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RESORTES: El comediante que hizo reír a México entero… y murió solo y en la miseria 

RESORTES: El comediante que hizo reír a México entero… y murió solo y en la miseria 

Resortes, el comediante que hizo reír a México entero y murió solo y en la miseria. El año es 2002. Los estudios de Televisa, Ciudad de México. Un hombre de 86 años está frente a las cámaras, caracterizado con ropa vieja, sucia y rota. Su personaje es un vagabundo, un mendigo sin nombre, sin historia, sin importancia dentro de la trama de una telenovela infantil llamada Vivan los niños.

 Ese hombre había protagonizado más de 100 películas, había llenado teatros desde México hasta Argentina, había hecho reír a varias generaciones de mexicanos durante 70 años seguidos. Ese hombre se llamaba Adalberto Martínez y México lo conocía como resortes. Ese día frente a esa cámara no fue una decisión artística, fue la consecuencia de décadas de un sistema que consumió el talento de los más grandes sin devolverles nada.

 Resortes estaba ahí porque necesitaba trabajar, porque un país que se había enriquecido con su risa nunca construyó ninguna protección para él. Hoy vas a descubrir como el niño más pobre del barrio bravo de Tepito se convirtió en el rey indiscutible de la comedia mexicana, porque nunca recibió ni un solo peso de los más de 100 películas que hicieron reír a este país durante décadas.

 La tragedia que lo partió por dentro 7 años antes de su muerte. Algo tan cruel que ningún guionista se atrevería a inventarlo. La verdad completa detrás de la historia del moonwalk. esa historia que México lleva décadas contando a medias y cómo en el momento en que más lo necesitaba las personas que más amaba no estaban ahí.

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Antes de comenzar, dime en los comentarios, ¿Ya conocías a Resortes o lo estás descubriendo hoy? ¿De qué generación eres? Quiero leer cada respuesta. Durante las grabaciones de Vivan los niños, algo salió muy mal. El frío de los estudios, el esfuerzo físico de un cuerpo de 86 años y el daño acumulado de más de siete décadas fumando se combinaron de una manera que nadie pudo detener.

 Resortes contrajo neumonía en pleno set. Tuvo que abandonar el proyecto antes de terminarlo. Fue su último trabajo frente a una cámara. El hombre que había bailado el mambo en escenarios de toda América Latina, el hombre que había hecho acrobacias cómicas en más de 100 producciones, salió de ese set enfermo con los pulmones destruidos, sin haber terminado el único trabajo que tenía.

 Un mes después de abandonar las grabaciones, Resortes visitó Los Pinos. Se sentó frente a Vicente Fox, presidente de México, y le contó cómo había enfermado haciendo de mendigo en una telenovela infantil. Fox escuchó, la conversación terminó y 30 días después de esa visita, Adalberto Martínez murió.

 La pregunta que nadie se hizo ese día, ni ese año, ni en los años que siguieron, es la misma pregunta que este video existe para responder. ¿Por qué un hombre con ese historial, con esa carrera, con ese legado necesitaba todavía trabajar a los 86 años? La respuesta empieza mucho antes. Empieza en un callejón, el callejón del estanquillo número 10, barrio de Tepito, Ciudad de México.

25 de enero de 1916. Adalberto Martínez Chávez nace como el segundo de siete hijos de Luis Martínez y Enriqueta Chávez, una familia sin recursos en uno de los barrios más duros de la capital mexicana. Desde pequeño, Adalberto enfrentó algo que ningún niño debería enfrentar. Un tío, Ramón Martínez, abusaba de él.

 La situación fue suficientemente grave para que su tía Constanza Bicochea, tomara la decisión de solicitar su tutela y sacarlo de esa casa. Ese es el México real en el que creció Resortes. No el México del glamour ni de los reflectores, el México del callejón de la infancia. interrumpida del miedo que nadie nombra, pero todos sienten.

 Con 15 años, Adalberto llegó hasta la puerta del teatro Hidalgo, pero no para ver los espectáculos. No tenía dinero para eso. Llegó a vender paletas de hielo para ayudar a su familia. Todos los días, parado en esa puerta, miraba hacia adentro. veía las luces, escuchaba las risas, sentía la música y todos los días tomaba la misma decisión en silencio.

Algún día iba a entrar por esa puerta, no como vendedor, como artista. Lo que vino después demostró que hay sueños que ningún callejón puede apagar. El apodo llegó de su propio hermano Carlos. Un día mirando caminar a Adalberto, Carlos empezó a reírse de esa forma tan extraña que tenía de moverse, como si tuviera resortes en las rodillas, como si sus piernas fueran de ule y no de hueso.

 Lo llamó resortes. Y Adalberto lo odió. Le pareció una burla, una forma de señalar lo que lo hacía diferente como si fuera un defecto. Pero el tiempo tiene una manera de convertir las heridas en identidad. Poco a poco, Adalberto entendió que eso que su hermano había señalado como una rareza era en realidad su mayor talento. Nadie bailaba como él.

Nadie tenía esa elasticidad imposible, esa energía que desbordaba el escenario, esa capacidad de hacer que el cuerpo dijera cosas que las palabras no podían decir. Cuando creó su frase, el apodo dejó de ser una burla y se convirtió en una declaración. resortín de la resortera para servirle a usted donde quiera y como quiera, menos por donde quiera y mientras Dios quiera.

 Con esa frase, Adalberto Martínez se convirtió oficialmente en resortes. Comenzó en los circos. Siguió en Las Carpas esos teatros de lona donde el pueblo mexicano se reunía a reír en los años 30 y 40 y llegó al teatro Hidalgo con 15 años después de convencer a un director para que le diera una oportunidad. El niño que había vendido paletas en esa puerta entró por fin y no volvió a salir durante 70 años.

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Confidencias de un ruletero. El bisbolista fenómeno Alón del Mambo, El Rey de México, La Niña de la Mochila Azul y su secuela. Dos de las películas juveniles más taquilleras de la historia del cine mexicano. Más de 100 producciones en cinco décadas. Encabezó la compañía Pachucos Review y recorrió México y América Latina de punta a punta.

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