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RODEADOS Por TODA la Wehrmacht — 30 SEGUNDOS de Patton y El COLAPSO Nazi Total

Rodeados por toda la Wehrmacht: los treinta segundos de Patton que hicieron temblar a AlemaniaEl río Rin rugía a la espalda de los americanos como si quisiera tragárselos vivos.

No era una metáfora bonita. No aquella mañana. El agua golpeaba las orillas con una furia sucia, mezclada con humo, barro, aceite quemado y restos de madera que venían flotando desde algún puente destrozado más al norte. Al frente, en cambio, no había agua. Había acero. Había cañones. Había más de cincuenta mil soldados alemanes cerrando el paso como una muralla humana que respiraba odio, cansancio y pólvora.

Y en medio de ese infierno, el general George S. Patton Jr. permanecía de pie, inmóvil, con sus gafas oscuras reflejando una ciudad alemana convertida en ruinas.

Oppenheim ardía.

Las casas parecían calaveras abiertas. Las ventanas, sin cristales, miraban hacia la calle como ojos arrancados. En los tejados rotos colgaban vigas negras, todavía humeantes. Cada pocos segundos, un proyectil caía en algún lugar cercano y hacía temblar la tierra bajo las botas de los soldados americanos.

Los hombres de Patton lo miraban.

No todos se atrevían a hacerlo directamente. Algunos lo observaban de reojo, como quien mira a un cura cuando ya no cree en Dios pero todavía necesita que alguien rece por él. Otros apretaban sus fusiles con las manos blancas, esperando una orden que sonara a milagro. Habían seguido a aquel hombre por África, Sicilia, Francia y media Europa. Lo habían visto gritar, insultar, reírse de la muerte, dormir poco, avanzar siempre, como si la palabra retirada no existiera en su idioma.

Pero aquel día era distinto.

Aquel día no estaban avanzando.

Aquel día estaban encerrados.

—General —dijo el coronel Johnson, con la voz tan baja que casi se perdió entre los motores—, nos han cortado todas las salidas.

Patton no respondió.

Johnson tragó saliva. Tenía un mapa húmedo entre las manos, pero ya no hacía falta mirarlo. El mapa decía lo mismo que el ruido de los tanques alemanes: estaban rodeados.

—El puente de suministros está perdido. El sector norte no responde. Los Sherman están cayendo uno tras otro. Si no nos retiramos ahora…

Patton giró apenas la cabeza.

—¿Retirarnos hacia dónde, coronel?

Johnson no contestó.

Porque detrás estaba el Rin.

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