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El Hombre que se INFILTRÓ en los Skins y Ultrasur en España

Bienvenidos a El hombre que se infiltró en los Skins y Ultrasur. Me hago llamar Antonio Salas. Yo he sido un skin, un cabeza rapada. He odiado a los negros, a los árabes, a los mendigos, a los travestis, a los judíos. Yo he luchado por la causa y defendido a mis camaradas. Y todavía hay noches en las que siento la rabia en la boca del estómago.

La España de comienzos de siglo XXI tenía un enemigo silencioso e invisible. Los grupos de neonazis y ultras del fútbol, capaces de instigar odio, violencia y racismo en las calles. Pero había alguien dispuesto a enfrentarlos desde dentro. Antonio Salas, un periodista sin rostro, un topo entre los más extremistas.

Durante casi un año se infiltró como skinhead puro, adoptando la estética nazi y construyendo su alteregoo. Tiger 88. En ese tiempo grabó lo que otros negaban. Agresiones brutales organizadas, rituales de odio, alianzas internacionales del crimen ideológico. Su misión fue tan peligrosa que fue llamado a declarar como testigo protegido en un juicio contra miembros de Hammerskin, España, tras el desmantelamiento de la rama clandestina dentro de los ultras del Real Madrid.

Este vídeo cuenta la historia de ese infiltrado, el periodista que dejó de ser el mismo para destapar la violencia racial de los ultras desde dentro. Bienvenidos a El hombre que se infiltró en los Skins y Ultrasur. Antonio Salas, pseudónimo es un periodista de investigación español formado en la Universidad Complutense de Madrid.

Autor de varios libros reveladores como Diario de Un skin, 2003 y El año que trafiqué con mujeres, 2004. Desde muy pronto, Salas opta por el periodismo encubierto, adoptando identidades falsas para infiltrarse en redes de crimen organizado, sectas, terroristas y extremistas. Su estilo cámara oculta, disfraz textual, voz protegida y valentía extrema.

Ha trabajado con medios como Interview, Tiempo, Honda Cero, Antena 3 o Tele 5. Con diario de un skin. Salas destapó la estructura nazi de grupos de skinheads, españoles y peatones ultras radicales. El libro desveló como estos colectivos organizaban cazas de hinchas rivales y personas de color, especialmente traspartidos en el Santiago Bernabéu.

Su testimonio, anónimo pero valiente, sirvió como pieza clave en un juicio que sentó en el banquillo a 15 presuntos miembros de Hammerskin, España, vinculados con los grupúsculos ultrasur del Real Madrid. Aquí en España, en Madrid, ha empezado el juicio contra 15 presuntos miembros del grupo Neonaz y Hammersk Skin.

La Guardia Civil, los duúo en 2004, tenían en su poder armas, numerosa documentación y propaganda ultra. La fiscalía pide para ellos hasta 6 años de prisión. No han querido mostrar su rostro a las cámaras, así han entrado a la sala de juicio. Son 15 y se sientan en el banquillo acusados de ser la facción española del grupo neonazi Hammer Skin.

Para la fiscalía estaban organizados para incitar a la violencia, xenofobia, homofobia y antisemitismo. Para ello contaban con el jefe, otro responsable que se encargaba de la seguridad y el tesorero que recogía y distribuía el dinero que sacaban, entre otras actividades de conciertos ilegales. Cuando los detienen en 2004, la Guardia Civil encuentra en sus casas una pistola transformada para disparar munición real, además de navajas, machetes y puños americanos.

Según las conclusiones provisionales del fiscal, todos los acusados podían disponer de ellas. Los abogados de la defensa han intentado que se suspendiese el juicio porque dicen que unos pinchazos telefónicos y unos registros domiciliarios no pueden probar la asociación ilícita que les imputan y que niegan los acusados.

En el juicio está previsto que declare como testigo Antonio Sala seudónimo bajo el que se esconde el periodista autor de este libro. El movimiento contra la intolerancia que ejerce de acusación popular ha pedido que sea testigo protegido. Dicen que Salas ha escrito esta carta en la que afirma estar amenazado por estos neonazis.

Aquel no fue un disfraz, fue una transformación, una inmersión total en uno de los mundos más violentos, paranoicos y herméticos de España, el de los Skinheads y los ultras de extrema derecha. Antonio Salas sabía que no podía cometer ni un solo error. Había leído los informes de agresiones. Sabía cómo actuaban.

Sabía que en ese entorno una sola palabra mal dicha podía acabar con él en una cuneta. Así que comenzó a preparar su nuevo yo. Tiger 88. El número 88 no era casualidad. En el argot neonazi el ocho es la octava letra del alfabeto, la H. y 80 e8 significa hh. Hitler tenía que sonar auténtico, fanático, nacionalista. Debía parecer uno de ellos. Tiró su ropa habitual.

Compróas altas. Doctor már, pantalones ajustados, tirantes. Aprendió a raparse la cabeza perfectamente. Colgó banderas franquistas y cruces celtas en su pequeño apartamento. Escuchó durante horas bandas de rock, rock against comunism como Screwdriver, Estirpe Imperial y División 250. Pasó noches enteras leyendo fancines y webs del movimiento nazi en Europa.

Estudió libros de propaganda, argot violento, iconografía y los códigos internos del grupo. Cómo se saludaban, cómo se identificaban, qué canciones cantaban en los conciertos y qué tatuajes llevaban. No solo debía parecer uno de ellos, debía ser uno de ellos. El salto al mundo real fue más difícil. Internet ayudó.

En foros extremistas, Tiger 88 comenzó a ganarse cierta reputación. Opinaba con vehemencia, compartía noticias manipuladas, arengaba contra los inmigrantes y la izquierda. Los líderes virtuales lo observaban con interés. Finalmente, uno de ellos le propuso algo. Ven a conocernos en persona. Te gustará lo que hacemos, el lugar. La bodega, un bar frecuentado por los ultrasur, el grupo más temido de la hinchada radical del Real Madrid, el corazón de su red neonaz.

La primera vez que entró en este mundillo, todo estaba cargado de tensión. Las miradas eran frías. Se analizaba todo, la ropa, los gestos, los tatuajes, el lenguaje corporal. Pero Tiger 88 superó la prueba. No se trataba de parecer peligroso, se trataba de parecer útil. Empezaron a invitarle a partidos, a las reuniones tras los encuentros, a los conciertos Skinads, donde las letras llamaban abiertamente al exterminio racial y la guerra civil.

En uno de estos conciertos, alguien gritó desde el escenario, “Aquí estamos los patriotas de verdad, los que no se arrodillan ante el [ __ ] del sistema.” Y los asistentes respondieron con brazos en alto, gritando el lema del fascismo español. Salas tragó saliva, pero Tiger 88 sonríó. Con el tiempo, el personaje ya no era un disfraz, era un reflejo, un espejo deformado, uno que tenía que mantener día tras día, en cada conversación, cada cerveza, cada broma, cada insulto racista que debía reír, cada golpe que debía justificar.

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