La doble vida de Rubby Pérez: Entre el dolor de su hija Sulinka, las sombras de sus amantes y la feroz disputa por la herencia tras la tragedia de Jet Set
La inesperada y trágica muerte de Rubby Pérez, una de las voces más excelsas y respetadas de la historia del merengue, ha sumido al pueblo dominicano y a la comunidad artística internacional en un profundo estado de conmoción. Sin embargo, más allá de las lágrimas por la pérdida de un ícono musical que definió una era, el fallecimiento del artista ha levantado una densa cortina que resguardaba su compleja y tormentosa vida privada. En lugar de un luto pacífico, los días posteriores a la tragedia se han transformado en un escenario de revelaciones desgarradoras, reproches familiares públicos, acusaciones de infidelidad y el inicio de lo que se perfila como una encarnizada batalla legal por una herencia millonaria.
El detonante de este huracán mediático han sido las declaraciones de Sulinka Pérez, hija mayor del cantante y corista de su propia agrupación musical. Rompiendo con el estricto hermetismo que caracterizaba al artista en vida, Sulinka decidió desahogar dolores profundos que llevaba guardados desde su infancia [01:38]. Con una honestidad brutal que ha dividido la opinión pública, la joven expuso las constantes infidelidades de su padre y el sufrimiento silencioso de su madre, doña Inés Lizardo, quien fuera la esposa legítima de Rubby Pérez durante décadas, desde que se conocieron cuando apenas tenían 12 años de edad [00:55], [01:17].
Doña Inés, recordada por quienes la conocieron como una dama de una elegancia y dignidad inquebrantables, falleció hace aproximadamente dos años [01:02]. Su partida física dejó en el cantante un remordimiento evidente debido a todo lo que ella tuvo que tolerar en la intimidad del hogar [01:08]. Rubby Pérez tuvo un t
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otal de siete hijos, pero solo cuatro de ellos nacieron dentro de su matrimonio con Inés: Sulinka, Yusulka, Rutmeriel y Julio Alberto [01:53]. Los tres restantes fueron fruto de relaciones extramatrimoniales que el artista mantuvo a lo largo de su carrera [02:00].
Entre estos romances fuera del matrimonio, el que causó la herida más profunda y duradera en el núcleo familiar fue el que Rubby Pérez sostuvo con la conocida diseñadora de modas Michelle Reynoso [02:07]. De esa relación nació Ana Beatriz, quien recientemente celebró su fiesta de quince años en un evento de ensueño inspirado en un bosque encantado [03:55], [04:02]. Sulinka Pérez describió el romance de su padre con Reynoso como una auténtica “puñalada” en el corazón de su madre y de sus hijos legítimos [02:24]. A pesar del resentimiento hacia la madre, los hijos mayores llegaron a acoger a la pequeña Ana Beatriz en su hogar cuando era niña [04:36]. No obstante, la indignación familiar alcanzó su punto máximo durante el velatorio del merenguero, cuando Michelle Reynoso se presentó en el lugar y comenzó a recibir a los asistentes como si fuera la viuda oficial o la dueña de la casa, un acto que Sulinka consideró una falta de respeto intolerable a la memoria de su madre [05:04].
A la par de estos viejos dolores familiares, se han destapado detalles de los últimos amoríos del intérprete de “Volveré”. Tras enviudar, el cantante inició una relación formal y pública en su círculo social con Lady Rosario, quien se desempeña como Cónsul General de la República Dominicana en Houston, Estados Unidos [06:21], [06:43]. Lo que parecía un tierno romance de madurez ha tomado un giro sumamente polémico tras filtrarse rumores en los pasillos políticos y del entretenimiento dominicano. Diversas fuentes aseguran que la funcionaria mantenía una doble vida sentimental, vinculándosele simultáneamente con altas figuras de la política dominicana, lo que ha generado un revuelo monumental que ensombrece el luto del artista, quien precisamente había adelantado su agenda artística en la discoteca Jet Set para viajar a Houston a encontrarse con ella [07:04], [07:26].
Mientras estos escándalos amorosos acaparan los titulares, en el trasfondo se cocina un conflicto de grandes proporciones: la repartición de los bienes materiales y el legado musical de Rubby Pérez. Apenas se sepultaron los restos del cantante, comenzaron a aparecer personas desconocidas alegando ser hijos del artista con la clara intención de reclamar una tajada de la fortuna [10:51]. Estos individuos han sido calificados de “charlatanes” y “oportunistas” por el entorno cercano al merenguero, dado que jamás se presentaron ni buscaron un vínculo afectivo mientras él estaba con vida [11:04].
Por otra parte, la tensión crece entre los cuatro hijos del matrimonio de Inés Lizardo y la hija menor, Ana Beatriz. Trascendió que el cantante, intuyendo quizás que su vida podría apagarse pronto, se aseguró de dejar varias propiedades valiosas directamente a nombre de su hija menor para protegerla legalmente [09:40], [09:46]. Esta acción ha despertado recelos y rumores de una inminente y feroz batalla en los tribunales entre los hermanos por la impugnación de bienes y los derechos de la herencia [09:53], [10:09].
En medio de la disputa económica, Sulinka Pérez ha manifestado su firme intención de mantener viva la música de su progenitor. Confirmó que asumirá los compromisos contractuales pendientes de la orquesta y que, cumpliendo una última voluntad de su padre, la agrupación musical pasará a llamarse oficialmente “Los hijos de Rubby” [09:07]. Sin embargo, la gran interrogante que queda en el aire es si Ana Beatriz o los demás hijos nacidos fuera del matrimonio serán incluidos en este proyecto musical y empresarial, o si la ruptura familiar definitiva los apartará para siempre del legado de su padre [09:13].
Por si fuera poco, la tragedia que le arrebató la vida a Rubby Pérez en la discoteca Jet Set continúa bajo el ojo de la justicia. Sulinka Pérez ha confirmado de manera contundente ante los medios que interpondrá una demanda formal contra los propietarios del establecimiento por una negligencia criminal que pudo haberse evitado [20:16]. Testimonios de otros artistas, como Sergio Vargas, revelaron que días antes del colapso estructural ya caían pedazos de arena y polvo del techo sobre el escenario, señales de peligro que los empleados simplemente barrían sin que la gerencia tomara cartas en el asunto [12:04], [12:14]. Las denuncias previas de los vecinos sobre las vibraciones y el peso excesivo de transformadores en el techo de una edificación de más de 50 años fueron sistemáticamente ignoradas por las autoridades a cambio de supuestos sobornos [12:58], [18:30], bajo la excusa de que el local era una “discoteca marca país” [18:47].
El fatídico lunes del accidente, el pianista de la banda salvó su vida de milagro al mover su instrumento unos pasos hacia atrás segundos antes de que una enorme viga de hormigón cediera y aplastara la zona VIP y el escenario donde Rubby Pérez cantaba su icónico tema “Color de rosa” [14:25], [14:40]. Sulinka relató el horror de ver cómo el techo se venía abajo en medio de un estruendo seco y una densa nube de polvo que lo cubrió todo de muerte [15:07]. Para empeorar la catástrofe, cuando los sobrevivientes intentaron escapar del caos y los escombros, se encontraron con que las salidas de emergencia del establecimiento estaban cerradas con candado, bloqueando una evacuación segura [16:09].
El cuerpo sin vida del legendario merenguero fue rescatado finalmente durante la madrugada [17:17], provocando un dolor incalculable en figuras de la talla de Wilfrido Vargas, quien lo catalogó con profunda tristeza como su “primer hijo musical” y la voz más alta del merengue [17:59], [18:06]. Hoy, la leyenda de Rubby Pérez se debate entre la gloria inmortal de su música y el doloroso lodo de los secretos familiares expuestos, las traiciones sentimentales y una inminente guerra familiar por el dinero que apenas comienza a mostrar sus garras más afiladas.