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Von Manstein Alertó Sobre Stalin en Dos Semanas, Hitler lo Ignoró y 500.000 Alemanes Murieron Allí

Explicó las concentraciones soviéticas. Detalló las capacidades del Ejército Rojo, calculó los tiempos de movimiento, presentó tres escenarios, cada uno peor que el anterior, y al final dio su recomendación profesional, evacuar Stalingrado inmediatamente, retroceder a posiciones defens, salvar al sexto ejército mientras todavía era posible.

La respuesta de Hitler fue como una bofetada. El sexto ejército permanecerá en sus posiciones. Ni un paso atrás. Gorin garantiza el suministro aéreo. Manstein, su trabajo es romper el cerco, no cuestionar mis órdenes. Manstein colgó el teléfono. Sus oficiales lo miraban en silencio. Todos habían escuchado.

Todos sabían lo que significaba. El comandante más brillante de Alemania acababa de ser ignorado por un cabo austríaco que se creía Napoleón, pero Manstein no era de los que se rendían. Dos días después voló personalmente a Prusia Oriental. enfrentaría a Hitler cara a cara, le mostraría los mapas, le haría entender porque todavía había tiempo.

11 días, 11 días para evitar la catástrofe. La reunión en el Wolfs Chance, la guarida del lobo, fue tensa desde el primer segundo. Hitler estaba rodeado de sus generales favoritos. Keitel, que asentía a todo, Hodl, que repetía las fantasías del furer como un loro, y Goring, el re marchal obeso que prometía imposibles desde su palacio de lujo.

Manstein desplegó los mapas sobre la mesa, señaló las concentraciones soviéticas con precisión matemática. Mainfurer, los soviéticos están concentrando fuerzas aquí, aquí y aquí. No es para mantener el cerco de Stalingrado, es para un segundo envolvimiento mucho mayor. Operación Saturno. Sus objetivos son Rostof y el Cáucaso.

Si lo logran, todo nuestro frente sur colapsará. No son solo 300,000 hombres en Stalingrado, son más de un millón en todo el sector sur. Hitler lo interrumpió. Sus ojos ardían con esa locura que sus generales habían aprendido a temer. Manstein, usted es un excelente táctico, pero no comprende la importancia estratégica.

Stalingrado lleva mi nombre. Bueno, el nombre de Stalin es un símbolo. Si nos retiramos, toda Alemania perderá la fe. Los soviéticos ganarán la guerra psicológica. No. El sexto ejército se queda. Punto final. Manstein intentó otra vez. Mainfurer, no es cuestión de símbolos, es cuestión de realidad militar.

El puente aéreo no puede funcionar. Goring prometió 500 toneladas diarias. Necesitamos un mínimo de 700 y eso asumiendo buen clima. Estamos en pleno invierno ruso. Las tormentas de nieve cerrarán los aeropuertos durante días. Los hombres de Paulus ya están en raciones reducidas. En dos semanas comenzarán a morir de hambre. Goring explotó.

Su rostro, normalmente pálido y fofo, se puso rojo de rabia. ¿Cómo se atreve a dudar de la Luft Buffe? Mis pilotos son los mejores del mundo. Entregaremos todo lo que necesiten, más incluso. Yo personalmente lo garantizo. Manstein lo miró con desprecio apenas disimulado. Rage Marchal, con todo respeto, usted no está en el frente. Yo sí he visto los reportes meteorológicos.

He contado los aviones disponibles. He calculado las pérdidas por fuego antiaéreo. Los números no mienten. El puente aéreo fracasará. Es matemática simple. Hitler golpeó la mesa. El sonido resonó en el búnker como un disparo. Suficiente, Manstein. Usted es un pesimista. Siempre viendo problemas donde hay oportunidades.

La luft buffe cumplirá. El sexto ejército resistirá. Y usted, Manstein, romperá el cerco con su ofensiva. Esas son sus órdenes. Está claro. Manstein se puso de pie muy despacio, muy deliberadamente, miró a Hitler directamente a los ojos y en ese momento algo se rompió entre ellos. Está claro, Main Furer, pero que conste en acta.

Hoy, 23 de noviembre de 1942 he advertido formalmente sobre las consecuencias de esta decisión. Lo que suceda a partir de ahora será responsabilidad suya, no mía. El silencio en la habitación fue sepulcral. Nadie le hablaba así a Hitler. Nunca. Keitel parecía a punto de desmayarse. Hodle tosió incómodo, pero Hitler simplemente sonrió.

Esa sonrisa fría que usaba cuando creía tener razón. Manstein, cuando rompa el cerco y salve a Paulus, usted me agradecerá por haber mantenido la fe. Puede retirarse. Manstein salió de la guarida del lobo sabiendo que acababa de presenciar la condena a muerte de medio millón de hombres. Quedaban 9 días. De regreso en el frente, Manstein se lanzó a preparar lo imposible.

Si Hitler no evacuaría Estalingrado, al menos él intentaría romper el cerco. La operación tormenta de invierno, una ofensiva desesperada con tropas insuficientes, tanques escasos y tiempo en contra, pero era la única oportunidad. Los días pasaban como arena entre los dedos. Cada mañana Manstein recibía los informes de inteligencia y cada mañana las noticias eran peores.

Las concentraciones soviéticas seguían creciendo. Ya no era Saturno, era algo más grande. Los soviéticos estaban preparando múltiples operaciones simultáneas. Saturno contra el sector sur, Marte contra el centro, pequeño Saturno como distracción. Stalin estaba apostando todo. Quería terminar la guerra ese invierno.

Y entonces, el 4 de diciembre llegó el reporte que Manstein había estado temiendo. Los soviéticos habían completado sus preparativos. Las ofensivas comenzarían en días, no en semanas. Ya no había tiempo para evacuar Stalingrado. Apenas había tiempo para la ofensiva de rescate y la trampa estaba lista para cerrarse. Manstein llamó a Hitler una última vez.

Main Furer, es ahora o nunca. Debo comenzar tormenta de invierno inmediatamente, pero necesito su autorización para que Paulus rompa hacia nosotros cuando estemos cerca. Sin eso, aunque rompamos el cerco, no podremos mantener un corredor abierto. Hitler vaciló. Por primera vez había duda en su voz.

Los reportes desde Stalingrado eran cada vez más desesperados. Los hombres comían caballos, quemaban muebles para no morir congelados. Los heridos morían en hospitales sin calefacción, pero su orgullo seguía intacto. Paulus puede prepararse para romper, pero no abandonará Estalingrado a menos que sea absolutamente necesario y deberá retener sus posiciones después del rescate.

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