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5 ASIATICO que SE BURLARON de Boxeadores MEXICANOS y Recibieron la PALIZA de sus VIDAS

No era el típico rival que se paralizaba ante la leyenda mexicana. [música] Estaba boxeando confiado, creyendo en su plan. El segundo round fue más de lo mismo. Han conectaba golpes, no muchos, pero los conectaba. Chávez bloqueaba la mayoría, pero el coreano no mostraba miedo. Por un momento, solo por un breve momento, parecía que tal vez, solo tal vez, An tenía chance.

Pero entonces llegó el tercer round y ahí fue donde Kung Duke An aprendió una lección que nunca olvidaría. Cuando subestimas a un mexicano, cuando crees que tu técnica es suficiente, cuando olvidas que estás frente a un guerrero, el ring se convierte en tu peor pesadilla. Chávez cambió de velocidad. Como un depredador que se cansa de jugar con su presa, el mexicano aceleró el ritmo.

La presión implacable, esa presión que había roto a 72 hombres antes, [música] comenzó a asfixiar al coreano. Un Chap de Chávez, un derechazo que rozó la nuca de H y entonces sucedió lo impensable. El hombre que nunca había sido derribado, el invencible coreano, cayó a la lona. Algunos dirían después que exageró la caída, que se rindió mentalmente.

Otros dirían que el golpe fue en la nuca y debió ser falta, pero la verdad es una sola. Kung Duke An acababa de conocer algo que nunca había sentido, el poder mexicano. El árbitro Tony Pérez comenzó a contar. 1, 2, 3. An lona tratando de recuperar el aire. Cuatro cco se levantó, pero sus piernas temblaban. Sus ojos ya no tenían esa confianza del primer round y Chávez lo supo.

Como un tiburón que huele sangre en el agua, el gran campeón mexicano se lanzó al ataque. Combinaciones devastadoras, ganchos al hígado, rectos a la cabeza. An intentaba cubrirse, intentaba sobrevivir, pero no había escapatoria. El árbitro había visto suficiente. A los 2 minutos y 14 segundos del tercer round, levantó sus brazos y detuvo la masacre.

Julio César Chávez [música] mejor récord a 73 victorias sin derrota. El invencible coreano había sido ejecutado en menos de 9 minutos. An cobró su cheque y regresó a Corea con una lección brutal. Puedes tener toda la técnica del mundo, puedes ser campeón en tu región, puedes nunca [música] haber sido derribado, pero cuando subestimas al orgullo mexicano, cuando olvidas que estás frente a un guerrero que lleva el honor de toda una nación en sus guantes, no hay técnica que te salve.

Esa noche Chávez ganó $300,000, pero lo más importante, mandó un mensaje claro a todo Asia. México no se doblega ante nadie. Número cuatro, Cristian Mijares versus Katsushige Kawashima. El diamante que brilló en territorio samurá. Septiembre de 2006, Yokohama, Japón. Un joven mexicano de 24 años descendía del avión en tierra japonesa con una maleta, unos guantes y un sueño imposible.

Cristian Mijares, el diamante de Torreón, había más de 11,000 km para enfrentar al excampeón mundial Katsushige Kawashima en su propia casa. Nadie, y cuando digo nadie, es nadie, le daba chance al mexicano. Mijares era un desconocido internacional. Kawashima era un excampeón mundial del CMB peleando en Japón. La matemática era simple.

El mexicano iba a ser sacrificado. El propio Mijares lo recordaría años después. Fue una gran hazaña porque nadie creía en mí. Para ir a Japón era ir a noquear o medio matar al rival para ganar la decisión, si no te robaban. Y el diamante tenía razón en estar preocupado. El segundo round llegó y Kawashima conectó una bomba que mandó a Mijares a la lona.

El público japonés estalló en júbilo. El guion estaba saliendo perfecto. El héroe local estaba dominando al invasor mexicano. Pero Mijares se levantó, se sacudió, se tocó los guantes y miró a Kawashima con esos ojos que solo tienen los guerreros mexicanos. Esos ojos que dicen, “Vas a tener que matarme [música] para detenerme.

” Round tras round, el mexicano peleo con corazón. No tenía la técnica pulida del japonés. No tenía la experiencia de campeonato mundial, pero tenía algo más valioso. Tenía el orgullo de representar a México en territorio enemigo. La pelea llegó al final de los 12 rounds. Mijares sabía que había hecho suficiente, pero también sabía dónde estaba.

[música] Los tres jueces deliberaron. El público japonés esperaba la decisión obvia y entonces lo anunciaron. Decisión dividida. Dos jueces vieron ganar a Mijares 114 a 113. Uno vio ganar a Kawashima por el mismo margen. Miares era el nuevo campeón mundial, pero Japón explotó. Los medios japoneses gritaron robo. Los fanáticos estaban furiosos.

Kawashima exigió revancha inmediata. Fue un robo, decían. El mexicano no ganó, gritaban. La presión fue tan grande que la revancha se pactó para apenas 4 meses después. Enero de 2007, Tokyo, otra vez en Japón, otra vez en territorio enemigo y esta vez Kawashima venía con sed de venganza. El ambiente era hostil. Todo Japón quería ver a su héroe lavar la vergüenza.

Mijares llegó con una misión clara. Esta vez no habría controversia, esta vez callaría bocas con los puños. Y vaya que lo hizo. Round tras round, Miijares dominó. No fue una pelea cerrada como la primera, fue una exhibición de corazón mexicano. El diamante brilló en tierra samurá, cortando y puliendo al japonés con precisión quirúrgica.

Llegó el décimo round. [música] Kawashima estaba agotado, frustrado, roto. Mijares vio la oportunidad y desató una combinación brutal. Ganchos al cuerpo, rectos a la cara, cuts devastadores. Kawashima quedó indefenso contra las [música] cuerdas. El árbitro se metió a un minuto y 5 segundos del décimo asalto. Se acabó. Knockout técnico.

Esta vez no hubo controversia. Esta vez no hubo [música] excusas. Cristian Mijares había ido dos veces a Japón. La primera vez ganó por decisión dividida controversial. La segunda vez noqueó al héroe local y le cerró la boca a todo un país. El diamante de Torreón regresó a México como campeón mundial indiscutible. había hecho lo imposible, ganar dos veces en territorio japonés, una por decisión ajustada y otra por knockout demoledor.

Años después, Mihaes reflexionaría. Nadie creía en mí, pero yo sabía que llevaba el corazón de México en mis guantes [música] y eso es más poderoso que cualquier ventaja de localía. Kawashima nunca se recuperó completamente de esa derrota. El orgullo samurá había sido destrozado por el corazón azteca y Japón aprendió una lección que nunca olvidaría.

Nunca, nunca subestimes a un mexicano que pelea por el honor de su patria. Número tres, Cristian Medina versus Yoshiki Take. El chispa que incendió Japón. Ceo, su rival, [música] Yoshiki Taki. 11 victorias, cero derrotas, nueve knockouts. Campeón mundial de peso gallo de la OMB. Invicto, imbatible. El orgullo de Japón.

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