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La Maldición de Roberto Carlos | Tres Mujeres Fallecidas

Hay historias que uno no se imagina detrás de una voz tan dulce. Cuando era un chiquillo, qué alegría. Detrás de cada canción que nos ha hecho suspirar, llorar o recordar a alguien que ya no está, suele haber un pasado que no todos conocen. Jesucristo. Jesucristo. Y la de Roberto Carlos, ese ídolo brasileño de voz suave y mirada serena es justo así una mezcla de dolor, lucha y esperanza.

Este mundo me oirá y me seguirá. Hola amigos, bienvenidos una vez más a Tutoriales Gerberí, un hombre bondadoso, inteligente. En esta ocasión te traemos la increíble historia de Roberto Carlos, el ídolo romántico que conquistó corazones en todo el mundo. Tú eres mi amigo del al toda jornada. Pocos saben que antes de llenar escenarios y vender millones de discos fue un niño marcado por la tragedia.

Que es más fuerte todo cuando todos cantan la misma canción con alegría. Con solo seis añitos, la vida lo sacudió de golpe. Un accidente brutal lo dejó sin una pierna. Tengo a veces deseos de ser nuevamente un chiquillo y en la hora que estoy afligido volverte a oír. Y aunque cualquiera se habría derrumbado, él eligió levantarse con todo y prótesis, con todo y miedo, pero también con un sueño que ya traía en el alma. Cantar.

Yo quiero tener un millón de amigos y más fuer poder cantar. Mandé mi tá al mecánico hace días. Hace tanto tiempo que en verdad lo merecía. Y como necesito tanto el capo, lo llevé a revisar. Quiero reparar mi capilar. Desde chamaco se le notaba que tenía algo especial. No era solo su voz, era la manera en que te contaba cosas con una canción, como si cada palabra viniera de lo más profundo del corazón.

¿Qué será de ti? Cambiaste sin saber toda mi vida. Así empieza la historia de Roberto Carlos, no con fama ni con lujos, sino con lágrimas, esfuerzo y una fuerza interior que lo llevó a convertirse en uno de los grandes. Porque a veces los corazones más rotos son los que terminan componiendo las canciones más hermosas.

No ganas al intentar  el olvidarme.  Ya en su vida adulta, Roberto Carlos no solo cantó al amor, también lo perdió una y otra vez. Y es que la vida, por más bonita que parezca desde fuera, no fue fácil para él. se casó varias veces, sí, pero en tres de esas historias, el destino le arrancó de los brazos a mujeres que de verdad amó.

Una tras otra se le fueron todas víctimas del cáncer. Una verdadera pena. Nuestro amor es así y al hacerlo tú y yo todo es más bonito. Un encuentro perfecto entre el tuyo, mi pecho, nuestra ropa no va. Primero fue Cleonas Rossi, su primera esposa y mamá de dos de sus hijos. Se fue en 1990 dejando un vacío tremendo. ¿Qué será de ti? Al año siguiente, en 1991, perdió también a María Lucia Torres, madre de otro de sus hijos.

Y como si eso no fuera ya demasiado, en 1999 le tocó despedirse de María Rita Simoes, la mujer que él mismo llamó el amor de su vida. Lady Laura, abrázame fuerte. Lady Laura, y hazme dormir. Lady Laura, un beso otra vez. Lady Laura esa pérdida, dicen los que lo conocen, lo dejó roto por dentro.

También estuvo casado con la actriz Miriam Ríos, con quien compartió una etapa importante de su vida entre 1979 y 1989. Y aunque ha tenido otros hijos, uno de ellos reconocido tardíamente, su camino familiar siempre estuvo marcado por el dolor, la distancia y los silencios que nadie ve desde el escenario. Presiento que tú estás en esa estrella gato que está triste y azul.

A todo eso se le sumaba otra batalla, una más silenciosa, pero igual de pesada. Roberto luchó durante años con un trastorno obsesivo compulsivo. Este trastorno, va más allá de lo que ustedes han explicado, verán cuán complicada ha sido su vida a las 24 horas del día. Sus supersticiones, como vestirse solo de azul o blanco o evitar ciertas palabras como cementerio o maldición, no eran solo rarezas, eran parte de ese toque que le hacía la vida cuesta arriba.

trastorno obsesivo compulsivo y eso yo creo que también me me afecta mucho en esta cuestión. Por suerte, con el paso del tiempo y con ayuda profesional fue aprendiendo a sobrellevarlo, aunque algunas de sus manías se quedaron como parte de su esencia. Me gusta siempre estar de azul y y de blanco, pero no solamente porque me gusta, ya eso una cosa del toque y sí también era profundamente religioso.

Jesucristo, yo estoy aquí. Jesucristo, Jesucristo. Tanto que más de una vez vetó canciones que no coincidían con sus creencias. Por ejemplo, una vez rechazó grabar un tema de Gilberto Hill por considerarlo agnóstico. Gilberto,  ese es Roberto Carlos, reservado, perfeccionista, espiritual, pero también humano, muy humano.

Quiero ver bailar tu pelo, quiero ser tu ritmo, que le enseñes a mi boca. lugares favoritos. Quizá por eso la gente lo quiere tanto. Quiero hacer tu canción desde el principio al fin. Quiero rozarme en tus labios y hacer tu cam porque detrás del cantante de baladas que todos conocemos hay un hombre que ha sabido sobrevivir a la tristeza, a la soledad y a los golpes de la vida. Y aún así sigue cantando.

Este amor que tú me has dado sin saber lo que es el miedo no parece ser real. La carrera de Roberto Carlos no es cualquier cosa. Estamos hablando de más de seis décadas de música, de reinvenciones, de estilos que fueron cambiando con él, pero siempre con su sello inconfundible. Cada día por la carretera, noche a madrugada entera y mi amor aumenta más.

Todo empezó allá por los años 50, cuando era apenas un chamaco con sueños grandes y una devoción enorme por Elvis Presley. Sí, así como lo oyes, su primer acercamiento a la música profesional fue imitando a Elvis en concursos locales.  Lo veías con el peinado engominado, los movimientos de cadera y esa mirada intensa y te dabas cuenta que aunque estaba empezando ya traía estrella.

Insist. Pero el verdadero despegue llegó en los años 60 cuando junto a su inseparable amigo y compañero de batallas, Erasmo Carlos, le dio vida al movimiento de la joven guarda, la famosa joven guardia, que marcó un antes y un después en la música brasileña.  Aquello era como una revolución. guitarras eléctricas, letras frescas y una actitud juvenil que encendió a toda una generación.

Fue en ese entonces que la gente empezó a llamarlo el elvis brasileño y no era para menos porque Roberto movía masas, provocaba suspiros y llenaba escenarios. saber que durante esa época se echó varias joyas del rock and roll y el pop, canciones que hablaban de amor, de libertad y de esa vida adolescente que muchos estaban descubriendo.

Pero como buen artista que crece y se transforma hacia finales de los 60 y ya entrando a los 70, Roberto tomó otro rumbo. Dejó atrás el rock desenfadado y se metió de lleno en las baladas románticas. Ese género que terminó por llevarlo a lo más alto, no solo en Brasil, sino en toda América Latina, Europa y más allá.

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