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Asi VIVE ANGELICA MARIA en su FINCA en 2026

Sus padres se divorciaron y su madre tomó la decisión de regresar a la ciudad de México con la niña. Dejaron atrás los ángeles, dejaron atrás la vida cómoda junto al músico famoso y se instalaron en casa de los abuelos maternos en la capital mexicana. Era 1949 y México vivía los últimos años de lo que después se conocería como la época de oro del cine mexicano.

 Los estudios cinematográficos producían películas en serie. Las salas de cine se llenaban cada semana  y las estrellas mexicanas, figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Dolores del Río, eran ídolos continentales que brillaban con una intensidad que ya empezaba a declinar, pero que todavía seguía siendo impresionante.

 En ese contexto, la tía materna de Angélica, Yolanda Ortiz, ya trabajaba como actriz en el cine mexicano y fue precisamente ella quien, sin saberlo, abriría la puerta que cambiaría para siempre la vida de su sobrina. En una fiesta a la que asistió con Yolanda, la pequeña Angélica de apenas 5 años escuchó  al productor de cine Gregorio Ballerstein comentar que estaba buscando un niño para protagonizar su próxima película, Pecado.

  La niña, con el atrevimiento natural de quien no entiende todavía las barreras sociales, se acercó a Bayerstein y le pidió que la dejara audicionar.  El productor, divertido por la espontaneidad de aquella niña de rostro angelical y ojos grandes, accedió. Y Angélica, que todavía no había cumplido 6 años, ganó el papel.

 No interpretaría a una niña, interpretaría a Miguelito, un niño. Se cortó el cabello, adoptó gestos masculinos y  convenció a todo el equipo de producción de que podía hacerlo. Pecado se estrenó en 1950 y la pequeña Angélica María inició una carrera que no se detendría durante las siguientes siete décadas.

 El salto a la fama, lo que distingue la carrera de Angélica María de la de casi todos los niños actores de la historia del cine mexicano es simple y extraordinario al mismo tiempo. Ella no desapareció cuando creció. Logró lo que muy pocos consiguen: transitar de niña estrella a adolescente ídolo y después a estrella adulta consolidada sin que el público la abandonara en ninguna de esas etapas.

Durante los años 50, siendo todavía una niña, Angélica filmó más de 20 películas. trabajó al lado de Pedro Infante en los Gavilanes  y el ídolo de México le dijo algo que ella recordaría toda su vida. Vas a llegar a ser una gran actriz porque hablas con los ojos igual que yo. Ganó su primer premio Ariel a los 6 años por mi esposa y la otra.

 Protagonizó la mala semilla en el teatro,  debutando a los 11 años en los escenarios. Pero el verdadero punto de quiebre de su carrera llegó a principios de los años 60, cuando el cine mexicano empezaba a declinar y la televisión comenzaba a tomar fuerza como el medio de entretenimiento dominante. Angélica, que había crecido frente a las cámaras, entendió antes que muchos que el futuro estaba en la pantalla chica.

 En 1960, con apenas 16 años, protagonizó su primera telenovela, Cartas de amor, junto a Ernesto Alonso. Fue una de las pioneras del formato en México y al mismo tiempo comenzó su carrera musical. El encuentro con Armando Manzanero fue providencial. El compositor veía en Angélica algo que muy pocos habían visto.

 No solo era una actriz talentosa, sino que tenía una voz dulce, clara, perfecta para el pop juvenil que empezaba a dominar la radio mexicana. Manzanero le adaptó una versión de la canción Eddie Eddie y el éxito fue inmediato y arrollador. Para 1963, Angélica María ya no era solo una actriz, era un fenómeno triple, cine, televisión y música.

 Grababa discos que vendían cientos de miles de copias. Protagonizaba telenovelas que paraban el país. Filmaba películas que llenaban los cines y todo eso antes de cumplir 20 años. El periodista Octavio de Alba, cautivado por la combinación de belleza, talento y carisma de aquella joven que hacía suspirar a todo México, le puso el apodo que la definiría para siempre, la novia de México.

 No era solo  un apodo publicitario, era la descripción exacta de lo que Angélica representaba para millones de mexicanos. La mujer  ideal, la novia que todos querían tener, el rostro angelical que aparecía en las pantallas de cine, en los televisores y en las portadas de los discos. Durante la segunda mitad de los años 60, Angélica María se consolidó como la reina absoluta del entretenimiento juvenil mexicano.

Compartió escenario y pantalla con los otros grandes ídolos del rock mexicano, Enrique  Guzmán, César Costa, Alberto Vázquez. Hizo giras por toda Latinoamérica, llenó teatros en Argentina, en Chile, en Venezuela y en 1967 protagonizó la película que muchos consideran su obra maestra cinematográfica Cinco de chocolate y Uno de Fresa.

 Fue una cinta revolucionaria para su época, dirigida por el escritor José Agustín con un guion que rompía todos los moldes del cine juvenil mexicano. Angélica interpretaba a una chica moderna, libre, que desafiaba las convenciones sociales. La película fue un éxito en México y se convirtió en un fenómeno de culto que todavía hoy es estudiado en las escuelas de cine.

 Pero el momento cumbre de su carrera llegaría en 1971 cuando protagonizó la telenovela Muchacha italiana viene a casarse. Fue un fenómeno de masas sin precedentes. La telenovela se transmitió desde Nueva York hasta Chile y Angélica, interpretando a Valeria Donati, conquistó los corazones de toda América Latina.

 La canción tema A dónde va nuestro amor se convirtió en un himno generacional. Para entonces, Angélica María era mucho más que una estrella. Era una institución cultural. La novia de México había llegado para quedarse. La fortuna de Angélica María. Hablar de la fortuna de Angélica María exige entender una carrera que abarcó siete décadas, tres industrias diferentes: cine, televisión y música, y una capacidad de trabajo que pocas estrellas han igualado en la historia del entretenimiento latinoamericano.

 Durante sus años como niña actriz, en los años 50, Angélica ganaba lo que en esa época se pagaba a los niños en el cine mexicano, entre 3,000 y 8000 pesos por película. Puede parecer poco comparado con lo que ganaban las grandes estrellas adultas, pero hay que recordar que Angélica filmaba varias películas al año.

 En sus años más productivos de esa década, llegó a hacer hasta cinco o seis producciones anuales. Si tomamos como referencia que Pedro Armendaris ganaba 50,000 pesos por película en los años 40, los niños actores de primera línea en los 50 cobraban aproximadamente entre el 6% y el 16% de lo que ganaba una estrella adulta consolidada.

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