Esto era lo que la gente pagaba por ver. El tercer round fue diferente. Minchini tomó control boxeando desde afuera, usando su jab como una espada que mantenía a barrera a distancia. Su técnica era perfecta. Libro de texto, cada movimiento ejecutado con la precisión que solo años de práctica pueden dar. Merchant, admirado, comentó, “Makini, parece que salió de un libro de texto, está erecto.
Lanza golpes rectos y correctos. Ya no ves este tipo de boxeador clásico. Barrera intentaba entrar, pero cada vez que lo hacía, un Jab lo recibía en la cara. Mini había ganado el round claramente y en su esquina su entrenador Kenny Adams le decía, “Ese derechazo lo está lastimando, sigue usándolo.” En la esquina contraria el equipo de barrera era más directo.
Está muy débil en el cuerpo. Tienes que trabajar el cuerpo. El cuarto round empezó con Minini confiado, moviendo su cabeza haciendo que Barrera fallara. Pero la confianza a veces te hace descuidar la defensa. A mitad del round, Barrera fingió un gancho al cuerpo y soltó un uppercut que viajó desde el sótano y conectó directo en el mentón de Makini.
El estadounidense tambaleó, sus piernas hicieron una pequeña danza involuntaria y Barrera olió la sangre. Se lanzó con todo, ambas manos funcionando como pistones, golpeando desde todos los ángulos. Makini se cubrió, retrocedió a las cuerdas, intentó escapar, pero Barrera estaba pegado a él como una sombra.
Ganchos al cuerpo, derechazos a la cabeza, uppercuts cuando Makini bajaba la guardia. Fue un asalto brutal que Makini sobrevivió más por instinto que [música] por técnica. La campana lo salvó y cuando volvió a su esquina había una nueva realidad en sus ojos. Esto iba a ser más difícil de lo que pensaba. El quinto round fue de esos que definen carreras.
Barrera había probado que podía lastimar a Makini y ahora quería terminar el trabajo, pero Makini, ese guerrero de Mississippi que había crecido peleando en gimnasios donde el aire acondicionado era un lujo, no iba a rendirse. Los dos se pararon en el centro del ring y decidieron que el boxeo inteligente estaba sobrevalorado. Se pararon ahí a distancia de golpe y comenzaron a intercambiar con una intensidad que ponía los pelos de punta.
Gancho de izquierda de barrera al hígado, derechazo de Makini a la 100, uppercut de barrera al mentón, cruzado de Machini a la mandíbula y así durante 3 minutos completos. El árbitro Pat Russell tuvo que meterse entre ellos en un momento y la multitud lo abucheó. No querían interrupciones, querían sangre, querían guerra, querían ver quién de estos dos hombres tenía más corazón.
Makini comenzó a quejarse de que Barrera estaba tirando golpes bajos, señalando su cintura. Russell lo ignoró y Barrera, viendo que el árbitro no iba a hacer nada, aprovechó y siguió trabajando esa zona gris entre el cinturón y las costillas. Golpes legales, pero dolorosos, que quitaban el aire y la voluntad.
Y entonces llegó el sexto round. Dios mío, el sexto round. Si solo pudieras ver un round de boxeo en tu vida, debería ser este. Desde el segundo en que sonó la campana, ambos peleadores se olvidaron de toda estrategia, de toda defensa, de todo lo que sus entrenadores les habían dicho. Se pararon frente a frente y lanzaron golpes como si el mundo se fuera a acabar cuando terminara el round.
Barrera con sus ganchos cortos y violentos. Makini con sus derechazos largos y precisos. Conectaban casi al mismo tiempo como si estuvieran sincronizados. La multitud estaba de pie gritando con cada intercambio. Los números de compu box para ese round fueron demenciales. Barrera lanzó 113 golpes y conectó 62. Makini tiró 77 y acertó 42.
62 golpes conectados en 3 minutos significa más de 20 por minuto, más de uno cada 3 segundos. Y no eran jabs suaves, eran golpes de poder, golpes que buscaban el knockout. Cuando terminó el round, Merchant dijo algo que se ha vuelto legendario. Esto es Hollywood, la ciudad del cine. Nunca has visto un mejor round en una película que el que acabas de ver.
En las esquinas, ambos peleadores respiraban con dificultad. Makini sangraba de la boca y su ojo izquierdo estaba cerrado a la mitad. Barrera tenía la cara hinchada y un corte pequeño en la ceja, pero ninguno de los dos pensaba en [música] rendirse. Esto apenas estaba comenzando. El séptimo round mostró algo extraordinario.
Maini había decidido abandonar su boxeo técnico y pelear fuego con fuego. Ya no usaba su jap para mantener distancia. Ahora se paraba frente a barrera e intercambiaba golpes de poder y funcionó. A mitad del round conectó un derechazo perfecto que hizo que Barrera retrocediera varios pasos. Era solo el segundo momento en la pelea donde Barrera mostraba que estaba lastimado.
Makini atacó lanzando combinaciones que Barrera apenas bloqueaba. Por primera vez, el mexicano parecía estar en problemas. Su esquina le gritaba instrucciones, pero con el rugido de la multitud era imposible escuchar. Barrera tuvo que usar toda su experiencia, todo su instinto de supervivencia para salir de ese momento. Se cubrió bien, dejó que Makini se cansara un poco y en los últimos 30 segundos del round contraatacó con furia renovada.
El round probablemente fue para Machini, pero Barrera había demostrado que no se iba a romper fácilmente. El octavo round cambió la pelea para siempre. Barrera salió con una determinación diferente en sus ojos. Había sentido el poder de Makini. Había estado en problemas y ahora quería enviar un mensaje. Presionó desde el primer segundo lanzando combinaciones que obligaban a Maini a retroceder.
El estadounidense intentó mantenerlo a distancia con su Jab, pero Barrera lo atravesaba como si no existiera. Y entonces, a mitad del round, después de un intercambio brutal donde ambos conectaron golpes duros, Barrera lanzó un derechazo que venía desde el otro lado del océano. Conectó limpio en la mandíbula de Makini.
Las piernas del estadounidense se doblaron como si fueran de papel. cayó al suelo, sus guantes tocando la lona, sus ojos vidriosos pero aún conscientes. Pat Russell comenzó la cuenta. Uno, dos, tres. Makini se puso de rodillas. Cuatro, [música] cco, seis. Se levantó a los siete limpiándose los guantes en sus pantalones. Russell lo miró a los ojos, le preguntó si estaba bien. Makini asintió.
La pelea continuó, pero Barrera olió la sangre. Se lanzó como un tiburón en un frenecí, lanzando golpes desde todos los ángulos. acorraló a Makini en las cuerdas. Y aquí pasó algo que debió ser un derribo, pero el árbitro no lo vio. Barrera conectó un gancho de izquierda devastador que hizo que las piernas de Makini se dieran completamente.
El estadounidense se aferró a la cuerda superior con su mano izquierda, su cuerpo casi horizontal, usando las cuerdas para mantenerse arriba mientras Barrera lo golpeaba sin piedad. Russell no pudo entrar rápido para separarlo porque había demasiada acción. Finalmente, Makini se soltó de la cuerda y sus pies volvieron bajo él, pero inmediatamente Barrera lo conectó con otro derechazo y Makini cayó por segunda vez. Oficial ahora.
Derribo número dos. Makini se levantó otra vez, más por orgullo que por cualquier otra cosa. Russell le dio la cuenta de protección hasta ocho y le advirtió, la regla de tres derribos estaba en efecto. Un derribo más en este round y la pelea termina. Minía que sobrevivir 23 segundos. Los segundos más largos de su vida.
Barrera lo persiguió como un depredador lanzando bombas buscando ese golpe final. Makini corrió literalmente corrió alrededor del ring esquivando, agachándose, haciendo lo que fuera necesario. La campana sonó. Había sobrevivido. Pero, ¿a qué costo? El noveno round fue más de lo mismo. Barrera presionando, Makini sobreviviendo.
El estadounidense intentó mantener distancia lanzando jabs débiles que no tenían el poder de mantener a barrera lejos. Y un minuto y medio después del inicio del round, Barrera lo acorraló nuevamente. Una ráfaga de golpes. Gancho al cuerpo que dobló a Makini. Derechazo a la cabeza que lo giró. Gancho de izquierda que lo terminó de enviar a la lona.
Tercer derribo. Makini cayó casi en cámara lenta y cuando tocó la lona se quedó ahí un momento, no porque estuviera noqueado, sino porque sabía que necesitaba esos segundos para recuperarse. Era una caída inteligente, táctica. se levantó a la cuenta de ocho y Russell lo miró seriamente. “¿Necesitas mostrarme algo?” Makini, con la boca sangrando y el ojo casi cerrado, respondió con voz firme. “Estoy bien.
” Los últimos 60 segundos del round, Makini peleó como un hombre poseído, lanzando japs rápidos que mantenían a barrera honesto. Sobrevivió el round otra vez. Entre el noveno y décimo round, el doctor subió al ring. Todos pensamos que iba a detener la pelea. El rostro de Minini era un desastre. El doctor revisó sus ojos, le hizo algunas preguntas, checó sus reflejos y entonces [música] increíblemente le permitió continuar.
Minnie le dijo, “Estoy bien, doc. Décimo round, me quedan tres por delante.” Su entrenador, Kenny Adams, aprovechó el tiempo extra que dio el examen médico. 40 segundos adicionales de descanso que no aparecían en el reloj oficial. Le dijo a Makini, “Tienes que noquearlo. Deja de moverte hacia ese gancho.
” Y entonces sucedió el milagro. El décimo round, Makini salió de su esquina como un hombre nuevo. 40 segundos extra de descanso habían hecho maravillas. Comenzó a usar su jab otra vez, manteniendo a barrera a distancia. Y 58 segundos después de que sonara la campana, conectó un derechazo limpio que sacudió a barrera hasta los zapatos.
El mexicano se tambaleó y Makini viendo su oportunidad se lanzó al ataque. Combinaciones de cuatro y cinco golpes, derechazos y ganchos, todo conectando en el rostro de Barrera. La multitud mexicana se quedó en silencio, incapaz de creer lo que estaban viendo. Barrera estaba en problemas, problemas serios. intentó contraatacar con un uppercut de izquierda que conectó, pero Makini lo ignoró y siguió presionando.
Fue el mejor momento de Makini en toda la pelea. Una remontada que parecía imposible después de haber sido derribado tres veces. Los últimos 30 segundos, Barrera se cubrió y sobrevivió. Cuando terminó el round, su equipo lo regañó. ¿Qué estás haciendo? Concéntrate. El 11avo round comenzó con ambos peleadores cautelosos, lanzando jabs, estudiándose y entonces, como un rayo en cielo despejado, Makini lanzó el golpe de su vida, se deslizó hacia la izquierda de barrera, encontró el ángulo perfecto y soltó un derechazo que viajó
en línea recta hacia la mandíbula del mexicano. Conectó sólido, [música] limpio, perfecto. Barrera cayó. No se desplomó, pero su guante tocó la lona mientras sus piernas hacían esa danza involuntaria que todos los boxeadores conocen. Era el primer derribo de su carrera profesional. Pat Russell comenzó la cuenta.
Barrera se levantó de inmediato, molesto, [música] insistiendo que se había resbalado en el logo de Bad Wazer que estaba pintado en la lona. Y tenía razón parcialmente. El logo estaba resbaladizo y había contribuido, pero el golpe de Makini había sido real. Barrera limpió sus guantes y la acción continuó. Segundos después, Barrera sí se resbaló en el logo, esta vez sin que nadie lo tocara, cayendo al suelo.
Russell no lo contó como derribo. La pelea continuó y Barrera, enojado por haber sido derribado, contraatacó con violencia, conectando varios golpes duros antes de que terminara el round. Estábamos entrando al último asalto. Round [música] 12. 3 minutos que decidirían todo. Barrera iba adelante en las tarjetas de los jueces, pero Makini había demostrado que todavía tenía poder en esos puños.
Los dos se tocaron guantes al centro del ring, un signo de respeto después de 11 rounds de guerra. Y la batalla final comenzó. 30 segundos después, Makini pisó el maldito logo de Badwe Wewe Weiser y resbaló cayendo [música] al suelo. Brussell lo contó como derribo oficial, aunque claramente fue un resbalón. Maini protestó señalando el logo gritando que se había resbalado en los pies de barrera, pero Russell no cambió su decisión.
Cuarto derribo oficial. La pelea continuó. Mini intentó abrazar a Barrera, comprar tiempo, pero el mexicano no quería saber nada de eso. Se liberó y comenzó a lanzar golpes. Y entonces, con 2 minutos y 20 segundos restantes en el round, Barrera conectó el golpe más brutal de toda la pelea.
Un gancho de izquierda al hígado de Makini que lo dobló como una navaja. El estadounidense desplomó sobre sus rodillas. Su cara contorsionada en agonía, sus brazos envolviendo su torso. Cualquiera que haya recibido un golpe al hígado sabe que no hay dolor comparable. Es un dolor que paraliza, que quita todo el oxígeno de tu cuerpo, que te hace querer vomitar y llorar al mismo tiempo.
Pat Russell se preparó para contar el derribo, pero increíblemente no lo vio como tal. Pensó que Makini se había resbalado otra vez. Le hizo señas a los peleadores para que continuaran. Mciniy todavía de rodillas no podía creerlo, ni los comentaristas tampoco. Merchant gritó. Eso fue un derribo.
¿Cómo no lo vio? Pero el boxeo no espera por la justicia. Makini se levantó todavía doblado de dolor y Barrera se lanzó para el final. No iba a dejar esto en manos de los jueces. No iba a arriesgar una decisión. Quería el knockout. Acorraló a Makini contra las cuerdas y comenzó la demolición final. Derechazo tras derechazo, cada uno conectando con un sonido que se escuchaba hasta las últimas filas.
Makini intentó cubrirse, intentó esquivar, pero no había escape y finalmente un derechazo monumental conectó directo en la mandíbula. Makin se desplomó hacia atrás. Sus piernas se dieron completamente, cayó sobre su espalda, sus brazos extendidos. Esta vez no había duda, esta vez no había controversia, esta vez Pat Russell entró corriendo y detuvo la pelea sin siquiera empezar la cuenta.
Habían pasado 2 minutos y 5 segundos del último round. Marco Antonio Barrera había defendido su título. Había permanecido invicto, había demostrado al mundo que era real, que no era solo publicidad mexicana. Kennedy Mcini, todavía en el suelo, había peleado con un corazón que pocos hombres poseen. Pat Russell se arrodilló junto a él y le dijo palabras que se han vuelto legendarias.

Fue una gran pelea, hijo. Tienes el mejor corazón que he visto en mi vida. Larry Merchant desde el micrófono de HBO resumió todo con una frase perfecta, un final apropiado para una gran gran pelea. El Great Western Forum rugía 8,000 personas de pie, banderas mexicanas ondeando y en el ring dos guerreros que habían dejado todo, absolutamente todo, en esa lona manchada con sudor y sangre.
Barrera finalmente caminó hacia Makini, lo abrazó, levantó su mano. Lo que había comenzado con odio en una conferencia de prensa 4 días atrás terminaba con respeto absoluto, porque así es el boxeo. Así siempre ha sido.