“A mi papá lo mataron”: Las duras revelaciones de Carolina Corcho sobre la violencia que marcó su vida, el sabotaje a la reforma de salud y su carrera hacia la presidencia
En el complejo ajedrez de la política colombiana, pocos nombres despiertan pasiones tan intensas y debates tan polarizados como el de Diana Carolina Corcho. Médica, psiquiatra, magíster en estudios políticos y exministra de Salud, Corcho ha decidido dar un paso al frente y buscar la candidatura presidencial dentro de la coalición del Pacto Histórico de cara a los próximos comicios. En una extensa e íntima conversación, la precandidata desnudó su trayectoria, rememoró los trágicos episodios de violencia que marcaron su infancia en el Bajo Cauca antioqueño, expuso los presuntos sabotajes que minaron su gestión ministerial y lanzó agudas críticas hacia las figuras de la oposición que hoy pretenden liderar el país con discursos de “mano dura”.
Para entender la firmeza ideológica de Carolina Corcho, es imperativo remontarse a sus raíces familiares, ligadas a una de las regiones más vulnerables y golpeadas por el conflicto armado en Colombia: el Bajo Cauca. Su madre, ingeniera de profesión y campeona de ajedrez, logró romper barreras en la década de los noventa al convertirse en la primera alcaldesa electa por voto popular en su municipio natal, Zaragoza. Sin embargo, aquel triunfo democrático desató una implacable persecución por parte de sectores machistas y opositores de la época. La tragedia definitiva golpearía las puertas de su hogar poco después, cuando su padre, un ingeniero civil y respetado profesor de la Universidad Nacional de Colombia que tuvo un breve paso por la política, fue asesinado mientras ejercía como diputado en la Asamblea de Antioquia [05:40], [06:06].
“Yo perdí a mi padre cuando tenía doce años y mi hermano tenía siete años y medio” [07:02], recordó Corcho con una serenidad que denota resiliencia. La pérdida obligó a su madre viuda a sacar adelante a la familia ejerciendo la ingeniería industria
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l, alejándose del foco público. Esta cruda inmersión en la violencia nacional no apartó a Carolina de la esfera pública; al contrario, sembró en ella la urgencia de trabajar por la equidad social. Su verdadero despertar político se produjo años más tarde, durante sus años universitarios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, donde se vinculó a movimientos estudiantiles y centros de pensamiento influenciados por figuras intelectuales como Carlos Gaviria Díaz y, posteriormente, Gustavo Petro [08:02]. Su activismo evolucionó desde la dirigencia gremial en la Asociación Nacional de Internos y Residentes (ANIR) [11:34] hasta asumir la defensa del sistema de salud y de los pacientes vulnerables, lo que eventualmente la catapultó al Ministerio de Salud y Protección Social en el arranque del gobierno de Petro.
Sin embargo, su paso por el ministerio estuvo plagado de tormentas internas. Al abordar las razones de su salida tras solo nueve meses en el cargo, Corcho no dudó en denunciar lo que denominó el “fuego amigo” y la abierta oposición que experimentó desde el propio gabinete presidencial [19:42]. Según la exministra, durante el primer año de gobierno existían tres o cuatro ministros que operaban activamente en contra de la reforma a la salud [16:35]. La precandidata señaló de manera directa al entonces ministro de Educación, afirmando que “dentro de sus objetivos tenía hacer la revolución educativa en Colombia; ni hizo la revolución educativa ni hizo nada, sino que se dedicó fue a sabotear el Ministerio de Salud” [00:20], [17:21].
Esta fractura interna, sumada a una intensa campaña de desprestigio en los medios de comunicación masivos tradicionales que incluyó portadas nacionales que la tildaban de “obstáculo” [17:59], forzó un diálogo estratégico con el presidente Gustavo Petro. El mandatario, temiendo que la oposición utilizara la permanencia de la ministra para hundir el proyecto legislativo y exigir su cabeza como una derrota política, concertó su salida bajo la promesa de que esto facilitaría la aprobación de la reforma [00:38], [18:22]. “Resultó ser paja, resultó ser mentira” [00:38], [18:45], sentenció Corcho, detallando que la reforma que dejó aprobada en un 30% en la Cámara de Representantes y concertada con los partidos tradicionales terminó atascada y finalmente hundida un año después en la Comisión Séptima del Senado por el mismo grupo de congresistas que obstruyó la reforma laboral [18:53], [19:14].
Con la mirada puesta en las elecciones de 2026, Carolina Corcho defiende su derecho a competir en igualdad de condiciones en la consulta interna del Pacto Histórico programada para el 26 de octubre, donde aspira a consolidarse como la candidata única de la izquierda y el progresismo [23:33]. No obstante, admitió con preocupación la existencia de serios “cuellos de botella” organizativos y de garantías dentro de las directivas de los partidos de la coalición, como la Colombia Humana y el Polo Democrático. Advirtió sobre el riesgo de que se intente diseñar listas a dedo, marginando a las bases sociales, los líderes agrarios, populares y de opinión pública que constituyen el verdadero motor de los once millones de votos que llevaron al progresismo al poder [22:05], [24:19].
Al evaluar el panorama electoral y la posibilidad de que Colombia elija por primera vez a una mujer como jefa de Estado, la precandidata adoptó una postura tajante. Lanzó fuertes dardos contra figuras femeninas de la oposición que participaron en recientes foros empresariales, de los cuales Corcho denunció haber sido vetada y censurada por sectores de la élite corporativa [36:13]. En particular, criticó con severidad los discursos de “mano dura” y seguridad promovidos por precandidatas y exalcaldesas como Claudia López y representantes de la derecha como María Fernanda Cabal. “Colombia ya merece tener una primera mujer presidenta, jefa de Estado, pero progresista” [00:46], [36:04], manifestó. “Porque si es para tener mujeres que sigan reproduciendo los intereses de una élite minoritaria… allí veo mucho populismo, mucha charlatanería, mucha ligereza” [00:46], [37:28]. Corcho acusó a estas figuras de recurrir a la demagogia, recordando que los gobiernos anteriores fracasaron en hacer presencia militar institucional en territorios históricamente abandonados como El Plateado o el Catatumbo, un hito que, según ella, solo se ha logrado bajo el actual gobierno con un enfoque de respeto integral a los derechos humanos [36:34], [36:54].
En el ámbito internacional y socioeconómico, Corcho delineó las prioridades de lo que sería su programa de gobierno, consignadas en su más reciente libro titulado “Ni un paso atrás: Otra Colombia es posible” [49:10]. Frente a la incertidumbre global que representa el retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y sus políticas arancelarias proteccionistas, propuso continuar con la diversificación de las relaciones comerciales de Colombia, fortaleciendo los lazos con las economías asiáticas, europeas y latinoamericanas como Brasil, disminuyendo la dependencia del mercado norteamericano de un 25% a niveles más seguros de un dígito para proteger la soberanía económica nacional [32:06], [32:19]. Asimismo, planteó una postura de estricta reciprocidad diplomática y un tratamiento “de tú a tú” con cualquier nación del mundo, sin descartar el análisis de medidas migratorias más estrictas para los extranjeros que ingresen al país si las circunstancias de seguridad global así lo requieren [33:03], [35:05].
Finalmente, la precandidata enfatizó que su proyecto no es una improvisación, sino el resultado de años de riguroso estudio técnico enfocado en la reindustrialización, la gratuidad de la educación superior, la soberanía farmacéutica y alimentaria, y la implementación de un robusto sistema de salud mental enfocado en la prevención primaria para atender los altos índices de ansiedad, depresión y riesgos de suicidio en la juventud colombiana [45:10], [45:35]. Apoyada en los logros estadísticos del gobierno actual, como la creación de más de 800.000 empleos y la reducción del desempleo a un dígito [42:55], Carolina Corcho se presenta ante el electorado como una figura inquebrantable que ha demostrado coherencia ideológica “con o sin cargo público” [48:42], invitando a la ciudadanía a desestimar las campañas de desinformación y a sumarse a una transformación estructural que considera irreversible para el futuro de la nación