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¿Por qué Cepillín murió en la miseria? La injusticia con El Payasito de la Tele 

¿Por qué Cepillín murió en la miseria? La injusticia con El Payasito de la Tele

¿Por qué Cepillín murió en la miseria? La injusticia con el payasito de la tele. Hay una imagen que el México moderno preferiría olvidar.  Un hombre de 75 años en una cama de hospital en la ciudad de México, tubos en la garganta, monitores parpadeando y afuera de esa habitación su familia abriendo una cuenta bancaria pública visible para cualquier persona en internet pidiendo donaciones para pagar la cuenta del hospital.

 Ese hombre había llenado estadios, había sido transmitido en 18 países al mismo tiempo. Había grabado discos que vendieron millones de copias. En un solo año, un único año de trabajo, había ganado suficiente dinero  para comprar su casa en Monterrey de contado, sin crédito,  sin hipoteca, al contado, y sin embargo ahí estaba sin poder pagar el hospital.

 Ese hombre era Ricardo González Gutiérrez.  El mundo lo conocía como Cepillín, el payasito de la tele, el palazo más amado de México. Y lo que vas a descubrir hoy no es solo la historia de un hombre que gastó lo que tenía, es la historia de un sistema que lo destruyó en el momento más alto de su vida  y que nunca, nunca lo dejó levantarse del todo.

 Hoy vas a saber el nombre y la cara del hombre poderoso que canceló la carrera de Cepillín con una llamada telefónica fría mientras él estaba de vacaciones en Puerto Rico y por qué Cepillín no lo perdonó hasta el último día de su vida. Vas a entender la decisión que tomó después de ese golpe y cómo esa decisión abrió una herida financiera que sangró durante décadas.

Vas a escuchar la confesión más bombástica que hizo en Cadena Nacional. Una confesión que sacudió a México entero  y que muy poca gente conoce en detalle. Y vas a entender por qué en los últimos meses de su vida una pandemia le apagó la única fuente de ingresos que le quedaba y cómo murió justo antes de ver la redención que ya casi llegaba.

 Esta es la historia de Cepillín, no la historia del payaso, la historia del hombre. Y si todavía no te has suscrito al canal, hazlo ahora. Presiona el botón de suscripción y activa la campanita.  Aquí hay investigación. Cada video que lanzamos vas a ser el primero en saberlo. Quédate. Febrero de 2021. México sigue en pandemia.

 Los hospitales están saturados. Y se pillin, que en los últimos meses no había podido trabajar porque todos los circos y los eventos estaban cancelados, ingresa de emergencia con dolores intensos en la columna. Al principio los médicos no tienen claro qué es, pero los estudios no mienten. Lo que encuentran dentro de su cuerpo es un cáncer linfático  que ha invadido el nervio de la columna vertebral.

 El sistema inmunológico,  ya debilitado por años de enfermedades, tres infartos previos, una salud que nunca fue la misma, no puede resistir. Lo intuban, lo llevan a la unidad de cuidados intensivos y entonces pasa algo que nadie debería tener que ver. La familia de Cepillín abre una cuenta bancaria pública, la publican en redes sociales, la difunden en medios y el mensaje es claro, aunque nadie lo diga con esas palabras exactas, necesitamos ayuda para pagar el hospital. Piénsalo un segundo.

 El payaso que llenó el estadio Azteca. El artista transmitido en simultáneo en 18 países de América Latina. El hombre cuyas canciones conoce cada niño mexicano de al menos cuatro generaciones. Ese hombre necesitaba que el público le donara dinero para su cuenta de hospital. No era un rumor, no era chisme de espectáculos, era una cuenta bancaria con número real publicada por su propia familia.

 El 8 de marzo de 2021, Ricardo González Gutiérrez murió de paro cardiorrespiratorio. Tenía 75 años. dejó deudas, no dejó herencia. El México entero lo lloró, las redes se llenaron de mensajes, los artistas lo homenajearon y entonces llegó la pregunta que nadie sabía muy bien cómo  responder. ¿Cómo llegó aquí? ¿Cómo le pasa esto al payaso más amado de México? Para entenderlo, tenemos que ir a donde todo comenzó.

¿Sabías que la familia de Cepillín pidió donaciones públicas mientras él estaba en la USI?  Comenta aquí abajo lo que sentiste cuando te enteraste. Monterrey, Nuevo León, 7 de febrero de 1946. Ricardo González nace en una familia de clase media en el norte de México. Estudia con esfuerzo, llega a la universidad, se convierte en dentista.

No es una historia de glamour, es la historia de alguien que trabaja duro para tener una profesión respetable y dar de comer a su familia. Pero hay un problema con ser dentista en México en los años 60 y 70. Los niños le tienen pánico a la silla, el ruido del taladro, el olor del consultorio, el hombre de bata blanca que va a meterte algo en la boca.

 Para un niño de 5 años, ir al dentista es una experiencia de terror. Y Ricardo González, que era un hombre que genuinamente amaba a los niños, no lo podía soportar.  Entonces hizo algo ridículo, algo absurdo, algo que ningún dentista serio de su época habría hecho. Se pintó la cara, se puso nariz roja y empezó a atender a sus pacientes infantiles vestido de payaso.

 Los niños llegaban aterrados, veían al payaso y se reían. Un canal local de televisión en Monterrey lo filmó trabajando así porque era una historia extraña y encantadora y ese segmento cambió todo. El público  respondió de una manera que nadie esperaba. La gente quería ver más al dentista payaso. El nombre  artístico nació ahí de la manera más natural del mundo. Cepillo de dientes.

El instrumento de su profesión. Cepillín. No fue un sueño artístico cuidadosamente planeado. No fue una estrategia de carrera calculada. Fue un accidente feliz. El tipo de accidente que solo le pasa a las personas que tienen algo genuino adentro. Y eso, esa autenticidad,  esa espontaneidad, ese origen humilde al servicio de los niños es lo que hace que la historia de su caída sea tan profundamente injusta.

 Porque todo empezó con el único objetivo de hacer que los niños no tuvieran miedo. ¿Cómo se destruye  algo así? Ahora te lo voy a contar. Para entender lo que le pasó a Cepillín, hay que entender cómo funcionaba la televisión mexicana  en los años 70. En ese México existía un solo camino real hacia la fama nacional,  Televisa.

 Y dentro de Televisa existía un solo hombre que decidía quién era estrella y quién no. un hombre que hacía y deshacía carreras con una sola llamada. Su nombre era Raúl Velasco y su programa se llamaba Siempre en Domingo. Siempre en Domingo era el programa de mayor audiencia en México y en gran parte de América Latina.

 Aparecer ahí era como recibir un sello de legitimidad del mundo del espectáculo. Era la diferencia entre ser artista regional y ser estrella nacional. era el  trono y Velasco era el rey que decidía quién se sentaba en él. Cepillín llegó a la ciudad de México desde Monterrey  con una carrera en crecimiento en el norte del país y un objetivo muy claro, entrar a Televisa, tocar la puerta de Raúl Velasco.

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