabajos domésticos en casas de gente rica, en la colonia  Roma, en la colonia Condesa y Silvia y sus hermanas la acompañaban.

Y ahí viendo  cómo vivía la gente rica, Silvia se hizo una  promesa, una promesa que nunca olvidaría. Se dijo a  sí misma, “Algún día yo voy a vivir así. Voy a tener una casa grande con muchos cuartos, con criados. con todo y nunca más voy a ser pobre. Y esa promesa, esa obesión con no ser pobre dictó  todas las decisiones de Silvia durante toda  su vida, incluyendo la decisión de dar a su hijo en adopción.

Pero eso viene después. Primero necesitas entender cómo Silvia entró al cine, porque  no fue por talento, al menos no al principio, fue por  necesidad, necesidad económica desesperada. Cuando Silvia tenía 13 años, en 1944, María Luisa se  enfermó gravemente, neumonía y no podía trabajar. Y las niñas no tenían para comer.

Literalmente pasaban  días sin comer o comían solo tortillas con sal. Y Silvia, la mayor, decidió que ella tenía que trabajar para alimentar  a su familia. Entonces salió a buscar trabajo por toda la ciudad y un  día vio un anuncio en un periódico  que decía, “Se buscan extras para película, estudios churubusco, presentarse de 8 a 10 amente a las 7  de la mañana para ser la primera en la fila.

Y cuando llegó ya había cientos de personas, todas buscando trabajo  como extras. Pero Silvia no se rindió, se formó y  esperó. Durante horas. bajo el sol, sin comer, sin tomar agua y finalmente es menor que  numeral cero ocho numeral es mayor que a las 2 de la tarde. La llamaron y un asistente de producción la vio y le dijo, “¿Cuántos años tienes?” Y Silvia respondió, 16.

Mintió porque  tenía 13, pero sabía que si decía su edad real, no la iban a contratar, porque era ilegal contratar a menores de 16. Y el asistente la miró de arriba a abajo y le dijo, “Está  bien, te vamos a dar 5 pesos por día.” Y Silvia aceptó feliz porque 5 pesos era dinero suficiente para comprar comida para su familia por al menos una semana.

Y ese fue el inicio de la carrera de Silvia Pinal como extra en películas que no recuerda, haciendo papeles sin diálogo, solo caminando o parada en  el fondo, pero ganando dinero. Poco dinero, pero dinero al fin. Y Silvia trabajó como  extra durante 2 años, de 1944 a 1946. Y en ese tiempo aprendió, aprendió  cómo funcionaba el cine, cómo se hacían las películas, cómo los actores se comportaban, cómo se vestían, cómo hablaban.

Y Silvia observaba todo a las actrices famosas. como Dolores del Río, como María Félix, como Libertad la Marque y Silvia se estudiaba sus gestos, sus movimientos,  su forma de hablar y los copiaba en casa, frente al espejo. practicando durante horas porque Silvia no quería ser extra toda su vida, quería ser actriz, estrella,  como María Félix, como Dolores del Río.

Y Silvia sabía que para lograrlo necesitaba más que talento, necesitaba beleza. Y Silvia era bella, incluso a los 13 años. Tenía ojos grandes, verdes, expresivos, piel blanca, casi pálida. cabello negro, largo, ondulado y un cuerpo que estaba empezando a desarrollarse. Y los hombres en el set lo notaban, la miraban demasiado de formas que la hacían sentir incómoda.

Pero Silvia aprendió a usar eso. aprendió que su belleza era un arma, una herramienta que podía usar para conseguir lo que quería. Y en 1946, cuando Silvia tenía 15 años, consiguió su primer papel con diálogo en una película llamada Belami. Era un papel pequeño, solo tres líneas, pero era algo, era más que ser extra.

Y Silvia se preparó, practicó sus líneas durante días hasta que las  sabía perfectas. Y cuando llegó el día de filmar, Silvia estaba nerviosa, muy nerviosa,  porque sabía que esta era su oportunidad,  su oportunidad de impresionar, de que alguien la notara.  Y alguien la notó. El director de la película, Juan Orol.

Y después de que Silvia terminó su escena, Juan la llamó y le dijo, “Es menor que numeral uno. Cero numeral es mayor que tienes talento, niña. ¿Cuántos años tienes?” Y Silvia otra vez mintió. 18. Cuando tenía 15. Y Juan la miró con una mirada que Silvia no entendió, pero que debería haber entendido porque era una mirada de deseo de un hombre de 40 años mirando a una niña de 15.

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