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¡HARFUCH CAPTURA al ALCALDE de MORELOS tras 10 DÍAS HUYENDO de HARFUCH!

El mensaje decía, “Seguimos fortaleciendo la coordinación para impulsar acciones que generen mejores condiciones para las familias coautlenses. Pareció inteligente demostrar presencia institucional, normalidad, lealtad, blindarse visualmente antes de la tormenta. A lo que Corona no sabía era que los metadatos de esa publicación extraídos en menos de 3 horas por el equipo técnico del CNI confirmaron el dispositivo exacto desde el que fue publicada, un teléfono con número terminado en 4492 que ya estaba marcado como objetivo de

intercepción desde febrero de 2025. La foto no lo protegió, le dio a Harf su última geolocalización antes de fugarse. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El tercer error lo cometió en la madrugada del 29 de mayo, menos de 24 horas antes de su captura. Desde su refugio en la colonia Costa Azul en Acapulco, Corona realizó una llamada a su abogado para coordinar una segunda suspensión provisional.

Quería bloquear definitivamente la orden de aprensión. quería usar el sistema legal como escudo definitivo. Creyó que si lograba esa segunda suspensión, el gobierno tendría que detenerse, que las formas lo protegerían del fondo. Lo que Corona no sabía era que esa llamada fue interceptada en tiempo real. El número satelital desde el que llamó terminado en 7741 adquirido 3 días antes bajo un nombre falso, había sido identificado por análisis de patrones de comunicación 72 horas antes de la llamada.

La frecuencia fue triangulada, la ubicación confirmada en un radio de 200 m, el dron desplegado esa misma noche. La llamada no compró tiempo, le quitó las últimas horas que le quedaban. Ese tercer error fue lo último que calculó mal. Porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. 3:20 horas, Acapulco, Guerrero, colonia Costa Azul.

El calor de Acapulco en mayo no descansa ni de madrugada. A esa hora, la temperatura seguía sobre los 28º. El aire olía a sal y a motor, y las calles de costa azul estaban vacías, excepto por un perro que cruzó la avenida principal sin prisa y un velador que dormitaba en la entrada de un estacionamiento a media cuadra del edificio objetivo.

Ninguno de los dos vio llegar a los agentes. La columna de vehículos, cuatro camionetas sin logotipos, placas de diferentes estados, luces apagadas. Había salido de un punto de concentración a las 0240 horas desde una base temporal establecida en la zona hotelera de Acapulco. 16 elementos del gabinete de seguridad, ocho de la FGR y cuatro del equipo técnico del CNO.

Sin uniformes visibles, sin comunicación por radio abierta, todo por canal encriptado. Protocolo Sigma 7, frecuencia rotativa cada 8 minutos. El dron llevaba 43 minutos sobrevolando el edificio cuando las camionetas se estacionaron. Desde 2,200 m de altitud, la cámara de Visión térmica había construido un mapa de calor preciso del inmueble, tres siluetas en planta baja, personal de seguridad privada del edificio y una silueta en el segundo piso, habitación orientada al norte, sin movimiento desde las 0215 horas. La

silueta dormía, o al menos eso parecía. El comandante del operativo identificado internamente como Águila 1 recibió la confirmación a las 0347 horas. Objetivo en posición. Perímetro exterior despejado. Punto de entrada viable por acceso lateral. Puerta de servicio. Cerradura de tres puntos. Tiempo estimado de neutralización 11 segundos.

Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. A las 03:52 horas, el primer anillo de contención quedó establecido. Cuatro elementos bloquearon los accesos vehiculares a la manzana. Otros cuatro cubrieron las salidas peatonales del edificio. Nadie entraba, nadie salía. Corona estaba adentro y todavía no lo sabía.

El equipo de entrada esperó en posición durante 14 minutos. 14 minutos en los que nadie habló en voz alta. 14 minutos en los que el dron siguió transmitiendo en tiempo real y la silueta del segundo piso no se movió. 14 minutos en los que el único sonido fue el mar a tres cuadras rompiendo contra el malecón con la indiferencia perfecta del océano ante los asuntos humanos.

A las 4:06 horas, Águila 1 dio la orden de avance y la puerta de servicio se dio en 9 segundos, dos menos de lo estimado. El equipo subió por la escalera de emergencia en silencio absoluto, sin linterna, guiados por los monitores de visión nocturna integrados en los cascos tácticos. Primer piso, despejado. Pasillo secundario despejado.

Escalera al segundo nivel despejado. En el segundo piso había un pasillo de 6 m con tres puertas. La silueta térmica correspondía a la habitación del fondo, la puerta de la derecha con luz filtrada por debajo del umbral. Alguien había encendido algo adentro, quizás la televisión, quizás una lámpara. El equipo se posicionó.

Tres elementos frente a la puerta, dos cubriendo el pasillo, uno en la escalera de regreso. Afuera todo parecía normal. Adentro. Ya era demasiado tarde. A las 4:47 horas, exactamente 87 minutos después de que las camionetas apagaron sus motores, Águila 1 dio la segunda orden.

La puerta del fondo se abrió de un golpe. 4:47 horas. Segundo piso, habitación del fondo. La puerta se dio hacia adentro con un golpe seco que retumbó en todo el pasillo. Los primeros dos elementos entraron con armas en alto, linterna táctica encendida, voz de mando cortando el aire caliente de la habitación. Alto. Manos donde las veamos. No se mueva.

Los primeros 4 minutos fueron de confusión táctica. Corona estaba despierto, no dormía. Estaba sentado en el borde de la cama. vestido, camisa azul marino, pantalón de mezclilla, zapatos puestos con un teléfono en la mano que soltó al suelo en el momento en que la puerta reventó.

Sobre la mesa de noche había un vaso con agua y un fajo de billetes. Junto a la almohada visible desde la entrada, una pistola calibre 380 sin funda. Los agentes gritaron las instrucciones dos veces. Corona no obedeció de inmediato, se puso de pie, dio un paso hacia la ventana, que daba al callejón lateral, 3 m de caída hasta el pavimento.

Y en ese momento el segundo elemento lo interceptó por el hombro izquierdo, lo giró y lo empujó contra la pared con una precisión que no dejó espacio para negociar. El arma sobre la mesa fue asegurada en 4 segundos. La habitación declarada despejada en ocho. Los siguientes 6 minutos fueron de resistencia. Corona no se rindió en silencio.

Cuando los agentes intentaron colocarle las esposas, comenzó a forcejear. Jaloneos, gritos, insultos, su voz quebrándose en el calor de esa habitación de Acapulco con una mezcla de rabia y pánico que los agentes ya habían escuchado antes. El sonido exacto que hace el poder cuando se da cuenta de que se acabó. Están cometiendo un error. Tengo un amparo.

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