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SILVIA PINAL: GANÓ el MUNDO ENTERO pero NO PUDO SALVAR a su HIJA de 19 AÑOS

SILVIA PINAL: GANÓ el MUNDO ENTERO pero NO PUDO SALVAR a su HIJA de 19 AÑOS

25 de octubre de 1982. Madrugada en la ciudad de México. En una casa elegante, una mujer duerme después de una noche larga. Ha llegado cansada, se ha puesto la bata y se ha acostado pensando que su hija ya volvió de la fiesta, que duerme tranquila al otro lado del pasillo, porque la puerta de su cuarto está cerrada.

 No sabe que esa puerta cerrada esconde una cama vacía. No sabe que mientras ella dormía en una carretera a las afueras de la ciudad, un coche se salió de la vía y cayó por un barranco. y no sabe todavía lo más cruel de todo, que la joven que murió ahí dentro a los 19 años era su propia hija y que se llamaba Viridiana, el mismo nombre que 20 años antes le había dado a esta mujer la gloria más grande de su vida.

 Esa mujer dormida se llama Silvia Pinal, la diva más completa que ha dado México, la actriz que conquistó Kans, a la que pintó Diego Rivera, la que se sentó en el Senado de la República, la mujer que lo tuvo absolutamente todo, todo, menos la posibilidad de salvar a su propia hija. Quiero que pienses en esto un momento, porque esta historia no va de su fama, va del precio que pagó por ella.

 Hoy te voy a contar como una niña de Guaimas, a la que su propio padre se negó a reconocer, llegó a ser una leyenda mundial del cine y cómo en lo más alto de su gloria, el destino le cobró con la moneda más cara que existe, porque esto es lo que casi nadie te cuenta cuando hablan de Silvia Pinal. Te hablan de sus películas, de sus premios, de sus maridos, de sus joyas, de su dinastía.

 Te muestran a la diva intocable, a la reina del espectáculo mexicano. Pero detrás de cada foto sonriente, detrás de cada alfombra roja, detrás de cada aplauso, había una mujer que cargó durante más de 40 años el dolor más profundo que un ser humano puede sentir. Y supo esconderlo. supo seguir sonriendo para las cámaras mientras por dentro lloraba a una hija.

Esa es la verdadera Silvia Pinal, la que vamos a conocer hoy. Si te emocionan las historias reales de las grandes figuras de nuestro cine, suscríbete ahora mismo y activa la campanita, porque esto que vas a escuchar está documentado con fechas, con nombres y con sus propias palabras. Y antes de empezar, déjame una cosa en los comentarios.

 ¿Cuál es la película de Silvia Pinal que más recuerdas? Escríbemela ahí abajo. La voy a leer. Ahora sí, abrimos el expediente. Antes de entrar, te aviso lo que vas a descubrir, porque cada cosa pesa más que la anterior. Lo primero, como una niña nacida en Sonora, hija de una madre de apenas 15 años y de un padre que se negó a darle su apellido, terminó convertida en la máxima estrella del cine mexicano.

Lo segundo, el secreto de sus matrimonios y como cada uno de sus esposos, sin quererlo, fue moldeando su carrera y su poder. Lo tercero, la cumbre mundial. Cómo un director español maldito y prohibido la llevó a ganar lo más alto del cine europeo y por qué tuvo que proteger una película con su propia vida.

 Lo cuarto, y prepárate, porque es lo que parte esta historia en dos, la tragedia de Viridiana, el nombre que le dio la gloria y que después se convirtió en su herida más profunda. Y lo quinto, el imperio que construyó, el poder político que alcanzó y cómo, al final de todo la mujer que reinó sobre el espectáculo mexicano se apagó, dejando atrás una dinastía dividida.

 Te voy a avisar cuando llegue cada parte y guárdate ya un nombre porque lo vamos a necesitar más adelante y te va a estremecer cuando entiendas por qué, Biridiana. Recuérdalo, te va a perseguir durante todo este video, igual que persiguió a Silvia Pinal durante toda su vida. Ahora vamos al principio.

 Cuando todavía no había gloria, solo una niña sin apellido. Hay heridas que marcan a una persona antes incluso de que aprenda a hablar. Heridas que no se ven, que no dejan cicatriz en la piel, pero que se quedan viviendo dentro del alma para siempre. Y en el caso de Silvia Pinal, la primera de todas fue el rechazo de un padre Guaimas, Sonora.

 12 de septiembre de 1931. En un México que todavía se reponía de los años de la revolución, nace una niña en circunstancias que ya eran de entrada complicadas. Su madre, María Luisa Hidalgo, era apenas una adolescente, una muchacha de 15 años y su padre biológico se negó a reconocerla. Le negó su apellido, le negó su presencia, le negó la cosa más básica que un padre le puede dar a una hija, saber de dónde viene.

 Quiero que te detengas aquí un momento, porque este detalle lo explica casi todo lo que vino después. Durante sus primeros años, la pequeña Silvia ni siquiera conoció la identidad de su verdadero padre. Fue un secreto que le ocultaron, una verdad que no se reveló hasta que ya tenía 10 años. Y aunque ese hombre tenía otros hijos, otra familia, Silvia, jamás formó parte de ella.

 creció sabiendo, sin que nadie se lo dijera con todas las letras, que había sido un estorbo, que su llegada al mundo no fue celebrada, sino escondida. Imagínate a esa niña, una niña que mira a las otras familias completas con su papá y su mamá y que entiende demasiado pronto que a ella le falta una pieza que carga con un vacío que no eligió.

 Hay quien dice que las grandes estrellas nacen de un hambre, de una necesidad enorme, de ser amadas, de ser vistas, de ser aplaudidas por miles de personas para llenar ese hueco que dejó alguien que debió quererlas y no lo hizo. Y si eso es verdad, entonces el escenario, los reflectores y los aplausos que vendrían después no fueron solo una carrera para Silvia Pinal.

fueron una medicina, la medicina para una niña a la que su padre no quiso nombrar. Y fíjate en un detalle que me parece de los más conmovedores de toda su historia. Más adelante, cuando esta niña creciera y tuviera una hija propia, le pondría su apellido con orgullo, lo regaría sobre toda su descendencia, fundaría una dinastía entera que llevaría con honor el nombre Pinal, como si, sin decirlo estuviera reparando para sus hijos y nietos exactamente aquello que a ella le faltó, un apellido, una pertenencia, un lugar en el mundo.

La niña a la que le negaron el nombre se convirtió en la mujer que le dio nombre a toda una familia de artistas. Eso no es casualidad, eso es una herida transformada en propósito. Pero esa misma herida le dio algo más. Le dio una determinación de hierro. Porque cuando una persona aprende desde pequeña que nadie le va a regalar nada, que tiene que ganarse cada cosa por sí misma, desarrolla una fuerza que los demás no tienen.

 Silvia no iba a esperar a que el mundo la aceptara. Iba a obligar al mundo a aplaudirla y para eso encontró un camino, la voz primero, después el teatro. La joven Silvia descubrió que tenía algo que la hacía brillar cuando se subía a un escenario, algo que hacía que la gente la mirara. Empezó en la radio, empezó en el teatro de la capital y poco a poco fue dejando atrás a la niña sin apellido de Guaimas para convertirse en otra persona, una persona que ella misma estaba inventando desde cero.

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