El Capitolio Nacional de Colombia se convirtió en el escenario de una de las jornadas legislativas más turbulentas, agresivas y caóticas de los últimos tiempos. Lo que originalmente estaba programado como una continuación del debate de control político promovido por la oposición, terminó transformándose en una confrontación total, un choque de trenes ideológico y un descontrol absoluto de la mesa directiva. Los protagonistas de este asfixiante cara a cara fueron los senadores Iván Cepeda, del Pacto Histórico, y Paloma Valencia, del Centro Democrático, quienes protagonizaron un cruce de acusaciones tan severo que la sesión estuvo al borde de la suspensión debido al riesgo inminente de agresiones físicas entre los congresistas.
El ambiente ya venía caldeado desde las sesiones anteriores, pero el punto de ebullición se alcanzó cuando el senador Iván Cepeda tomó la palabra para hacer uso de su derecho constitucional a la réplica [24:25]. Desde los primeros segundos de su intervención, Cepeda dejó claro que no pensaba mantener una postura pasiva ante lo que calificó como una estrategia sistemática de desprestigio en su contra. Con un tono firme y pausado, el congresista manifestó su profundo rechazo a las campañas persistentes de calumnias, mentiras e insultos que se han orquestado desde los sectores de la oposición, lamentando profundamente que el sagrado recinto del Senado sea utilizado para amplificar chismes y conjeturas sin ningún tipo de fundamento serio o rigor investigativo [00:00], [00:50].
La tensión escaló de inmediato cuando Cepeda denunció públicamente la gravedad de los señalamientos que se han lanzado en el Congreso. Calificó como una
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“infamia absoluta” la acusación de que tanto él como el presidente de la República estuvieran detrás de un presunto plan para asesinar al senador opositor Miguel Uribe [01:51]. Con mirada desafiante hacia la bancada del Centro Democrático, el senador confrontó directamente a Paloma Valencia, señalando que ella jamás ha tenido el valor civil ni jurídico de acudir ante las autoridades judiciales para sustentar semejante afirmación, debido a que es plenamente consciente de que incurriría en el delito de falsa denuncia [02:12].
A medida que el discurso de Cepeda avanzaba, el murmullo en el salón elíptico se transformó en un griterío ensordecedor. El senador argumentó que el verdadero trasfondo de la agresividad de sus opositores no radica en el control político al Gobierno, sino en un profundo “pánico” y resentimiento derivado del avance de la justicia penal en el país [03:04]. Cepeda recordó de manera tajante el cerco judicial que se está cerrando sobre el entorno del expresidente Álvaro Uribe Vélez, mencionando de forma explícita la reciente e histórica condena en primera instancia contra el exmandatario, así como la severa sentencia de 28 años de prisión proferida contra su hermano, Santiago Uribe Vélez, por delitos de lesa humanidad y la conformación de grupos paramilitares [03:28]. Con tono mordaz, Cepeda lanzó una pregunta que desató la furia de la oposición: “¿Sabía el expresidente lo que pasaba en la hacienda La Carolina? ¿Sabían si los ‘Apóstoles’ eran doce o trece?” [04:00], [04:25].
Estas palabras provocaron la reacción inmediata de Paloma Valencia, quien interrumpió a gritos la intervención exigiendo mociones de orden y acusando a la mesa directiva de no brindar garantías a la oposición [05:24]. A partir de ese instante, las reglas de la Ley Quinta, que rige los debates en el Congreso, se convirtieron en el epicentro de una disputa técnica y política. Valencia argumentó con vehemencia que no era aceptable que se utilizara un debate citado formalmente por la oposición para montar un “juicio paralelo” en contra de Álvaro Uribe, exigiendo al secretario de la corporación que leyera textualmente las normas para frenar lo que consideraba un abuso del tiempo de réplica [06:31], [06:46].
La plenaria se sumergió entonces en un laberinto de mociones de orden solicitadas de parte y parte. Senadores como Wilson Arias, León Fredy Muñoz e Inti Asprilla salieron en defensa de Cepeda, argumentando que al haber sido aludido e insultado de manera reiterada durante dos días, poseía la absoluta libertad de estructurar su defensa con los elementos que considerara pertinentes, incluyendo la proyección de material audiovisual [10:50], [24:45]. Por el contrario, desde la bancada del Centro Democrático y partidos afines, senadores como Ciro Ramírez y el senador Pinto exigieron el estricto cumplimiento del orden del día, argumentando que correspondía hablar primero a los citantes y luego a los ministros citados, antes de abrir el espacio a las intervenciones generales [08:12], [28:57].
Uno de los momentos más dramáticos y estrambóticos de la jornada ocurrió cuando la senadora Paloma Valencia, visiblemente alterada por la insistencia de Cepeda en continuar con su argumentación, exclamó a viva voz frente al micrófono: “¡Por favor, senador Iván Cepeda, no me mande a matar!” [20:19]. Esta frase congeló por un instante el ambiente del recinto y desató una oleada de indignación en las filas del Pacto Histórico. La senadora María José Pizarro intervino de inmediato de manera enérgica, calificando la afirmación de Valencia como una ligereza inaceptable y una ofensa directa a la dignidad de la democracia colombiana, recordando que en ese recinto se sientan legisladores legítimos y no “matones de poca monta” o delincuentes [22:40], [23:01].
A pesar del evidente sabotaje y de las múltiples interrupciones que obligaron a la presidencia del Senado a mermar el tiempo de intervención, Cepeda logró reanudar su intervención por unos breves minutos [13:13], [29:43]. En el tramo final de su discurso, el congresista propinó un fuerte golpe político al uribismo al exhibir un video del propio Álvaro Uribe Vélez grabado durante un congreso ganadero de Fedegán [19:38], [30:24]. En dicha grabación, el expresidente manifestaba abiertamente que su partido no era enemigo de la paz, sino de los acuerdos mal hechos, validando implícitamente los procesos de diálogo [31:20]. Apoyado en este documento, Cepeda demostró ante la opinión pública que figuras prominentes del Centro Democrático, como José Félix Lafaurie y Fabio Valencia Cossio, han participado de manera oficial, activa y con plenos documentos firmados en las mesas de negociación de la denominada “Paz Total” del actual Gobierno [19:15], [32:09].
“No le metan los dedos en la boca a la opinión pública”, sentenció Cepeda de forma contundente antes de que su micrófono fuera silenciado definitivamente [32:45]. El senador concluyó afirmando que la agresividad de la oposición responde también a un evidente fracaso de su proyecto político con miras a las próximas elecciones, dado que, según sus palabras, la sumatoria de todos sus precandidatos presidenciales actuales no logra superar ni el margen de error en las encuestas nacionales, lo que los lleva a legislar desde el resentimiento, el odio y la estrategia del miedo [13:37], [14:18].
La jornada cerró con un sinsabor generalizado en el Capitolio. Aunque la sesión no se levantó de manera abrupta, las heridas políticas quedaron completamente abiertas. Este debate no solo evidenció la profunda y casi irreconciliable fractura ideológica que atraviesa el Congreso de la República, sino que dejó claro que los micrófonos del Senado continuarán siendo el principal cuadrilátero donde se disputará palmo a palmo el relato del poder en Colombia de cara al futuro.