Posted in

Los aterradores últimos días de Judas Iscariote están causando conmoción entre creyentes de todo el mundo VL

Los aterradores últimos días de Judas Iscariote están causando conmoción entre creyentes de todo el mundo

Había un hombre en Jerusalén en el año 33 de nuestra era, cuyo nombre quedó grabado en la historia no por lo que construyó ni por lo que proclamó, sino por una decisión que tomó en la oscuridad de una noche que cambiaría el rumbo de la humanidad entera. Ese hombre era Judas Iscariote, uno de los 12 discípulos más cercanos de Jesús de Nazaret.

Y su historia es una de las más complejas, más estudiadas y más teológicamente profundas de toda la escritura. No porque Dios lo haya elegido para el mal, sino porque en su vida se revela algo que todos los seres humanos llevamos por dentro, la tensión entre la llamada de Dios y las decisiones del corazón humano. Antes de hablar de quién fue Judas, es necesario entender el mundo en el que vivió.

El año 33 de poricisto era un tiempo de enorme tensión política y religiosa en la región de Judea. Roma gobernaba con mano firme y el pueblo judío vivía bajo una ocupación que no solo afectaba su economía y su libertad, sino también su identidad espiritual. Los impuestos eran pesados, las expectativas mesiánicas estaban en su punto más alto y cada grupo dentro del judaísmo tenía su propia visión.

de cómo debía llegar la liberación prometida. Los fariseos defendían la observancia estricta de la Torá como camino de santidad. Los saduceos, aliados con el poder sacerdotal y con cierta disposición hacia Roma, controlaban el templo y su economía. Los celotes creían que solo la acción armada podría restaurar la soberanía de Israel.

Y había también los esenios que se habían apartado al desierto a esperar al Mesías en silencio y pureza. En medio de todo este mosaico de esperanzas, miedos y contradicciones, Jesús de Nazaret había comenzado su ministerio público y alrededor de él se habían reunido 12 hombres que lo siguieron, lo escucharon y fueron testigos de cosas que ningún ojo humano había visto antes.

Judas era uno de esos 12 y eso por sí solo ya es una declaración teológica enorme. Jesús no lo eligió por error. Jesús no lo eligió ignorando lo que vendría. La escritura es clara en que el Señor conocía los corazones y sin embargo, extendió la misma llamada a Judas que a Pedro, a Juan, a Mateo, a todos los demás. Lo que esto revela no es una trampa divina, sino la profundidad del misterio de la libertad humana.

Dios puede llamar, Dios puede invitar, Dios puede mostrar el camino con toda claridad y aún así, el corazón del ser humano tiene la capacidad de girar en otra dirección. Esa es la historia de Judas y esa es también, en pequeña medida, la historia de cada uno de nosotros. El nombre Judas es simplemente la forma griega del hebreo YJudá que significa alabado o el que alaba a Dios.

Era un hombre común en Israel, llevado con honor desde los tiempos del patriarca Judá, hijo de Jacob, de cuya tribu descendería el linaje mesiánico. El apellido Iscariote ha generado mucho debate entre los estudiosos a lo largo de los siglos, pero la explicación más sólida y más aceptada por la investigación histórica es que proviene del hebreo isiot, que significa hombre de kariot.

Queriot era una localidad en la región de Judea, lo cual haría de Judas el único discípulo que no era Galileo entre los 12. Todos los demás venían de Galilea, esa región del norte considerada periférica y culturalmente mixta. Judas, en cambio, habría venido del sur, del corazón de Judea, de una tierra más cercana al templo, a Jerusalén, al centro del poder religioso y político de Israel.

Esta diferencia geográfica no es un detalle menor. La cultura galileña era más abierta, más sencilla, más alejada de las estructuras de poder religiosas. Los galileos eran pescadores, agricultores, artesanos. Los judeos, en cambio, estaban más inmersos en las dinámicas del sistema del templo, en los debates teológicos de las escuelas rabínicas de Jerusalén, en la política religiosa que rodeaba al sanedrín.

Si Judas venía de ese mundo, su perspectiva sobre quién debía ser el Mesías y qué debía hacer estaba inevitablemente moldeada por ese contexto. La pregunta que acompaña toda la vida de Judas es si entendió alguna vez que el reino que Jesús vino a traer no era un reino político, sino un reino de transformación interior, de gracia, de reconciliación entre Dios y la humanidad.

El momento en que Judas entró en la historia del evangelio es cuando Jesús lo llamó a ser parte de los 12. El evangelio de Lucas registra que antes de elegir a sus discípulos, Jesús pasó la noche entera en oración en el monte. Lucas 6 12 13 dice lo siguiente. En aquellos días Jesús fue al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.

Y cuando era de día, llamó a sus discípulos y escogió a 12 de ellos, a los cuales también llamó apóstoles. Judas estaba en esa lista. Fue elegido después de una noche entera de oración. No fue un accidente, no fue una distracción, no fue un error. Judas fue llamado con plena conciencia, con la misma dignidad que todos los demás, y recibió la misma comisión apostólica.

Predicar el evangelio del reino, sanar a los enfermos, anunciar que Dios estaba obrando en el mundo de una manera completamente nueva. Y Judas respondió, dejó lo que tenía, lo que hacía su vida anterior y siguió a Jesús. Eso también es parte de su historia, una parte que a menudo olvidamos.

Judas no comenzó como enemigo, comenzó como discípulo. Caminó con Jesús por los caminos de Galilea. Cruzó el mar de Galilea en las mismas barcas que Pedro y Juan. Escuchó el sermón del monte. Fue testigo de milagros. participó en la misión de los 12 cuando Jesús los envió de dos en dos a predicar por toda la región. Judas vio y oyó lo mismo que todos los demás.

Estuvo presente en los mismos momentos sagrados. Lo que fue sucediendo en su interior a lo largo de esos 3 años de ministerio es algo que solo Dios conoce en su totalidad. Pero la escritura nos da algunas claves que vale la pena explorar con honestidad y profundidad. Una de las claves más importantes está en la función que Judas desempeñaba dentro del grupo de los 12.

El evangelio de Juan nos dice claramente que Judas tenía la bolsa. Juan 12:6 lo establece de manera explícita, pero dijo esto no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Esta referencia aparece en el contexto de la unción de Jesús en Betania, cuando María derramó un perfume de gran valor sobre los pies del Señor y Judas protestó argumentando que ese dinero podría haberse dado a los pobres.

La respuesta de Juan revela que la protesta de Judas no nacía de una preocupación genuina por los necesitados, sino de un patrón de comportamiento que ya se había establecido. Judas administraba los recursos del grupo y los usaba para sí mismo. Este detalle es extraordinariamente revelador, no porque nos permita condenar a Judas, sino porque nos muestra algo sobre la naturaleza del pecado.

Read More